El PP de Sevilla convierte a Beltrán Pérez en un ‘pato cojo’ en el Ayuntamiento a 25 meses de las elecciones municipales

Su caso recuerda al del PSOE con Borbolla, el cual se quedó once meses como portavoz en el Consistorio tras perder las primarias ante Monteseirín

Raynaud dimitió como portavoz once meses antes de otras elecciones locales al saber que el PP apostaría por Zoido como candidato en vez de por él

En la política estadounidense se califica como ‘pato cojo’ al presidente en su último año de gobierno, cuando debido a la limitación de mandatos ya se sabe que no puede repetir como candidato a sucederse a sí mismo y pierde la capacidad para sacar adelante sus iniciativas porque todo el mundo está a la espera de su relevo. El PP de Sevilla ha emulado a la política norteamericana al convertir a su portavoz en el Ayuntamiento, Beltrán Pérez, en una figura decorativa 25 meses antes de las próximas elecciones municipales. Primero le conminó a que dimitiera como portavoz y después, en un acto de caridad política propiciado por el PP nacional, le ha dado la oportunidad de elegir el momento de hacerse el ‘harakiri’. Ahora ya todo el mundo sabe que no repetirá como candidato y dará igual lo que proponga o haga, si le quedan ánimos para hacerlo. Hay precedentes en la política municipal sevillana: Borbolla (PSOE) y Raynaud (PP) pasaron por similares amargos tragos.

El socialista José Rodríguez de la Borbolla ha experimentado en sus carnes en más de una ocasión el espíritu cainita que anima al PSOE de Sevilla. Enfrentado al por entonces todopoderoso Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno de Felipe González, primero (1988) fue laminado como secretario general del PSOE andaluz y, después (1990), defenestrado como candidato a la reelección a la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Tras una particular travesía del desierto y en parte también por la mala conciencia en el seno del partido por el comportamiento con él, a finales de diciembre de 1994 fue elegido sin ningún voto en contra (el 92,01% de los militantes apoyaron su candidatura, avalada por la Ejecutiva Provincial, y tan sólo un 7,99% votó en blanco) por la agrupación del PSOE sevillano como candidato a la Alcaldía de la capital frente al andalucista Alejandro Rojas-Marcos, que aspiraría a la reelección como alcalde, y la popular Soledad Becerril.

Borbolla superó en votos (100.729) al PA de Rojas-Marcos (92.417), pero no al PP de Soledad Becerril (107.446), que repitió coalición con los andalucistas para darle en esa ocasión la Alcaldía a la que los socialistas llamaban despectivamente “la marquesa”. El expresidente andaluz no logró tampoco mejorar los resultados que había obtenido cuatro años antes su correligionario Luis Yáñez (108.028 votos y 12 ediles de éste, por los 10 del ex presidente andaluz), que aunque ganó las elecciones tuvo que inclinarse ante la coalición PA-PP.

José Rodríguez de la Borbolla

Once meses antes de los comicios locales de mayo de 1999, Borbolla volvió a vivir la pesadilla de ver cómo el aparato del PSOE se movilizaba abiertamente contra él en las primarias internas que se celebraron el 27 de junio de 1998 para elegir candidato a la Alcaldía de Sevilla y apoyaba al presidente de la Diputación Provincial, Alfredo Sánchez Monteseirín, once años más joven y, sobre todo, a las órdenes del auténtico hombre fuerte y portavoz del grupo parlamentario socialista, José Caballos.

Borbolla había cometido el “error político” de señalarse en las primarias nacionales del partido en favor de José Borrell (a la postre ganador) frente a Joaquín Almunia, el candidato apoyado por la Dirección del PSOE andaluz, con Chaves a la cabeza. Posteriormente, un “oportuno” sondeo periodístico en que el PSOE aparecía como favorito para ganar en Sevilla pero Borbolla como séptimo para ser alcalde, tras Soledad Becerril, Alejandro Rojas-Marcos y otros políticos locales, sirvió de excusa para que la secretaria provincial, Carmen Hermosín, saltara a la palestra y criticara su labor de oposición municipal por “muy caballeresca” y haber dejado “incólume” a la derecha.

Y también sirvió para reforzar la candidatura alternativa de Monteseirín, el cual declaró: “La encuesta confirma que la gente quiere votar al PSOE, pero si presentamos a un determinado candidato, la mitad se da de baja. Es una lectura terrible, si no fuera porque hay otra candidatura que es un antídoto para ese veneno”. La otra candidatura era, obviamente, la suya, que merced al apoyo subterráneo del aparato del partido fue avalada por 1.166 militantes, casi el doble de las firmas (625) que cosechó Borbolla entre los 5.229 afiliados que por entonces tenía el PSOE sevillano.

