La tercera oportunidad perdida por Zoido

A Juan Ignacio Zoido le está ocurriendo con el patrimonio histórico-artístico lo mismo que se decía de Arafat en relación con la paz entre palestinos e israelíes en Oriente Próximo, que nunca perdía la oportunidad de perder una oportunidad.

La primera oportunidad perdida por el alcalde en esta materia fue la de haber gestionado la venida a Sevilla del celebérrimo cuadro de Leonardo da Vinci ‘La dama del armiño’, probablemente el único del genio renacentista que aún es de propiedad privada y que formó parte de la exposición ‘Polonia. Tesoros y colecciones artísticas’, que albergó el Palacio Real de Madrid desde el 1 de junio hasta el 4 de septiembre de 2011, justo al inicio del mandato de Zoido como nuevo alcalde de Sevilla.

‘La dama del armiño’ es un retrato alegórico de Cecilia Gallerani pintado sobre tabla de nogal con tal maestría que no se aprecia en la misma pincelada alguna, como si se tratara de una fotografía, y sirvió de inspiración para este poema:

‘¿A quién envidias, Naturaleza?
¡A Da Vinci, que pintó una de tus estrellas!
Cecilia, tan bella, hoy es aquella
frente a cuyos ojos el sol parece sombra oscura.

Tuyo es el honor, aun cuando su pintura
nos dé a entender que escucha y nos habla.
Piensa que cuanto más viva y hermosa aparezca
tanto mayor será su dicha futura.

Dale las gracias pues a Ludovico o bien
al ingenio y la mano de Leonardo,
que te permiten participar de la posteridad.

Quienes la vean, por más tiempo que haya pasado
dirán al verla viva: así nos basta
para entender qué es el arte y qué la Naturaleza’.

EL PRÍNCIPE SEVILLANO

El famoso cuadro es propiedad de la Fundación Príncipes Czartoryski, familia noble polaca al frente de la cual está el príncipe Adam Karol, primo del Rey de España en su calidad de hijo de la princesa Dolores de Borbón y natural de Sevilla, una condición que Zoido no supo aprovechar hace dos años para haber gestionado ante él, ya que el cuadro había viajado hasta nuestro país, la exposición temporal de la tela de Leonardo en su ciudad natal.

¿Y cómo es posible que un sevillano haya llegado a ser príncipe de Polonia? La historia es más bien al revés: el príncipe nació en Sevilla por los avatares del Destino. Durante la II Guerra Mundial, tras la invasión del país eslavo por las tropas de Hitler, la familia principesca huyó de su país en un barco que rindió viaje en Cádiz y luego se asentó en Sevilla, donde nació el príncipe, a cuya saga los nazis le arrebataron todo su patrimonio, incluidos el cuadro de Leonardo y otro de Rafael.

El Gobierno polaco pretendió quedarse con la pintura tras la caída del régimen comunista por obra del movimiento ‘Solidaridad’ del líder obrero y posterior presidente del país, Lech Walesa, pero el Tribunal Supremo de Polonia falló a favor del príncipe Adam Karol, que recuperó tras casi medio siglo el cuadro en calidad de legítimo propietario, un príncipe al que entrevistó en su palacio de Roma un periodista de El País que dio fe de que aún conserva el acento andaluz, por el tiempo vivido en la Sevilla que le vio nacer.

EL CAIXAFÓRUM

La segunda oportunidad perdida por Zoido en materia de patrimonio histórico-artístico y que está reciente en la memoria de los sevillanos la supuso el aplauso dado a los directivos de La Caixa cuando fueron a verlo al Ayuntamiento para informarle del abandono del proyecto del Caixafórum en las Atarazanas y su traslado a la torre Pelli.

Si el alcalde entonces se hubiera plantado ante los directivos de la entidad catalana y cuestionado su decisión de trocar un monumento junto al Patrimonio Mundial de Sevilla por, probablemente, los bajos del periférico rascacielos de la Cartuja a la salida de la carretera a Huelva, no habría tenido luego necesidad de arrepentirse de aquella foto a tres pares de manos y de formar parte de un frente común con PSOE e IU para exigirle a La Caixa que cambiara de decisión.

