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El pan nuestro de cada día

El sindicato Comisiones Obreras presentó en vísperas del Día de Andalucía un estudio sobre el balance laboral del año 2012, basado en los datos del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) y de la Encuesta de Población Activa (EPA). Como es sabido, debido a su diferente metodología y a que el primero sólo registra los parados realmente inscritos como demandantes de trabajo y no a quienes estando en edad de trabajar no se han registrado por la falta de expectativas o han dejado de hacerlo tras haber tirado la toalla por la desesperanza, las cifras no suelen concordar: el SAE estimaba en 254.855 el número de parados en toda la provincia y la EPA, en 302.500 (sólo en Sevilla capital, 89.332). En cualquier caso, ambas cifras son de récord absolutamente negativo, hasta el punto de que el secretario general de CCOO de Sevilla, Alfonso Vidán, ha calificado 2012 como el ‘annus horribilis’ del paro.

Entre el conjunto de cifras abrumadoras que reflejan el drama de tantos miles de sevillanos afectados por la lacra del paro destacan especialmente dos:

-Prácticamente uno de cada tres desempleados (en concreto 92.632) es mayor de 45 años, y,  tal como ha expresado Vidán, si ya en los tiempos de bonanza económica era difícil hallar ocupación para este colectivo, en las actuales circunstancias tienen escasas posibilidades de trabajar y su paro se convertirá en estructural. Su único horizonte son los lunes al sol.

-El 43% de los sevillanos en paro (entre 109.587 y 130.075 según la fuente que se tome como referencia) llevan tanto tiempo en el desempleo que han agotado las prestaciones y o carecen de ingreso alguno (dependen de la caridad de familiares y amigos y/o de las organizaciones asistenciales), o sólo cuentan con los 420 euros de ayuda que ha prorrogado ‘in extremis’ el Gobierno hasta que la tasa de paro nacional no baje del 20%.

Este es, pues, el telón de fondo, una situación de auténtica emergencia social, en que se desarrollan las negociaciones entre los grupos políticos del Ayuntamiento de Sevilla para acordar un Pacto por el Empleo a cuatro meses de que se cumplan los dos años de Zoido como alcalde.

LA PROPUESTA DEL PP

El grupo municipal del PP ha llevado a la mesa tripartita una propuesta que no sólo no afronta la urgencia del gravísimo problema socioeconómico que sufre la ciudad, sino que trata de descargar en otras Administraciones Públicas, fundamentalmente la Junta de Andalucía, la responsabilidad de acabar con el paro y no ahora, mañana o dentro de unos meses, sino a varios años vista. Así, el equipo de Zoido promete la creación de 46.000 empleos siempre que se acometa la ejecución de los grandes proyectos pendientes, a los que el Ayuntamiento aportaría una financiación de 70 millones de euros.

El gobierno local sabe que en un sistema democrático y garantista de los derechos como el nuestro la ejecución de cualquier obra sólo es posible tras el cumplimiento de trámites administrativos y urbanísticos que requieren de unos plazos que no pueden saltarse a la torera (como apenas aterrizado en la Alcaldía pretendía Zoido con la segunda tienda de Ikea) y de una dotación presupuestaria inexistente en las actuales circunstancias socioeconómicas, máxime cuando el ministro de Hacienda y diputado por Sevilla, Cristóbal Montoro, acaba de anunciar que exigirá a la Junta de Andalucía más sacrificios y más recortes presupuestarios en aras del cumplimiento del déficit público.

Por tanto, el planteamiento de Zoido y de su equipo de que si la Junta construye la Ciudad de la Justicia y la red completa del Metro contribuiría a crear 46.000 empleos en Sevilla no deja de ser un brindis al sol al tiempo que una trampa política: mientras el alcalde le exige al Gobierno andaluz inversiones en infraestructuras y equipamientos, el Gobierno de la nación que es sustentado por el mismo partido de Zoido exige a la Junta de Andalucía que meta aún más las tijeras y ahorre más, que no gaste.

Por pedir la Luna de Valencia, los populares del Ayuntamiento sevillano también achacan al Ejecutivo de Rajoy la responsabilidad de reducir a casi la mitad el paro en Sevilla a medio plazo con la aprobación del polémico dragado del río, en la estimación no contrastada científicamente de que permitiría crear 20.000 puestos de trabajo. Se trata de otro proyecto ‘ad calendas graecas’, cuya materialización aún ha de superar los pertinentes trámites administrativos y la supervisión europea y sobre el que pende la amenaza de impugnación judicial por parte de ecologistas y arroceros, por su potencial impacto en Doñana y en las tablas del arroz.

EL PLAN DE CHOQUE

Frente a estas propuestas irrealizables a corto plazo por falta de presupuesto para acometerlas aunque hubiera voluntad política por parte de la Junta de Andalucía y del Gobierno de la nación, los grupos municipales de PSOE e IU tratan de, como se dice vulgarmente, bajar la pelota de las nubes de la irrealidad a que la ha lanzado el PP hasta el suelo, para tratar de pactar al menos un plan de choque que permita contratar a entre 3.600 (PSOE) y 4.000 (IU) parados, sobre todo de larga duración y que hayan perdido sus prestaciones y a los que habría que procurar  “el pan nuestro de cada día” subveniendo a sus necesidades básicas.

Los socialistas plantean esencialmente:

1) Que el Ayuntamiento financie el salario mínimo interprofesional (634 euros) durante los seis primeros meses de las personas que sean contratadas de entre parados de larga duración sin prestaciones o mayores de 35 años con más de uno en el paro.

2) Que aplique una bonificación del 95% en impuestos y tasas municipales para aquellas empresas que acrediten un aumento de plantilla durante la segunda mitad de 2013.

3) Que asuma durante medio año  los gastos de contratación de diez personas con el salario mínimo interprofesional en proyectos de innovación que se presenten en el marco de un convenio a tal efecto.

El coste de este plan para las arcas municipales sería de 10 millones de euros en subvenciones y la renuncia a ingresar 4,6 millones por las bonificaciones en impuestos y tasas.

RESPONSABILIDAD PROPIA

La ‘filosofía’ de IU es similar: dotar con 15 millones de euros un plan de choque que permita dar a entre 3.000 y 4.000 sevillanos excluidos del mercado laboral la oportunidad de hallar una ocupación, siquiera temporal, en obras menores y de embellecimiento de la ciudad, y así salvarlos de la marginación y el paro estructural.

