Cuentan las crónicas periodísticas que Zoido, “preocupado” tras la espantá, por él mismo propiciada, de La Caixa al llevarse de las Atarazanas su Caixafórum a la torre Pelli, ha recurrido, como hacer suele en las grandes ocasiones o en los momentos de crisis, a escribirle una carta al consejero de Cultura, para ofrecerle su colaboración. La iniciativa del alcalde de Sevilla me recuerda a aquella llamada que en el franquismo le hizo el ministro de la Gobernación (el equivalente hoy al de Interior) al embajador de la Gran Bretaña, a cuenta de una gran manifestación que en protesta por la ocupación de Gibraltar se estaba desarrollando delante de la legación, en Madrid. “¿Le envío más policías, señor embajador?”, le inquirió el responsable del orden público. Respuesta del representante diplomático de Su Graciosa Majestad: “Me basta con que no me envíe más manifestantes, señor ministro”. Ante la oferta de colaboración de Zoido, Luciano Alonso, consejero de Cultura, bien podría contestarle: “Me basta con que no me ponga más obstáculos urbanísticos, señor alcalde”.
El Zoido que ahora anuncia la paralización de los desahucios por parte de la Empresa Municipal de la Vivienda es el mismo que permitió hasta hace unos días que Emvisesa enviara noventa notificaciones de expulsión de sus hogares a adjudicatarios de sus pisos y el que, según subraya el PSOE, hace un mes votó en el Pleno del Ayuntamiento en contra de una moción socialista que proponía echarle el freno a los desalojos y la adopción de medidas sociales de apoyo a los inquilinos con problemas económicos por causa de la crisis. Pero el partido de Rubalcaba es también el que en el mes de marzo votó en las Cortes, junto con el PP, en contra de una propuesta de Izquierda Plural para acabar con los abusos de las entidades financieras y para que se aceptaran las donaciones de pago de las viviendas, como en los países anglosajones, para liquidar las deudas acumuladas y que no se mantengan incluso tras el desahucio. Si ahora unos y otros se han caído del caballo y se han convertido a la causa antidesahucios no ha sido por convicción previa, sino por mero oportunismo político.
Dicen que en cumplimiento de una promesa, más postelectoral que electoral, Zoido va a gastarse 150.000 euros en reubicar en parques del extrarradio las farolas de la Alfalfa, la Pescadería y el Pan y sustituirlas por las tradicionales de estilo fernandino, como las del Salvador. Particularmente, nunca me gustó el mobiliario urbano de Monteseirín en el Centro, por creer que desentonaban claramente con su entorno, aunque respeto a quienes opinen lo contrario, pero aunque pudiera apoyar esta decisión del alcalde me parece perfectamente aplazable a otro momento sin las angustias económicas del presente. En una ciudad en la que se acaba de rebasar la barrera de los 90.000 parados y donde se han recortado o eliminado partidas de carácter social como el bonobús solidario con el argumento de la crisis, destinar 150.000 euros a cambiar de sitio unas farolas que aún funcionan supone, además de un gasto superfluo, incurrir en una absoluta confusión sobre el actual orden de prioridades. La decisión de Zoido en plena crisis es tan antiestética como las propias farolas.
La muerte de Agustín García Calvo, al que se han dedicado tan justas semblanzas recordando su vinculación con Sevilla, ha eclipsado entre nosotros la noticia de otro fallecimiento, el de la gran arquitecta italiana Gae Aulenti, a los 84 años, en Milán. Figura mundial de la arquitectura, fue junto con Pierluigi Spadolini la autora del pabellón de su país en la Expo-92. El de Italia fue, tras el de España, el pabellón nacional más grande de la Muestra Universal, excluidos los temáticos: un paralepípedo de nada menos que 90 metros de longitud (como la de un campo de fútbol), por 50 de anchura y 30 de altura media. El hoy Centro de Empresas de Cartuja-93 costó por entonces la friolera de 6.000 millones de pesetas. Con sus cuatro torres para camuflar los ascensores y una lámina de agua en su diáfano interior para combatir el calor sevillano, el denominado ‘Palazzo Italia’ hacía en verdad honor a su nombre y evocaba una ciudad amurallada. A su lado, el pabellón de Grecia parecía tan liliputiense que en el argot de la Expo se le conocía como ‘la caseta del perro’.
