Para tratar de justificar la mentira de que el parking de la Alameda figuraba en el programa de Zoido para las elecciones municipales cuando aquél sólo hablaba de ubicarlos en el perímetro del Casco Antiguo, el gobierno del PP, creyéndonos tontos al contrario que Media Markt, dice ahora que el bulevar puede considerarse en la periferia del Centro. O sea, que para este Ayuntamiento la Alameda está extramuros, cuando dista de la Plaza Nueva lo mismo que la calle San Fernando, la plaza Ponce de León y la Casa de las Dueñas, con lo que San Luis, San Julián, Santa Marina, Omnium Sanctorum, San Clemente y la Macarena deben de ser a su vez la periferia de la periferia del Centro. Lo mismo cabrá decir del Espacio Santa Clara, andurrial por tanto al que Zoido llevó a los Príncipes a la exposición sobre ‘Las Santas de Zurbarán’. Curiosamente, el programa del PP para el Casco Antiguo también incluía la reurbanización de la Plaza de Armas y del Paseo Juan Carlos I que, dada la singular concepción geográfica existente en el gobierno local, deben de estar allá por el Aljarafe.
….los políticos acaban siendo iguales. Lo primero que hicieron el PP y Zoido tras ganar las elecciones municipales de 2011 por mayoría absoluta fue retirar de la página web el programa con las numerosas promesas a los sevillanos, distrito por distrito, no fueran a recordárselas luego. Por deformación profesional tuve la precaución de descargármelo antes de que lo escamotearan. Por éso ahora no salgo de mi asombro al comparar lo que declara el alcalde sobre que el parking de la Alameda figuraba entre sus promesas electorales y lo que realmente dice su programa: “dotación de aparcamientos en el perímetro” del Casco Antiguo. Perímetro, según el Diccionario de la Academia, significa contorno de una cosa; o sea, en este caso concreto, lo que rodea y está fuera del Centro, no dentro del mismo. No hace mucho se cumplió el 300 aniversario del clásico libro de Jonathan Swift o John Arbuthnot (los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la autoría) titulado ‘El arte de la mentira política’. Hay obras que, con conductas como la de Zoido, nunca pierden su vigencia.
El PSOE ha exigido la retirada inmediata del cartel de una campaña promovida por el eléctrico delegado del Distrito Sur, Pepelu García (sí, el mismo en quien usted está pensando), en que junto a una figura humana en ademán de recoger con una bolsa la caquita (con perdón) de su perro aparece esta leyenda: “Se busca civismo. Recompensa: Calles limpias. Vecinos contentos. Dignidad para su mascota’. A mí me parece magnífico, pero los sociatas creen que el cartel es ofensivo para los vecinos del Distrito en comparación con el resto de sevillanos, porque se ven retratados como incívicos. ¿Y quién no lo es en esta ciudad de nuestras cuitas? Entono también el ‘Yo pecador’, aunque no por caninas razones. A la vista de la carrera de salvar obstáculos en forma de infinidad de heces de perro en que se convierte el paseo por tantas de nuestras calles, empezando por la mía, la solución es muy fácil: en vez de retirar los carteles del Distrito Sur, hacer una tirada general y empapelar toda Sevilla. Y con Pepelu, el del alto voltaje, en plan Proust: a la busca del civismo perdido.
Han pasado lista y repasado la foto de la celebración por Zoido y su gente del segundo aniversario de la victoria electoral aquel 22-M, en busca de adhesiones inquebrantables y desafectos, y ahora señalan que entre los ausentes estuvo el Defensor del Ciudadano, José Barranca. Lo escandaloso habría sido que estuviera en la foto con Zoido, no que haya faltado a la conmemoración, por más que sea un cargo nombrado por el dedo del alcalde. Mutatis mutandi, sería inconcebible que Soledad Becerril, pese o justamente por su condición de Defensora del Pueblo, apareciera públicamente proyectando la imagen de que es un miembro más del equipo de Rajoy; o ver a Chamizo en una escalinata de San Telmo junto a la chica de Presidencia y a Griñán, el que ya no le coge el teléfono ni le contesta a sus cartas de petición de cita. Así pues, Barranca acertó de pleno al no acudir a la efemérides de Zoido, porque, independientemente de quien lo haya nombrado para el puesto, desde ese momento pasó a convertirse en el Defensor de todos los sevillanos, no en el concejal número 21 del PP.
El título no se refiere a la British Broadcasting Corporation, la Radiotelevisión británica, sino al calificativo de Torrijos a Zoido por el segundo aniversario de la apabullante victoria electoral que, con 20 ediles, le llevó a la Alcaldía: “un alcalde de bodas, bautizos y comuniones”. Espadas ha abundado en la misma idea al decir que Zoido no tiene agenda de gobierno, sino agenda social, por estar en todas las fiestas con tal de salir más en las fotos que en su época Gregorio Conejo, apodado el inevitable. Ignoro si Zoido es consciente de la imagen pública que está proyectando aunque sea por un afán de agradar a todo el mundo y no parecer descortés, pero lo cierto es que ha devenido en personaje fijo de la Sevilla del canapé y hasta ha llegado a cortar la cinta inaugural de un bar. ¿Se imaginan eso mismo en el alcalde de Barcelona, por ejemplo? En el ecuador de su mandato, Zoido debe reflexionar sobre si no está dando pie a que Torrijos le diga eso de “alcalde BBC” y a que la gente piense que es más fácil verlo en cualquier sarao antes que en el Ayuntamiento.
