El Ayuntamiento se ha gastado en números redondos un millón de euros durante el mandato de Monteseirín en restaurar los Baños de la Reina Mora debido al estado de ruina y abandono en el que los tenían sumidos sus propietarios, y 380.475 euros durante el mandato de Zoido en expropiarlos a sus dueños, entre los que se encontraba la hermandad de la Vera Cruz, para tan sólo ocho meses después de la expropiación cederlos durante un mínimo de 25 años a esta última. ¿Tiene sentido esta reprivatización tras los casi 1,4 millones de euros de dinero público invertidos? ¿Se debe otorgar el uso privativo de un Bien declarado de Interés Cultural con nivel de protección ‘A’ a los mismos que no supieron o no pudieron mantenerlo en condiciones cuando eran sus titulares?

El hermano mayor de la Vera Cruz, José Cristóbal, ha declarado que la operación no supone un beneficio económico para la hermandad, que lo único que quiere es reabrir los Baños al público (no lo hizo cuando era su propietaria), y ha dado a entender que esta cesión compensaría de algún modo la renuncia de la hermandad a recurrir por la vía contenciosa-administrativa el precio que les abonó el Ayuntamiento para la expropiación, 193.652,56 euros, cuando según un estudio especializado contratado por la propia hermandad el valor de lo expropiado sería superior al millón de euros.
DOS PROPIETARIOS
Hay que aclarar que la hermandad de la Vera Cruz no era la única ni la mayor propietaria de los Baños Arabes de la Reina Mora, ya que compartía la propiedad con la intercomunidad de vecinos que viven en el conjunto de edificios construidos sobre el solar que circunda su capilla. Según la documentación que obra en poder de la Gerencia de Urbanismo, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento aprobó la expropiación de los Baños el 3 de febrero de 2011, tan sólo cuatro meses antes de la toma de posesión de Zoido como alcalde, el cual podría haber paralizado el proceso recién iniciado por entonces, pero no lo hizo y siguió adelante con el mismo.

La intercomunidad de propietarios del conjunto denominado ‘Jesús’ era la propietaria del 91,13% de la superficie a expropiar, por la que se acordó un justiprecio de 186.822 euros, mientras que la hermandad de la Vera Cruz sólo era titular del 8,86% de los derechos, probablemente los más valiosos en proporción, ya que la Comisión Provincial de Valoraciones, en sesión celebrada el 21 de febrero de 2014, determinó un justiprecio por la expropiación coincidente con la valoración dada por los técnicos municipales: 193.652 euros.
Así pues, el 8% en posesión de la hermandad fue más valorado que el 91% en posesión de los vecinos, pero de ahí a que valieran más de un millón de euros en plena crisis económica, con el mercado inmobiliario hundido, tratándose de un BIC con protección de tipo ‘A’, sometido a la vigilancia de la Comisión de Patrimonio y prácticamente intocable para ejecutar cualquier proyecto inmobiliario media un abismo.
ABANDONADOS
De hecho, el Ayuntamiento le dio un plazo a la hermandad para que acreditara la titularidad de su parte de los Baños y así le pudiera pagar, pero como no aportó la documentación, le ingresó el dinero en la Caja General de Depósitos el 25 de junio de 2014, la misma fecha en que el Consistorio procedió a la ocupación del inmueble, tras lo cual lo adscribió al Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), el 12 de septiembre de 2014.

¿Y por qué se expropiaron? Por el abandono al que estaban sometidos los Baños y como una consecuencia lógica tras el dinero público invertido (un millón de euros en números redondos) en su restauración a lo largo de los años con la finalidad de devolverles su aspecto original y abrirlos a las visitas como un nuevo atractivo para la oferta turística y cultural de Sevilla.
El hermano mayor de la Vera Cruz ha declarado respecto de los Baños lo siguiente: “Llevamos viendo eso 40 años abandonado y lo que queremos es poder sacar a la luz un bien público mediante una fórmula conjunta, que es novedosa, de colaboración entre el Ayuntamiento y la hermandad”.
