Las Administraciones Públicas han dado una solución salomónica y de carácter puramente político al conflicto existente en el seno de los Consejos de Administración del Teatro de la Maestranza y de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), que había provocado que ambas instituciones estuvieran huérfanas de dirección desde que en el mes de julio expiró el contrato de Pedro Halffter como director artístico del Teatro y musical de la ROSS y de Remedios Navarro como gerente de uno y otra.
Casi cuatro meses sin cabeza visible en el mundo de la élite cultural y musical, donde las programaciones de los teatros y las agendas de los artistas se cierran incluso con años de antelación, han supuesto un vacío que ha provocado la pérdida de oportunidades de contratación de figuras culturales y ha degradado la imagen del Teatro y de la Orquesta, por la polémica en que se han visto envueltos.
El esperpento llegó a su máxima expresión el pasado 10 de octubre, cuando sobre la marcha hubo que suspender la rueda de prensa convocada para anunciar el resultado del concurso internacional del que iba a resultar elegido el máximo responsable de los buques insignia de la cultura sevillana, una vez que quedó ratificada por unanimidad la continuidad de Remedios Navarro como gerente tras la fructífera labor realizada en el último decenio.
PACTO ROTO
Previamente se había alcanzado un principio de acuerdo para conciliar dos posturas opuestas. El Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento, ambos regidos por el PP, eran partidarios de la continuidad de Pedro Halffter al frente del Maestranza y de la ROSS, pese a que había venido de la mano del PSOE en tiempos de Juan Carlos Marset como delegado de Cultura de Monteseirín. Por el contrario, el consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Luciano Alonso, con el apoyo de los músicos de la ROSS, había apostado públicamente por el relevo de Halffter al considerar que su proyecto estaba agotado tras diez años en ambos cargos y que se necesitaba una renovación de personas y de ideas.

Tras casi tres meses sin que nadie diera su brazo a torcer y ante el peligro de una situación enquistada para el futuro del teatro y de la orquesta se llegó al acuerdo de que Halffter continuaría en sus puestos pero con la abstención de la Junta de Andalucía para no reflejar la división que supondría la expresión de un voto negativo. Cuando se iba a hacer público el anuncio, la Consejería de Cultura dio marcha atrás por un cambio de estrategia: la gerente, Remedios Navarro, garantizaría la continuidad operativa de ambas instituciones y la ROSS no tendría un director titular, sino directores invitados a dirigir los distintos conciertos de un programa que ya estaba cerrado para la temporada 2014-2015 por el propio Halffter, y a ver quién cedía en sus posiciones.
DOS DIRECTORES
Finalmente, la mediación del Ministerio de Cultura entre Ayuntamiento y Junta ha permitido al cabo de casi mes y medio una solución salomónica que satisface a medias a todas las partes enfrentadas:

Halffter abandona la dirección de la ROSS, para satisfacción de Luciano Alonso y de unos músicos que habían expresado su repudio hacia el director tocando bajo su batuta hasta con lazos verdes de rechazo en sus indumentarias, pero continúa como director del Teatro de la Maestranza, en línea con los deseos del Ayuntamiento.
Su sustituto al frente de la ROSS será el director tejano John Axelrod, en un guiño a los músicos, de los que era el candidato preferido, aunque como Halffter ha dejado cerrada la programación de la temporada, aquél no debutará, salvo cambio de planes, al frente de la Sinfónica hasta el otoño de 2015. Sí asume desde este momento la responsabilidad de programar la temporada 2015-2016.

Para evaluar el funcionamiento de esta bicefalia artística, los contratos de ambos directores tendrán sólo dos años de duración en lugar de los cuatro inicialmente previstos y no supondrán un sobre coste para el teatro y la ROSS, ya que ascenderán a unos 35.000 euros anuales cada uno. Los emolumentos podrán incrementarse por la dirección de espectáculos y conciertos al margen de esta cantidad fija.
VUELTA AL ORIGEN
Así pues, la permanente confrontación política entre el Ayuntamiento y la Junta en Sevilla se ha trasladado al seno del Maestranza y de la Sinfónica hasta provocar esta bicefalia directiva que rompe el modelo unificado establecido hace un decenio y que en aquel momento se presentó en aras de una mayor eficacia. Sin embargo, esta dualidad de cargos no es nueva en la agitada historia de ambas instituciones y supone casi una vuelta a los orígenes, ya que aquí ha pasado prácticamente de todo.
Recuérdese que tras la Expo 92 el teatro de la Maestranza pudo funcionar gracias a los fondos de la Sinfónica y ello pese a que seis meses después de clausurada la Muestra Universal el Ayuntamiento acumulaba una deuda de 320 millones de pesetas con la orquesta, hasta el punto de que en lugar de programas de mano en los conciertos se repartían fotocopias, para ahorrar gastos. Francisco Senra, gerente único de ambas instituciones, explicaba entonces que cuando hubiera dinero se dividirían los gastos acumulados para discernir un presupuesto separado para el teatro y la ROSS, la cual tenía como director artístico a su primer titular y fundador, el maestro Sutej.