Las propuestas de PSOE e IU centran el tiro en la responsabilidad del Ayuntamiento y de Zoido, que prometió ser “el alcalde del empleo”, en vez de lanzar balones hacia la Junta y el Gobierno. La respuesta del PP a este planteamiento ha sido la de que se trata de empleos efímeros que no solucionan el problema de fondo y que de dónde va a sacar el Ayuntamiento los 15 millones de euros que pide la oposición.

Los empleos así creados serían efímeros, obviamente -y nadie se llama a engaño al respecto-, pero al menos paliarían la situación de varios miles de familias sevillanas en riesgo de exclusión social, mientras que los 46.000 hipotéticos que promete el PP a años vista son de momento pura entelequia. Y en cuanto al dinero necesario para abordar el plan de choque, los populares incurren en una flagrante contradicción, ya que si el Consistorio no puede obtener 15 millones de euros, ¿cómo promete que librará 70 millones si la Junta y el Gobierno se pliegan a sus exigencias?

EXCEDENTES FINANCIEROS

El gobierno local dice no saber de dónde sacar 15 millones de euros, pero mantiene 20 millones de excedente de tesorería a plazo fijo y alardea de que el Ministerio de Hacienda ha estimado en 83 millones de euros el superávit obtenido por el Ayuntamiento en 2012 tras la aplicación del plan de ajuste, lo cual le permitiría pedir nuevos créditos por hasta un máximo de 30 millones de euros.

También en víspera del Día de Andalucía una señera empresa sevillana como Merkamueble presentó concurso de acreedores. Su presidente, Francisco León, explicó las razones con una frase que resume la situación en Sevilla: “Si no hay ahora ni para las necesidades primarias, ¿cómo va a haber para comprar muebles?”.

Noventa mil sevillanos en paro en la capital no tienen ni para las necesidades básicas, pero el Ayuntamiento, en vez de tratar al menos de paliar esta situación con medidas de urgencia propias, remite a lo que pudieran hacer en un futuro incierto otras Administraciones con el Metro, la Ciudad de la Justicia, el dragado del Guadalquivir…..

La respuesta de Zoido a los parados de Sevilla son castillos en el aire: ni pan para hoy ni para mañana.

Deslocalización

Al año siguiente de la clausura de la Expo-92, se produjo en Europa un sonoro caso de deslocalización industrial que estuvo a punto de provocar un conflicto en el seno de la UE entre Francia y Gran Bretaña. Un fabricante norteamericano de aspiradoras decidió cerrar la planta que tenía en suelo francés y trasladarla a Escocia por la perspectiva de obtener mayores beneficios, pese a que llevaba 30 años asentada en el país del Hexágono a plena satisfacción y 600 trabajadores dependían de ella.

El traslado de la producción al Reino Unido fue propiciado además por las centrales sindicales escocesas, que lejos del internacionalismo y la solidaridad proletarios, se comprometieron ante los dueños americanos a trabajar gratis casi una hora más a la semana, no convocar huelgas y hasta que no hubiera aportación alguna al fondo de pensiones durante los dos primeros años de actividad. Pese a las acusaciones cruzadas entre los Gobiernos de Francia y del Reino Unido (el primero llegó a acusar al segundo de “bandido” por “robarle” la empresa) y a la apertura de una investigación por parte de la Comisión Europea, al final las aspiradoras pasaron de llevar el sello de ‘made in France’ al de ‘made in United Kingdom’. Ni siquiera Mitterrand pudo evitarlo.

EL PRECEDENTE DE GILLETTE

Los sevillanos no habían oído en su vida la palabra ‘deslocalización’, pero aprendieron su significado dolorosamente un año después de lo ocurrido en Francia con las aspiradoras. En 1994, para sorpresa general, la hasta entonces considerada modélica  empresa de cuchillas de afeitar Gillette anunció el cierre de su única factoría en España, ubicada en Alcalá de Guadaíra. La opinión pública se quedó estupefacta porque la fábrica, con una antigüedad de 27 años, había superado una crisis previa y venía de ganar 700 millones de pesetas. La marca copaba el 75% del mercado de cuchillas de afeitar en nuestro país.

Se cuenta que cuando se le inquirió a la dirección de la empresa cómo era posible que se quisiera ir de Alcalá si ganaba 700 millones de pesetas, extraoficialmente -oficialmente habría sido políticamente incorrecto reconocerlo- la respuesta fue que trasladando la producción a Europa del Este los beneficios superarían fácilmente los 1.000 millones. Y entonces trascendió que la multinacional americana iba a abrir nuevas factorías en Polonia, Turquía y Rusia.

Aquel caso tuvo un gran impacto, por el precedente que suponía: una empresa cerraba en Sevilla no porque le fueran mal las cosas, sino todo lo contrario, porque esperaba obtener más beneficios en otra parte. Y si eso lo hacía una multinacional como Gillette significaba que podía hacer lo mismo cualquier otra.

LA HISTORIA SE REPITE

La situación que se vivió entonces en Alcalá y en Sevilla fue similar a la de ahora con el cierre de la fábrica de Roca, si bien en este caso la multinacional catalana no reconoce beneficios como en 1994 Gillette, sino pérdidas en el conjunto de España por valor de 30 millones de euros.
Los más de 250 trabajadores de la fábrica de cuchillas de afeitar se movilizaron de todas las formas posibles al grito de “¡Gillette no se cierra!”. El presidente del comité de empresa dijo lo mismo que ahora se está diciendo sobre el cierre de Roca en la misma localidad: “Vamos a luchar por el empleo y la viabilidad de la empresa, y en ello nos dejaremos el pellejo. Esto es un acto terrorista y salvaje contra Alcalá y contra España. Una empresa con beneficios de 700 millones no puede cerrar la fábrica tras chuparle la sangre a los trabajadores”.

La oleada de protestas contra Gillette fue tal que el entonces presidente de la Diputación, el socialista Miguel Angel Pino, pidió que se boicotearan sus productos y planteó que el Comité de las Regiones de Europa investigara si la decisión de la multinacional de cerrar la factoría alcalareña para desviar la producción a otras del extranjero se ajustaba a la legislación vigente. Como se ve, hubo un segundo paralelismo con el momento presente, en este caso la reacción de la Diputación y del Ayuntamiento de Sevilla de pedir un boicot a los productos de Danone tras otro anuncio similar de esta multinacional francesa de clausurar su fábrica de Sevilla, que da empleo a 85 personas.

SACRIFICIO DE FILOMATIC

Gillette acabó yéndose de Alcalá de Guadaíra tras alcanzar un acuerdo de extinción de contratos con sus trabajadores, y la campaña de boicot lanzada desde las Administraciones Públicas para que se dejaran de comprar sus productos en España se reveló inútil. Si cuando cerró la fábrica sevillana tenía una cuota del 75% del mercado nacional de cuchillas de afeitar, trece años después aquélla había crecido hasta el 81% (cinco puntos más que en todo el mundo), más el 71% del mercado de las maquinillas, y logró una facturación de 265 millones de euros.

