Los turcos estaban a punto de conquistar Constantinopla y los eruditos de Bizancio, en lugar de
pensar en cómo defenderse de sus sitiadores, perdían el tiempo discutiendo sobre el sexo de
los ángeles. España está sitiada por los mercados, en un sinvivir pendiente cada minuto de la
evolución de la prima de riesgo, con seis millones de parados y bajo la espada de Damocles de
una intervención, pero el PSOE de Sevilla se halla absorto y enfrascado en una cuestión
esencial que ha planteado Kiko Toscano tras la exhibición de músculo electoral en clave interna
de Villalobos: “si en la balanza pesa más la paja o el hierro”. Ser o no ser, esa era la cuestión
para Shakespeare. Paja o hierro, he aquí la cuestión para los socialistas sevillanos. El dilema
que deberán resolver los delegados al próximo congreso tras una meditación trascendental en
plan Maharisi Mahesh Yogi es vital para el futuro del socialismo patrio: ¿Qué pesa más, un kilo
de Toscano o un kilo de Villalobos?. Y, ¿qué verán los delegados: la paja o la viga (de hierro) en
el ojo de la corriente ajena?
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Prematuro
En la puesta en escena de Zoido escoltado por sus concejales había algo que no encajaba: las pantallas con la leyenda ‘1 año de GOBIERNO’. ¡Pero si era el 16 de mayo y Zoido no tomó posesión hasta el 11 de junio! Aún faltaba casi un mes. En puridad, lo más aproximado que se podía conmemorar era el aniversario de las municipales del 22 de mayo de 2011, las de la victoria por mayoría absolutísima. Pero, ¿desde cuándo se conmemoran unas elecciones? Me huelo que Zoido y sus asesores sacaron a toda prisa la parafernalia que estaban preparando para el 11-J e hicieron balance de once meses de gobierno en vez de los doce de rigor para que se hablara no del año ‘interruptus’ de Juan Ignacio, sino para que se dejara de hablar del fiasco de la ‘Operación Talento’. Como cuando Monteseirín sacaba a pasear la ampliación de la Carrera Oficial rodeando la Catedral por el Archivo de Indias o lanzaba lo de rematar la fachada plateresca del Ayuntamiento, para distraer así la atención del personal. Pura cortina de humo. Por eso Zoido ha soplado su primera vela antes de tiempo.
De (sin) a (sin)
Como si no hubiera ocurrido el escándalo de los enchufados en los Distritos; como si no hubiera habido una general reprobación social a su ocurrencia de la ‘Operación Talento’; como si hubiera cumplido su promesa de ser el ‘alcalde del empleo’ y no hubiera registrados más de 85.000 parados en Sevilla; como si no se hubiera descubierto que las cámaras del derogado Plan Centro seguían grabando a los incautos conductores; como si no se hubiera hecho el logotipo de la Davis recurriendo al ‘copia y pega’; como si no se hubiera plegado a Lipasam con el Plan de Ajuste para comprar así la paz social…. Como si no hubiera echado un solo borrón, el alcalde le ha puesto a su equipo -y por tanto a sí mismo- matrícula de honor en su primer año en el Ayuntamiento. Hombre, Juan Ignacio, has tenido aciertos, pero también alguna metedura de pata, ¿no? A ver si vamos a tener que decirte, pero por un argumentario inverso, lo mismo que Rajoy a Rosa Díez: “Menos mal que está usted, que es estupendo”. Del (sin) alcalde Monteseirín hemos pasado al (sin abuela) Zoido.
Guardacoches
Tras la dimisión de la directiva de Bami Unido por el acoso de los ‘gorrillas’ a su indefensa presidenta, cuyo caso puede ser el de cualquiera de nosotros algún día como en el poema de Bertolt Brecht, vuelven a aparecer distinciones entre guardacoches ilegales y legales. Ah, pero ¿acaso esta figura no es ilegal ‘per se’? Porque si es legal sobran los agentes de una Autoridad llamada Ayuntamiento que es incapaz de garantizar la libre circulación de los automovilistas por la vía pública y hemos vuelto a la ley de la jungla. ¿Por qué una misma acción es ilegal si la realiza un individuo de mala catadura y legal si la ejecuta otro uniformado ‘sui generis’ que te pone un recibo disfrazado de donativo en el parabrisas y dice estar amparado por un convenio con el Consistorio? Bastante tienen los sevillanos con pagarle el sello del coche a la Hacienda municipal para tener que sufrir además el ‘impuesto revolucionario’ de todo el que, con buenas o malas maneras, se le pone al pie de la carrocería. En materia de guardacoches también hay coacciones de cuello blanco.
Sin reflejos
Decididamente, Dios no llamó a Juan Espadas para ser líder de la Oposición municipal y
enfangarse los zapatos pateándose los barros y los barrios de Sevilla, sino para pisar moqueta
en los despachos de la Junta, ya que en caso contrario habría cogido la oportunidad al vuelo.
En la entrevista que Eduardo del Campo le ha hecho a mi exvecina y carismática exlíder vecinal
de Bami, Laura Baños, ésta declara: “Llevo un año pidiendo una señal para que no metan los
perros en el parque infantil; un año para que repongan un contenedor….”. Así se las pone Laura
a Espadas, para que éste hubiera saltado ‘ipso facto’ y hubiera dicho: “¿Que Zoido lleva un año
sin ponerle a usted una señal en el parque? En 24 horas se la pongo yo de mi bolsillo, me hago
la foto ante la prensa y dejo en evidencia al alcalde”. La señal de Bami, como su propio nombre
indica, podría ser para Espadas lo que para Zoido fue el banco de Bellavista: el inicio en plan
Mao de la larga marcha hacia el Poder, pero Juan no tiene clarividencia para ver estas señales
simbólicas, sino sólo para la macropolítica.