Esta bicefalia se mantuvo hasta 2004, con José Luis Castro como director del teatro desde 1994, y la Sinfónica con su propio director artístico (Klaus Weisse después de Sutej, y Alain Lombard a continuación) y su propio gerente, caso de Luis Miguel Rufino, que dejó el cargo año y medio después por diferencias con Lombard.
VARIACIONES
Así pues, en la evolución del modelo hemos pasado de directores artísticos y gerentes diferenciados para el teatro y la orquesta en una primera etapa a un binomio único director/gerente (Halffter/Navarro) durante diez años y, a partir de ahora, una gerente para las dos instituciones (la propia Remedios Navarro) y dos directores artísticos diferentes para el teatro y la orquesta pero con un denominador común: los dos, Halffter y Axelrod, son directores de agrupaciones sinfónicas. Vamos al más difícil todavía.
¿Qué saldrá del experimento? El tiempo lo dirá, ya que el árbol se mide por sus frutos, pero ambos directores son lo suficientemente inteligentes y experimentados como para saber que lo más conveniente para sus intereses personales y profesionales es una estrategia de coexistencia pacífica, alejada de divismos y enfrentamientos personales, y de hecho si Axelrod dirigió anteriormente a la Sinfónica y se ganó a sus músicos hasta el punto de ser su preferido como sucesor de Halffter fue porque éste lo llamó como director invitado. El reto es lograr una sinergia artística, en la que uno más uno sumen más que dos.
EFEMÉRIDES EN LONTANANZA
De momento todo son buenas intenciones. Halffter parece haber aprendido de sus errores, indudables aciertos aparte, en su decenio en Sevilla con propuestas que suponen un mayor acercamiento a la ciudad, como llegar a acuerdos de colaboración con la Orquesta Barroca, la Orquesta Joven y la de la Hispalense y el Conservatorio; la retransmisión de óperas en espacios públicos mediante pantallas gigantescas y la creación de un festival de ópera en verano con títulos vinculados a Sevilla, algo elemental para una ciudad turística como la nuestra y que organizan otras urbes europeas que no tienen la suerte de aparecer en 150 óperas en la historia de la música, algunas tan esenciales como Don Giovanni, Las bodas de Fígaro, Carmen y Fidelio.

Por su parte, Axelrod deberá demostrar que está a las alturas de las exigencias del cargo, ya que no es lo mismo venir de director invitado para un concierto que fajarse con los músicos en el día a día y obligarlos a ensayar las mismas horas que Halffter. Sus ideas de combinar la gran música sinfónica con músicas populares y de cine puede ser un gancho para atraer un público más joven (el actual lo componen sobre todo personas mayores de 55 años), pero sus propuestas de giras internacionales y de grabaciones discográficas dependerán más de los medios económicos en un contexto de crisis y de voluntades ajenas que de sus deseos.
En el horizonte de Halffter y Axelrod está la temporada de 2015-2016, cuando se cumplirá el XXV aniversario tanto del Maestranza como de la ROSS, una efemérides que debe servir para un relanzamiento de ambas entidades y para dar por saldada la evidente fractura de los últimos tiempos.



sería que el gobierno local centrara sus esfuerzos no en convertir las Atarazanas en un permanente ‘casus belli’ político con el Gobierno autónomo, sino en conseguir esos patrocinios a los que ha apuntado para la rehabilitación de otros monumentos como, sin ir más lejos, la antigua Fábrica de Artillería, de propiedad municipal.
Zoido ha aplaudido el cambalache entre el presidente de la Junta, Griñán, y el de La Caixa, Fainé, para trabajar en el diseño de una nueva propuesta conjunta que permita poner en valor las Atarazanas (sic), porque por la asfixia financiera del Gobierno andaluz éste nunca va a morder la mano de su prestamista, por más amenazas que tronara el consejero de Cultura, Luciano Alonso, tras la espantá de los catalanes. La pela siempre será la pela. Ha dicho el alcalde que el acuerdo “es el mismo al que se llegó conmigo”. Y ha subrayado que los antiguos astilleros son de la Junta. Si son de la Junta (la misma cantinela de Goro con el empleo), entonces ¿cómo Zoido llegó a acuerdo alguno con La Caixa? ¿Cómo lo calificamos, de invasión de competencias, deslealtad institucional o puro farol de cara a la galería? Y, en todo caso, el acuerdo al que dice haber llegado no fue para la puesta en valor de las Atarazanas, sino para bendecir el traslado del Caixafórum a la torre Pelli, que no es lo mismo ni por asomo. Zoido, con esta frivolité, tiene cada día más tics de Monteseirín.
