Zoido y Espadas mantienen más de una coincidencia básica en sus respectivos programas para las elecciones municipales del 24 de mayo, aunque luego difieran en los enfoques.
Una de ellas es la pretensión de captar fondos europeos; y otra, la rehabilitación de barrios degradados. Así, el PSOE habla de crear una especie de oficina o de grupo de expertos dedicados a analizar las convocatorias de la Unión Europea con el fin de obtener financiación para proyectos de o en Sevilla. Asimismo, en el programa socialista se preconiza la redacción de un plan integral para El Vacie, sin entrar en más detalles, y el alcaldable del partido del puño y la rosa, Juan Espadas, ha anunciado otros planes de regeneración urbana para zonas de actuación preferente como el Polígono Sur, Su Eminencia y Tres Barrios.

Zoido, por su parte, también mira a Europa como el camino más corto para beneficiar a los barrios, aunque su objetivo vira al Norte en vez de al Sur. El candidato del PP ha anunciado su intención de optar a la convocatoria que el Ministerio de Hacienda lanzará, probablemente en septiembre, dentro de la ‘Estrategia de Desarrollo Urbanístico Sostenible 2020’, con el fin de obtener fondos europeos para regenerar 400 ha de la zona Norte de la ciudad y erradicar el poblado chabolista de El Vacie.
Según el anuncio del alcalde en funciones, la obtención del dinero europeo serviría para la regeneración y rehabilitación de viviendas antiguas, mejoras de las vías de comunicación y actuaciones en La Bachillera, naves de Renfe, el CREA y el polígono Arte Sacro, entre otros.
COMPETENCIA POR LOS FONDOS
Una consulta a la página web de la Federación Española de Municipios y Provincias y una navegación por Internet sirven para comprobar la fuerte competencia que se avecina entre ciudades por conseguir financiación europea para sus proyectos, hasta el punto de que hay casos de contratación de consultoras especializadas en este tipo de tareas para mejorar el fondo y la forma de las propuestas en ciernes. Sevilla, pues, no va a estar sola en esta carrera y tendrá muchos rivales nacionales e internacionales en la competición por obtener dinero de Bruselas.

Los anuncios de Zoido y de Espadas de regeneración de tejido urbano de Sevilla con fondos europeos, uno poniendo el acento en la zona Norte y otro en el sector Sur, se producen veinte años después de la ejecución de otro programa similar, el denominado Plan Urban Alameda-San Luis, que se presentó en su momento con las mismas buenas intenciones que ahora pero cuya materialización mereció informes muy críticos por parte de ciertos sociólogos, geógrafos, economistas y arquitectos comprometidos con aquellos barrios, de ahí la necesidad de analizar la experiencia del Urban anterior para no caer en los mismos errores de antaño.
EFECTO DEL 92
La clave última de aquella operación podría considerarse que fue la Expo-92. Aunque hubo voces que preconizaron que con motivo de la Exposición Universal se ejecutara un gran plan de rehabilitación del Casco Antiguo para poner a la ciudad a la altura del gran acontecimiento en ciernes, la falta de voluntad política, de tiempo y de recursos propiciaron sólo algún lavado de cara en forma de repintado de fachadas, pero salvo la banda de la calle Torneo, que miraba al recinto de la Cartuja, en lo esencial el resto de Sevilla siguió igual.
Sin embargo, la colonización de la isla de la Cartuja, la nueva Torneo, el Paseo Juan Carlos I y la apertura de la ciudad al río tras la eliminación del dogal ferroviario habían dotado de un nuevo atractivo a la Alameda de Hércules y su entorno, hasta entonces abandonados a su suerte por ser considerados la periferia del Centro y donde se concentraban actividades públicamente inconfesables.

Tras la Expo 92 en Sevilla, la capitalidad cultural europea en Madrid y los Juegos Olímpicos en Barcelona, los cascos antiguos de las grandes urbes españolas se pusieron de moda y se convirtieron en objeto urbanístico de deseo. Esa tendencia coincidió con el Plan Urban de la UE, destinado teóricamente a la mejora de la situación de los colectivos sociales desfavorecidos que vivieran en zonas urbanas degradadas de ciudades con más de 100.000 habitantes.
