El edil piquetero de IU, Carlos Vázquez, usó la tribuna del Pleno municipal para insultar al periodista Alberto García Reyes llamándolo en euskera como los etarras se refieren a la Policía democrática. Nunca había caído tan bajo el Ayuntamiento, máxime cuando del mismo formó parte el llorado Alberto Jiménez Becerril, víctima de ETA. Resulta, pues, un sacrilegio aún mayor que el edil piquetero haga suyo el lenguaje de sus asesinos. La Asociación de la Prensa (APS), al condenar esta agresión verbal a un compañero, ha tachado también de lamentable que en el Pleno no se alzara ninguna voz en defensa del periodista. Sevilla está sin alcalde y sin Ayuntamiento. La APS subraya su decepción porque este incidente se produce tras la firma con los grupos municipales de un Manifiesto por la Libertad de Expresión. ¿Se sorprende? Ya dije en su momento que un acuerdo de este tipo sólo servía para legitimar a un gobierno ‘de progreso’ que se ha caracterizado por perseguir y amordazar periodistas. A las primeras de cambio ya se ha visto que ese pacto sólo era papel mojado.
Archivo por meses: marzo 2011
Una pregunta
A propósito del gerente de Urbanismo, Miguel Ángel Millán, que en relación con el caso Mercasevilla testificó ante la juez Mercedes Alaya que no había tenido tiempo de leerse los informes de los técnicos antes de la licencia (y resulta que el único que dijo haberse leído no existe según esos mismos técnicos), un lector ofrece su propio testimonio, al tiempo que pregunta: “Soy –dice- un humilde asesor de empresarios autónomos y “minipymes” (ya sabe: nóminas, seguros sociales, módulos, Ivas, declaraciones de Renta, etc…) que, junto a mi mujer (trabaja conmigo) en el año 2010 “hemos ganado” 16.000-17.000 euros mal contados (menos del 10% que el señor Millán), con despacho abierto trabajando de 9 a 14 y de 16 a 20 horas, de lunes a viernes; y en época de “puntas de faena”, también los sábados por la mañana. ¿Cuántos telediarios duraría nuestro despacho si “mi socia y yo” alegáramos falta de tiempo para leer legislaciones (Boe, Boja, Bop, convenios…), requerimientos de la AEAT, de la TGSS, de los Ayuntamientos, facturas, albaranes, correos electrónicos, etc?”.
Chungos de lectura
El entonces delegado de Presidencia del Ayuntamiento, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, arguyó allá por 2008 que el escándalo de las facturas falsas en el Distrito Macarena se había producido porque los concejales firmaban de manera habitual los documentos sin leérselos previamente. Para evitar la repetición de nuevos casos como aquél, Celis propugnó que buena parte de las competencias de los ediles fueran asumidas por los técnicos municipales. La consecuencia de tal propuesta era obvia: los políticos podrían eludir siempre cualquier tipo de responsabilidad (la política, valga la redundancia, y la jurídica) al invocar la delegación de sus facultades en los tecnócratas.
Esta filosofía en plan ‘reina pero no gobierna’ fue resumida por Monteseirín en su famosa frase de por qué nunca se enteraba de ningún escándalo en el Ayuntamiento: “Yo soy médico”.
SÓLO UNO DE CUATRO
Parafraseando a ‘Salvi’ Domínguez (aquel director general de Canal Sur que, obligado a comparecer ante el Parlamento, se salió por la tangente con una frase memorable por su descaro: “Señorías, estoy chungo de papeles”), el gerente de Urbanismo, Miguel Angel Millán, se ha confesado, al igual que Celis, chungo de lectura.
Citado por la juez Alaya como imputado en la rama urbanística del caso Mercasevilla, el gerente ha declarado que él “no puede estudiar los expedientes”, y que aunque disponía de cuatro informes sobre el asunto sólo se leyó uno de carácter recopilatorio, cuya existencia, para colmo, niegan los técnicos de Urbanismo.