Lo curioso de estas declaraciones es que el hermano mayor habla del abandono de los Baños desde hace 40 años como si fuera un espectador ajeno o neutral a los mismos en vez de como su copropietario durante gran parte de ese tiempo, ya que la hermandad los habría comprado en 1985 con la idea de conectar la casa hermandad con la capilla a través de los mismos, y sabido es que, por ley, el deber de conservación corresponde a los propietarios. Por tanto, la hermandad, en cuanto dueña, era corresponsable del abandono que critica, pese a lo cual el Ayuntamiento no ha tenido el menor empacho en otorgarle la cesión privativa de su uso para los próximos 25 años, con opción a 75.
DECLARADOS BIC
Si se consulta la hemeroteca, se comprueba que el hilo conductor de las informaciones que datan de principios de siglo sobre los Baños de la Reina Mora es la denuncia del estado de abandono en que se encontraban, un abandono ratificado estos días por el Colegio de Doctores y Licenciados. Incluso puede leerse que su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) fue un intento de frenar su alarmante deterioro con la ejecución de obras puntuales, en espera de poder acometer una recuperación posterior que finaciarían al 50% el Ayuntamiento y la Consejería de Cultura.

En 2002, los expertos que participaron en una serie de excavaciones certificaron que su situación era de “avanzado estado de ruina”. Gracias a aquellas excavaciones, realizadas a partir de 1997, se pudo hacer una reconstrucción virtual de los Baños (trabajo editado por la Universidad Hispalense y la Fundación El Monte) que puso de manifiesto el valor de un legado almohade (siglo XII) y del que al menos se seguía conservando la estructura básica de la edificación original y de las salas que lo componían.
OBRAS MENORES
Cuando en septiembre de 2014 la Junta de Gobierno del Ayuntamiento informó sobre la inscripción de los Baños en el Inventario Municipal de Bienes tras haber formalizado en junio las actas de pago de la expropiación (a los vecinos y a la hermandad), se dijo que la Gerencia de Urbanismo quedaba ya en condiciones de iniciar la redacción y posterior contratación de un proyecto de obras destinado a completar su recuperación, con la fijación de la cimentación y las estructuras. También, que sólo quedarían pendientes algunos trabajos de carácter menor (subráyese la expresión menor), tales como la pavimentación, la bóveda de madera del espacio central, la iluminación y la construcción de un pequeño edificio que cerraría la fachada a la calle Baños para permitir el acceso al monumento y servir de centro de interpretación.

Esto es lo que se decía en septiembre, pero en octubre ya se estaba negociando con la hermandad, ¡después de haberle expropiado los Baños en junio!, la cesión del inmueble por 25 años, que serán 25 más si realiza la mitad de las obras menores pendientes, y otros 25 añadidos (hasta un total de 75) si ejecuta los trabajos (solería y demás) que debía rematar el Ayuntamiento.
RESERVA DE USO
El alcalde ha tratado de presentar este convenio como “un buen acuerdo”, con la tesis de que pone en valor los Baños (lo que no dice es que esa puesta en valor se ha hecho con el dinero de los contribuyentes previamente); que el Ayuntamiento podrá programar allí actividades durante 180 días al año sin afrontar los costes de mantenimiento y que este verano ya habrá allí iniciativas culturales. El anuncio ha sido desmentido por el hermano mayor, que se ha remitido a, como mínimo, el verano de 2016.

Si se analiza el convenio se comprueba que la hermandad se reserva el uso del edificio durante los mejores meses del año (de enero a mayo y en diciembre), y que le deja al Ayuntamiento los meses del calor de verano y la temporada baja otoñal, a cambio de lo mínimo exigible: el mantenimiento y los gastos de luz, agua, teléfono y vigilancia (¿?), que suponen el chocolate del loro tras recibir un inmueble en que se han gastado casi 1,4 millones de euros públicos, de los que 193.652 han ido directamente a su Tesorería y con los que puede financiar todas esas actuaciones que pretendidamente le salen gratis a la ciudad.
Como diría el clásico latino: ‘Cui prodest?’. Cabe preguntarse a quién beneficia este acuerdo, si a la hermandad de la Vera Cruz o a Sevilla.

