Lo que nadie recordó en aquel entonces es que, previamente, Gillette había realizado una deslocalización interna en el mercado nacional al cerrar la fábrica que su absorbida Filomatic tenía en Barcelona y concentrado toda la producción en Alcalá de Guadaíra, sin que ni el Ayuntamiento de la capital catalana ni  la Diputación barcelonesa reaccionaran pidiendo un boicot en Cataluña a las cuchillas y maquinillas de Gillette.

CIERRES POR DOQUIER

En los casi veinte años transcurridos desde aquel primer caso de deslocalización industrial registrado en la provincia de Sevilla han sido muchas las empresas que, desgraciadamente, han cerrado sus fábricas en nuestra tierra y dejado en la calle a sus trabajadores, sin que tras la frustración por Gillette se volvieran a plantear boicots infructuosos y que por eso mismo habrían incrementado aún más la sensación de impotencia.

Si por cada cierre empresarial, por las razones que hayan sido, los sevillanos hubieran tenido que responder con un boicot, entonces llevaríamos años sin comprar colchones Flex, sin consumir yogures de Yoplait, sin desayunar donuts y toda la gama de bollería de Panrico, sin utilizar los productos de Uralita, sin instalar en fábricas y viviendas los contadores eléctricos de Landis, sin comprar en los estancos las labores tabaqueras de Altadis, sin instalar cualquier producto en madera de Polanco, sin adquirir a partir de ahora aceite envasado por Cargill, etcétera, etcétera.

NUEVOS CASOS

General Dynamics, la matriz de la española Santa Bárbara, que fabrica carros de combate también en Alcalá de Guadaíra, ha perdido 2.130 millones de dólares en el último trimestre por los recortes de Obama y ha reaccionado planteado, entre otras medidas, el despido de 82 trabajadores -casi tantos como Danone- en su planta sevillana. ¿Debe propugnarse que el Gobierno de España deje de comprar carros de combate como represalia?

Los informes Nielsen y de Inlac (‘El sector lácteo como paradigma del problema del valor en la cadena agroalimentaria’) reflejan lo que está ocurriendo con los lácteos y sus derivados (yogures) en España, atrapados por la doble pinza de la caída del consumo debido a la gravísima crisis socioeconómica (6 millones de parados) y el auge de las marcas blancas, más baratas aunque no aporten el valor añadido de la innovación. Dicho de otro modo, se consume menos y de lo que se consume cada vez la cuota de las marcas blancas o de los distribuidores es mayor. Danone, como empresa líder cuya política consiste en defender su marca y no fabricar para terceros, pierde cuota de mercado en nuestro país y a su juicio le ‘sobra’ una de sus fábricas en España, por lo que ha optado por sacrificar la de Sevilla. ¿Debe ser la respuesta el boicot a sus yogures para que pierda aún más cuota de mercado y cierre alguna más? ¿U ofrecerle incentivos desde la Junta -una subvención encubierta- para que no cierre la planta sevillana cuando el conjunto de la compañía ha obtenido en todo el mundo un beneficio de 1.672 millones de euros?

EL CASO CONTRARIO

Renault, otra multinacional francesa, decidió recientemente adjudicar a las fábricas españolas, la de Sevilla entre ellas, la ejecución de su nuevo Plan Industrial -que permitirá crear 1.300 empleos- en detrimento del resto de sus plantas en el mundo, lo cual puede traducirse en el cierre de líneas productivas más ineficientes en otros países. Si la respuesta en el extranjero fuera instar a un boicot a la compañía automovilística del rombo, ello repercutiría en el empleo en la fábrica de cajas de cambio de San Jerónimo. Responder con boicots a las decisiones empresariales no da resultado a medio o largo plazo, como se ha demostrado con Gillette o con los cavas de Cataluña tras el caso Carod Rovira.

Como ha escrito en estas mismas páginas Manuel Alejandro Hidalgo, profesor del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Pablo de Olavide, Sevilla no imperativamente debe perder en el juego de las deslocalizaciones, porque igual que existen empresas que se van, otras vienen o expanden su actividad local. “¿Cómo podemos -se ha preguntado- incentivar la localización de empresas en el entorno productivo sevillano? La respuesta -afirmaba- es muy sencilla a la par que complicada: generando ventajas comparativas…. sin el reclamo de bajos salarios, sino de elevadas garantías de un saber hacer cada vez más exigente”. Y es que una empresa que quiera irse acabará yéndose, por más boicots que se le decreten.

El alcalde de Alcalá, Gutiérrez Limones, siempre recordaba que ésa fue la lección que aprendieron en su ciudad tras la deslocalización de Gillette: tenían que generar ventajas competitivas para captar nuevas empresas y por éso decidieron renovar con fondos europeos los anticuados polígonos industriales y apostar por la innovación. Convirtieron la crisis en oportunidad. Si ahora se hallan en la misma tesitura con Roca que en 1994 con Gillette la respuesta debe ser la misma que entonces.

No hay otro camino. Convertir el carro de la compra en carro de combate, como preconiza Espadas con su boicots, no resuelve ningún problema, puede que los encone e incluso que los complique, porque el boicoteador puede ser también boicoteado cuando le llegue la hora. Siempre será mejor concentrar los esfuerzos en captar o crear nuevas empresas por cada una que se nos vaya.

Latín

Preciosa la historia de la periodista Giovanna Chirri, de la agencia italiana Ansa, que el lunes 11 de febrero dio la primicia mundial de la dimisión del Papa. Se encontraba, como en tantas otras ocasiones y junto a otros colegas, cubriendo dentro de la aburrida información sobre el Vaticano la reunión del Sumo Pontífice con la Curia -que para colmo se desarrollaba en latín, como en la época preconciliar- cuando de pronto dio un respingo en la silla al escuchar que Benedicto XVI estaba anunciando su renuncia como sucesor de Pedro. Entre todos los periodistas allí presentes fue la única que se enteró del mensaje papal porque, como estudiante de Lenguas Clásicas en sus años en el instituto, sólo ella sabía o comprendía latín.

El pelotazo periodístico de Giovanna Chirri se produce justo en pleno debate en España sobre la reforma educativa del ministro Wert, cuyo anteproyecto contemplaba la supresión de la enseñanza del latín y del griego con el manido argumento de que no sirven para nada, una herejía en opinión de nuestro sabio Francisco Rodríguez Adrados.

