El Supremo estima inadmisible el recurso contra la anulación de la biblioteca en el Prado porque era nula de pleno derecho al haber sido expulsada ya del ordenamiento jurídico. Tarjeta roja. Es la decimotercera sentencia favorable a los vecinos y contraria a la Hispalense, cuyo rector, Joaquín Luque, era vicerrector de Infraestructuras cuando se promovió el ilegal proyecto y se acordó eximir al Ayuntamiento de Monteseirín y Marchena, los dos embaucadores, de cualquier responsabilidad sobre lo que acaeciera. La Hispalense debió haber demolido las obras en julio de 2009, cuando las paralizó el TSJA, y no gastar 10.400 euros/día en su vigilancia y mantenimiento, empecinada en un recurso tras otro. Los ha perdido todos y en estos dos años y medio, aparte del dinero en la fallida construcción, ha gastado 11.232.000 euros en sostener aquel esqueleto de cemento. Un despilfarro del que Luque, cuya única salida es la dimisión, se hace el loco. Hoy, como no han derruido la biblioteca, la locura de Luque nos cuesta a los sevillanos otros 10.400 euros. Y así sucesivamente.
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Las naves de Renfe
Inspirado quizás por el vagón del maharajá, construido para un viaje a la India que la británica reina Victoria nunca emprendió y que se conserva en el museo minero de Riotinto, el Loco de la Colina (alias Jesús Quintero), compró otro del desaparecido tren ‘Al Andalus’. ¿Para qué? Para estacionarlo, como símbolo, ante las naves de Renfe en San Jerónimo, que iba a rehabilitar para convertirlas en una especie de taller renacentista de la cultura y cuya cesión negociaba con el Ayuntamiento. Y en eso llegó Torrijos, reciente por entonces su pacto con Monteseirín, y dijo que nones: ni contenedor cultural ni audiovisual, sino gran ‘Ciudad del Empleo’ de 40.000 m2 de extensión abrazando las antiguas naves ferroviarias y albergando hasta las sedes de la Confederación Empresarial Sevillana, la UGT y CCOO. Quintero acabó montando su teatro en la calle Cuna, Sevilla perdió la ocasión de ver rehabilitadas y con un uso noble las naves ferroviarias, los saqueadores las expolian cada día un poco más y de la Ciudad del Empleo de Torrijos se ha perdido hasta la memoria.
El mártir
Del Nido ha alardeado siempre de que es el Sevilla F. C. y no el Real Betis el equipo representativo de la ciudad, por llevar el nombre de la misma. Según su teoría, decir Sevilla F.C. equivalía a decir Sevilla, con lo que equiparaba la parte con el todo. A partir de ahora la marca Sevilla, indistintamente deportiva o institucional según la tesis de Del Nido, arrastrará la mácula de la condena a siete años y medio de cárcel, 15 años de inhabilitación y 2,7 millones de euros de multa que pesa sobre quien dice representarla por los estadios de España y puede que incluso de Europa. Las hinchadas de los equipos rivales podrán corearle al Sevilla F. C. la sentencia de la Audiencia Provincial de Málaga para comerle la moral a sus jugadores, al igual que le cantan el nombre de Messi a Cristiano Ronaldo para sacarlo de sus casillas. José María Del Nido, ‘martir’ al unamuniano modo, dice estar dispuesto a soportar el sufrimiento por el bien de la entidad de Nervión. Si antes confundía el club con la ciudad, ahora confunde su persona y su sevillismo con el Sevilla.
Dos ‘ejemplos’
Caso número uno. Ni siquiera ha sido imputado aún por la Justicia en el escándalo al que presuntamente se le vincula y por cuya causa está en boca de todo el mundo, pero por su conducta tachada de “no ejemplar” precisamente fue obligado por la más alta magistratura del país a poner todo un océano Atlántico de por medio hasta que se clarificara su horizonte judicial y ha sido apartado de la agenda oficial de su familia política, la Familia por excelencia. Caso número dos. Lo han condenado a una pena de siete años y medio de cárcel, inhabilitación absoluta y al pago de una compensación de 2,7 millones de euros al Ayuntamiento saqueado con su –dice el fallo judicial- cooperación necesaria en los delitos de fraude en concurso con prevaricación y malversación de caudales públicos. A pesar de ello, con el argumento de que la sentencia es recurrible y no afecta a su ámbito privado, como si la persona pudiera disociarse de sí misma, se niega a abandonar la máxima representación de su familia deportiva. Uno se llama Ikañi Urdangarín; el otro, José María Del Nido.
Luz, más luz
Zoido quiere reconvertir en Corporación la AIE que inventó Monteseirín para darle todo el poder a Marchena en el Ayuntamiento paralelo en que convirtió las empresas municipales. Aparte de coladero para enchufados (también instrumento indirecto de control de las agrupaciones socialistas alineadas con los críticos), la AIE era el cajón sin fondo usado por el valido para comprar complicidades y silencios periodísticos. Dicen ahora en el PP que con la Corporación desaparecerán los gastos opacos de propaganda y patrocinios, como los 15 millones de euros endosados a las cuentas de Emasesa sin comerlos ni beberlos. Muy bien, pero antes de que las facturas desaparezcan en el limbo administrativo del olvido, ¿por qué no se hacen públicas, para saber quiénes se beneficiaron de esos 15 millones y así se convierte la opacidad en transparencia, conforme a la promesa electoral de Zoido de luces y taquígrafos? El emperador romano llevaba al lado a alguien que le recordaba que era mortal. A Zoido hay que ponerle a otro que le recuerde la frase de Goethe: “¡Luz, más luz!”.