Obviamente, ganó el candidato del aparato socialista, Sánchez Monteseirín, y un desairado Borbolla, en plan ‘pato cojo’, tuvo que aguantar el tipo durante once meses como portavoz descafeinado y derrotado del grupo municipal socialista atendiendo las instrucciones que le llegaban desde la sede de la Diputación Provincial y a la espera de que el desembarco de Monteseirín tras las elecciones de mayo del año siguiente acabara con su martirio.

EL CASO DE JAIME RAYNAUD

Monteseirín, con 115.968 votos y 12 concejales en las elecciones municipales de mayo de 1999 mejoró los resultados de Borbolla pero no pudo con Soledad Becerril, que al frente de la lista del PP obtuvo 118.072 sufragios y 13 ediles. Sin embargo, la incompatibilidad personal entre la alcaldesa y Rojas Marcos y la decisión de Chaves de entregar al líder andalucista la baza del Metro a cambio de la Alcaldía para Monteseirín propiciaron una nueva coalición municipal, PSOE-PA, y que Monteseirín se hiciera con la vara de mando.

Soledad Becerril dimitió como edil a mediados de abril del año 2000 y tras otras bajas en el grupo municipal del PP Jaime Raynaud ejerció de portavoz y de líder de la oposición con la difícil tarea de hacer olvidar a una figura del peso de Becerril, que se fue a la política nacional para olvidar su decepción sevillana.

Como en el caso de Borbolla, otra encuesta sirvió para marcar el destino de Raynaud, pero de otra forma que en el caso del ex presidente socialista andaluz. El PP encargó un sondeo preelectoral que reflejó la “notable” aceptación del trabajo desarrollado por Raynaud para suplir la marcha de Becerril; que era el segundo político más valorado del Ayuntamiento tras Luis Pizarro (IU); que el 90% de quienes lo conocían lo vinculaban al PP y que con él al frente el partido obtendría entre 14 y 15 concejales, frente a 12-13 del PSOE, mientras que el PA caería e IU se estancaría.

Jaime Raynaud

La alternativa a Raynaud que barajó el PP fue Amalia Gómez, la cual gozaba de más popularidad pero con la que se corría el riesgo de romper la armonía interna alcanzada por el partido en Sevilla, así que Raynaud fue designado alcaldable el 5 de junio de 2002. En las elecciones de mayo de 2003, con 119.395 votos, mejoró los resultados previos de Soledad Becerril, aunque no en número de concejales (uno menos). No pudo superar al PSOE de Monteseirín (14 ediles, más que los vaticinados por el sondeo del PP) y volvió a fajarse durante otro mandato como líder de la Oposición.

Su labor al frente del grupo Popular no le sirvió para que el partido ratificara su confianza en él como candidato a la Alcaldía, ya que Javier Arenas se decantó por Juan Ignacio Zoido, cuando la que volvía a sonar con fuerza era otra vez Soledad Becerril. Al conocer que no era el elegido, Raynaud dimitió (25 de junio de 2006) como portavoz del grupo municipal para -dijo- “no ser un obstáculo para su partido”, si bien emuló a Borbolla y se comprometió a continuar hasta la celebración de las elecciones once meses después. Tres días más tarde, el 28 de junio de 2006, Zoido, que era secretario regional del partido, fue proclamado candidato del PP a la Alcaldía de Sevilla, en otro paralelismo con el caso Borbolla-Monteseirín en el PSOE.

Beltrán Pérez

La diferencia entre los dos ‘patos cojos’ anteriores a Beltrán Pérez, es decir Borbolla y Raynaud, es que éstos adquirieron tal condición a tan sólo once meses de las elecciones municipales siguientes, mientras que Beltrán ha quedado amortizado como portavoz y descartado como candidato cuando faltaban veinticinco meses para la cita con las urnas. Veinticinco meses es más de la mitad de un mandato, con todos los riesgos que ello supone, aunque mitigados por el hecho de que el alcalde Espadas está ya más pensando en dar el salto a la Junta de Andalucía que en continuar en el Ayuntamiento y que de esta manera abre otro escenario de incertidumbre casi similar en las filas del PSOE.

Curiosamente, las apuestas políticas de los aparatos de PSOE y PP al defenestrar a sus portavoces y hasta entonces líderes municipales con tanta antelación acabaron triunfando, bien a corto plazo (Monteseirín, merced a la ruptura de la coalición PP-PA), bien a medio (Zoido, que arrasó con 20 ediles en sus segundas elecciones tras ganar también las primeras pero tras las que tuvo que inclinarse ante la reedición del pacto PSOE-IU).

¿Volverá a repetirse la historia tras la laminación de Beltrán Pérez o esta vez será diferente?

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