Precaución, contribuyente

Parafraseando la popular canción de Perlita de Huelva que suena en las cabinas de todos los camioneros, hay que proclamar ‘Precaución, amigo contribuyente, Hacienda es peligrosa’. ¿Es usted autónomo, profesional, pequeño empresario o similar que esté obligado, para estar en paz con Hacienda, a presentar ante su banco la declaración del IVA previa cumplimentación del modelo 303? Pues que sepa que está en grave riesgo de recibir un requerimiento de los señores del Fisco si ya desde el pasado mes de julio en su oficina bancaria siguieron la práctica habitual y se olvidaron de introducir su formulario en un sobrecito. Una nueva exigencia que a los encargados  de velar por nuestro bienestar se les ocurrió implantar en pleno verano y de la que, a pesar de que dicen que enviaron una circular a toda la Banca y a todos los afectados, muchos ni se han enterado todavía.

El caso es que Hacienda amenaza con no dar validez a las declaraciones pasadas y futuras sin el dichoso sobrecito y que por tanto pende sobre sus cabezas una espada de Damocles en forma de recargos u otro tipo de sanciones. El caso es hacer caja y complicarle la vida al sufrido contribuyente. Las broncas en la ventanilla de la Delegación de Sevilla ya han empezado y amenazan con extenderse a medida que la gente se vaya percatando. Hacienda con sangre entra.

Por cierto que si al comprar uno o varios de los modelitos 303 a usted se le ocurre pedirle a Hacienda  una factura con todos sus avíos, por aquello de desgravarse algún céntimo de la voracidad fiscal, se encontrará más de una sopresa. Para empezar, mientras a usted el Fisco le exige facturas en tiempo y forma a ver si lo coge en un renuncio, en la ventanilla le entregarán un ticket miserable, con grandes probabilidades de extravío por su diminuto tamaño. Y si le echa un vistazo al ticket, verá que no se lo expide Hacienda, sino una empresa de artes gráficas sita en un polígono industrial de un pueblo de Madrid.

Y, como contribuyente, podría usted hacerse algunas preguntas la mar de procedentes. Por ejemplo: si es un proveedor externo a Hacienda, ¿cómo se aprovecha de las instalaciones oficiales y no se identifica como tal? ¿Por qué un funcionario público despacha el género de una empresa privada? Si un funcionario trabaja vendiendo productos  de un tercero en sede oficial, ¿por qué no vende también artículos de otras empresas privadas que podrían reclamar igual derecho? La respuesta, como en la canción de Bob Dylan, está en el viento.

De oca a oca

Y de Hacienda a Hacienda, y tiro porque me toca. Entre la ingente cantidad de correspondencia acumulada en las últimas semanas por mi proverbial falta de tiempo, hallo para mi sorpresa dos cartas iguales de la Agencia Tributaria de Sevilla, dependiente de nuestro querido Ayuntamiento. Incluyen, y creo que ya los tengo por  cuadruplicado al menos, los recibos para el pago del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) en periodo voluntario. ¿Dos cartas? ¿Será que me querrán cobrar por partida doble para tapar el inmenso ‘agujero’ de Tussam y Cía.? No sería la primera vez. En tiempos la ciudad estaba integrada en la Opaef, dependiente de la Diputación, pero como Sevilla es muy suya y no quiere mezclarse con los pueblos, se salió para ir por libre,  y luego Monteseirín, a pesar de que provenía de la Corporación Provincial, montó la Agencia Tributaria para de paso quitarse del medio a los agentes recaudadores.

Decía que en aquel tiempo me cargaron dos veces el mismo recibo del IBI a mi cuenta bancaria. Tuve que recurrir al Defensor del Pueblo para que, tras más de un año de papeleo, me devolvieran el dinero. Por mi natural espíritu quijotesco me embarqué en otra batalla: de nuevo gracias al Defensor logré que me pagaran intereses legales por haber dispuesto indebidamente de mi dinero durante casi dos años. Ya no hay ejercicio en que no reciba una misiva de la Hacienda local instándome a que domicilie el pago de mis impuestos a cambio de una serie de bonificaciones: 5% el primer año; 3% el segundo; 1% en el tercero y siguientes.

No he picado. Como el gato escaldado del agua huye, he preferido quedarme como estoy. Y gracias a Dios, porque ya una vez me alteraron los datos del piso; otra me aplicaron una subida indebida…¿Cuántas veces tendría que haber vuelto a recurrir al Defensor del Pueblo y cuánto me habría costado el tiempo perdido en papeleo y sofocones? Ahora he sabido que si la Agencia Tributaria de Monteseirín me ha enviado dos sobres a mí y a millares de contribuyentes más es porque se ha equivocado digitalizando el código de barras en los recibos y éstos no se pueden tramitar en la ventanilla del Banco. Son torpes hasta a la hora de cobrar. Y ahora, ¿cuál de los dos sobres es el que vale?

U2 en el país de las maravillas

El pasado 8 de octubre se pusieron a la venta las entradas para el concierto que la banda irlandesa U2, liderada por el otro Bono (no el de las Cortes), ofrecerá el 29 de septiembre de 2010, ¡a un año vista! en el impropiamente llamado Estadio Olímpico. Al día siguiente, la organización anunció que en tan sólo cuatro horas había vendido 43.057 tickets de un total de 75.000.

Los responsables de FNAC en Sevilla, uno de los sitios donde se podían adquirir las entradas, anunciaron que las de pista, al precio de 61,50 euros, se habían agotado a los veinte minutos. Los precios del concierto van desde 250 euros hasta  30. Esto ocurre en un país oficialmente con casi cuatro millones de parados y en una Andalucía donde la Junta estima 50.000 desempleados más en un año, con lo que alcanzaremos la ominosa cifra del millón. Más que una canción de U2, en nuestra Arcadia feliz habría  que jalear todos a coro este tema de Supertramp: ‘¿Crisis? ¿Qué crisis?’.

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