ralelo al río sin obstáculo más allá de algunos semáforos en el itinerario.
El acuerdo ahora cerrado consiste en la ratificación de la aportación de 10 millones de euros por parte de La Caixa para la restauración del inmueble, como compensación por la retirada del proyecto inicial redactado por Vázquez Consuegra; el libramiento anual de al menos 1,2 millones de euros anuales por parte de la Consejería de Cultura, y la consignación de 200.000 euros anuales por la Fundación Cajasol para la organización de actividades en un espacio que tendrá un contenido americanista, acorde con la historia de Sevilla como puerto y puerta del Nuevo Mundo.

sería que el gobierno local centrara sus esfuerzos no en convertir las Atarazanas en un permanente ‘casus belli’ político con el Gobierno autónomo, sino en conseguir esos patrocinios a los que ha apuntado para la rehabilitación de otros monumentos como, sin ir más lejos, la antigua Fábrica de Artillería, de propiedad municipal.
a cuenca del Guadalquivir instalado en el muelle de Nueva York y el anuncio de un nuevo retraso en la inauguración del Centro Cerámico Triana.
otras posibles fechas para la apertura, anuncios todos incumplidos; la semana pasada, tras la visita a las instalaciones en la antigua fábrica de Cerámica Santa Ana del consejero de Turismo, Rafael Rodríguez; de la delegada municipal de Cultura, Mar Sánchez Estrella, y del presidente de la Comisión de Turismo de la CES, Pedro Sánchez Cuerda, se ha retrasado un mes más la apertura de unas instalaciones que han costado hasta la fecha 4,2 millones de euros y que la ciudad lleva ya casi dos años sin rentabilizar.
exhibe en los cuartos altos del Alcázar pero que ahora se siente tan dolido por el trato recibido de la actual corporación que anunció la práctica ruptura de relaciones con el Consistorio y su ausencia en la inauguración del museo trianero.
Monteseirín. Mientras que la cuarta estancia ha quedado sin un uso mejor y Zoido tampoco ha cumplido su promesa de abrirla cuando llegara a la Alcaldía, se trató de contentar al mecenas con otra promesa: que parte de los fondos que allí supuestamente no cabían se mostrarían en el futuro museo de la cerámica de Triana.
mecenas, pese a los desencuentros de antaño, y podría ser la persona clave para lograr la presencia de un coleccionista que se disputarían otras ciudades de España en la inauguración del museo trianero y que la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz tenga con él algún gesto de reconocimiento y especial gratitud. Susana no sólo haría honor a sus orígenes y vecindad en Triana, donde se alza el museo, sino también saldría al quite para paliar la falta de tacto del Ayuntamiento.
En el Patronato se formaron dos grandes bandos: el de los partidarios de no enterrar los restos, cuya consecuencia sería la materialización del proyecto de exhibirlos al público en una especie de cripta cubierta, al modo del Antiquarium bajo el mercado de la Encarnación, y el de quienes, por el coste de materializar el proyecto y las restricciones impuestas por el Plan de Ajuste debido a la crisis económica, abogaban por esperar a tiempos mejores, por lo que la consecuencia lógica sería el enterramiento para preservar los testimonios del pasado y evitar su deterioro por las inclemencias meteorológicas y el riesgo de expolios.
En los últimos años, el Patronato del Real Alcázar ha promovido una intensa campaña de excavaciones arqueológicas en el Patio de Banderas, donde de hecho se ubicaría el primitivo acceso al recinto fortificado. En este enclave, pero en 1974, el arqueólogo Manuel Bendala Galán había descubierto unos restos arquitectónicos de época medieval que él atribuía entonces a una antigua basílica paleo cristiana.
«No hemos encontrado la basílica que Manuel Bendala Galán pensaba que estaba en este entorno», ha dicho no obstante el arqueólogo director del Real Alcázar. Las ruinas más recientes halladas en el yacimiento, según Tabales, corresponden al viario público y los alzados de un barrio de la antigua medina islámica, restos datados estos últimos en el siglo XI después de Cristo. En resumen, para el equipo arqueológico el valor de los vestigios hallados en el Patio e Banderas es que los estratos muestran restos de la historia de Sevilla en un mismo lugar desde el siglo IX antes de Cristo hasta el siglo XXI de nuestra era.