Cuando gran parte de Italia estaba integrada en el imperio austro-húngaro, la censura austriaca era tan estricta que rechazó una ópera de Verdi, temerosa de que los italianos convirtieran cualquier pieza en otro himno contra los ocupantes extranjeros, como habían hecho con el coro de esclavos, ‘Va pensiero’, de ‘Nabucco’. Furioso, Verdi fue a exigir explicaciones. Los censores se justificaron diciendo que lo que en realidad rechazaban era el libreto, pero no su música, que el compositor podría adaptar sin problemas a otro texto. El genio se indignó más aún al comprobar que los cuadriculados represores no comprendían que música y libreto eran todo uno y que otro texto le inspiraría una música diferente. A Luciano Alonso le ha pasado con La Caixa lo mismo que a Verdi con los austriacos: los banqueros catalanes le han regalado el diseño de Vázquez Consuegra para otro proyecto en las Atarazanas sin reparar en que, como les ha respondido el consejero, si era para el Caixafórum no vale para algo distinto, aunque a La Caixa no le importe irse con su música a otra parte.
Dice el portavoz municipal socialista, Juan Espadas, en el Foro de El Mundo que el problema del traslado del Caixafórum de Vázquez Consuegra desde las Atarazanas a la torre Pelli es que, previamente, La Caixa había firmado un contrato con la Junta de Andalucía y que los contratos están para cumplirlos: igual que la entidad financiera le pide a sus clientes que paguen la hipoteca en vez de la dación en pago, el Ayuntamiento no debería admitir que salga corriendo. Omite Espadas un detalle sustancial: no sólo ha salido corriendo, sino que en el mismo acto de poner los pies en polvorosa tras haber dispuesto de los antiguos astilleros medievales durante tres años le exigieron al consejero de Cultura, Luciano Alonso, la devolución de los 750.000 euros que había depositado como fianza por la rehabilitación que se había comprometido a realizar y que ni siquiera ha iniciado. O sea, que mientras La Caixa exige, según Espadas, que sus clientes le paguen la letra del piso y no admite su dación en pago, para ella misma se inventa en el caso de las Atarazanas la dación sin pago.
Cuentan las crónicas periodísticas que Zoido, “preocupado” tras la espantá, por él mismo propiciada, de La Caixa al llevarse de las Atarazanas su Caixafórum a la torre Pelli, ha recurrido, como hacer suele en las grandes ocasiones o en los momentos de crisis, a escribirle una carta al consejero de Cultura, para ofrecerle su colaboración. La iniciativa del alcalde de Sevilla me recuerda a aquella llamada que en el franquismo le hizo el ministro de la Gobernación (el equivalente hoy al de Interior) al embajador de la Gran Bretaña, a cuenta de una gran manifestación que en protesta por la ocupación de Gibraltar se estaba desarrollando delante de la legación, en Madrid. “¿Le envío más policías, señor embajador?”, le inquirió el responsable del orden público. Respuesta del representante diplomático de Su Graciosa Majestad: “Me basta con que no me envíe más manifestantes, señor ministro”. Ante la oferta de colaboración de Zoido, Luciano Alonso, consejero de Cultura, bien podría contestarle: “Me basta con que no me ponga más obstáculos urbanísticos, señor alcalde”.
Dicho de otro modo, al propiciar con sus dilaciones urbanísticas la coartada que necesitaba La Caixa para desistir de su proyecto en el Arenal, Zoido, como bien ha interpretado el consejero Luciano Alonso, pensaba que le estaba metiendo un gol a la Junta de Andalucía, sin reparar en el autogol que le marca a Sevilla, ya que la ciudad pierde una inversión de 25 millones de euros en la rehabilitación de las Atarazanas, otra comprometida por La Caixa con el Gobierno autónomo de 4 millones de euros anuales durante 75 años (un total de 300 millones) y todo el efecto económico inducido que habría tenido para el casco histórico la ubicación del gran centro cultural de La Caixa en este privilegiado espacio de Sevilla.
Sobre el proyecto de Vázquez Consuegra para las Atarazanas y sobre la figura del propio arquitecto se ha dicho de todo, tanto a favor como en contra. Los conservacionistas y la Fundación Atarazanas se han opuesto a su diseño de Caixafórum por entender que suponía la adulteración del monumento, y al final Zoido, de forma más o menos explícita, ha hecho suyo este argumento cuando dijo durante la polémica con Málaga que el proyecto “podía tener correcciones que no pusieran en peligro ni el monumento ni su entorno, declarado Patrimonio de la Humanidad”, como dando a entender que había una exigencia de modificación por parte de la Unesco tras la controversia por el rascacielos de la Cartuja.
