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Soberbia

Dijo Bufón que “el estilo es el hombre”. Monteseirín ha demostrado su falta de estilo o más bien su auténtica naturaleza una vez que, despojado de la púrpura del poder y ya sin disfraz por no tener necesidad de engatusar a los sevillanos, ha anunciado que no acudirá a la toma de posesión de su sucesor, Juan Ignacio Zoido. Es la primera vez en la historia de la Democracia que un alcalde saliente no está presente, en la condición que sea, en la constitución de la nueva corporación municipal. Por más que haya dicho que él jamás estuvo en la Oposición, su ausencia por un arrebato mezcla de rencor –el principal rasgo de su carácter- y de soberbia denota su incapacidad de admitir el resultado de las elecciones: es él y no Espadas quien  se siente el gran perdedor de las mismas, porque así además se lo hace sentir gran parte del PSOE al achacar la derrota a la deriva de su último mandato. El hombre da su auténtica dimensión en la adversidad, no en la victoria. Si Monteseirín se quita del medio, una vez más  no habrá sabido estar a la altura de las circunstancias.

 

 

‘Invictus’

Espadas fue a despedirse del (sin) alcalde a su vez despedido mediante aquel  teletipo de Europa Press y dijo que con la experiencia que tiene Monteseirín tras 12 años en la Casa Grande no desaprovecharía ninguno de los consejos que pudiera darle en su labor de oposición, “porque para eso somos compañeros de partido”. ¿Compañeros? Ya dijo Adenauer que, en orden creciente de virulencia, hay adversarios, enemigos, enemigos a muerte y compañeros de partido. En la víspera, el compañero Alfredo declaró que él no podía aconsejar a Espadas en la Oposición porque siempre había gobernado. Más claro, agua: Espadas es un perdedor y él, un ganador. Tarquino el Soberbio se queda en pañales al lado de Alfredo, el que va por la vida de buena gente pero con dagas florentinas bajo su piel de cordero. El mistificador Monteseirín tergiversa continuamente la historia: gobernó, pero no por ganar (perdió frente a Soledad Becerril y Juan Ignacio Zoido dos de las tres elecciones a las que se presentó), sino por pactar. En realidad ha gobernado merced a los pactos de los perdedores.

 

Farolas, bancos y catenarias

El sino de Zoido parece estar ligado al mobiliario urbano. Si preparó su asalto al Poder elevando a razón de estado desde el banco de Bellavista hasta la basura de El Vacie, ya como alcalde electo ha vuelto a situar en el centro de la escena política los elementos funcionales/decorativos de las plazas al anunciar su intención de retirar paulatinamente las  popularmente conocidas como farolas-ducha y bancos-Ikea que Monteseirín instaló en la Alfalfa, Pan y Pescadería por el proyecto de ‘La piel sensible’, eufemísticamente denominado de recuperación de estos espacios  cuando significó su completa transformación estética y un gasto global, incluyendo cambio del pavimento, superior a los 3 millones de euros.

El nuevo alcalde  cree hacerse eco de la opinión de gran parte de los sevillanos –sus veinte concejales avalan el refrendo mayoritario a sus postulados- al expresar su propósito de “recuperar la coherencia y la armonía en el casco histórico tras las improvisaciones” del gobierno PSOE-IU, por lo que repondrá las clásicas farolas fernandinas y los bancos de forja, bien cuando haya disponibilidad presupuestaria, bien cuando el deterioro de este mobiliario –muy acusado en el caso de los bancos de madera, material inapropiado para nuestro clima salvo que sea objeto de un mantenimiento continuo- así lo aconseje.

Según Zoido, en ningún caso se va a derrochar un solo euro, porque los elementos sustituidos se aprovecharán en otras zonas de la ciudad más acordes con su diseño vanguardista.

 

CASI 400.000 EUROS

 

 

Espadas, el líder de la Oposición, ha calificado el anuncio del nuevo alcalde de “despilfarro” porque a su juicio supone la sustitución de algo que no está en mal estado, cuando hay que atender otros asuntos más urgentes. Asimismo, ha criticado a Zoido por querer trasladar a otras zonas el mobiliario urbano que no le guste para el casco antiguo, con lo que está practicando una política “de escaparate”.