Según las fuentes consultadas, en Sevilla se han tapado anteriormente restos arqueológicos de igual o superior valor a los hallados en el Patio de Banderas, en cuyas excavaciones no se ha encontrado material que suponga un gran gancho para los visitantes, como sería el caso de los mosaicos romanos bajo el mercado de la Encarnación, sino sólo muretes y segmentos estratigráficos que no suponen una justificación taxativa para la fuerte inversión proyectada, máxime cuando el Ayuntamiento ni siquiera ha conseguido todavía del Gobierno de la nación la cesión de la casa del Patio de Banderas donde instalar el centro de interpretación y conectarla mediante un túnel a cinco o seis metros de profundidad con la futurible cripta. Ello equivaldría a empezar la casa por el tejado.
la Pescadería y preservada a modo de cripta. Aunque se dijo en su momento que sería uno de los hitos turísticos para enlazar el Alcázar con las ruinas halladas bajo la Encarnación, lo cierto es que la cisterna ha acabado abandonada a su suerte y sólo se abre al público en contadas ocasiones, como alguna Noche en blanco por la cultura.
Si, pese a ser el propietario de esa maravilla de la orfebrería, el Ayuntamiento no está dispuesto a sufragar siquiera el 50% de una factura de 145.000 euros, más difícil sería para Zoido justificar un gasto en tiempos de crisis de 3,5 millones de euros (daría para poder exhibir durante 24 años el Tesoro del Carambolo y 48 años si el coste de la vigilancia lo paga a medias la Junta de Andalucía) que podrían tener un uso alternativo más rentable turística y culturalmente para la ciudad.
El debate patrimonial sobre el proyecto de cripta en el Patio de Banderas se ha producido justo una semana después del desalojo de la iglesia de San Roque por la rotura del cordón inferior de las cerchas metálicas que soportan las cubiertas y que implican el riesgo de un derrumbamiento inminente. Salvar San Roque cuesta 500.000 euros, siete veces menos que mostrar los restos hallados en el Patio de Banderas.
El alcalde se lamentó, no obstante, de que mientras el Ayuntamiento de Málaga ha sabido invertir en tiempos de bonanza económica, “nosotros estamos pagando aún proyectos de esa época, como las Setas o Fibes, que no se pueden destinar a uso museístico”. Zoido no desaprovechó la ocasión para culpar de nuevo a la Junta, de la que dijo “está aportando poco en Sevilla y mucho en Málaga”, y le pidió que desbloquee la construcción de un museo en las Atarazanas.
Cuando Zoido hizo este anuncio, las Setas de la Encarnación llevaban casi cinco años en obras, hasta el punto de que Monteseirín las inauguró ya casi acabadas el 27 de marzo de 2011 por aquello de que eran el icono de su último mandato, y el actual alcalde era consciente de las modificaciones presupuestarias que habían tenido que aprobarse en los Plenos municipales para rematarlas y que dispararon su coste a más de 100 millones de euros. Lo mismo cabe decir sobre las obras de Fibes. Por tanto, el alcalde no puede ahora llamarse a engaño sobre su promesa electoral de convertir el mercado de la Puerta de la Carne en el equivalente a un Pompidou, cuanto más de que albergara una sede del museo parisino. Esto denota una vez más la escasa seriedad de Zoido, por hacer promesas infundadas económicamente y por incumplir al menos el 70% del programa con que concurrió a las elecciones.
Y, sin embargo, ¿qué ha hecho el alcalde? Pues traicionar su programa electoral y en vez de invertir fondos municipales en la restauración, obrar al revés: privatizar el antiguo mercado de la Puerta de la Carne al sacarlo a concesión -tan sólo dos semanas antes de que Málaga anunciara el fichaje del Pompidou- para su reconversión en otro mercado gourmet y reservándose para usos culturales municipales tan sólo 200 m2 del espacio y únicamente durante 73 días del año. A eso ha quedado reducida la promesa de Zoido de un Pompidou sevillano, sin que haya influido nadie (¿o también va a echarle la culpa a la Junta de Andalucía?) en su decisión: ha preferido destinar el antiguo mercado a gastronomía para ricos en vez de al arte contemporáneo.
