Crónica de un desastre anunciado: las vacunaciones de la Junta de Andalucía contra el coronavirus

Las colas de octogenarios a la intemperie ante el complejo deportivo de Los Bermejales demuestra la imprevisión del SAS

Confiaba en que sólo se presentara el 60% de los citados y no conocía la psicología de los mayores de acudir con antelación a las citas

Ignoró el ofrecimiento de Espadas de que usara las instalaciones cubiertas de Fibes y del pabellón de San Pablo

Crea angustia a octogenarios y sus familias al no darles alternativa cuando carecen de medios para ir a vacunarse a otros municipios

Las largas colas de docentes y de octogenarios ante el complejo deportivo de la Universidad de Sevilla en el barrio de Los Bermejales han demostrado ante la opinión pública la incapacidad y falta de previsión del Servicio Andaluz de Salud para organizar en condiciones dignas las vacunaciones contra el coronavirus. Además de dejar a la intemperie a los citados y de ignorar el ofrecimiento de Espadas de usar espacios a cubierto y mucho más amplios, como Fibes, en los pueblos está creando ansiedad a los mayores al no darles una alternativa cuando carecen de medios de transporte.

El viernes 26 de febrero (2021) tenía que hacer a primera hora de la mañana un mandado por la zona Suroeste del barrio de Los Bermejales, circunstancia que me llevó hasta la confluencia de las avenidas Italia y Dinamarca, justo enfrente del complejo deportivo del SADUS (Universidad de Sevilla).

Eran las 9:50 horas y mientras esperaba, entre tres filas de vehículos, poder girar a la izquierda en la rotonda presidida por un magnífico palo borracho que es todo un espectáculo cuando se viste de flores amarillas, vi a mi derecha una larga cola de gente que ya llegaba hasta la mitad de la prolongación de la avenida de Dinamarca hacia el colegio Corpus Christi (parque del Guadaíra).

En la fachada del SADUS habían colocado un gran cartelón en letras rojas con la leyenda ‘Centro de Vacunación’. La puerta era un hervidero de gente. Delante había aparcado un vehículo de Protección Civil. Tras un tiempo de espera entre tanto coche por fin pude circular en paralelo al complejo deportivo universitario y al parque de Los Bermejales, en dirección al colegio Marie Curie.

La larga avenida de Dinamarca, incluida la franja de tierra colindante con el parque, estaba repleta de coches como no recordaba desde los tiempos del aparcamiento salvaje tras la inauguración del cercano centro comercial Lagoh. Ese era el panorama ya a primera hora de la mañana, cuando al parecer sólo habían sido citados por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) para ser vacunados profesionales de Educación Infantil, Primaria y Secundaria de hasta 55 años de edad, como en días previos.

La cola ante el SADUS se extendió hasta el parque del Guadaíra

Por la tarde también pasé por la avenida de Grecia, paralela a la citada de Dinamarca, y la presencia de gorrillas, como cuando se inauguró Lagoh, era una confirmación más de lo que podía verse en el barrio y de las imágenes que ya circulaban por las redes sociales y, posteriormente, por los medios de comunicación: el caos de personas y de vehículos a lo largo de toda la jornada en torno al SADUS, hasta el punto de que los guardacoches -dotados de un olfato especial para oler este tipo de situaciones- habían reaparecido en Los Bermejales. Así se había corrido la voz.

El SAS no había tenido mejor ocurrencia que, tras el personal docente, citar por la tarde a 1.500 personas mayores de 80 años para vacunarse también en el SADUS y las colas, por la aglomeración, llegaron entonces hasta el colegio Corpus Christi y se daba la vuelta en la rotonda allí existente, justo la zona donde la Policía Local parece no querer enterarse de las botellonas que se montan a diario.

Suerte de que el día estuvo fresco y nublado, con apenas intervalos de sol, porque si hubiera estado despejado y con calor no quiero imaginarme qué habría podido ocurrir con esos octogenarios a la intemperie esperando horas para ser vacunados. Leí en algunos medios que el SAS sólo esperaba que se presentaran el 60% de los mayores citados, es decir unos 900 de los 1.500, y que el colapso y las colas se debieron a que acudieron prácticamente todos e incluso con horas de antelación. Esta explicación ya demuestra el desastre organizativo del Gobierno autónomo y su falta de conocimiento de los mayores andaluces.

