‘Invictus’

Espadas fue a despedirse del (sin) alcalde a su vez despedido mediante aquel  teletipo de Europa Press y dijo que con la experiencia que tiene Monteseirín tras 12 años en la Casa Grande no desaprovecharía ninguno de los consejos que pudiera darle en su labor de oposición, “porque para eso somos compañeros de partido”. ¿Compañeros? Ya dijo Adenauer que, en orden creciente de virulencia, hay adversarios, enemigos, enemigos a muerte y compañeros de partido. En la víspera, el compañero Alfredo declaró que él no podía aconsejar a Espadas en la Oposición porque siempre había gobernado. Más claro, agua: Espadas es un perdedor y él, un ganador. Tarquino el Soberbio se queda en pañales al lado de Alfredo, el que va por la vida de buena gente pero con dagas florentinas bajo su piel de cordero. El mistificador Monteseirín tergiversa continuamente la historia: gobernó, pero no por ganar (perdió frente a Soledad Becerril y Juan Ignacio Zoido dos de las tres elecciones a las que se presentó), sino por pactar. En realidad ha gobernado merced a los pactos de los perdedores.

 

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