Espadas ha anunciado que presentará en el Pleno un plan de choque contra el paro basado en pedir: 1) compensaciones para las familias que han agotado todas sus prestaciones, “casas donde no entra ningún salario”; 2) contratos para personas en situación de emergencia social en barrios donde el Presupuesto Municipal (el que hizo Monteseirín, el de las ‘setas’) ha contado con menos recursos. Sin embargo, cuando atacó a Zoido por la falsa noticia del desmantelamiento del Cecop, dijo que el ahorro de 700.000 euros que habría supuesto la medida ‘fantasma’ no estaba justificado en términos de austeridad. ¿Sabe Espadas cuánto cobra un parado que haya cotizado prácticamente lo máximo a la Seguridad Social durante 30 años? Mil euros/mes en números redondos. Así que con el dinero que teóricamente se iba a ahorrar en el Cecop habrían comido no ya 700 familias de otros tantos desempleados, sino hasta el doble. Que no olvide Juan Espadas que toda austeridad municipal -porque muchos pocos ahorros hacen un mucho- está más que justificada en la Sevilla de los 70.000 parados.
Como esos parlamentarios que hacen en las Cortes preguntas al Gobierno de la nación basándose únicamente en recortes de prensa sin preocuparse de su verificación previa (¿será ése también su caso en el Senado?), Espadas ha tratado de montarle la primera escandalera al nuevo alcalde a cuenta de la posible limitación del Cecop a los grandes eventos de la ciudad, supuesto que ha calificado como “el primer error de Zoido”. Pues va a ser el primer error del líder de la Oposición, porque el regidor del cambio tranquilo ha dicho tan ídem que no hay caso y que lo único que han cambiado en el Cecop ha sido a su director, nombrado ‘in illo tempore’ a dedo por Monteseirín. Esto le pasa a Espadas por arrimarse demasiado al brigada Rafael y desconocer su innata capacidad para la intriga, que tanto han soportado los plumillas. Y aunque fuera el Cecop el coordinador o dejara de serlo en beneficio de los guindillas, a los ciudadanos esas luchas internas de poder nos traen al pairo. Como decía Deng Xiao Ping, gato blanco o gato negro no importa, siempre que cace ratones.
De toda la vida, a las telas con sus fajas de refuerzo en forma de cuadros, donde iban cosidas las anillas a mano con hilo de cáñamo para su desplazamiento por medio de alambres galvanizadas, se les llamaba ‘velas’, no ‘toldos’, porque este método de defensa contra el sol y de artificial creación de sombra se inició, según la tradición de padres a hijos, con el reciclaje de antiguas velas de los barcos que surcaban el río Guadalquivir. Pues bien, si hoy, festividad del Corpus, los sevillanos alzan sus ojos al cielo al pasear por el Centro o yendo a la procesión, verán que, como ha dicho el nuevo delegado de Fiestas Mayores, sólo hay colocados dos ‘toldos’: uno en la Plaza de San Francisco y otro en la de El Salvador. ¿Cuál es el motivo, pese a que ya estamos en verano y con una primera una ola de calor? Urbanismo, el departamento municipal encargado habitualmente de darle sombra a las calles del casco antiguo, no tiene ni un euro. Si este Jueves brilla más que el sol es, aparte de por la tradición religiosa, porque Monteserín ha dejado Sevilla a dos velas.
Todavía no ha hecho Zoido su anunciada auditoría ‘de infarto’ y ya afloran como setas las ronchas ocultas por Monteseirín bajo las alfombras. De momento se ha descubierto una lápida de 21 millones de euros en Urbanismo, de los que al menos 15 millones son imputables al imputado Marchena, de sus tiempos como gerente. Y eso que disfrutó de lleno la época de las vacas gordas, cuando del ladrillo manaba leche, miel y langostinos a mayor satisfacción del valido, conocido por su gran afición a las pinceladas al centro a costa del contribuyente o del especulador de turno. Monteseirín le puso un sueldo de 170.000 euros con la excusa de que era un gran gestor, y dijo que aún le parecía poco. El ‘cienmileurista’ ha multiplicado ciento por uno, pero con signo negativo, cada euro cobrado a los contribuyentes, pero ni se inmuta. Al igual que su jefe decía que no entendía de leyes porque era médico, él podrá alegar que de números y contabilidad no entiende porque, al fin y al cabo, es sólo un geógrafo ‘bon vivant’ que se dedicó a cartografiar los restaurantes de Sevilla.