LÍNEAS DEL PLAN
El entonces gobierno local de coalición PA-PP (Rojas Marcos y Soledad Becerril) presentó al Plan Urban un proyecto de actuación “integral” en los barrios de San Julián, San Luis y la Alameda, con una superficie de actuación de 34 ha (doce veces menos que las 400 ha de que ahora habla Zoido para el sector Norte) y un presupuesto de inversión de 2.430 millones de pesetas (serían hoy mucho más que 14,6 millones de euros, por la inflación), de los que la UE financió el 70%.
Aunque el objetivo del Plan Urban no era la rehabilitación de viviendas, la Gerencia de Urbanismo determinó que había 1.391 parcelas de viviendas en las que residían 7.000 personas, en mal estado de conservación o con edificios ocupados por clases marginales. El Plan fue derivando progresivamente de social a urbanístico: remodelación total del mobiliario urbano, asfaltado y aceras; sustitución de redes de saneamiento y abastecimiento y apertura y ensanches de calles.
En el barrio de San Luis se crearon dos nuevas calles, de 350 y 150 metros de longitud, respectivamente, y más de 10 metros de anchura, amén de una plaza de 2.500 m2 que, según David Gómez, sirvieron para la penetración del tráfico y alteraron una configuración espacial única que había llegado casi intacta hasta nuestros días, en lo que supuso una enorme alteración del Casco Antiguo pese a gozar teóricamente de protección en virtud de la Ley del Patrimonio Histórico.
CASA DE LAS SIRENAS
Los programas sociales propuestos sirvieron sobre todo para justificar la rehabilitación de tres grandes espacios en ruinas: la Casa de las Sirenas, las naves Singer y el palacio de los Marqueses de la Algaba. Estos trabajos se llevaron la mayor parte del dinero (un 35% del total) del Urban (un 62% de todo el proyecto fue para urbanismo, y un 29% para programas sociales) y sirvieron de elementos simbólicos para reflejar la revalorización de este sector del Casco Antiguo.

Josefa García Jaén, corredactora del Plan Urban, analizó sus efectos cuatro años después y llegó a la conclusión de que había habido una mejora apreciable en el tejido urbano, pero resultados discutibles en la esfera social, sin que hubiera disminuido notablemente el número de parados y de marginados.
Como consecuencia de la fuerte inversión pública en urbanismo pero no en vivienda social y de las ayudas a la rehabilitación, se estimuló la inversión privada –un 50% más- en vivienda y se produjo una carestía de la misma y del suelo (procesos especulativos con incrementos de precios del 300%) que acabó provocando la expulsión de los habitantes de clase baja, los cuales no pudieron hacer frente a la subida de las rentas del alquiler. La consecuencia añadida fue que la zona de la Alameda-San Luis se pobló de residentes de clase media-alta, atraídos por la remodelación urbana y en línea con la moda del regreso a los cascos antiguos en las grandes ciudades.
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Así pues, en vez de resolver los problemas sociales, el dinero europeo del Plan Urban provocó el efecto contrario al deseado y un éxodo de la población más desfavorecida, factores que habrá que tener en cuenta para que no se repitan a la hora de plantear operaciones similares de ‘regeneración’ del tejido urbano con dinero de Bruselas.




de automóviles en el Casco Antiguo: ‘áreas verdes’ de aparcamiento en la periferia, conectadas con la ciudad por lanzaderas de Tussam, sobre todo en horas-punta y siguiendo el exitoso modelo del Charco de la Pava durante la Feria. A esta zona, que junto con la Banqueta del río permitió estacionar 40.000 coches cuando la Expo-92, se le podría unir, según el CESS, el entorno del estadio de la Cartuja. Esta alternativa redundaría además en beneficio de la cuenta de resultados de la empresa municipal de transportes.