LA INMACULADA DE MURILLO

Y la tercera oportunidad perdida por Zoido en este aspecto ha sido con motivo del regreso a Sevilla, desde que fue expoliada por el mariscal Soult durante la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas, del también celebérrimo cuadro de Murillo ‘La Inmaculada’, conocida como de Los Venerables, por haber sido pintada expresamente para el antiguo Hospital de los Venerables sacerdotes sevillanos, hoy sede de la Fundación Focus Abengoa. Allí ha formado parte de la exposición ‘Murillo y Justino de Neve. El arte de la amistad’, clausurada justamente ayer domingo.

El expolio de obras de arte sevillanas por Soult ha sido historiado, entre otros, por los profesores de la Universidad Hispalense Manuel Moreno Alonso y Enrique Valdivieso. Este último incluso ha reconstruido virtualmente, en un estupendo trabajo conjunto con Gonzalo Martínez del Valle, el aspecto original que tenían retablos y claustros saqueados o destruidos desde la Guerra de la Independencia hasta la Guerra Civil en el imprescindible libro ‘Recuperación visual del patrimonio perdido’.

EL EXPOLIO

Cuenta Moreno Alonso que Soult organizó su propio museo en su residencia del Palacio Arzobispal, donde se alojó en el tiempo que estuvo en Sevilla. Allí, probablemente, reunió cerca de 200 obras de arte que escogió de los grandes maestros: 32 de Murillo, 28 de Zurbarán, 25 de Alonso Cano, 8 de Valdés Leal, 5 de Herrera el Viejo, 3 de Rubens y 2 de Roelas, entre otros. Durante su estancia en nuestra ciudad, Soult acumuló cuadros suficientes como para realizar diez envíos a su esposa que -cuenta Moreno Alonso-, sorprendida, no daba crédito a sus ojos: continuamente llegaban a su domicilio furgones cargados de objetos preciosos. De esta forma no le fue difícil  llenar sus palacios en París y Soultberg y la mansión de Villeneuve, e incluso se permitió el lujo de regalar cuadros al museo del Louvre.

A su muerte, su fabulosa colección, fruto del pillaje en los países invadidos por Napoleón, fue sacada a subasta. Cuentan las crónicas que por la Inmaculada de Los Venerables (rebautizada por los franceses como ‘de Soult’) pujaron el zar de Rusia, la National Gallery de Londres y el museo del Louvre, que finalmente se hizo con la tela al astronómico precio entonces de 586.000 francos, lo que la convirtió en la más cara de la institución y en su gran estrella, prueba de la cotización alcanzada por el maestro sevillano.

EN MADRID, NO EN SEVILLA

Enrique Valdivieso recuerda cómo España (ya bajo el régimen de Franco) realizó gestiones para la devolución por Francia de alguna obra importante, especialmente las relacionadas con Murillo: “Así se consiguió -cuenta- que parte de las pinturas de Santa María la Blanca volvieran a España, aunque nunca regresaron a Sevilla, ya que se quedaron en el museo del Prado, y lo mismo ocurrió con la Inmaculada de los Venerables, que no fue devuelta al lugar de donde había sido robada, sino que se quedó en la pinacoteca madrileña. Es de señalar -continúa- que Francia no devolvió gratuitamente esta Inmaculada, si no a cambio del retrato de una infanta, de Velázquez, que el Prado tuvo que entregar al Louvre”.

Con motivo de la exposición ‘Murillo y Justino de Neve’ y la reposición del cuadro en su emplazamiento original en Los Venerables se han alzado voces en la ciudad pidiendo su retorno definitivo a Sevilla. La Diputación Provincial aprobó en este sentido una moción presentada al Pleno por el PA, por unanimidad de todos los grupos, incluido el PP. Las asociaciones ‘Sevillasemueve’ y ‘Velázquez por Sevilla’ se han unido en los últimos días a la reclamación y pedido que el Ayuntamiento la liderara ante el Gobierno de la nación.

Justamente hace menos de una semana, el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, estuvo en la ciudad y se vio con el alcalde, que guardó silencio públicamente mientras el representante del Ejecutivo remitía a los demandantes del cuadro al Patronato del museo del Prado. Zoido perdió así, de nuevo, la oportunidad de haber liderado ante el ministro  la reivindicación ciudadana e institucional en pro de la recuperación del patrimonio expoliado a Sevilla.

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