Ahora, ha testificado que “si hubiera conocido tales informes sobre la ausencia de obras e infraestructuras eléctricas, hubiera ordenado la caducidad de la licencia”. Pero, ¿acaso no deben constar todos los informes en el expediente? Con lo cual cabe darle la vuelta al argumento del gerente: si se hubiera leído el expediente y todos los informes…..
Millán es uno de los ‘cienmileuristas’ municipales, con unos emolumentos anuales que en aquellas fechas rondaban los 170.000 euros, pero, al parecer, leerse los papeles no entra dentro de su sueldo.
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LECTURA ENOJOSA
La consejera de Hacienda y mano derecha de Griñán desde hace años, Carmen Martínez Aguayo, en su afán de colocarse como escudo humano de su jefe en el escándalo de los EREs, tuvo la ocurrencia de fotografiarse hace unos días ante una pila de archivadores que supuestamente contendrían los ciento y pico de informes que anualmente envía a su Departamento la Intervención General.
Recordarán que Intervención alertó en 2005, 2006 y 2007 a la Consejería, cuyo titular era por entonces Griñán, de que la de Empleo y el IFA/IDEA tramitaban subvenciones excepcionales –a cuenta del ‘fondo de reptiles’ de los 647 millones de euros- prescindiendo de forma total y absoluta del procedimiento administrativo establecido por la Ley de Subvenciones. En al menos uno de esos informes, según ha denunciado el PP, se hacía constar expresamente que se le diera traslado al consejero, hoy presidente, José Antonio Griñán, conforme a lo estipulado por la ley (ese tipo de documentos han de dirigirse al titular de la Consejería). Aguayo, por entonces viceconsejera, ha tratado de actuar de cortafuegos de Griñán diciendo que era ella la que los recibía “de oficio”; que nunca se los entregó ni comentó porque no alertaban de ninguna irregularidad (¿?) y que ni siquiera ella misma se los leyó al detalle, porque eran demasiados: ese centenar.
Osea, que la hoy consejera con fama entre las filas socialistas de altamente eficaz desde sus tiempos de gerente del SAS, también confiesa estar chunga de lectura y desbordada por el papeleo. Cien informes al año suponen uno cada tres días y aún sobran 65 jornadas. Un folio de esos informes redactados con un procesador de textos Microsoft Word –el más habitual- está compuesto por unas +/- 682 palabras según el número de párrafos, en familia tipográfica Times New Roman, cuerpo 12.
Un universitario normal lee al ritmo de 240 palabras/minuto. Una persona entrenada en la lectura de papeles, como es el caso de Martínez Aguayo, debe ser capaz de leer a un ritmo de entre 800 y 1.500.
Suponiéndole tan sólo un ritmo de un folio por minuto, la consejera debería poder leerse en un día de trabajo 420 folios, pues para eso le pagan los contribuyentes. Dedicando sólo un día de cada tres a examinar documentos (el 27% de su tiempo laboral), podría leer al cabo del año 42.000 folios, y a buen seguro que habría tenido tiempo y capacidad sobrados para abarcar todos los informes, aunque fueran cien, de la Intervención, los más importantes para un alto cargo de la Hacienda autonómica.
‘CÓDIGO ROJO’
En línea con Celis y Millán, Aguayo también sostiene que en la Junta sólo se leen los documentos de Intervención si los técnicos los marcan con una especie de ‘código rojo’ o ‘informe de actuación’ sobre fraude o irregularidades contables, y que como no venían marcados con esa clave por tratarse sólo de una cuestión de procedimiento, acabaron en el Archivo.
Esa omisión del procedimiento a la que Aguayo no dio la más mínima importancia es la que, de momento, ha propiciado el escándalo de los EREs, con su secuela de prejubilaciones falsas y un desfalco de millones a la Hacienda andaluza.
Cabe preguntarse:
Si los informes de la Intervención no se los leen los consejeros que han de gobernar, ¿para qué sirve ese Departamento?
Si los consejeros sólo se leen los informes que expresamente tienen que indicarles los interventores y demás funcionarios en cada campo para que adopten decisiones de gobierno, ¿por qué no gobiernan los técnicos y nos ahorramos a los políticos?
