El mercado de la Encarnación desaparecerá en 15 años

Monteseirín pactó con Sacyr que no se cubra ninguno de los puestos que los placeros dejen vacantes al jubilarse

La constructora de las setas podrá así incorporarlos a su

galería comercial con mayor rentabilidad

Los placeros tachan de “usura” que les cobren los atrasos

al doble del interés legal del dinero

El contrato que Sacyr ha impuesto con el beneplácito del Ayuntamiento a los placeros de la Encarnación confirma por escrito lo que era un secreto a voces: el Centro se quedará sin este mercado tradicional en un plazo máximo estimado de quince años, porque Monteseirín pactó con la constructora que no se pueda ocupar ninguno de los puestos que dejen vacantes los placeros a medida que se jubilen y que aquéllos se incorporen a la galería comercial que explotará la concesionaria a mejores precios y para alquilarlos a cualquier tipo de marcas.

La recuperación del antiguo mercado de la Encarnación para el casco antiguo de la ciudad no ha sido más que la coartada empleada por Monteseirín para poder justificar así la construcción de su particular ‘estadio olímpico’, el faraónico proyecto de las ‘setas’ con el que dejar su huella para la posteridad a cambio de un desembolso superior a los 140 millones de euros y la privatización durante 40 años de una plaza pública con varios miles de metros cuadrados.

El alcalde, tal como refleja por escrito ahora el contrato de Sacyr con los placeros, pactó con la constructora las condiciones para que el mercado desaparezca una vez que estén consolidadas las ‘setas’ diseñadas por el alemán Jürgen Mayer.

Así, en la cláusula segunda puede leerse textualmente la siguiente estipulación: “De acuerdo con el contrato del concesionario (Sacyr) con el Ayuntamiento de Sevilla para la Obra Pública de Renovación de la Plaza de la Encarnación y su entorno, los espacios del mercado de abastos que a lo largo del tiempo queden vacantes pasarán a formar parte de la explotación comercial por parte del concesionario, previo los trámites de desafectación y cambio de uso”.

De los 39 placeros supervivientes que se trasladarán al nuevo mercado, se estima que un tercio se jubilarán en el plazo de un lustro, y como la mayoría de los restantes tiene en torno a los 45 años, en unos quince la mayor parte o todos los puestos quedarán libres para ser absorbidos por la galería comercial de Sacyr. Del puesto del pescadero, frutero, verdulero y carnicero de toda la vida, a los que los clientes podían identificar por sus nombres y hasta haber entablado cierta amistad, se pasará a entrar en el futuro en la franquicia de una óptica o de una marca de telefonía móvil o en una tienda de una firma de moda.

Sacyr cobrará a los placeros una renta de 350 euros mensuales por puestos que tienen unos 20 m2. En su galería comercial está pidiendo una renta de 40 euros/m2 de promedio, por lo que el potencial económico de un puesto del mercado cuando se lo quede Sacyr sería en dinero constante de 20 x 40= 800 euros mensuales.

Este es otro de los negocios que permitirá Monteseirín a la concesionaria del Metropol Parasol en vez de haberse preocupado en mantener la supervivencia del mercado tradicional en el Centro de Sevilla garantizando el relevo generacional entre los placeros, de padres a hijos, como ha sido costumbre de toda la vida en la ciudad, o incluso de haber permitido la incorporación de savia nueva pero con los usos comerciales de siempre.

Por tanto, el contrato de Sacyr con los placeros deja en evidencia lo huero del discurso triunfalista del alcalde en el salón Colón del Ayuntamiento durante la entrega de llaves a aquéllos, cuando dijo. “Después de 40 años de provisionalidad parecía imposible, y es verdad que ha sido  complicado, pero imposible no”. En una generación se habrá acabado la provisionalidad y todo el mercado de la Encarnación y sólo quedará una galería comercial bajo las setas.

CONDICIONES LEONINAS

Presionados o cohibidos, los placeros acabaron aceptando ante el alcalde un contrato leonino impuesto por Sacyr contra el que se rebelaban y hasta recogieron firmas de protesta a lo largo de la mañana del día de la entrega de llaves.

Y es que el contrato que han tenido que firmar para trasladarse a los nuevos puestos los deja atados de pies y manos y parece pensado para acelerar su salida . Para empezar, quedan sometidos a una maraña de disposiciones: la Ordenanza municipal de mercados de abastos, un reglamento de funcionamiento interno, un manual de uso y funcionamiento del puesto de venta, los estatutos del conjunto inmobiliario de la Encarnación y los estatutos del edificio de equipamientos y servicios. El incumplimiento de cualquiera de estas normas faculta a Sacyr a adoptar medidas en contra de los comerciantes.

Si en el actual escenario de crisis económica un placero tiene problemas y no paga cuatro mensualidades del alquiler, sean o no consecutivas, la constructora le puede quitar el puesto. Si incurre en el impago de dos mensualidades, consecutivas o no, en el plazo de un año, Sacyr le suspenderá temporalmente el suministro de los servicios necesarios para el puesto hasta que sean abonadas las cantidades adeudadas, incluidas las penalizaciones.

De “usuraria” han calificado algunos placeros la cláusula según la cual en caso de que uno de ellos no pague el alquiler dentro del plazo de cinco días establecido, devengarán una penalización equivalente al doble del interés legal del dinero sobre la cantidad adeudada, sin que exista un límite máximo penalizable. Además, el placero entrará en mora de manera automática, sin necesidad de que exista intimación (requerimiento) por parte de Sacyr.

Según el contrato, “la prestación de un servicio manifiestamente deficiente y prolongado por más de cuatro meses” o “el incumplimiento grave de cualquiera de las obligaciones” por parte de los placeros serán motivo para rescindirles el contrato. Y, ¿quién determina que el servicio es deficiente o incumple las obligaciones? Si el placero no atiende las instrucciones de Sacyr en el plazo de 15 días, aunque no le parezcan fundadas, puede verse sin puesto y con una reclamación de que pague indemnización por daños y perjuicios.

FIN DE LOS CHICHARRONES

En caso de que aún se vendieran, los sevillanos ya no podrán comprar chicharrones en el mercado de la Encarnación porque el contrato que los placeros han tenido que firmar para trasladarse desde sus actuales instalaciones provisionales estipula que “podrán adoptarse todas las medidas necesarias para impedir y evitar la existencia de cualquier ruido anormal y de olores desagradables”.

Tampoco podrán pedir que les partan hueso de jamón o de cualquier otro tipo, porque se prohíbe instalar en los puestos ningún motor o máquina cuyo funcionamiento ocasione molestias a los demás titulares de los puestos.

Los placeros no podrán ir a preparar o supervisar sus puestos ni domingos ni festivos, y de lunes a sábado tendrán que abandonar el mercado a las 4 de la tarde. En caso de necesitar más tiempo o ir acompañados de algún familiar o amigo tendrán que comunicarlo previamente por escrito a Sacyr e indicar el motivo, el tiempo de permanencia y la identificación de sus acompañantes.

Más prohibiciones: no podrán ocupar ningún muelle de descarga de mercancías desde las 16 hasta las 5 horas y deberán dejarlos limpios en un máximo de 15 minutos. Asimismo, el suministrador de mercancías que se desvíe del acceso que marque Sacyr  o no respete los horarios se arriesga a no llegar al mercado.

Los placeros deben pedir permiso a Sacyr para todo: desde colocar un rótulo en el puesto hasta colocar un espiche en la pared.

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