José Ignacio Wert, que por ende es polígloto y habla por lo menos siete idiomas, ha ido aún más lejos al declarar recientemente que los universitarios no deberían estudiar conforme a su vocación sino en función de la ‘empleabilidad’ de las carreras, con lo cual nos enfrenta al concepto mismo de la educación. ¿Es la universidad el alma mater del saber o una mera agencia de colocación? Otra herejía.

En esta columna, que gracias a las lecciones de don Antonio Rabasco Noales se titula ‘Urbi et Orbi’ y no de la forma erróneamente habitual  ‘Urbi et Orbe’ (señal de que algo aprendí de sus enseñanzas en el instituto), puedo remontarme a los tiempos en que aquel ministro de Franco, natural de Cabra (Córdoba) y llamado José Solís planteó el mismo debate existencial con el lema de ‘menos latín y más deporte’, cuestionando así la utilidad de las lenguas clásicas, a lo que un profesor respondió aquello de que el latín servía para que los nativos de Cabra como él se llamaran a sí mismos egabrenses en vez de otro gentilicio más caprino y más rotundo.

Cuando al ministro Wert se le ocurra volver a plantear eso de para qué sirve el latín, podrá contestársele que para dar la exclusiva mundial de la dimisión de un Papa, algo que jamás podrá protagonizar en el futuro un periodista español si sale adelante su reforma educativa sin las lenguas clásicas.

Y es que en mis tiempos no había mayor expresión de admiración que aquella frase de “sabe latín”.

El no cambio según Zoido

El Ayuntamiento solventó entre el lunes y el viernes de la semana pasada el conflicto que tenía abierto desde hace meses con los empleados municipales,  mediante un preacuerdo que deberá ser desarrollado en las próximas semanas y ratificado de forma definitiva durante el mes de marzo, a fin de llegar a un nuevo marco en las relaciones laborales dentro de la Corporación Municipal. Los policías locales, que aún tienen pendiente la concreción de la reclasificación que les firmó Zoido el pasado mes de abril, llevaban un tiempo protagonizando  las más sonoras protestas contra el alcalde al embozarse los rostros y escoltar un ‘doble’ con máscara del regidor, y habían amenazado con proseguirlas  de forma llamativa durante el Vía Crucis de la Fe. Y ya se sabe que en esta ciudad no hay elemento más generador o desatascador de conflictos laborales, según se mire, que el anuncio de un paso en las calles, aunque luego la amenaza de lluvia impida la procesión.

Durante meses, el gobierno local se ha negado a negociar cambio alguno en las condiciones de los empleados del Ayuntamiento con el argumento del ‘imperativo legal’. Según la interpretación del Consistorio presidido por Zoido y administrado con mano de hierro por la delegada de Hacienda, Asunción Fley, las normas dictadas por el Ejecutivo de Rajoy para recortar el déficit público -tasa de reposición cero a la hora de cubrir las bajas producidas en la plantilla; supresión de la paga extraordinaria de Navidad para los funcionarios-  y las condiciones impuestas por el Plan de Ajuste para el pago de la deuda acumulada a los proveedores impedían cualquier concesión ante las demandas de los colectivos municipales.

Las cinco secciones sindicales representadas en el Ayuntamiento venían denunciando la degradación de los servicios públicos por la intransigencia del gobierno local y la imposibilidad material de atenderlos por la negativa oficial a analizar la situación y buscar alternativas sin contravenir las disposiciones del Gobierno de la nación.

PRECARIEDAD EN LOS SERVICIOS

El ejemplo más palmario de la precariedad a que se ha llegado es el de la plantilla de limpiadores de los colegios públicos, cuyos efectivos por causa de la política de recortes han pasado de 650 personas a 425, una reducción del 34,61%. O sea, que para realizar el mismo o incluso más trabajo que antes debido a la incorporación de nuevos alumnos a los colegios al inicio de cada nuevo curso se cuenta con un tercio menos de plantilla.

Se ha llegado a situaciones insostenibles, como la denunciada por los sindicatos de que sólo hay dos limpiadores para centros docentes con 1.200 niños: “Les toca ocuparse  de veinte clases, diez cuartos de baño y dos patios por cada uno al día. La suciedad de 600 niños por trabajador. Sólo para colocar los muebles en su sitio tras las clases hablamos de 400 sillas diarias”.

Esta reducción de personal no es privativa de los limpiadores de los colegios, sino también del Cuerpo de Bomberos, con las agravantes de la especial naturaleza de su labor en situaciones críticas que por causa de un incendio ponen en peligro la vida y el patrimonio de las personas y que a estas alturas sigue pendiente de resolver otra fuente de malestar en los especialistas en la extinción del fuego: la reclasificación de la plantilla.

Las escasas bibliotecas municipales han dejado de abrir por las tardes ante la falta de personal para atenderlas. La banda municipal de música, como tal la más antigua de España, no puede ofrecer ningún concierto al faltarle el mínimo de músicos reglamentario para interpretar las composiciones, y sus miembros, por no dejar deslucido el acto del pregón de la Semana Santa, han anunciado que sólo podrán acudir al teatro de la Maestranza a tocar “a título personal”.

Los inspectores de Medio Ambiente y de Consumo y los servicios del Zoosanitario ya no pueden trabajar en horarios vespertinos porque desde la Hacienda municipal se les ha eliminado el plus de dedicación. En todos los puestos del cementerio de San Fernando hay vacantes. Frente a este panorama, con 830 puestos por cubrir en el conjunto de la plantilla municipal, el gobierno de Zoido ha invocado sistemáticamente el argumento del ‘imperativo legal’: nada puede hacerse porque significaría una vulneración de la ley. Y, sin embargo, las centrales sindicales no han dejado de señalarle al Ayuntamiento que casi la mitad de las vacantes, unas 400, son anteriores a la entrada en vigor de las disposiciones del Gobierno central, por lo que no se ven concernidas por la ‘tasa de reposición cero’ y pueden ser cubiertas para aliviar la situación ‘bajo mínimos’ de los servicios públicos.

EN PIE DE GUERRA

Para contribuir a enrarecer aún más el ambiente, el Ayuntamiento también planteó la supresión de otra paga extra de la plantilla: la de primavera. En su lugar, ha querido implantar un complemento de productividad  en función del cumplimiento de los objetivos marcados previamente. A ello se le ha unido un goteo de despidos en empresas como Emvisesa y organismos como el IMD, amén de los permanentes problemas con Mercasevilla a cuenta del cuestionado plan de liberalización por supuestas directrices de la Unión Europea y que niegan tanto la oposición como los sindicatos.

