En menos de un mes, Zoido, en su doble condición de presidente del PP andaluz y de alcalde de Sevilla, ha recibido dos serios avisos del electorado a través de sendos sondeos de opinión, uno en clave andaluza y otro en clave sevillana.
El primero, el Barómetro anual del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) sobre la situación de Andalucía, se conoció el 14 de diciembre. Recordemos sucintamente sus resultados: indicaba que el PSOE volvería a ganar las elecciones en la comunidad autónoma, con un 39,2% de los votos, y que se había producido un espectacular hundimiento del PP (A) en tan sólo nueve meses, con la pérdida de un 9,7% de los sufragios cosechados en las elecciones autonómicas de marzo y un retroceso al nivel que tenía ¡ hace ocho años !.
El sondeo del IESA ha provocado una marejada interna en el PP andaluz, con mayor o menor sordina, y en el partido se da ya por descontado que Zoido, sin arraigo en el conjunto de Andalucía y sin ‘punch’ en el Parlamento autonómico frente a un Griñán cada vez más cómodo por la falta de una oposición de peso en la Cámara y en la sociedad andaluza, no será finalmente el candidato popular a la Presidencia de la Junta. El problema para el PP no sólo es encontrar un candidato alternativo a Zoido en su propio seno y foguearlo con tiempo suficiente para darlo a conocer en las ocho provincias, sino cuándo presentarlo en sociedad y organizar la convivencia con el actual presidente si éste quiere mantener el poder orgánico del que goza actualmente tras haber sido refrendado por un congreso regional su designación a dedo realizada previamente por las altas instancias del partido.
Pero como Zoido, el presidente del PP (A) por ‘accidente’ tras la inesperada dimisión de Arenas, ha repetido hasta la saciedad que su prioridad es Sevilla y todos, correligionarios y adversarios políticos, saben que si tiene que elegir entre aspirar a San Telmo y aspirar a repetir como alcalde siempre optará, salvo orden en contrario de Rajoy, por la Plaza Nueva, el aviso más preocupante para él es el que ha recibido con la ‘rentrée’ política tras la Navidad: el XV Barómetro de la Fundación Antares Foro, que elabora el Centro Andaluz de Prospectiva.
VARAPALO
Aunque este sondeo de opinión no refleja intenciones de voto para los partidos políticos, supone todo un varapalo para el alcalde allí donde más le duele, en su feudo electoral, donde hace menos de dos años consiguió la más holgada mayoría absoluta en la historia de la Democracia: veinte concejales. ¿Cuántos le quedarían hoy, a la luz de este sondeo? Y es que el Barómetro constata que en el último año el número de sevillanos que opinan que la ciudad ha empeorado ha crecido en un 12,5% y suponen ya la mitad de los ciudadanos. Un tercio ven la ciudad igual, ni mejor ni peor que antes, pero ello significa por tanto que la gestión del gobierno local presidido por Zoido no se ha notado, ha pasado inadvertida o no ha tenido aún virtualidad alguna. Dicho de otro modo: no se ha producido aún el prometido ‘efecto Zoido’, el cambio a mejor en contraste con la gestión de Monteseirín. Sólo un 18,3% de los sevillanos estiman que Sevilla ha mejorado con Zoido, con lo cual un 81,7% no ven que vayamos a mejor, sino a peor o estancados.
Como no dejan de repetir los politólogos, un sondeo de opinión no augura como un acto de fe lo que va a ocurrir en el futuro y no es más que una ‘fotografía’ del sentir ciudadano en un periodo determinado, pero lo cierto es que la ‘fotografía que ha salido es pésima para el alcalde, como máximo responsable de la ciudad y cabeza visible de su partido, más pésima aún si se consideran las altas expectativas creadas en su día por el propio Zoido y que le llevaron a ser aclamado y vitoreado por las masas al paso de la procesión del Corpus: el hoy alcalde prometió todo lo que sus interlocutores querían oír de su boca, hasta acabar con el paro en la ciudad, y llegó a pedir prestado el voto a los socialistas descontentos para, con su apoyo, transformar Sevilla.
Cuando la realidad contrasta de forma tan llamativa con las expectativas e ilusiones creadas, el resultado no puede ser otro que el desencanto que muestra el Barómetro de Antares. Zoido no les decía en aquel entonces a los sevillanos que carecía de competencias en materia de empleo cuando se presentaba como el alcalde que iba a crear trabajo para todos, o que la ruinosa herencia de Monteseirín le iba a impedir dar el salto adelante que prometía al margen de la situación de las arcas municipales.
A LA DEFENSIVA
Porque ahora son éstos los mensajes que a la defensiva lanzan el alcalde y su entorno: “el actual gobierno recibió la ciudad en condiciones pésimas”; “todo no se puede hacer de la noche a la mañana”; “el paro lo contamina todo”; “son estudios demoscópicos con carácter electoralista”; “no es el momento de hacer valoraciones de este tipo”…..