Si había citado a 1.500 octogenarios debería haberse preparado para atender al 100% de los mismos y no sólo al 60% y, además, haber previsto que vendrían acompañados de uno o de varios familiares dada su edad y su condición física. Por tanto, era de prever que se presentaran al menos 3.000 personas en caso de haber acudido el citado con un acompañante, y 4.500 en caso de dos acompañantes. Y en cuanto a la antelación, también era previsible en personas de edad avanzada, que temen no llegar a tiempo. Ese rasgo lo saben hasta los bancos, que por eso empiezan a abonar las pensiones cinco días antes de que acabe el mes y sin esperar a que llegue el día 30. Puro conocimiento de la psicología de los mayores, ignorada por los mandamases del SAS y de la Junta de Andalucía.

La cola llegó hasta la rotonda delantera del colegio del Corpus Christi

El caos que se produjo en Los Bermejales, no sólo por la vacunación vespertina de los mayores, sino también por la matutina de los docentes, es para echarse a temblar pensando en lo que puede ocurrir con el anunciado plan de vacunaciones masivas en estadios como el cercano al SADUS del Real Betis Balompié, ahora que con la llegada de la primavera empezará a apretar el calor.

Habría que revisar urgentemente ese plan y, por ejemplo, atender al alcalde de Sevilla, Juan Espadas, que con buen criterio ofreció a principios de febrero Fibes y, si mal no recuerdo, también el pabellón de San Pablo, instalaciones bastante más amplias que las del SADUS y que, por tanto, permitirían acoger bajo techo a muchas más personas para que no se vean a la intemperie, como ha ocurrido en Los Bermejales y probablemente volvería a ocurrir a las puertas de los estadios y en el equivalente al aire libre como sería el terreno de juego.

El desastre organizativo del SAS con las vacunaciones, pues, se extiende ya desde los pueblos andaluces hasta la capital de la comunidad autónoma. Ya conté cómo le habían espetado a una anciana que se buscara a un sobrino que la llevara a vacunarse a otro municipio, cabecera de su Zona Básica de Salud:

https://www.manueljesusflorencio.com/2021/02/el-gobierno-de-juanma-moreno-dice-a-octogenarios-andaluces-que-se-busquen-un-sobrino-que-les-lleve-a-vacunarse-contra-el-coronavirus/

Pues bien, posteriormente llamaron a la hija de otra mujer de 89 años creyendo que se trataba de la octogenaria. Tras mentar su nombre y apellidos y sin apenas preámbulo preguntaron si quería vacunarse contra el Covid. Atención al detalle: no empezaron diciendo que estaban citando para vacunar, sino si quería vacunarse o no, con lo cual ya estaban poniendo a una persona mayor (aunque en realidad estaban hablando con su hija) y sin saber cómo estaba de facultades cognitivas y de salud en una disyuntiva, disyuntiva (elegir entre vacunarse o no, medir las consecuencia de la decisión ante un extraño que de repente llama por teléfono) que de entrada ya provoca una zozobra en un anciano.

La diputada Ana Naranjo ha criticado al SAS por obligar a los mayores a desplazarse a otros pueblos a vacunarse

La hija, que vive a 80 kilómetros de su madre, le explicó que estaba imposibilitada por enfermedad y que su madre, por decisión propia, vivía en el pueblo y aunque estaba bien de salud carecía de medios de transporte para desplazarse hasta el municipio donde iban a vacunar. Al otro lado del teléfono instaron a que la anciana se buscara la vida por sus propios medios para viajar hasta el centro de vacunación. ¡A una persona de 89 años! Podían haber tomado nota para contactar con el Ayuntamiento de su pueblo y que vieran cómo arbitrar una posible solución con la ayuda de otros vecinos o de los Servicios Sociales, o tirando incluso de los vehículos oficiales que en esa comarca tenga la Junta de Andalucía, pero nada de nada. Con esa llamada lo único que consiguió el SAS fue crearle una situación de angustia a la hija y a la madre octogenaria, añadida a la preocupación por la pandemia.

Esa situación es la misma que está provocando por todos los pueblos de Andalucía, como van recogiendo los medios de comunicación

https://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-coronavirus-cordoba-denuncian-junta-obliga-mayores-80-anos-trasladarse-entre-pueblos-cordoba-para-vacunarse-202102170646_noticia.html

porque el Servicio Andaluz de Salud, en vez de asumir su obligación de facilitar la vacunación a nuestros mayores les está trasladando a ellos la responsabilidad de vacunarse sin tener en cuenta la situación personal y familiar de cada uno y creándoles así un problema añadido.

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