En resumen, como sostenían los sindicatos, todos los servicios municipales, por una causa o por otra, estaban en pie de guerra contra Zoido, y sobre todo tras a entrada del año 2013 las manifestaciones y actos de protesta se han sucedido cada vez con más frecuencia y virulencia, con el efecto añadido de los once días de la huelga del servicio de recogida de basuras de Lipasam.

Se había desembocado en una situación similar a la que sufría en sus peores épocas Monteseirín, pero mientras el alcalde socialista afrontó rebeliones puntuales de un Servicio o una empresa municipales en diferentes periodos de su mandato, Zoido había logrado concitar en contra de su figura la protesta conjunta de prácticamente la mayor parte de la plantilla al mismo tiempo, justo el escenario que en su época en la oposición jamás imaginó que pudiera ocurrir con él en caso de acceder a la Alcaldía.

DESBLOQUEO

Y, de la noche a la mañana, el ‘imperativo legal’, al que tanto se ha remitido el gobierno local, presidido por un magistrado, se ha deshecho como un azucarillo en un vaso de agua. El Ayuntamiento, que llegó a filtrar a la prensa el dato de las retribuciones de los policías locales a ver si así le daba el mismo resultado que con los sueldos de Lipasam, ha plegado velas y ha firmado una tregua con los cinco sindicatos que de entrada recoge muchas de sus reivindicaciones.

Así, de manera inmediata, se van a contratar 25 limpiadores para reforzar el cuidado de los colegios, y se van a realizar otras contrataciones en el cementerio, el zoosanitario y la banda municipal de música bajo la consideración de ‘servicios esenciales’, figura jurídica que permite obviar el obstáculo de la ‘tasa de reposición cero’. El Consistorio, que había recortado los complementos de dedicación a 2.500 empleados municipales y los horarios especiales de otros colectivos, se ha comprometido a negociar los calendarios laborales y la reclasificación pendiente de la Policía Local y de los bomberos, aunque ello suponga echar mano de los fondos destinados al pago de la productividad.

Ha quedado así de manifiesto que la conflictividad laboral durante todos estos meses, expresada en concentraciones en la Plaza Nueva y en manifestaciones por distintas zonas de la ciudad, no se debía en el fondo al manido ‘imperativo legal’, sino a una falta de voluntad política por parte del Ayuntamiento para cerrar acuerdos, ya que en cuanto el alcalde dio orden a Asunción Fley de que pactara una solución con los sindicatos, se acabaron los problemas y se alcanzó la tregua en vísperas del Vía Crucis de la Fe y de la maratón del 24 de febrero.

Y lo más sorprendente de todo ha sido la frase con que, sin inmutarse, ha calificado Zoido su actuación y la de su equipo de gobierno. Según el alcalde, han logrado la paz social “sin haber cambiado de estrategia”.

A pesar de que el ‘imperativo legal’ ha saltado hecho añicos por los aires.

Impactos

El Ayuntamiento proyecta la imagen de que el balance de la huelga en la recogida de basuras es favorable a Lipasam, por cuanto se ahorrará 1,25 millones de euros en las nóminas por los once días no trabajados mientras que ‘sólo’ tendrá que abonar 750.000 euros por las horas extra en la recogida de los 7 millones de kilos de residuos amontonados en las calles, más  100.000 euros en la reposición de los contenedores quemados por los vándalos. Con estas particulares ‘cuentas de la vieja’ municipales, el saldo sería favorable a la empresa pública en 400.000 euros.

El primer error en la contabilidad de la huelga consiste en imputarle el coste de los contenedores quemados, ya que varios días después de finalizado el conflicto laboral siguen ardiendo recipientes en el mismo elevado número que durante las once jornadas de paro, sin que ahora el Consistorio pueda establecer una aparente relación de causa-efecto. Desgraciadamente, no es precisa una huelga en Lipasam para que los vándalos incineren contenedores. Rojas-Marcos contaba en sus tiempos de alcalde que los fabricantes de mobiliario urbano testaban la resistencia de sus productos en Sevilla antes de lanzarlos al mercado porque era entre nosotros donde el vandalismo alcanzaba mayor virulencia.

Sí debe imputarse a la huelga el coste del daño de imagen sufrido por Sevilla en esos once días, un coste que en ningún conflicto en los servicios públicos – se pueden enumerar varios ya en Lipasam, Tussam, taxistas, bomberos y policías a lo largo de la Democracia- jamás valora el Ayuntamiento.

Cada vez que Sevilla aspira a organizar u organiza un gran acontecimiento deportivo se suele hacer una estimación del valor económico que tendrían o han tenido las informaciones en los medios de comunicación sobre nuestra ciudad si hubiera que pagarlas como publicidad, a fin de justificar desde la candidatura olímpica en su día hasta la Copa Davis o una sede del Mundial de balonmano. Y, sin embargo, al Consistorio nunca le da por estimar el impacto económico negativo que en este caso han tenido las noticias sobre la huelga de la basura aparecidas en el New York Times, Le Monde, la CNN, la BBC y todos los telediarios y periódicos nacionales y resto de los internacionales.

Un estudio de esa naturaleza nos permitiría evaluar ‘a priori’ en el futuro el coste que la repetición de una huelga en los servicios públicos esenciales tendría para la ‘marca’ Sevilla. Así, al menos, alguien se lo pensaría dos veces antes de convocarla.

El veládromo

El colega Eduardo Barba ha revelado que el propietario de tres establecimientos del entorno, y que probablemente será aquel en quien la mayoría estamos pensando, ha propuesto al Consorcio de Turismo un proyecto “bastante completo” para la colocación de veladores en la Plaza de San Francisco.

La Asociación de Hosteleros califica la propuesta como “una ocupación lógica del espacio”, o sea, en la misma línea de lo acaecido en la calle San Fernando, en la Avenida y en cada vez más vías oficialmente públicas pero privatizadas con los dichosos veladores por el Ayuntamiento en beneficio mutuo de la Hacienda municipal y de los dueños de los bares, mas en detrimento de los sevillanos.

La Avenida es el mayor exponente del peor urbanismo con la falsa coartada de la peatonalización: un desbarajuste en el que entre el tranvía, el doble carril bici formado por tachuelas cada vez más desmochadas y peligrosas, los expositores de fotos a modo de gigantescas fichas de dominó intercaladas entre los naranjos deformes de La Algaba trasplantados a tierra hostil y los veladores hasta acotados con pequeñas mamparas sintéticas, los peatones carecen de espacio propio para moverse si no es sorteando esta carrera de obstáculos y a riesgo de ser atropellados por el pseudo Metro al Centro, los ciclistas o los patinadores. Este es el paradigma de que, al contrario de la falsa proclama de Monteseirín, Sevilla se ha convertido en la ciudad de cualquier cosa menos de las personas.