El soneto
Los ambientes académicos andan revueltos por una disputa arquitectónica que ha derivado en ataques entre dos bandos irreconciliables. En la Casa de los Pinelo comentan unos que los puñales literarios que vuelan por los aires son debidos a insalvables diferencias sobre la torre Pelli, mientras que otros aventuran que la enemistad obedece a la biblioteca del Prado, dependiente del alma máter sevillana donde prestan sus servicios algunos de los integrantes de estas dos corrientes estéticas y antitéticas. Muestra del combate intelectual es este soneto satírico, en la mejor tradición quevedesca del Siglo de Oro: “Quien fuera seminarista,/ de su dios desengañado,/ pretendiera mejor hado/ en el medro de arribista./ A la plata y a la usura/ no le es parca la afición;/ mas no triunfa en el salón,/ le faltan gracia y figura:/ es gordo como un bidón./ Tan menguada donosura/ a este menester no llama/ y por más culos que lama,/ al conservador o al progre/ gordo será siempre. Y pobre”. Se hacen cábalas sobre quién es el autor del epigrama y, sobre todo, de su destinatario.
Trato de favor
Zoido ha calculado a ojo de buen cubero que el Sevilla F. C. y el Real Betis le deben al Ayuntamiento unos cuatro millones de euros en tributos desde la era Monteseirín. Esta es otra de las herencias recibidas por el alcalde que pone una multa cada cuatro minutos a los conductores sevillanos pero que cuando se trata de aplicarle la ley a los dos clubes de fútbol se achanta. A Zoido se le ha escapado que negocia con los peloteros no sé qué de un beneficio mutuo en forma de imagen. Tate: esto quiere decir que no van a pasar por caja como todos nosotros, sino que van a hacer como que pagan en especie publicitando alguna ocurrencia municipal. Por ejemplo, eso de la ‘Operación Talento’ en las camisetas de Beñat y de Navas, y deuda saldada. Que yo sepa, a la hora de pagar el sello del coche o cualquier otro tributo a la Hacienda Local, a los sevillanos no les preguntan ni en la ventanilla de la Encarnación ni en la del banco lo mismo que tan cortésmente el alcalde a José María Del Nido y a Miguel Guillén: “¿cómo lo va a hacer, en efectivo o en derechos de imagen?”.
El parking
Al defender en el Pleno municipal el gran parking rotatorio en la Alameda, que Maximiliano Vílchez jura haber leído en el programa electoral del PP cuando estaba destinado en Cádiz sin que nadie más que él haya gozado de tan mística visión, Zoido declaró solemnemente que se hará “sin dar cabida a la especulación”. Es la primera vez que he oído la palabra “especulación” asociada a un aparcamiento. ¿Por qué dijo Zoido lo que dijo? ¿No resulta extraño? El gerente de Aussa, José Carlos Cabaleiro, no debió enterarse de la aseveración del alcalde, porque en el curso de una entrevista en Radio Sevilla calificó el futuro estacionamiento como “una oportunidad de negocio”. Aussa son las siglas de Aparcamientos Urbanos de Sevilla S. A., una empresa de mayoría municipal que, como su nombre indica, se dedica a la construcción y gestión de aparcamientos. ¿Lo van cogiendo? O sea, que el Ayuntamiento cambia el PGOU para hacer un parking que puede acabar siendo un gran negocio para una empresa del Ayuntamiento. A esto se le llamaría en mi pueblo ser juez y parte al mismo tiempo.
La operación ‘OT’ de Zoido
Zoido, que por la crisis ha recortado hasta en un 50% la aportación municipal a los festivales culturales y en más de un 75% a las salas y teatros, se gasta 23.000 euros en una ‘Operación Talento’ que es un ‘remake’ de la televisiva ‘Operación Triunfo’ y que abunda en el tópico de Sevilla como reserva folklórica de Occidente. ¿Esta es la imagen que de sí mismo y de Sevilla quiere proyectar Zoido en el exterior para ser noticia en los telediarios aparte de por los sucesos y los personajillos del corazón? ¿No hay otros talentos que promocionar en ámbitos fuera de la copla y el flamenquito como la ciencia, la medicina, la informática, el diseño, la ingeniería, las telecomunicaciones, la arquitectura, el arte, la biología, etcétera, y que ofrezcan otra cara de la Sevilla del siglo XXI, que conmemora el vigésimo aniversario de cuando fue capital del mundo con la Exposición Universal del 92? A Zoido, que no sé si ha tocado ya fondo con esta frivolidad o todavía es capaz de superarse a sí mismo, le pierde su vena populista, y su vena populista le hace perder el Norte.
Los Pinzón
En actos dedicados a la Expo se ha dicho que hubo un boicot inicial de Sevilla. Fue al revés, como bien ha recordado el exalcalde Uruñuela. Cuando en sus albores me encargaron coordinar un suplemento periodístico semanal sobre el evento y acudí a la Organizadora a contarle el proyecto y pedir apoyo, Chris Fisher, el inglés puesto por la multinacional norteamericana Burson Marsteller como supervisor de comunicación, intentó, para asombro del periódico, disuadirnos de hacer algo. Según él, el recinto de la Muestra no era más que un inmenso campo de obras allende el Guadalquivir que no tenía interés para la opinión pública salvo cuando el día inaugural (¡y para entonces faltaban cinco años!) se descorriera el telón como en un cine y nativos y turistas exclamaran un ¡oh! de admiración. Como alternativa, Fisher, totalmente en serio, me propuso que el periódico patrocinara entre los lectores un concurso con premios sobre los hermanos Pinzón, por ser andaluces y más desconocidos que Colón. La Expo de Pellón no quería luz y taquígrafos, sino manos libres en la Cartuja.