La solución a la falta de sombra en Sevilla se llama Félix Escrig

Cualquiera de los diseños del pionero de las estructuras ligeras podría aplicarse como solución de emergencia al problema de la ausencia de toldos

Escrig fue el artífice de las pérgolas que proyectaron 50.000 m2 de sombra vegetal en la Exposición Universal de 1992 en la isla de la Cartuja

Proyectó un inédito sistema de grandes sombrillas hexagonales desplegables para la plaza de San Francisco

El «umbráculo», como célula de la cubierta de la piscina de San Pablo, se podía desplegar en segundos para sombrear 100 m2

El delegado de Hábitat Urbano, Antonio Muñoz, ha confesado que lleva unos días sin dormir debido a que Sevilla se va a quedar este verano sin toldos. Según Muñoz, se necesita al menos una solución urgente para la plaza de la Campana, donde los usuarios de Tussam han de esperar a pleno sol en las paradas los autobuses. Si el Ayuntamiento necesita tanto una solución de emergencia como una estructural para la obtención de sombra, basta con que mire a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Hispalense y recupere la obra de un maestro y pionero de las estructuras ligeras, Félix Escrig.

Entre que la empresa adjudicataria ha incumplido, según la versión municipal, el contrato y que el Ayuntamiento tardó más de la cuenta en culminar el proceso de adjudicación, el caso es que tal como vimos anteriormente https://www.manueljesusflorencio.com/2021/06/en-sevilla-la-ciudad-del-calor-los-toldos-no-son-para-el-verano/ , Sevilla se va a quedar este verano sin toldos en calles y plazas, toldos que protejan del sol y proyecten sombra, cuando ahora se anuncia la llegada de una ola de calor extremo.

Hemos llegado a esta situación, en un mundo cada vez más afectado por las consecuencias en todos los órdenes del cambio climático, tras haber desaprovechado todas las investigaciones que extraordinarios profesores de la Universidad de Sevilla realizaron hace más de treinta años sobre sistemas bioclimáticos con los que paliar las altas temperaturas que se esperaban el el recinto de la Muestra Universal en la isla de la Cartuja, asunto que abordé en artículos como ‘Plagiando a la Expo-92’, al que remito a quien quiera profundizar sobre el asunto https://www.manueljesusflorencio.com/2018/10/plagiando-a-la-expo-92/ .

Si millones de visitantes pudieron disfrutar de la Expo (que se celebró entre el 20 de abril y el 12 de octubre de 1992) sin sufrir los rigores del tórrido verano sevillano se debió a, entre otros, el profesor de la Escuela de Arquitectura de la Hispalense, Félix Escrig, que nos dejó en 2013, con su prematura muerte a los 63 años de edad.

Félix Escrig

Félix diseñó las pérgolas, hoy abandonadas en la banqueta del río Guadalquivir, que permitieron gozar de 50.000 m2 de sombra vegetal merced a la siembra de una selección de floridas plantas trepadoras.

Pérgolas con plantas trepadoras como las floridas buganvilias que llenaron de sombra los espacios de la Expo-92

Las pérgolas causaron la admiración de visitantes tan ilustres como el gran director de orquesta italiano Claudio Abbado, tal como recordé en una pequeña semblanza https://www.manueljesusflorencio.com/2013/09/felix-escrig/dedicada al pionero de las estructuras ligeras, desplegables y móviles, a las que dedicó el libro ‘Modular, ligero, transformable. Un paseo por la arquitectura ligera móvil’.

Félix Escrig dejó muestras de su maestría en grandes cubiertas, sobre todo con membranas textiles, tanto en nuestra ciudad como fuera. Aquí, por ejemplo, diseñó la cubierta para la piscina del pabellón de deportes de San Pablo y la del velódromo de Dos Hermanas, obra extraordinaria, con la que cubrió una superficie de 140×110 metros con tan sólo cuatro puntos de apoyo. Asimismo, las cubiertas del mercado de Montequinto y del polideportivo del Centro de Alto Rendimiento de la Cartuja.

Cubierta del velódromo de Dos Hermanas

Y de la Exposición Universal de Sevilla a la Exposición Internacional de Zaragoza en 2008, con el agua como motivo. En la capital aragonesa Escrig cubrió el pabellón de Inspiraciones Acuáticas y diseñó las denominadas «sombras modulares», con una función similar a la de las pérgolas sevillanas y que emulaban el ondulante discurrir de las aguas del río Ebro.

Sombras modulares para la Exposición Internacional de Zaragoza (2008)

Ahora bien, quien también fue decano de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura en el campus de Reina Mercedes, era capaz de diseñar lo mismo enormes bóvedas cilíndricas y cúpulas que estructuras minimalistas, y verificar previamente la viabilidad de sus proyectos con maquetas que realizaba con tan sólo palitos y nudos; de aliarse con la Naturaleza, como en el caso de las buganvilias y otras enredaderas para las pérgolas de la Expo, y de usar cualquier tipo de material, hasta el cartón.

Su íntimo amigo y gran conocedor de su obra, el catedrático gallego Juan Pérez Valcárcel, recordó una solución que ahora también podría aplicarse en cualquier espacio público a partir de sus diseños: «Nuestros primeros estudios -escribió- se realizaron sobre una forma muy sencilla, como es la sombrilla. Se trataba de hacer una prueba para cubrir la plaza de San Francisco, en Sevilla, con un conjunto de grandes sombrillas hexagonales, que pudieran abrirse o cerrarse en función de las necesidades de uso. Con este motivo estudiamos todo tipo de sombrillas, planas, cóncavas, convexas, con y sin jabalcones. Conseguimos resolverlas, pero no pudimos construir ninguna de ellas»

Proyecto (abajo) de cubrir con sombrillas la plaza de San Francisco para protegerla del sol y el sistema de plegado y desplegado de las mismas (arriba)

Para demostrar a los escépticos la eficacia de su diseño para cubrir la piscina del pabellón de San Pablo (60×30 metros) realizó una estructura a la que llamó «umbráculo» y que consistió en una cubierta desplegable de menos de 50 kilos de peso y con unas dimensiones de 0,5×0,5×2,5 metros. Podía desplegarse con una pérgola en segundos para cubrir 100 m2. ¿No está buscando Antonio Muñoz una solución de emergencia para la Campana? Aquí tiene el «umbráculo» de Escrig.

Particularmente me encantó, por su genial sencillez, una estructura que se podía empaquetar y luego desplegar en cualquier parte para cubrirla con plantas trepadoras, con la misma función que las pérgolas de la Expo-92 pero con un diseño tan liviano que parecía como flotante en el aire.

Estructura plegada y desplegada en un jardín para su cubrición mediante plantas trepadoras

El problema de la falta de toldos lo puede convertir el gobierno de Espadas en una doble oportunidad: por una parte, recuperando y ampliando las investigaciones bioclimáticas que se idearon para la Expo-92 hace más de treinta años; por otra, aplicando ahora cualquiera de los diseños modulares, ligeros y transformables de Félix Escrig, diseños que conoce mejor que nadie su más fiel discípulo, José Sánchez Sánchez, profesor de Estructuras en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Hispalense.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.