Ridículo
El (sin) alcalde no quiere irse de este mundo de la política -en que tan bien ha vivido con coche oficial, móvil de última generación, viajes a lo largo y ancho de este mundo, hoteles de cinco estrellas y comilonas a cargo del contribuyente- sin ver que quede perfecto para su gusto su faraónico mausoleo olímpico: las setas de la Encarnación. Al escándalo por su retraso de casi cuatro años y su coste mayúsculo, hay que unir el de su escasa fiabilidad, hasta el punto de que por miedo al colapso de los materiales se ha prohibido el paso por la pasarela y la seta llamada ‘Pellón’. La querida colega Ameneiro ha revelado que en su reciente visita a Alemania, Monteseirín abroncó al arquitecto Jürgen Mayer y su equipo por haber hurtado a los nativos y turistas el conocimiento completo de su mausoleo con esa prohibición. Mayer, estupefacto, le aclaró que la decisión fue de la Gerencia de Urbanismo en tiempos de Celis, el delfín de Monteseirín. No cabe mayor ridículo: el (sin) alcalde tuvo que enterarse en Alemania de lo que se había acordado en su propio Ayuntamiento.
Sin radar
El dilecto Fernando Carrasco ha localizado en Brasil a Antonio Delgado, físico de partículas que trabaja en EEUU y que se ha convertido en el gurú del tiempo para las cofradías. El fue quien, aun estando a miles de kilómetros, le predijo a la Hermandad de San Gonzalo que no llovería para la hora del Vía Crucis. Preguntado por su secreto, cuenta: “Veo los modelos de Aemet, de Aviación y otros más….E igualmente miro en los radares de la base de Rota, el del Algarve y en el de Málaga. El de Sevilla está roto y no puedo cotejar nada…”. Osea, que mucho blá, blá con eso de ampliar la carrera oficial para desviar la atención sobre los escándalos políticos, poner sillas debajo de las setas de Monteseirín, crear un Centro de Interpretación de la Semana Santa, habilitar locales para ensayos de las bandas y hacer el polígono del Arte Sacro, pero de lo que depende todo eso, de que llueva o no llueva y haya Semana Mayor, a la hora de decirles a las cofradías que se arriesguen a salir a la calle hay que mirar el radar de Málaga porque Sevilla está (sin), como el alcalde.
Pata negra
El hombre del PP que mira con lupa las cuentas municipales, Gregorio Serrano, denuncia que la ‘caja tonta’ del (sin) alcalde, Giralda Tv, tiene desde hace 8 meses un cajón lleno de facturas sin pasar a los libros de contabilidad para no cantar la gallina. Osea, que merced a ‘Goro’ nos enteramos de que, al igual que hay doble contabilidad en ‘A’ y en ‘B’, en Tele-Alfredo han inventado la figura de la media contabilidad. Serrano estima que en el cajón sin fondo de la tele alfrediana hay facturas pendientes por valor de 500.000 euros en taxis fuera de Sevilla, catering, maquillaje y móviles, y que deberían correr por cuenta de una de las ‘patas negras’ vinculadas al PSOE, la productora lista Mediapro, y no de la ‘caja tonta’ de Alfredo, nutrida con los impuestos de los sevillanos. Gregorio se escandaliza por esta deuda oculta de medio kilo, cuando lo normal en esa casa son los números rojos: casi 8 kilos a finales de 2010. Y como al Ayuntamiento le da igual 8 que 80, ahora quiere abrir un segundo canal, Giralda2TV. Si el edil del PP no quería caldo, dos tazas.