Como hemos recordado en otra ocasión, Zoido conocía perfectamente -y en las hemerotecas se albergan sus denuncias de cuando estaba en la oposición- la magnitud de la deuda municipal, y aun así aseguró en un encuentro con periodistas que ello no sería óbice para la materialización de su programa electoral porque lo tenía todo previsto.
Por tanto, invocar de nuevo la herencia recibida a estas alturas de su mandato no parece una excusa muy convincente a ojos del electorado, que esperaba muchísimo más de su gestión como alcalde y que ve cómo pasa el tiempo y la vida sigue igual o peor, bastante peor.
Y eso que la encuesta se realizó en unas fechas proclives para Zoido: en la semana previa a la Navidad, con ambiente prenavideño (el alumbrado especial estaba encendido desde el 30 de noviembre) y con 3.000 sevillanos encontrando ya empleo y saliendo de las listas del paro, con lo que se rompía una tendencia sin freno en los meses previos.
Por mucho que el gobierno local trate de imputar al pesimismo causado por el paro y la crisis económica la visión que los sevillanos tienen de su ciudad, habitualmente narcisista, cabe preguntarse qué tiene que ver el desempleo con que se califique de forma negativa la limpieza, la seguridad ciudadana, la situación de los servicios sociales y la política en materia de viviendas de protección oficial y sólo se apruebe en el Barómetro de Antares la gestión en el área de parques y jardines y del transporte público.
SIN INICIATIVA
Otra excusa que suena a gratuita es la acusación de que el sondeo tiene un carácter electoralista, como si hubiera sido encargado a instancia de parte, cuando faltan dos años y medio para las elecciones municipales, tres años para las elecciones generales y más de tres para las autonómicas, salvo que medie un adelanto en alguno de esos comicios.
Si el Barómetro hubiese ofrecido unos resultados favorables a Zoido, ¿habría dicho el alcalde que tenía carácter electoralista, que no es tiempo de hacer valoraciones y que el paro contamina la visión que del estado de su ciudad tienen actualmente los sevillanos?
El problema para Zoido es justamente el del tiempo, porque hace tres días que cumplió diecinueve meses como alcalde, casi el 40% de su mandato, y que está próximo a llegar al ecuador del mismo sin que haya sido capaz aún de revertir la negativa visión que tienen los sevillanos de Sevilla y no se le ve la suficiente capacidad de iniciativa para darle un vuelco a la situación de la ciudad, lastrada por un paro y una crisis contra los que ha sido incapaz aún de liderar un plan de choque.
Segundo vistazo al sondeo de la Cámara de Comercio y EUSA. El 20% de los jóvenes creen que cuando acaben la carrera su salario superará los 2.000 euros. El 25% piensa que oscilará entre 1.500 y 2.000 euros/mes. El 35% espera cobrar entre 1.000 y 1.500 euros. El 17,5% afirma que su retribución será de entre 700 y 1.000. Y el 2,5%, que será de menos de 700 euros. La Cámara y EUNSA concluyen que el 80% de los encuestados desconoce el mercado laboral. Y yo me pregunto: ¿qué 20% acierta para la Cámara, el que cree que lo suyo sería percibir una soldada superior a los 2.000 euros o la suma de ese otro 20% que se imagina que va a cobrar a final de mes entre 700 y 1.000? Teniendo en cuenta que los reponedores y cajeras de una conocida marca de supermercados cobran más de 1.000 euros/mes por 8 horas de trabajo -y con numerosas ventajas sociales- sin tener en su mayoría estudios universitarios, ¿no daría que pensar que estuvieran en lo cierto quienes tras cinco años de sacrificio para lograr un título superior creen que con suerte alcanzarán la condición de mileuristas?
Philip K. Dick, uno de los autores clásicos de la ciencia-ficción, se planteó una pregunta que dio título a una de sus obras, ya famosa en el género, y que inspiró la película de culto ‘Blade Runner’, protagonizada entre otros por quien luego encarnaría al arqueólogo aventurero Indiana Jones, el actor Harrison Ford: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. La Cámara de Comercio de Sevilla y el campus universitario EUSA han preguntado en una encuesta en plan albertiano qué sueñan los jóvenes sevillanos de ahora y, según coligen por sus respuestas, sus ilusiones son de ciencia-ficción como la novela de Dick porque están totalmente desconectados de la realidad. El onírico deseo de buena parte (un 40%) de la juventud que, por teórica rebeldía generacional, debe estar destinada a cambiar el imperfecto mundo que le vamos a legar es convertirse en funcionarios. Vaya por Dios lo que va de los abuelos revolucionarios a sus nietos, como en la canción del trovador chileno Víctor Jara. Ignoran los muy ingenuos (eso pasa por no leer los periódicos, que alguna ventaja deberían tener, aparte de para papel de envolver) que según los planes de ajuste enviados por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a la Unión Europea aquí no va a haber oferta pública de empleo en unos cuantos años. Y ahora, ¿qué hacemos?