Primera vez
La delegada de Hacienda, Asunción Fley, ha logrado terminar el proyecto de Presupuestos municipales justo a tiempo para que Zoido los pudiera presentar el martes ante el Consejo Económico y Social y luego elevarlos a un Pleno para su aprobación antes del fin de 2011, en cumplimiento de su promesa electoral y en contraste con los tradicionales retrasos de Monteseirín, que los estiraba hasta primavera como mínimo. Sin embargo, con ser extraordinario para lo que se acostumbraba por estos lares, este éxito no tiene mérito al lado de otro no bien ponderado y que ha pasado prácticamente inadvertido. Hace un mes, cobró la primera multa de que se tiene noticia a un gorrilla, al amparo de la Ordenanza aprobada en 2008 y que hasta ahora era papel mojado porque todo el mundo sostenía que cobrarle a un guardacoches era imposible, dada su acreditada insolvencia. Sólo han sido 30 euros, pero menos da una piedra y más importante aún es su valor simbólico. Ahora, para que yo la tenga en un pedestal, sólo le falta un tercer milagro: cobrarle algún tributo al Sevilla y al Betis.
La conversión
Hasta ahora, la más famosa conversión de la historia era la de Saulo de Tarso, que persiguiendo cristianos camino de Damasco, tras una luz cegadora se cayó del caballo y emergió como un hombre nuevo, San Pablo. Émulo del gran apóstol, otro que se acaba de caer de la alto de su caballo camino de Carmona y se ha dado de bruces contra la realidad cuando iba persiguiendo indolentes y vagos por la tierra de María Santísima es Cayetano Martínez de Irujo. El conde de Salvatierra no sólo ha acabado abjurando de sus anticuadas y heréticas creencias sobre el PER y el orteguiano ser andaluz, sino que además ha sentado las bases, en plan Bogart en Casablanca, del comienzo de una gran amistad con esos ocupantes de sus propias fincas llamados Cañamero y Sánchez Gordillo, y hasta se ha comprometido a crear un centro de formación para los jornaleros y a comercializar productos campesinos bajo la marca ‘Casa de Alba’. Ha visto la luz. Arrepentidos los quiere Dios, cuyos caminos son inescrutables. 25 de enero, conversión de San Pablo. 20 de diciembre, conversión de Cayetano.
El Zoco
Las ‘Setas’ iban a ser, al bilbaíno modo, un Guggenheim y se han quedado reducidas al zoco que de toda la vida fueron el mercado de la Encarnación, Regina y calles adyacentes. Monteseirín prometió que este icono de la modernidad no sólo iba a democratizar el panorama de los tejados, sino que también iba a atraer un público de alto ‘standing’ y negocios acordes con su poder adquisitivo. Al final, los marcheneros restaurantes de cinco tenedores se han convertido en una barra de bar récord Guinness, por esos 50 metros para el tapeo con vistas a los tendederos de ropa en las azoteas; y las tiendas de lujo, en un mercadillo de bisutería remedo del Portobello londinense, con el añadido de los poneys dando vueltas a los niños como en un trasunto de la calle del Infierno, los vendedores de globos, los manteros exhibiendo su mercancía y los desfiles de bandas de cornetas y tambores. Monteseirín dijo que con el tiempo Sevilla haría suyas las ‘Setas’; lo que nunca podía sospechar era que se apoderaría de su obra la que él, despreciativamente, llamaba la Sevilla rancia.
Papeles cambiados
Fernando Rodríguez Villalobos, presidente del PSOE de Sevilla y de la Diputación, quiere, a pesar de su ideología socialista, privatizar las acciones que la Corporación Provincial posee en Fibes, el Teatro de la Maestranza y el estadio de la Cartuja, tras caerse del caballo por la crisis y descubrir, una vez desalojado Monteseirín de la Plaza Nueva, que su auténtica vocación son los pueblos como La Roda de Andalucía (sin ánimo de señalar) y no la capital. Zoido, presidente de la FEMP y alcalde de Sevilla por un partido conservador que defiende el libre mercado y la iniciativa privada, quiere que las acciones de la Diputación no salgan al mercado y las pueda comprar cualquier empresa, sino que se las quede el Ayuntamiento para que sigan en el sector público. ¿Hay quien lo entienda? Papeles intercambiados: Villalobos se derechiza y Zoido vira hacia la izquierda. ¿Serán presos de sus particulares síndromes de Estocolmo por contagio de eso que llaman colaboración público-privada? Con razón decía Fraga que la política acaba haciendo extraños compañeros de cama.
Reto para Zoido
Zoido dijo en su momento estar muy preocupado por que la Unesco pudiera retirarle a Sevilla el título de ‘Patrimonio de la Humanidad’ a causa de la torre Cajasol. Creo que la ciudad está haciendo deméritos suficientes para que el organismo de la ONU le quite también otro título que demasiado alegremente le concedió sin merecerlo: ‘Ciudad de la Música’. Eso significaba equipararnos, por ejemplo, a Viena, lo que suena a exageración sevillana: no hay color con la patria musical de Haydn, Mozart, Beethoven (aun nacido en Bonn), Schubert, Mahler, Bruckner, Schönberg y tantos otros y con la riquísima programación que ofrece. Si Sevilla fuera en verdad ‘Ciudad de la Música’, las instituciones no le habrían recortado la mitad del presupuesto al teatro de la Maestranza y a la Sinfónica, pese a que aquél multiplica por tres cada euro que recibe. El alcalde dice ahora que la solución para el Maestranza radica en conseguir patrocinios privados. ¿A qué espera, pues? Basta con que Zoido piense en el teatro no en clave de templo de la lírica, sino como si fuera otra Copa Davis.