Las farolas y bancos objeto de esta controversia fueron instalados hace tan sólo cuatro años, pese a lo cual los segundos ya muestran evidentes señales de un acusado desgaste.

El gobierno saliente ha filtrado que sólo las 17 farolas-ducha y otros tantos bancos-Ikea en las tres plazas  costaron 390.000 euros, IVA incluido, un precio aparentemente excesivo para el escaso número de unidades adquiridas y su cuestionable calidad.

 

FAROLAS POR CATENARIAS

 

Espadas  ha olvidado la existencia de un precedente en la era de Monteseirín, el mismo que en otro de sus funambulismos políticos incumplió el rompedor proyecto de ‘La piel sensible’ cuando por miedo a las opiniones adversas que ya estaba suscitando la transformación de las plazas del centro decidió mantener la estética tradicional de la del Salvador.

En la primavera de 2008, Monteseirín, igualmente receptivo a las críticas por el impacto visual que causaban los rechonchos soportes en que se apoyaban las catenarias del tranvía a su paso por la Avenida, dio orden a Tussam de que los desmontara y sustituyera por unas farolas fernandinas  más altas de lo habitual y que merced a una ingeniosa idea del gerente, Carlos Arizaga, permitían el camuflaje de los cables del ‘Metrocentro’

El entonces vicepresidente de Tussam, Guillermo Gutiérrez, destacó que la empresa municipal de transportes había cumplido el mandato del alcalde “con mucha dificultad”, ya que “se ha tenido que reponer la cimentación en muchas de las farolas que ya lucen en este tramo (desde la Plaza Nueva hasta la catedral)”. Y añadió: “Desde el punto de vista estético hemos ganado bastante”.

Según Gutiérrez, los postes sustituidos se iban a reutilizar en el proyecto de ampliación del tranvía entre el Prado y San Bernardo primero, y, posteriormente, hasta Santa Justa, una reutilización de la que no se ha tenido noticia hasta ahora (para empezar, los nuevos postes son incluso de distinto color que los antiguos).

El coste de aquella operación de reposición de farolas en el Centro por razones exclusivamente estéticas y no por el deterioro de un material completamente nuevo fue de 700.000 euros, es decir, un 80% más caro de la que propugna Zoido tres años después para cambiar las farolas-ducha y los bancos-Ikea de tres plazas del casco antiguo.

 

MUTISMO HASTA HOY

 

¿Qué dijo entonces Espadas, correligionario de Monteseirín, y qué dijeron los adalides del diseño rupturista de ‘La piel sensible’ sobre esta sustitución de postes en perfecto estado por farolas  tradicionales? Absolutamente nada. Guardaron un total mutismo y no tacharon los trabajos de despilfarro, política-escaparate, agravio comparativo a los barrios por trasladarles en el futuro los postes que no se querían para el Centro ni aludieron a las necesidad  de atender con esos 700.000 euros otras prioridades más urgentes.

Tampoco dijo ni mú el delegado de Cultura, Bernardo Bueno, que ahora arguye  que para cambiar las farolas y los bancos hay que pedirle permiso a la Comisión de Patrimonio, la misma que estuvo igual de silente cuando Monteseirín cambió las farolas clásicas de la Avenida junto a la catedral (patrimonio de la Humanidad) por los horrendos soportes del tranvía primero y deshizo la operación después. ¿Cuándo vulneró la ley de Patrimonio, al principio o al final?

Estamos ante dos operaciones urbanísticas semejantes por criterios meramente estéticos. Por tanto, si no se condenó la primera, no hay razones objetivas para hacerlo con la segunda, salvo que se actúe por una sinrazón política.