El barroquismo sevillano, su ‘horror vacui’, se llena ahora con la ambición de los hosteleros por colonizar cualquier m2 en su provecho y con la connivencia del gobierno local. En el manual urbanístico del PP, las plazas ya no son espacios para la convivencia, el paseo, el descanso, la conversación, la lectura o el juego de los niños, sino terrazas privativas de los bares. Negocio en vez de ocio. Por esa misma lógica de la ocupación, que no de la ocupación lógica, de San Francisco habría que plantar veladores en la Plaza Nueva, la Magdalena, el Duque, la Campana y hasta en la explanada de San Telmo. Así como Monteseirín privatizó la Encarnación en beneficio (o hasta perjuicio, quién sabe) de Sacyr, Zoido se apresta a convertir San Francisco en su (o de ellos) particular Encarnación, sin ‘Setas’ pero con ‘mapping’ de temporada, el nuevo cine de verano pero en invierno.

Monteseirín pensaba que la solución para Sevilla era un ‘botellódromo’. Zoido lo ha retuiteado en un ‘veládromo’: la Disneylandia de los veladores.

 

 

Paisaje después de la batalla

Suele decirse que la primera víctima de la guerra es la verdad. La ‘guerra’ de la huelga de Lipasam confirma una vez más tal aserto. Por éso, en honor a la verdad, es preciso analizar algunas de las declaraciones y comportamientos durante y después del fragor del ‘combate’.

El alcalde ha respondido a las críticas de que demoró deliberadamente durante ocho días el inicio de las negociaciones con el comité de empresa -en los dos primeros hasta se ausentó de Sevilla, como no dándole importancia-  y permitió así que la ciudad acumulara hasta entonces 6.000 toneladas de basura y apareciera en el New York Times, Le Monde y otros grandes medios internacionales -con grave perjuicio para la imagen turística de Sevilla- con el argumento de que no iba a negociar mientras se produjeran actos vandálicos como la quema de contenedores de basura.

Pues ha ocurrido justamente al revés. El Ayuntamiento se sentó a negociar con los huelguistas el mismo día o al siguiente de la mayor quema de contenedores registrada durante la huelga, que se produjo el 4 de febrero, con 64 destruidos por el fuego, pese a que la estrategia del Consistorio durante la primera semana fue la de establecer una vinculación directa entre los actos vandálicos y los huelguistas de Lipasam, sin aportar prueba alguna al respecto. Un gobierno presidido por un juez hacía tabla rasa con la presunción de inocencia y se amparaba en el ‘vandalismo bajo sospecha’, como en su día Monteseirín con el urbanismo. A estas alturas, todavía el Ayuntamiento no ha podido mostrar a ningún miembro de Lipasam sorprendido quemando mobiliario urbano, independientemente de que en todo conflicto siempre hay elementos incontrolados.

AL FINAL ERAN LOS ‘ANTISISTEMA’

Recuérdese que al tercer o cuarto día de la huelga, el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, declaró a los medios de comunicación que como en ese periodo habían ardido 15 -al día siguiente subió la cifra a 18- contenedores, la dirección de la empresa no se sentaría a negociar mientras se produjera tal cantidad de actos vandálicos.

Cuando a partir de octavo día de huelga el Consistorio llamó al comité de empresa para iniciar las negociaciones habían ardido ya entre 200 y 300 contenedores. El balance final ha sido de unos 320 en los once días de paro. Por tanto, las cifras demuestran que esa imagen de firmeza y de no sometimiento a la presión por los actos vandálicos pregonada por Zoido no se ajusta a la realidad: la negociación empezó cuando más contenedores ardían.

De tanto hablar interesadamente de contenedores quemados para así tener un pretexto ante la opinión pública para justificar la inhibición municipal pudo crearse el caldo de cultivo idóneo para que los vándalos habituales se sintieran impelidos a multiplicar sus ataques al mobiliario urbano, ya que desde el Ayuntamiento se estaba desviando la atención hacia los huelguistas de Lipasam.

Daba igual que desde el comité de empresa se condenaran los actos vandálicos y que su presidente declarara que para ellos no tenían lógica alguna porque su interés radicaba en que se viera cuanta más basura en las calles mejor y no consumida por el fuego. Una vez desconvocada la huelga, Maximiliano Vílchez reconoció en declaraciones a una emisora de radio que quienes podían estar quemando los contenedores eran elementos ‘antisistema’ aprovechando la conflictividad laboral. Y un último dato: al día siguiente de desconvocarse la huelga ardieron 62 contenedores en la ciudad. ¿A quiénes cabía entonces culpar de esos actos vandálicos si los huelguistas habían vuelto al trabajo?

CESIONES Y CONCESIONES

La segunda declaración de Zoido tras el fin de la huelga es que no podía “ceder al chantaje” porque ya había un acuerdo firmado y que su deber consistía en buscar el interés general y la viabilidad de Lipasam. Centrémonos en las posiciones iniciales de cada parte y en lo conseguido finalmente por cada una de ellas. Como se recordará, el 2 de abril de 2012, Lipasam y los representantes de los trabajadores firmaron un acuerdo de ampliación de la jornada semanal a 37,5 horas y la reducción del 5% de gastos de personal, que debía incluir conceptos salariales, para su aplicación a partir de enero de 2013 para lograr un ahorro de 3,3 millones de euros.

La huelga estalla porque el Ayuntamiento pretende que la mayor parte de ese ahorro se produzca acabando con las 1.250 contrataciones de los 466 eventuales inscritos en la Bolsa de trabajo de la compañía, gran parte de ellos vinculados a UGT, para lo cual era condición ‘sine qua non’ que la plantilla, en vez de prolongar la jornada laboral hasta completar las 37,5 horas/semana, trabajara durante Semana Santa, Feria y Navidad, una pretensión rechazada por el comité.

¿Qué ha pasado al final tras el acuerdo por el que se ha desconvocado la huelga? La plantilla seguirá sin trabajar durante esas épocas festivas; el recorte salarial no será del 5%, sino del 3,6%, y esa reducción se compensará con una subida del 0,75% en 2014 y del IPC en 2015; el Ayuntamiento ahorrará 2,6 millones de euros en vez de 3,3 millones en gastos de personal y la bolsa de trabajo para eventuales se mantiene, si bien -y ésta es una diferencia esencial- abierta a todos los sevillanos a partir de ahora. ¿Ha habido cesiones o no ha habido cesiones por parte del Ayuntamiento, pese a lo dicho por Zoido?