Recordemos brevemente la génesis del proyecto. Las Atarazanas estaban en manos del Ejército, que había levantado sobre sus cubiertas durante el siglo pasado una serie de instalaciones militares, cuando la Junta se las compró por algo más de 3,7 millones de euros hace una veintena de años. El Gobierno andaluz había invertido 8 millones de euros en su rehabilitación -cantidad manifiestamente insuficiente, habida cuenta la magnitud del edificio, de 7.200 m2 de planta- hasta que La Caixa, en su política de implantación en Andalucía y Sevilla frente a las Cajas sevillanas (El Monte y Caja San Fernando, unidas luego en Cajasol), se interesó por el inmueble para ubicar en el mismo un Caixafórum, a modo de escaparate de su Obra Social y Cultural. Hasta tal punto tuvo interés la entidad catalana, que la Junta modificó la ley para poder ampliarle el plazo de concesión: de 50 a 75 años.
Vázquez Consuegra. El arquitecto redactor del PGOU de Sevilla, el jerezano Miguel Angel González Fustegueras, había introducido en el Plan General un mecanismo de salvaguarda para los bienes de interés cultural (BIC), con el fin de que cualquier intervención en los mismos contara siempre con la aprobación de la Junta de Andalucía a través de la Comisión de Patrimonio. Ese mecanismo era el Plan Especial. Sin embargo, en la práctica, el Consistorio no venía exigiéndolo si comprobaba que la Junta autorizaba previamente los proyectos de rehabilitación de los BIC, como ha ocurrido con las intervenciones en el castillo de San Jorge y los conventos de Santa Paula y de las Teresas, entre otros ejemplos.
tramitación de la licencia de obras “sin necesidad de redactar y tramitar un nuevo documento de planeamiento”. Es, pues, con el gobierno de Zoido cuando se ratifica que no hay necesidad de Plan Especial para otorgar la licencia al Caixafórum en las Atarazanas. Y gracias a este documento, el Colegio de Arquitectos da su visado al proyecto de Vázquez Consuegra.
Y, por otra parte, el 26 de marzo de 2012 La Caixa compra Banca Cívica, y con ella Cajasol y todos sus activos -incluida la faraónica torre Pelli- por 977 millones de euros. La entidad catalana ya no necesita gastarse 25 millones de euros en las Atarazanas, más 300 millones en los próximos 75 años, para disponer de un escaparate ante Sevilla, porque Sevilla toda es ya territorio conquistado comercialmente con la absorción de su hasta entonces rival local, Cajasol.
En la polémica entre el arzobispo de Sevilla, monseñor Asenjo, y el consejero de Cultura, Luciano Alonso, sobre el cobro de la entrada a los templos restaurados con dinero público yo me daría con un canto en los dientes con tal de que se cumpliera lo dispuesto en la Ley 14/2007, de 26 de noviembre del Patrimonio Histórico de Andalucía, cuyo artículo 14.3 reza (nunca mejor dicho) así: “Cuando se trate de Bienes de Interés Cultural, además se permitirá la visita pública gratuita al menos cuatro días al mes, constando esta información de manera accesible y pública a los ciudadanos en lugar adecuado del Bien de Interés Cultural’. Mientras en cualquier obra de medio pelo de la Junta hay un cartelón indicando desde el arquitecto del proyecto hasta los millones invertidos, todavía no he visto que en ningún BIC figure la más mínima alusión a este precepto legal, con lo cual se burla el derecho de los contribuyentes a disfrutar de la cultura a cuya conservación ayudan con sus impuestos. La ley obliga a todos, incluida la Iglesia y aunque su Reino no sea de este mundo.
En el peloteo político en que unos y otros han convertido la Copa Davis llama la atención la demagogia en el debate parlamentario del diputado socialista Antonio Núñez y del consejero de Turismo, Luciano Alonso, los cuales se escandalizaron por el gasto de 80.000 euros en viajes en coche y compararon los desembolsos con los ‘Oscar’ de Hollywood. Al margen de que las partidas presupuestarias son, con el efecto IPC, equivalentes a las de 2004, cuando la Davis la organizaron Monteseirín y Torrijos (y aunque ganó España ellos perdieron la cubierta de 1,4 millones de euros), sorprende el asombro de Luciano ante un acontecimiento ‘Vip’ como es éste, que obliga a un trato ‘Vip’ a sus protagonistas, máxime cuando él ha viajado a costa del Presupuesto público a todo tipo de ferias turísticas (Madrid, Berlín, Londres) donde corren los langostinos a cuenta nuestra y preconiza que Andalucía debe captar turistas de alto poder adquisitivo antes o mejor que los de mochila y alpargata. En el debate sobre la Copa Davis al consejero de Turismo se le ha visto el pelo de la dehesa.