 

El Metrogato

Desde que en el año 1975 se aprobó en las Cortes Generales de la Nación Española la ley específica del Metro de la ciudad de  Sevilla, por ende capital de Andalucía por más que muhos no quieran admitirlo, todas las Administraciones Públicas, del signo que fueran, procuraron escaquearse y darle a la ciudad gato por liebre con eufemismos lingüísticos para camuflar como Metro desde el incompleto Anillo de Cercanías de la era Aznar, al que presentaron como Metrotrén, hasta el tranvía de la era Monteseirín, al que denominaron Metrocentro. Ahora que ha costado Dios y ayuda rematar una escuálida línea con casi 40 años de retraso, la Junta, siempre rácana con Sevilla, sigue erre que erre alabando las excelencias del Metro ligero (un eufemismo más, que oculta un tranvía) con tal de ahorrarse un suburbano, que por definición es subterráneo y del que disponen otras grandes urbes, en algún caso desde hace más de un siglo. Por eso hace bien Zoido en plantarse y exigir un Metropolitano de verdad que vertebre la ciudad y llegue a los barrios más alejados, ya que, tal como dice el nuevo alcalde, si somos poco reivindicativos tendremos el sucedáneo de una red de tranvías y una vez más nos habrán dado Metrogato por liebre.

 

Atleti y Bayern

Final de la Copa de Europa 1973/74 en Bruselas. Estadio Heysel. Atlético de Madrid-Bayern de Múnich. El tiempo reglamentario acaba con 0-0. Prórroga. Luis marca de falta directa, pero a 30’’ del final Schwarzenbeck iguala de tiro lejano que sorprende a Reina. Se fija un partido de desempate en  48 horas. Los españoles descansan del esfuerzo y se van de paseo y de compras por la capital belga. Los bávaros van al campo a entrenarse aún más fuertemente tras la paliza del día anterior. En el encuentro decisivo, los atléticos, faltos de ritmo, se desfondan. Los ‘panzer’ alemanes los machacan: 4-0. 22 de mayo de 2011. Debacle socialista en las elecciones municipales. Juan Espadas proclama que empieza un ciclo nuevo para el PSOE en la Oposición y, según se publica en los medios más tarde, se toma (más de) un par de días de descanso antes de retornar a su actividad. 23-M. Zoido, el alcalde electo tras conseguir una histórica victoria con 20 concejales, toma un taxi a las 9 de la mañana y se presenta en el barrio de Su Eminencia. ¿Quién hace de Atleti y quién de Bayern?

 

Sin + sin

El PSOE sigue  tendido en el diván buscando explicaciones a su laminación por el PP. Viera ha dejado caer ‘sotto voce’ que otro gallo habría cantado si a Monteseirín lo hubieran relevado antes. ¿Y quién debería haber decretado el relevo del (sin) alcalde que estaba hundiendo las expectativas electorales del partido mucho antes de que, cuando ya se había rebasado el punto de no retorno, lo hiciera Griñán mediante aquel teletipo de Europa Press? Respuesta: el propio Viera. Tras haber arrasado en el congreso provincial a Monteseirín y su facción de críticos atrincherados en el Ayuntamiento y con los sondeos de Julián Santamaría para el PSOE que mostraban el pernicioso efecto de Alfredo para la marca socialista y el inusitado nivel de rechazo que suscitaba hasta entre los propios simpatizantes, esos que luego han preferido prestar su voto a Zoido, Viera tenía todos lo argumentos para imponer su autoridad. Tenía todos los argumentos, pero no tuvo la autoridad. He aquí las consecuencias. Sevilla estuvo sin alcalde, y el PSOE de Sevilla, sin secretario general.

 

Pretérito

La duquesa de Alba no quiso perderse el acto de presentación de la estatua de bronce erigida en su honor en los remozados Jardines de Cristina y, pese a sus problemas de salud y dicción y avanzada edad, pronunció de pie un discurso de agradecimiento a la ciudad en el que se refirió a Monteseirín como “el que fue alcalde”, todo un hallazgo semántico muy comentado entre murmullos por la numerosa concurrencia. No dijo el aún alcalde, el alcalde en funciones, ni el alcalde saliente, sino el pretérito alcalde, pese a que sólo habían pasado poco más de 48 horas desde las elecciones del domingo. Y a Zoido, apelado como “el nuevo alcalde”, Cayetana de Alba le pidió que mantenga el estilo de la ciudad y que no tire más casas antiguas, “porque Sevilla, como Venecia, sólo hay una”. Estas palabras fueron toda una carga de profundidad contra Monteseirín, el dilapidador de 140 millones de euros en su muy moderno mausoleo de las ‘setas’ de la Encarnación, y al que ya le pasan factura estando aún políticamente  de cuerpo presente tras el 22-M. ‘Sic transit gloria mundi’.