Zoido ha dicho que “a la Alameda no vienen los turistas”, de lo que se infiere la conclusión de su silogismo en bárbaro (con o y no con a): luego por eso promueve allí el parking subterráneo y rotatorio que no iba en su programa y que pondrá patas arriba ‘ad calendas graecas’ el bulevar más antiguo de Europa. El alcalde muestra un preocupante desconocimiento de su ciudad, ya que sin salir del paseo hay ocho residencias para turistas, hoteles para jóvenes y hasta apartoteles de lujo. Además, ha cantado la gallina, porque si a la Alameda no van los turistas, ¿qué tipo de visitantes entonces está yendo a ver la exposición de ‘Las Santas de Zurbarán. Devoción y Persuasión’ en el colindante Espacio Santa Clara, forasteros o sólo escolares como los de las excursiones a Isla Mágica? Al contrario que los alcaldes playeros, que tienen clarísimo que deben privilegiar a los nativos de sus pueblos y esquilmar todo lo que puedan y más a los veraneantes, Zoido gobierna para los turistas y fastidia a los vecinos de la Alameda y su entorno. Y, que se sepa, los turistas no votan.
Para tratar de justificar la mentira de que el parking de la Alameda figuraba en el programa de Zoido para las elecciones municipales cuando aquél sólo hablaba de ubicarlos en el perímetro del Casco Antiguo, el gobierno del PP, creyéndonos tontos al contrario que Media Markt, dice ahora que el bulevar puede considerarse en la periferia del Centro. O sea, que para este Ayuntamiento la Alameda está extramuros, cuando dista de la Plaza Nueva lo mismo que la calle San Fernando, la plaza Ponce de León y la Casa de las Dueñas, con lo que San Luis, San Julián, Santa Marina, Omnium Sanctorum, San Clemente y la Macarena deben de ser a su vez la periferia de la periferia del Centro. Lo mismo cabrá decir del Espacio Santa Clara, andurrial por tanto al que Zoido llevó a los Príncipes a la exposición sobre ‘Las Santas de Zurbarán’. Curiosamente, el programa del PP para el Casco Antiguo también incluía la reurbanización de la Plaza de Armas y del Paseo Juan Carlos I que, dada la singular concepción geográfica existente en el gobierno local, deben de estar allá por el Aljarafe.
….los políticos acaban siendo iguales. Lo primero que hicieron el PP y Zoido tras ganar las elecciones municipales de 2011 por mayoría absoluta fue retirar de la página web el programa con las numerosas promesas a los sevillanos, distrito por distrito, no fueran a recordárselas luego. Por deformación profesional tuve la precaución de descargármelo antes de que lo escamotearan. Por éso ahora no salgo de mi asombro al comparar lo que declara el alcalde sobre que el parking de la Alameda figuraba entre sus promesas electorales y lo que realmente dice su programa: “dotación de aparcamientos en el perímetro” del Casco Antiguo. Perímetro, según el Diccionario de la Academia, significa contorno de una cosa; o sea, en este caso concreto, lo que rodea y está fuera del Centro, no dentro del mismo. No hace mucho se cumplió el 300 aniversario del clásico libro de Jonathan Swift o John Arbuthnot (los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la autoría) titulado ‘El arte de la mentira política’. Hay obras que, con conductas como la de Zoido, nunca pierden su vigencia.
Hace unos días, Urbanismo aprobó de forma provisional la modificación del PGOU para permitir la construcción de aparcamientos rotatorios en el casco antiguo, al tiempo que el delegado, Maximiliano Vílchez, hizo una mera declaración de intenciones en el sentido de plantear la conveniencia de demandar al arquitecto alemán de las ‘Setas’, Jürgen Mayer, y pedirle una indemnización de 4,2 millones de euros por los sobrecostes en su construcción por sus errores de cálculo con el proyecto técnico.
El dedo de Zoido apuntaba hacia la construcción del aparcamiento rotatorio en la Alameda y nosotros, los tontos de los periodistas (como habría dicho Alberti: “yo era un tonto, y lo que he visto me ha hecho dos tontos”), mirábamos hacia las ‘Setas’ y a la nonata demanda contra el arquitecto, el objetivo del alcalde y Vílchez, para que en el fragor periodístico pasara lo más inadvertida posible la alteración del denominado ‘libro de la ciudad’, el PGOU.
