El tranvía de Monteseirín perdió en 2021 la mitad de los viajeros que tenía antes del coronavirus

Sus 1,84 millones de usuarios se alejan cada vez más del objetivo prometido tras la ampliación a San Bernardo en 2011

La línea del tranvía construida por Monteseirín como un sucedáneo del Metro (de ahí su denominación, Metrocentro) y con fines electoralistas de cara a las municipales de 2007 (pero no le dio tiempo a inaugurarlo para entonces) ha perdido en 2021 prácticamente la mitad de los pasajeros que lo usaron en 2019, el año previo a la pandemia del coronavirus, y se queda por segundo ejercicio consecutivo con una demanda inferior a los dos millones de usuarios.

En el año 2011, Monteseirín citó un estudio de Tussam -nunca revelado, que se recuerde- según el cual gracias a la ampliación de la línea desde el Prado de San Sebastián hasta San Bernardo la demanda de usuarios del tranvía se incrementaría en un 15% y se pasaría de una media diaria de 16.000 viajeros a 18.400, y un incremento anual de 600.000, hasta llegar al menos a 5,1 millones anuales.

Sin embargo, en aquel entonces la media diaria era sólo de 13.068, por lo que con 18.400 se habría llegado no a 5,1 millones, sino a 6,7 millones.

Monteseirín (izquierda), junto al concejal Fran Fernández, antes de subirse a su tranvía

Desde aquella promesa de Monteseirín, el tranvía, salvo un leve repunte en 2016, ha ido perdiendo viajeros año tras año y alejándose cada vez más del objetivo anunciado por el antiguo alcalde socialista, tan amigo de las obras faraónicas con el dinero de los contribuyentes sevillanos.

Continuando con su tendencia negativa, el año 2021 se ha cerrado para la línea del tranvía con tan sólo 1.845.461 viajeros transportados, lo que ha supuesto 1.836.249 menos que los de 2019, el último año de la antigua normalidad, previo al estallido de la pandemia del coronavirus en 2020, el de los confinamientos.

Entonces el tranvía también se quedó por debajo de los dos millones de pasajeros (concretamente, 1.577.104), aunque al tratarse de un año excepcional en todos los sentidos la cifra no suscitó alarma: podía enmarcarse en la tendencia general que sufrieron todas las líneas de Tussam, tal como vimos en un anterior informe: https://www.manueljesusflorencio.com/2021/01/tussam-perdio-en-2020-el-ano-del-coronavirus-casi-39-millones-de-viajeros/ .

Pero en 2021 el tranvía ha vuelto a caer por debajo de los dos millones de usuarios, al transportar sólo 268.357 más que en el año del Covid y se queda con prácticamente la mitad de la demanda que tenía en 2019 (-49,88%).

La estadística comparada mes a mes entre 2019 y 2021 demuestra un hundimiento de la demanda a lo largo de todo el pasado año: cuatro meses con caídas superiores a los 200.000 usuarios; siete, con caídas superiores a los 100.000, y sólo uno, agosto, con una pérdida inferior a 100.000 (83.989).

La evolución negativa y ruinosa para Tussam, la empresa municipal soportada económicamente por los contribuyentes sevillanos y últimamente con aportaciones extraordinarias a través del Ayuntamiento, es demoledora: en su primer año completo (2008), el tranvía era usado diariamente por una media de 12.219 personas. Trece años después, esa cifra ha caído a poco más de 5.000 (5.056), casi 2,5 veces menos, pese a la ampliación de 2011 hasta el enlace de San Bernardo.

Pese a que los propios números de la empresa municipal de transportes demuestran la evidencia del fracaso del tranvía construido por Monteseirín a un coste multimillonario y duplicando en superficie el mismo trazado que en subterráneo el del Metro (para asombro de expertos como el francés Gregory Carmona, al que le pareció un despilfarro que habría sido inconcebible en su país), el nuevo alcalde, Antonio Muñoz, sigue la estela de Espadas y lo califica de éxito por el número de pasajeros que lo utilizan (¡!).

Muñoz mantiene el empecinamiento de Espadas, que sostenía que algo -parece que no importa qué ni a qué precio- había que hacer para las elecciones, de prolongar la línea en una primera fase hasta El Corte Inglés de Nervión.

La estrategia del gobierno local socialista está clara: ampliar cada vez más la línea del tranvía en detrimento de las actuales baratas de Tussam que cubren el mismo itinerario, con la esperanza de que, privados de autobuses, los viajeros acaben condenados a trasvasarse al tranvía y así poder justificar éste finalmente, sin tener en cuenta los ceros que tenga la factura de tales ampliaciones y la de sus costes operativos.

Total, si el que paga no es Monteseirín, ni Espadas, ni Muñoz, sino siempre el contribuyente, ya sea en Bruselas, ya sea en Sevilla.

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