 

Graneros

Uno de los muchos mitos de  ‘Sevilla la roja’ destruidos por Zoido en estas elecciones municipales ha sido el de los barrios calificados como inevitables graneros de votos del PSOE. De los once distritos en que está dividida la ciudad, el PP gobernará en nueve, tras arrebatar a los socialistas sus otrora cotos privados de Macarena, San Pablo-Santa Justa y Este-Alcosa-Torreblanca y duplicar su número de sufragios en los dos únicos islotes con el emblema del puño y la rosa que aún emergen en un mar plagado de amenazantes gaviotas como en la película ‘Los pájaros’, de Alfred Hitchcock: Cerro-Amate y Macarena-Norte. Si, metafóricamente, los medios de comunicación  han calificado de ‘tsunami’ la histórica victoria pepera, en la mayor parte de los distritos de la ciudad al menos también simbólicamente  podría colocarse en las paredes la siguiente leyenda, similar a la de las grandes riadas: “El día 22 de mayo del año 2011, a las 23 horas, llegaron los sufragios del maremoto de Juan Ignacio Zoido a los 20  concejales marcados en la línea inferior de este azulejo”.

 

Tsunami

El (sin) alcalde más en funciones que nunca dijo en cierta ocasión que el resultado de estas elecciones municipales sería el mejor balance de sus doce años de gobierno. Pues el pueblo de Sevilla ha hecho en el 22-M balance de la gestión de Monteseirín, el único aún no imputado de su gobierno, y de qué manera: le  ha dado a Zoido una mayoría absolutísima de veinte concejales (récord histórico, uno más que los obtenidos por Del Valle en 1983, aprovechando la estela de Felipe González), con lo que aquél casi dobla en ediles a Espadas;  67.000 votos más que al PSOE y la victoria en todos los distritos menos en dos para que, como se susurraba en la antigua Roma a los oídos de cada nuevo césar, sea consciente de que no es inmortal. Estos resultados, por tanto, más que una debacle para los socialistas, son un tsunami. Bueno, pues conociendo al personaje que aún está de interino en la Plaza Nueva, es capaz de atribuir la catástrofe a que lo quitaran a él del medio (demasiado tarde) o de ir al partido a pedir  un cargo en agradecimiento (¿?)  a los servicios prestados.

La batalla de Sevilla

Griñán ha subrayado el papel clave que juega la ciudad en estas elecciones al decir: “ésta es la gran batalla, la batalla de Sevilla”.

Sevilla es vital para todos los partidos, tanto por ser una de las grandes urbes del país y capital de Andalucía como por la fuerza simbólica de estos  resultados cara a las autonómicas dentro de diez meses.

Los analistas coinciden en que la votación en este bastión de la izquierda  durante los últimos 12 años será, con gran probabilidad, un anticipo de lo que ocurrirá en la lucha por la Junta de Andalucía entre Griñán y Arenas tras 30 años de gobiernos socialistas.

EL PSOE

Sevilla, tal como subrayó Zapatero en su mitin, es para el PSOE algo más que la capital de Andalucía en cuanto cuna de Felipe González. Un descalabro que diera el Ayuntamiento al PP, según vaticinan las encuestas, sería interpretado como la confirmación de la tendencia al cambio también en la Junta, apuntada sistemáticamente por los sondeos desde diciembre de 2009.

La pérdida de Sevilla podría a los pies de los caballos a Viera, impulsor del relevo de Monteseirín, laminador del sector crítico y avalista de una lista electoral plagada de independientes en los puestos altos en detrimento de las agrupaciones socialistas, que han adoptado un rol más bien pasivo durante la campaña al sentirse preteridas por el secretario provincial.