Sin autoridad
El último de Filipinas del (sin) alcalde, el hombre grande (que no al revés) Fran Fernández, amenaza con sancionar a Bruesa, la constructora del túnel bajo la Palmera, si no lo acaba a tiempo. ¿Y cuál es el calendario de esta obra, que es como el cuento del lobo pero en versión del delegado de (in)Movilidad? Yo, como Javier Rubio, ya he perdido la cuenta de las veces que Fran ha anunciado que veía la luz al final del túnel. Creo recordar que la primera fecha que dio él o el Consistorio fue noviembre de ¡2009!. Pues la última (im)previsión es de que, con suerte, a ver si se puede abrir un carril para mayo. Quien para mayo, a partir del 22-M, tiene abierto no un carril, sino una autopista de salida entera, es el propio Fran, regalo de Susana y Viera. Me pregunto: si Sacyr no acabó las setas en 2007, según la obligaba el contrato con el (sin)alcalde, ni en 2008, ni en 2009, ni en 2010, ni en marzo de 2011, y le han puesto menos multas que a los conductores del Plan Centro, ¿con qué (sin)autoridad moral va a multar Fran a la empresa del túnel de la Palmera?
En evidencia
Recordarán que el alcaldable del PSOE, Juan Espadas, chupó cámara junto a los consejeros de Economía y Empleo y el salvador malagueño de La Cartuja Pickman como supuesto mediador en la operación de salvamento de la fábrica. Ha bastado con que la canallesca indague sobre la trayectoria empresarial del nuevo dueño y arroje algunas sombras sobre su capacidad de gestión y solvencia para que Espadas se desmarque de la compra-venta. Ahora, como en la novela de Juan Bonilla, nadie conoce a nadie. Según se ha apresurado a declarar el propio alcaldable, él no ha tenido nada que ver en la selección del comprador, al que conoció el mismo día del acto de presentación ante la prensa. Bien, y si no tuvo arte ni parte en la historia, de la que responsabiliza a la Agencia de Innovación de la Junta, ¿por qué se prestó a hacerse la foto y a aparecer como uno de los artífices del reflotamiento de Pickman? Es una verdadera lástima ver cómo Espadas acaba preso de esos mismos vicios que han dejado a la clase política a la altura del betún. Antes se coge a un mentiroso que a un cojo.
Tiana y el sapo
La guardia pretoriana del (sin) alcalde, encabezada por Marchena, ha sostenido la tesis de que Monteseirín tenía un problema de (in)comunicación. Como si la comunicación de su sufrido Gabinete de Prensa pudiera encubrir tal cantidad de escándalos : desde las facturas falsas del caso Macarena hasta los falsos prejubilados de Mercasevilla, pasando por el desalojo a golpe de billetes de los chabolistas en Bermejales y la desaparición de la cubierta de la Davis. Ahora, tratando de demostrar lo contrario, el Ayuntamiento llega al extremo de comunicar que la edil Teresa Florido iba a asistir a la proyección de la película ‘Tiana y el sapo’ en el centro cívico Torre del Agua. ¿Y a quién le importa? Desde aquella nota de prensa sobre la inauguración de un cuarto de baño por Carmen Calvo no habíamos visto nada equivalente, salvo que el sapo fílmico contemplado por la defenestrada edil tenga el valor noticioso de una metáfora política. En un Ayuntamiento que vive los ‘minutos de la basura’, quizás lo mejor sea callarse. El silencio también forma parte de la partitura.
La luz
La nueva psicosis desatada a raíz de la escalada de los precios del petróleo y de la energía por la crisis libia ha sumido en la zozobra a todo el país menos a Lepe, conforme al clásico chiste del lepero, aquel que dijo que a él le daba igual lo que subiera la gasolina porque siempre le echaba al coche mil pesetas (6 euros). Bueno, pues hay ocasiones en que, merced al Ayuntamiento del (sin) alcalde, Sevilla supera a Lepe. Recordarán que con el Año Nuevo el precio de la luz subió un promedio del 9,9% por mor del déficit tarifario y cuando ni se intuían siquiera las revueltas en los países árabes. Aun así, el Consistorio sevillano, como el lepero del chiste, no se ha dado por aludido y, pese a señalarle Endesa la manifiesta incongruencia, ha aprobado que la partida para el pago de la luz municipal pasará de 14,6 a 11 millones de euros. Osea, que mientras la factura ha subido un 9,9% para todo el mundo, el Ayuntamiento de Sevilla en el país de las maravillas se autoaplica una rebaja del 25%. Así son los últimos Presupuestos de la era Monteseirín: de chiste.