‘Cultura desecha la ocurrencia de Monteseirín de exhibir el tesoro del Carambolo en las ‘setas’. El título no podía ser más exacto al incluir el término ‘ocurrencia’, porque no de otra manera podía calificarse el capricho del (ex) de mezclar churras con merinas arqueológicas para exhibir un tesoro tartésico (o fenicio) en un yacimiento romano, con la complicidad de su amoroso arqueólogo de cámara y a costa de cargarle a los sufridos contribuyentes sevillanos la compra de una urna anti-Fukushima con tal de convencer a Cultura y convertir así el ‘Antiquarium’ en el ‘Setarium’, al que todo le cabe. Ni a Paulino Plata ni a la ministra Sinde(scargas) les ha convencido el argumento marchenero de democratizar las vistas del Carambolo, cuyo destino seguirá siendo la caja fuerte en que lleva custodiado 50 años o el Museo Arqueológico, el único que es único y no un sucedáneo como el ‘Setarium’. Menos mal, porque de haber sido al revés, el (ex) se habría vanagloriado a perpetuidad de ser como el Cid y de ganar batallas después de muerto (políticamente, se entiende).
El discurso de investidura de Juan Ignacio Zoido me recordó el poema ‘Andalucía, de Manuel Machado, en la parte en que glosó a sus predecesores. El poeta que ha pasado a la historia por ser el hermano de Antonio en vez de por su obra fue adjetivando cada provincia (Cádiz, salada claridad; Granada, agua oculta que llora…) hasta que no sabiendo qué decir sobre Sevilla concluyó el poema al albur de sólo su nombre. Zoido fue cantando una cualidad de cada alcalde (la caballerosidad de Uruñuela; la fina ironía de Del Valle; el rigor de Soledad Becerril; la capacidad de comunicación de Rojas Marcos) y al llegar a Monteseirín….En aquel momento quizás Zoido se acordó de Lope de Vega y el soneto que le mandó hacer Violante, pues nunca se vio en tal aprieto. ¿Qué decir del Ausente, si Alfredo el Soberbio carece de rasgo positivo destacable alguno? Salió del paso con una evidencia que resultó todo un hallazgo retórico: había sido alcalde durante doce años. A falta de cualidades en el personaje, y por tanto de adjetivos, Zoido redujo a Sánchez Monteseirín a lo que realmente ha sido: un mero adverbio de tiempo.
Los últimos días de Pompeya del (sin) alcalde Monteseirín fueron un resumen, corregido y aumentado, de todos sus mandatos, en particular el de la víspera de la investidura de Zoido, en la que fue el gran ausente aunque nadie –ni siquiera Griñán, el teletipista honorario de Europa Press- lo echó en falta. Resulta que el (sin) de las pastillas Macabeo contra el cabreo (Manuel Rey dixit) por la debacle electoral socialista intentó inaugurar todo lo inaugurable con tal de que Zoido no se hiciese la foto a su costa. Fracasó, por demasiado escandaloso ante la evidencia del retraso de las obras, en cortar la cinta de la nueva comisaría de la Ranilla y la de los jardines de (sin la ele, por favor) Cristina, así que concentró todos su esfuerzos en anunciar a bombo y platillo la apertura del túnel de Los Arcos aunque fuera a las 9 de la noche. Tras un final de suspense, fuese y no hubo nada. En su habitual improvisación marca de la casa no se percató de que le faltaba el acta de ocupación. ¡Qué gran metáfora como colofón a su gestión: el (sin) alcalde, sin papeles!