Una derrota sin Alcaldía rearmaría a los críticos y cuestionaría la sustitución de Monteseirín por Espadas –o incluso por qué faltó autoridad para haberlo relevado a mitad de mandato por Carrillo – y pondría a prueba la solidez del alcaldable socialista y de su grupo de independientes, que ante el panorama de cuatro años en el duro banco de la oposición podrían verse tentados a dar la ‘espantá’ como en su día Luis Yáñez.

EL PP

La ‘batalla de Sevilla’ es no menos esencial para que el PP, embalado en la hipótesis de conquistar la Alcaldía, pueda ganar el año próximo la ‘guerra de Andalucía’ y tomar el palacio de San Telmo tras seis lustros de derrotas, y se consolide en la capital tras doce años en la oposición. Porque si el PP no logra hoy la mayoría absoluta   después de las encuestas tan favorables;  con casi 100.000 parados en la ciudad, que teóricamente deberían propiciar un cambio político;  tras escándalos como el de Mercasevilla y sus variadas ramificaciones, y los despilfarros (140 millones de euros en las ‘setas’) de la era Monteseirín y su socio Torrijos (éste, imputado judicialmente por partida doble, como imputados buena parte del gobierno municipal, con Nieves Hernández como último caso), entonces no la logrará nunca.

A la frustración por la hipótesis de una victoria pírrica –que no le otorgara a Zoido la Alcaldía- y el efecto en la moral de su militancia, se uniría la necesidad de fabricar en los próximos cuatro años un nuevo candidato.

El juez en excedencia ya anunció hace bastantes meses, con la comprensión de Javier Arenas, que de no ser alcalde dimitiría, por el agotamiento de cuatro años pateándose los barrios de Sevilla, nunca hollados anteriormente por los alcaldables del partido de la gaviota, y la perspectiva de tener que pateárselos cuatro años más.

IZQUIERDA UNIDA

Para IU, mantenerse como la formación que tiene la llave de la Alcaldía  en caso de un escenario sin mayoría absoluta ni de PP ni de PSOE es más vital que nunca, ya que Torrijos  ha adelantado que, en tal hipótesis, vincularía su presumible apoyo al PSOE en el Ayuntamiento a otro pacto de mayor calado con los socialistas para la gobernación de Andalucía. Sevilla, pues, sería la moneda de cambio en la estrategia de IU de sentarse en el Consejo de Gobierno de la Junta.

Por otra parte, en ese supuesto de dependencia socialista de IU en Sevilla, Torrijos sacaría mucha mayor tajada que de sus pactos con Monteseirín, y aspiraría a gobernar delegaciones clave y a administrar mucho más presupuesto, máxime después de ver cómo Espadas ha pasado de no querer saber nada de él y proclamar su aspiración a gobernar en solitario a reconocer su disposición a renovar el pacto de izquierdas.

Por el contrario, perder esa condición de partido-llave del Ayuntamiento y con  ello todas las parcelas de poder, cuotas de colocados en delegaciones y fundaciones municipales y los correspondientes recursos económicos que a la postre contribuyen a la financiación indirecta de su organización, supondría, probablemente, el final de Torrijos en el Consistorio al concluir el mandato que se iniciará en junio.

EL PA

Y para los andalucistas de Pilar González, estas elecciones son incluso más fundamentales que para el resto,  porque tras cuatro años fuera del Ayuntamiento se juegan el ser o no ser como partido en la capital, que es casi tanto como decir en Andalucía. ¿Resitiría el PA otro cuatrienio de travesía por el desierto sin representación ni en el Consistorio sevillano ni en el Parlamento andaluz?

Sin embargo, este partido, que cual ave Fénix ha renacido de cenizas aún peores (en 1983 sólo obtuvo 8.000 votos y ningún concejal, y ocho años después había multiplicado esa cifra casi por diez y con Rojas Marcos de alcalde), incluso podría conseguir una carambola sorprendente de confirmarse el concejal que le da la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO.

En la hipótesis de un empate a dieciséis ediles entre el PP y el bloque PSOE-IU, un solitario concejal andalucista tendría en sus manos la llave del Ayuntamiento. Nunca un capitular valdría tanto.

Todos tienen tanto que perder y tanto que ganar que con razón ha dicho Griñán que la de Sevilla es ‘la gran batalla’ del 22-M.