Como es sabido, el ‘efecto llamada’ generado por el aparcamiento rotatorio bajo la Plaza de la Concordia, que da también servicio a El Corte Inglés, ha provocado tradicionalmente colapsos circulatorios en la calle Baños, su vía natural de acceso, y en parte de la calle Torneo, con el añadido de contaminación atmosférica, ruidos, riesgos para los peatones y molestias para los vecinos.
Para facilitar uno y otro, se previó un ensanche en la calle Calatrava, parecido al que se realizó años antes en la calle Imagen, y hasta el derribo de la capilla de Nuestra Señora del Carmen.
El alcalde y su delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, sostienen que si el Consistorio ha iniciado ahora y no antes la modificación puntual del PGOU para permitir en la Cartuja comercios como el ya dejado escapar de la multinacional francesa ha sido por:
En el verano de 2008, desde Urbanismo se le dijo que podía ser viable siempre que se ajustase a los requisitos del PGOU y a los de la Junta para las grandes superficies comerciales. En marzo de 2009, la Sociedad Estadio Olímpico adjudicó a Decathlon la explotación del terreno (un derecho de superficie por un plazo de 40 años), condicionada a la obtención de licencia de obras y al ‘nihil obstat’ del Gobierno autónomo. La compañía reservó el suelo en enero de 2010 mediante el pago de una fianza de 200 euros diarios. El convenio la obligaba al abono de 440.000 euros/año a la Sociedad Estadio Olímpico, a cuyo Consejo de Administración pertenece el Ayuntamiento, que por tanto ha estado informado desde el principio del tema. Ese mismo año, la Junta dictaminó que por incluir una gran superficie comercial el proyecto de Decathlon debía adaptarse al PGOU vigente.
El arquitecto Francisco Granero ha acuñado una nueva unidad de medida de los derroches y obras faraónicas de Sevilla: el canon de Santa Catalina. Granero, que es como el médico de cabecera del templo y ha declarado que cabe la posibilidad de que amanezca y se haya derrumbado, destaca que el coste de salvar este centenario monumento nacional sevillano es de 3 millones de euros, “un fleco de un modificado de cualquier obra de cierto nivel de las que se han hecho en Sevilla”, y que la factura de las ‘Setas’ de Monteseirín equivale a treinta y tantas restauraciones de esta iglesia. Aplicando el canon de Granero, los 29 millones que ha sacado Zoido para hacerle la SE-35 a Ikea equivalen a casi diez restauraciones de Santa Catalina. Y con el dinero de la torre Cajasol se habría podido arreglar el templo de cabo a rabo cada año durante más de un siglo. Si se hubieran convertido sus presupuestos al canon de Santa Catalina antes de ejecutarlas, probablemente por vergüenza nos habríamos ahorrado obras como el Metropol y el paseo marítimo de Islantilla en la Alameda.
Pero la alta contaminación de Sevilla no es una excepción. Tan sólo cinco meses antes,
y construir así un gran aparcamiento rotatorio en la Alameda y, ojo, también ya en cualquier otro
En el nuevo capítulo del culebrón sobre los bancos de la Alameda de Hércules que nos está entreteniendo en esta ‘rentrée’ y que al Ayuntamiento le gustaría fuesen de quita y pon (la delegada Asuidea ‘dixit’) para así contentar a tirios y troyanos, el mobiliario urbano ha sido repuesto pero en un sitio distinto y distante y en menor número que antes, lo que ha sido considerado ‘casus belli’ por una facción del vecindario y garantiza la continuación de esta apasionante telenovela municipal. Además, ha aparecido en escena un nuevo despropósito: cambiar de lado la puerta del parque infantil. Empezamos por los bancos y ya vamos por las puertas. ¿Qué será lo siguiente? ¿Las farolas porque atraen a las polillas? Lo más peregrino es el argumentario para justificar estos viajes de ida y vuelta: esos elementos funcionaban como “un imán de ruidos”. ¡Eureka! ¡Qué gran descubrimiento! El Ayuntamiento ha inventado una figura administrativa nueva. A partir de ahora podrá declarar unas calles como zonas acústicamente saturadas, y otras, como zonas saturadas de bancos.