EFECTO ‘BOOMERANG’

En el balance, aparentemente el alcalde ha cedido más que los huelguistas, aparte de que el Ayuntamiento se sentó a negociar en la coyuntura en la que dijo nunca lo haría -cuando más contenedores se quemaban-, pero ante la opinión pública aparece como ganador del conflicto, por dos razones fundamentalmente:

1) Porque los huelguistas, no contentos con las concesiones municipales, acabaron de dinamitar su ya deteriorada imagen ante los sevillanos al rechazar el “interesante acuerdo que satisface nuestras reivindicaciones” -en palabras del presidente del comité de empresa- en la primera y vociferante asamblea en que a mano alzada acordaron seguir la huelga “hasta el final”. En ese mismo momento se difuminó la posible imagen de intransigencia de Zoido por haberse negado a negociar durante ocho días y quienes quedaron retratados como intransigentes e insolidarios fueron los trabajadores de Lipasam, los cuales querían doblegar al alcalde y al Ayuntamiento pese a gozar de un convenio colectivo privilegiado -hasta una paga de 1.400 euros por no faltar al trabajo- y de empleo asegurado en una ciudad con 90.000 parados, con miles de familias sometidas a recortes de salarios y/o despidos y con los funcionarios municipales afectados por el Plan de Ajuste y hasta sin paga extra de Navidad. Y para colmo tenían la ciudad atestada con 7.000 toneladas de basura en las calles.

Todo el malestar ciudadano acumulado durante diez días de huelga y de soportar sus pestilentes consecuencias se expresó en una oleada de indignación contra los huelguistas.

2) La apertura de la Bolsa de trabajo para que cualquier sevillano pueda aspirar a trabajar en Lipasam, acabándose así con el coto cerrado de enchufados -de UGT y del PSOE, fundamentalmente- desde los tiempos de Monteseirín ha sido percibida por la opinión pública  como un éxito de Zoido, por más que su mantenimiento no se haya traducido en que la plantilla trabaje en épocas festivas como pretendía el Ayuntamiento. En la guerra sindical interna en Lipasam, esta apertura, facilitada por el sindicato mayoritario de CCOO, debilita a la postre el clientelismo de su rival UGT.

TRADUCCIÓN POLÍTICA

En el Pleno municipal posterior a la huelga, Espadas, Torrijos y Zoido se enzarzaron en un cruce de acusaciones sobre el comportamiento de cada uno durante el paro. El alcalde calificó de “rémora” a los partidos de la oposición, los acusó de estar en el lado de la pancarta con los huelguistas en vez de con los ciudadanos y les espetó que no acepta ninguna lección de ellos.

Espadas, por más que Zoido haya presentado la historia al revés, le recordó al alcalde que cuando se hallaba en la oposición no es que hubiera estado al lado o detrás de la pancarta, sino directamente con un megáfono junto a quienes protestaban contra el gobierno local, como ocurrió en  el caso de los eventuales de Tussam.

Efectivamente, dos meses antes de las elecciones municipales de 2011, aquéllos acamparon en la Plaza Nueva porque querían un contrato fijo en una empresa municipal en quiebra que trataba de ahorrar gastos por todos los medios, como ahora Lipasam, y Zoido no se alineó precisamente con Monteseirín, sino con los acampados, a pesar de que esas posteriores contrataciones en cuanto llegó al Poder supusieron un incremento de 6 millones en gastos de personal en Tussam, cuyo número de pasajeros ha vuelto a bajar en 2012 pese a las nuevas líneas puestas en servicio para tratar de justificar los contratos a los acampados.

A diferencia con Zoido en aquel entonces, PSOE e IU salen erosionados de la huelga de Lipasam porque los acampados de Tussam no alteraron la vida cotidiana de los sevillanos ni provocaron la suspensión del transporte público en la ciudad, mientras que Espadas y Torrijos cometieron el error de hacerse la foto con los huelguistas de Lipasam y tras sus pancartas, en vez de haberse limitado a recibirlos en el interior del Ayuntamiento en privado para ofrecer su mediación en el conflicto. No aparecieron como neutrales, sino como alineados con una parte de ese conflicto. Así, los sevillanos percibieron que estaban con quienes además de fastidiarles en su vida ordinaria dejando miles de toneladas de basura en las calles se negaban a aceptar cualquier tipo de sacrificio por la crisis, como si ésta no fuera con ellos.

Espadas y Torrijos han expresado su satisfacción por el fin de la huelga merced al voto favorable al preacuerdo rechazado el día anterior. Sin embargo, tras ese primer rechazo, el PSOE, por boca de Antonio Muñoz, pidió que el Ayuntamiento volviera a negociar. No hubo más negociación y la huelga se desconvocó. Si Espadas mostró su satisfacción sin que hubiera habido ningún cambio, ¿cómo el día antes el PSOE instaba a seguir negociando? Ha sido una prueba más de la errática línea de conducta de la oposición, también perdedora de una huelga en la que Zoido sale reforzado más por los errores ajenos que por su acierto en gestionar el conflicto.

Pintura

El nuevo gerente de Mercasevilla, Manuel Blanco, ha descubierto que uno de los presuntos testaferros del caso de los ERE le facturó al mercado central de abastos 326.707 euros por la supuesta compra de 112.064 kilos de pintura de todo tipo de colores salvo el azul (paradójicamente, la tonalidad aplicada tras unas obras de mejora en la lonja) pero de los que no existe constancia de su entrega mediante albarán alguno ni nadie vio jamás pero por los que se ingresó el dinero en una cuenta bancaria.

Inmediatamente, su antecesor en el cargo, pagador de la pintura ‘fantasma’ y ya condenado en una de las ramas del caso Mercasevilla, Fernando Mellet, se ha apresurado a emitir, a través de su abogado, una nota de prensa en la que dice que si firmó el abono de aquellas facturas fue como en el caso de tantas otras miles y por la confianza que tenía en su equipo de colaboradores, amén de que cree recordar que en su época se hicieron trabajos en la nave 5, “que era de una entidad considerable”.

Mellet, pues, lanza la pelota no hacia arriba, sino hacia abajo cuando menciona a sus subordinados por pasarle las facturas a la firma, como si entre sus funciones como director-gerente no hubiera estado la supervisión de los papeles que llegaban hasta su mesa y no debiera haberle llamado la atención la acumulación de facturas de un mismo proveedor en tan corto espacio de tiempo (algunas se sucedían mes tras mes)  y por unas magnitudes desproporcionadas. Y es que con esos 112.064 kilos de pintura se habrían rellenado 5.603 latas de 20 kilos o 4.482 latas de 25 kilos, los formatos profesionales más habituales. ¿Cómo es que Mellet ni nadie recuerda haber visto un solo recipiente de una carga digna de un tráiler?