Ante la amenaza de huelga en Lipasam y Mercasevilla, el Ayuntamiento amaga con divulgar los abusos en las empresas municipales. Y filtra algunos botones de muestra: desde horarios laborales que acaban a las 13 horas los viernes hasta el derecho (¿?) de que un pariente ‘herede’ el empleo de un jubilado en Lipasam, en plan feudal, como si se tratara de una monarquía sindical hereditaria. De Juzgado de Guardia. Y, sin embargo, el gobierno local dice que no va a revelar estos privilegios, a costa de los contribuyentes y pese a la que está cayendo, “por responsabilidad y por facilitar el diálogo”. ¿Responsabilidad? ¡Cobardía!, para no enfrentarse a los sindicatos, cómplices de este régimen contrario a la igualdad de derechos de todos los ciudadanos para optar a un empleo público, como ya dictaminó el Defensor del Pueblo en el caso de Tussam. El gobierno de los 20 concejales no tiene el valor de acabar con estos abusos y prefiere seguir haciendo la vista gorda. ¿En qué consistía el cambio de Zoido? Como en ‘El Gatopardo’, de Lampedusa, en que todo siga igual.
Un juez ha descartado motivos políticos en el despido de la arruinada Fundación DeSevilla de Manuel Copete, uno de los últimos de Filipinas de Monteseirín y gran especialista en saltos no mortales: saltó del PTE al PCE, del PCE al PSOE, de los guerristas a los oficialistas, de los oficialistas a los críticos…en busca siempre del premio de un cargo. Su mayor salto a la fama se produjo durante su gestión, en plan marchenero pese a ser él de La Puebla de Cazalla, de la Bienal de Flamenco, a la que dejó un pufo de 700.000 euros. Total, como estos gestores siempre disparan con pólvora del Rey…Tras su brillante paso por la Bienal, Monteseirín lo refichó con un sueldo bruto de 5.300 euros/mes, o sea, 63.672/año, se supone que pagas extra aparte. La noticia coincide con la Encuesta de Estructura Salarial de España, del INE: el salario medio de un empleado público es de 29.811 euros brutos/año, y el de un trabajador del sector privado, de 21.232 euros. Cómparese la diferencia entre estar y no estar en el machito. Copete, político con mucho oficio….. y beneficio.
El jurado ha declarado culpable de cohecho en el caso Mercasevilla al exdelegado de Empleo de la Junta, Antonio Rivas, una sentencia pendiente de ratificación por el juez y por las instancias judiciales superiores en la hipótesis de que sea recurrida. Si se confirmara, sería el primer alto cargo condenado por corrupción en los 30 años de historia de la Junta y se desmontaría el argumento de Griñán en contrario, eso de que jamás se había producido tal circunstancia. Lo significativo es que ahora tanto la Junta como el PSOE reniegan de Rivas y subrayan que ya no vive allí: dimitió de su puesto de alta responsabilidad y entregó el carné de militante, cuando su condena deriva justamente de sus actuaciones cuando era director general de la Consejería afectada por el escándalo de los EREs (Griñán lo mantuvo en el puesto aun estando imputado, en contra de su doctrina al respecto) y hombre fuerte del partido en Camas y de confianza de Viera cuando éste ocupaba la Secretaría General. A Rivas quiere hacerle el PSOE lo mismo que la UCI a Armstrong: borrarlo de la historia.
Recuérdese que hace unos días el portavoz municipal y senador del PSOE, Juan Espadas, se presentó a las puertas del museo Arqueológico para calificar de “irrisoria” la cantidad de 350.000 euros que le ha destinado el Gobierno de Rajoy en los Presupuestos Generales del Estado y exigir que debería consignarle una partida de por lo menos 1,5 millones de euros. Pues bien, ahora la Junta de Andalucía de Griñán presenta sus Presupuestos para la comunidad y sólo aparecen 60.000 euros a compartir entre el museo de Bellas Artes (el sempiterno estudio de la siempre pospuesta ampliación) y el Arqueológico (la nunca emprendida rehabilitación). Los sevillanos están ahora expectantes por conocer el calificativo que le otorgará Juan Espadas a la cantidad consignada por la Junta de Andalucía a los museos de la ciudad y la fecha en que, reivindicativo, se plantará en la Plaza de América, no vaya a ser que el senador socialista acabe como la locomotora de la anécdota de Caracol el del Bulto, que sólo hacía alarde de vapor cuando llegaba a Madrid pero nunca en Despeñaperros.