¿Y cuánto le cuesta traerse el Pompidou al Ayuntamiento de la Costa del Sol? Pues un millón de euros al año por un periodo de cinco, en concepto de canon, alquiler o como queramos llamarlo. Un millón de euros en una operación de esta envergadura, con los réditos que puede reportar a la ciudad al potenciar su ya amplia oferta museística (el Picasso y el Thyssen, entre otros), no es tan gravoso. Equivale al coste del alumbrado de Navidad de Sevilla más el de instalar en el Parque de los Príncipes la cubierta de la Copa Davis. Pero, claro, cada ciudad demuestra con sus obras y proyectos cuál es su modelo urbano y cuáles sus prioridades.
Contrastan las palabras de Zoido con las de Francisco de la Torre tras conocer las declaraciones de aquél: “Yo siempre me alegraré de cualquier avance en Granada, Sevilla o Córdoba, por decir alguna ciudad andaluza”. Antes eran los políticos sevillanos los que se mostraban con altura de miras hacia Málaga frente al victimismo de los malagueños y ahora empieza a ser al revés, lo cual no deja de ser significativo a la vez que preocupante.
Ahora que Zoido ha puesto de moda la Plaza de España con su petición de que sea Patrimonio de la Humanidad es cuestión de ver cómo en Sevilla se desprecia desde el paisaje (a la torre Pelli me remito) hasta los más pequeños detalles, al contrario que en otras urbes. El espectador que en París se coloque ante la pirámide del Louvre podrá observar perfectamente alineados, sin que rompa la maravillosa visión obstáculo alguno, los arcos del Carrusel, el Triunfo y la Defensa ¡a lo largo de 10 kilómetros!. En la Plaza de España, a Monteseirín (quién si no) se le ocurrió colocarle una estatua a Aníbal de forma tal que destroza la completa panorámica que del monumento se tenía a lo largo del eje que a través del Parque lo conecta con la Avenida de La Palmera. Y ya en ésta, un bloque blanco al fondo rompe el horizonte y la sensación de infinitud, como también rompe la visión que de la Puerta de Jerez se tenía desde el puente de San Telmo la marmórea fuente de los poetas, promovida asimismo por el anterior alcalde. La asignatura pendiente de Sevilla se llama perspectiva.
Las crónicas periodísticas de aquel día, que constan en las hemerotecas, recogen algunos párrafos de la perorata que el entonces alcalde dirigió a los miembros de su claque y a los curiosos allí presentes. Monteseirín, obviando la herencia de escándalos y de deuda multimillonaria (en torno a los 600 millones de euros) que dejaba a su futuro sucesor y a la ciudad, hizo un panegírico de su Gobierno, que era tanto como de sí mismo. Lo calificó como arriesgado e innovador, en contraste con el “inmovilismo que caracteriza -aseveró- a ciertos sectores de la ciudad”. Los críticos, claro era, con el Metropol Parasol y su descomunal coste económico.
Han pasado dos años y medio: 17 de septiembre de 2013. Quien habla es Juan Ignacio Zoido, sucesor de Monteseirín y otrora detractor tanto del Metropol Parasol -donde ahora ya no tiene empacho en que le hagan hasta un reportaje fotográfico- como de la torre Pelli.
Monteseirín habría podido emplear perfectamente las palabras de Zoido para defender las ‘Setas’ de la Encarnación, al igual que Zoido las de Monteseirín para defender ante los congresistas previamente seleccionados -y aun así se le coló algún que otro disidente- la torre Pelli. La diferencia sustancial es que mientras Monteseirín se mantuvo coherente con su discurso, Zoido ha acabado moviéndose hacia las posiciones de su rival y predecesor, hasta el punto de asumir su argumentario, prueba de su camaleonismo político en función de las circunstancias.