El 22 de mayo no se conmemoraba el segundo aniversario de la toma de posesión de Juan Ignacio Zoido como alcalde de Sevilla, efemérides que no se cumplirá hasta el próximo 11 de junio, sino el de la victoria del Partido Popular en las elecciones municipales de 2011. El matiz, aunque parezca insignificante, no lo es, ni mucho menos: es la diferencia que separa lo meramente partidista (PP) de lo estrictamente institucional (Alcaldía). Por éso Zoido no actuó correctamente al utilizar la sede del Ayuntamiento para celebrar la victoria de su partido y repartir un informe-balance de 142 páginas con el sello del NO8DO y la leyenda ‘Ayuntamiento de Sevilla’. El Zoido presidente del PP (A) debió haber elegido para tal ocasión la sede provincial de su partido en la calle Rioja o la regional en la calle San Fernando; el Zoido alcalde sí podía haber elegido de pleno derecho el Ayuntamiento en la Plaza Nueva para su conferencia de prensa, pero a partir del 11 de junio, nunca antes. Demasiadas prisas. En Democracia hay que ser escrupuloso hasta en los más mínimos detalles.
Zoido, alcalde, presidente del PP (A) y parlamentario andaluz, entre otros, se dispersa aún más y se mete a presidente de la Autoridad Portuaria en lugar de Manuel Fernández, a quien ha arrebatado la bandera del dragado, con lo cual se arriesga a atraer las iras de todos los contrarios. El también alcalde de Sevilla en los ratos que le dejan esas ocupaciones, organizó una cumbre en Madrid con Arias Cañete en la que vendió la burra de que estuvieron (esperemos que se pagaran el viaje de sus bolsillos y no del nuestro) todos los afectados por el proyecto, como la Confederación Hidrográfica, regantes y arroceros. ¿Todos? ¡Pero si dejó fuera a los ecologistas, los científicos del dictamen sobre el río, el Consejo de Doñana y hasta a la Junta de Andalucía! A esto se le llama tratar de ser juez y parte a la vez representando sólo a la mitad de la cuestión. Para colmo, Cañete le recordó que no puede haber dragado sin papeles (DIA) y sin blindar antes las márgenes, Doñana y el arrozal. O sea, que Zoido fuese y no hubo nada. Y Fernández, encantado de tenerlo de pararrayos.
Barcelona recibió el pasado fin de semana 64.000 turistas de cruceros, que se gastaron allí 6 millones de euros. Tal ingente cantidad de cruceristas son cuatro veces más que todos los recibidos en Sevilla en 2012, lo cual indica que hay un crucerismo de Champions League, como habría dicho Zapatero, y otro de andar por casa. Y si se compara el número total de cruceristas arribados a la ciudad catalana el pasado año con los nuestros, la diferencia es de 154 a 1. El éxito barcelonés, merecedor de un estudio de la OMT para ponerlo como modelo a los países emergentes en turismo, se atribuye en la capital catalana al trabajo conjunto de su Autoridad Portuaria y de los empresarios agrupados en el consorcio Barcelona Turisme y a haber sabido captar el mayor mercado emisor, el de EE UU. Y es que mientras los catalanes instan a los americanos a disfrutar de la vida y de Gaudí en Barcelona, cuando Goro Serrano va a Nueva York lo único que se le ocurre es invitarlos a pegarse una pechada de correr en la maratón de Sevilla. Y ya se sabe qué decía Rogelio sobre eso de correr.
El promotor de Sevilla Shipyard, que dice que su empresa comenzó a interesarse por los astilleros sevillanos hace tres años cuando realmente sólo existe como tal desde que se constituyó oficialmente en septiembre del año pasado con 4.000 eurillos de capital social, ha dicho, como sin darle importancia al asunto, una cosa que es para ponernos los pelos de punta: el 40% de los barcos que arriban al puerto sevillano necesitan reparaciones. Otra vez la típica historia del dedo y la luna: Manuel Fernández, Miguel Rus y Francisco Herrero nos señalan con el dedo el dragado del río, cuando lo que realmente debería preocuparnos es la chatarra flotante que remonta el curso del Guadalquivir desde Sanlúcar de Barrameda. Ríanse del estado y antigüedad del parque automovilístico en comparación con el del parque naval, acorde con la proporción de buques con fatiga de material y los años que llevan con, probablemente, una bandera de conveniencia. Aquí, más que reactivar el astillero en la dársena lo que hay que montar en la esclusa es una ITV pero con B, con b de barcos.
Trescientas mil personas se han inscrito en la página web creada en Córdoba para los interesados en visitar los preciosos patios floridos, declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Trescientas mil personas son casi un tercio de ese millón que, según el tópico, desfilan por la Feria de Abril. Pues bien, en esta moda por los estudios de impacto económico de fiestas, monumentos y eventos, en Córdoba también han hecho el suyo sobre la repercusión de la fiesta de los patios merced al turismo que llega en mayo a la ciudad de la Mezquita atraído por la vistosidad de sus macetas de geranios y gitanillas. Resultado de la estimación: impacto de 3,3 millones de euros. Cuando en Sevilla se alardea de que la Feria genera 675 millones de euros y en Granada de que la Alhambra mueve 750 millones, aún contrastan mucho más estos escuálidos 3,3 millones de los patios cordobeses. Una de dos, o los dineros de Sevilla y Granada son una exageración andaluza o los 3,3 millones de Córdoba son deliberadamente bajos para no llamar la atención de los inspectores de Hacienda.