Si una lata de formato digamos doméstico (0,75 kilos) permite pintar una superficie de 7 a 10 m2 según los propios fabricantes, los 112.064 kilogramos aparentemente suministrados a Mercasevilla habrían permitido cubrir una superficie de entre 1.045.930 m2 y 1.494.186 m2, cifra equivalente a entre 104 y 149 campos de fútbol y por tanto de muchísima mayor entidad que la nave 5 supuestamente pintada, pero en todo caso de azul, en la época de Mellet.

Curiosamente, cada vez que estalla un escándalo, resulta que el máximo responsable,  por sus funciones directivas o como supervisor del proceso, nunca se ha leído los papeles o nunca se le ha ocurrido tirar de calculadora para comprobar si los números son acordes a la realidad.

Nunca pintaban nada, salvo a la hora de pasar por caja a final de mes.

Un queo

El salto a la modernidad que supuso el AVE hace 20 años con motivo de la Expo implicó, como prueba de confianza en el nuevo medio de transporte, el compromiso de puntualidad de Renfe, aún vigente. Si, salvo por causa de fuerza mayor, se producía un retraso superior a cinco minutos en el viaje entre Sevilla y Madrid, la compañía devolvía el importe íntegro del billete. A medida que el AVE se ha ido extendiendo, el compromiso de puntualidad se ha ido renovando, aunque sin la fiabilidad otorgada a la línea inicial. En las nuevas líneas la demora ha de ser superior a los 30 minutos para obtener la devolución completa del coste del viaje, y de más de 15 minutos para que la devolución sea del 50%. El compromiso no rige para el AVE Barcelona-Sevilla, no sé por qué. ¿Será por el denominado hecho diferencial catalán?

Ahora, los gestores de Tussam han imitado al AVE y anunciado durante la presentación de una aplicación para los teléfonos ‘inteligentes’ que devolverán el dinero a los usuarios si el autobús llega a una parada cinco minutos después del tiempo indicado por la ‘app’ que han desarrollado los ingenieros de la compañía pública y que ha merecido el padrinazgo del alcalde, al que tanto gustan estos ‘gadget’ tecnológicos.

El sistema no es tan revolucionario como lo pintan. De hecho, sin ninguna alharaca previa, los usuarios ya podíamos consultar desde hacía años los tiempos de espera del autobús conectando con la página web de Tussam, algo ‘chupado’ para los ‘smartphones’, o bien mediante un SMS, llamando a un número específico o por los paneles informativos en las paradas donde existan.

La mayor novedad, pues, consiste en el compromiso de puntualidad con el que se trata de aparentar que el autobús es como un AVE en pequeñito al anunciarse la devolución del precio del billete en caso de retraso. Ahora bien, Tussam se aplica a sí misma -nunca mejor dicho, ya que nos están hablando de aplicaciones- tantas cláusulas de salvaguarda en los casos de demora, que cuando ésta se produzca prácticamente nunca será por causa imputable a la compañía y no habrá motivo de devolución.

Además, impone un sistema tan burocratizado -fotos acreditativas del retraso, desplazamiento a la oficina del Prado o de la Avenida de Andalucía para exigir la devolución-, que es disuasorio para los usuarios: tantas molestias no compensan para cobrar 1,40 ó 1,60 euros que vale el billete.

Por éso, a mí lo de Tussam más que a aplicación me suena a, como vulgarmente se dice en nuestra tierra, un queo.

El TC acaba con los ‘chats’ en las empresas tras el caso de una teleoperadora sevillana

El Tribunal Constitucional (TC) ha desestimado el recurso de amparo promovido por una teleoperadora sevillana por una supuesta vulneración de los derechos a la intimidad y al secreto de las comunicaciones y ha dictaminado que las empresas pueden acceder a las conversaciones o ‘chats’ que mantengan sus empleados si aquéllas se producen con un ordenador de uso común.

La empleada sevillana que ha visto frustrado el amparo solicitado al Alto Tribunal prestaba servicios como teleoperadora especialista para la compañía Global Sales Solutions Line desde finales del año 2001. En la empresa existía un ordenador de uso indistinto por todos los trabajadores y sin clave para poder acceder a la denominada unidad ‘C’. Sin autorización ni conocimiento previo de la compañía, que lo tenía expresamente prohibido, la teleoperadora y una compañera de trabajo instalaron el programa ‘Trillian’ de mensajería instantánea.

Según reza el fallo del TC, entre ellas mantuvieron diversas conversaciones en las  que se vertían comentarios críticos, despectivos o insultantes en relación con compañeros de trabajo, superiores y clientes. Las conversaciones fueron descubiertas, por casualidad, por otro empleado que intentó utilizar la unidad ‘C’ del ordenador y que dio cuenta de las mismas a la Dirección a finales del año 2004.

Cuatro mandos de la compañía mantuvieron una reunión con las dos implicadas, a las que leyeron o resumieron algunas de las conversaciones. Las trabajadoras, aun reconociendo su autoría, dijeron que estaban sacadas de contexto. Fueron amonestadas verbalmente, pero ellas interpusieron una demanda y luego optaron por la acción de tutela de derechos fundamentales: al secreto de las comunicaciones, al honor y a la intimidad.

Se inició así una batalla jurídica que ha durado ocho años y en la que tales pretensiones fueron sucesivamente desestimadas por un Juzgado de lo Social de Sevilla, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y el Tribunal Supremo, hasta que el caso recaló, como recurso de amparo, en el Tribunal Constitucional.

Ahora, el Alto Tribunal avala con su sentencia que las empresas puedan leer los mensajes enviados desde el ordenador del trabajo y que controlen las tareas de sus empleados. Según el TC, no se vulneró el derecho a la intimidad porque fueron las propias trabajadoras quienes no lo protegieron al comunicarse a través de un ordenador de acceso común, ya que “corresponde a cada persona -falla el Constitucional- acotar el ámbito de intimidad personal y familiar que reserva al conocimiento ajeno”.

Uno de los seis magistrados de la Sala emitió un voto particular a la sentencia por considerar que sí se vulneraron los derechos de secreto de las comunicaciones de las trabajadoras, porque en su opinión la empresa no se limitó a comprobar que habían instalado un programa prohibido y las amonestó, sino que se dedicó a leer el contenido de las conversaciones.