El rector de la Universidad Hispalense, Joaquín Luque, sigue respirando por la herida del suspenso sin paliativos que nos ha dado el Ministerio de Educación, Ciencia e Innovación al denegarnos la condición de campus de excelencia internacional. En su reciente informe a la comunidad universitaria subraya que el 50% de las subvenciones gubernamentales se las han llevado las universidades de Madrid y Barcelona, que presentaron proyectos conjuntos. He ahí el ‘quid’ de la cuestión, ya que otros centros andaluces que forjaron alianzas entre sí también se han beneficiado de la derrama de dinero oficial, pero en vez de respondernos a la enojosa cuestión de por qué la rivalidad entre la Hispalense y la UPO, como la futbolera del Sevilla y el Betis pero en el terreno educativo, se vuelve en contra de toda la ciudad, el rector denigra las bases de la convocatoria con el argumento de que obligan a un ‘show mediático’. ¿Hubiera dicho lo mismo si hubiera ganado? Esto suena a la fábula de la zorra y las uvas: para Sevilla, el racimo de la excelencia aún está verde.
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¿Hubo 11.000 vírgenes?
A raíz de las muchas novelas con el sexo como tema, Jardiel Poncela publicó una disparatada obra: “Pero….¿hubo alguna vez 11.000 vírgenes?”. La recuerdo cada vez que se dan grandes cifras: las tragamos sin cuestionarlas y con el tiempo se convierten en tópicos, como el millón de feriantes en el Real, equivalentes a meter toda Sevilla y casi media más en el campo de Los Remedios. Últimos ejemplos. Se publica que se han perdido por las obras municipales 14.000 empleos en el comercio, pese a que Aprocom “sólo” cuantifica 190 tiendas cerradas. De ser cierto, cada comercio emplearía una media de 73 personas. Salvo en los grandes almacenes –ninguno ha cerrado-, ¿han visto 73 dependientes en una tienda?. Otra más: se dice que con la nueva esclusa el Puerto pasará de 18.000 a 26.000 empleos. ¿Cómo contabilizamos, por ejemplo, a los operarios de los depósitos del combustible? ¿En el sector energético o en el portuario? Y los 13.754 empleados en Cartuja, ¿lo son de sus empresas o de Cartuja-93? Aquí aún seguimos dándoles vueltas a los mismos moros de Queipo.
Un tupido velo
No sé si habrá sido un pacto a la catalana o la creencia de que, como canta -¡y cómo canta!-, la última encuesta de la Junta, creemos vivir en el oasis andaluz o en el mundo feliz de Aldous Huxley , pero ha pasado inadvertida la estadística policial según la cual Sevilla y Málaga son, junto con Madrid y Baleares, las provincias más corruptas de España. En los últimos años, la Policía ha dado en Sevilla 24 golpes contra los delitos ‘de cuello blanco’, con 57 detenidos. Otrora, cuando se publicaban estas estadísticas por países, los más corruptos eran siempre las ‘repúblicas bananeras’, esos regímenes tercermundistas donde la única ley imperante para cualquier negocio era la de la ‘mordida’, sin necesidad de sofistificaciones como facturas falsas, ventas amañadas de suelo y demás. Y mira por dónde, cuando ahora se divulgan estadísticas nacionales, resulta que su equivalente español es Sevilla, de lo que se deduce que más que para la película ‘Knight and day’, de Tom Cruise, esto hubiera sido el escenario ideal para rodar la cinta ‘Bananas’, de Woody Allen.
El huevo y la gallina
Con motivo del primer vuelo del avión de transporte militar europeo, un periódico publica un reportaje sobre la plantilla internacional de Airbus en Sevilla, a la que califica como ‘los rostros desconocidos del A400M’. Pero no son ni el inglés, ni el francés, ni la alemana. La cara desconocida en verdad es la de Ana Palacio, la ministra de Exteriores de Aznar que consiguió en su día que Sevilla albergara la planta de ensamblaje del avión y trajo así riqueza, empleo y tecnología para los próximos 25 años. Con su proverbial torpeza, el PP ni siquiera fue capaz de rentabilizar políticamente aquel logro histórico, que pasó tan inadvertido como la propia ministra, menos popular que su hermana Loyola pese a haber sido hasta vicepresidenta de la Comisión Europea. Así pues, para rostro, el de quienes proclaman que el avión es la prueba del éxito de su apuesta por la aeronáutica o ponen pantallas en Plaza Nueva para chupar cámara. El A400M no es fruto de una política aeronáutica en Sevilla, sino al revés. Aquí primero fue la gallina y, luego, el huevo.
Los Diez Mandamientos
A raíz de los penúltimos escándalos –recuerden mi teoría de que con esta corporación nunca hay un último- que ponen el nombre de Sevilla en todos los telediarios salvo en los de Giralda Tv, el portavoz municipal del PP, Juan Ignacio Zoido, ha elaborado sus particulares ‘Diez Mandamientos’ para garantizar la transparencia en la gestión y contrarrestar el ocultismo actual que, dice, propicia la corrupción y dificulta que salga a la luz. Ya he recortado el Decálogo para, si Zoido es un día alcalde, situarme metafóricamente a su vera y exigirle su observancia, como Roma ponía en la cuadriga del césar a un ciudadano para recordarle entre los vítores de la plebe que no olvidara que era mortal. Suscribo de ‘pe’ a ‘pa’ las Tablas de la Ley zoidianas, como eso de darle siempre un puesto a la Oposición, y cualquier papel en siete días, al igual que se publiquen en Internet todas las retribuciones. Me he metido en la ‘web’ municipal, pero no he visto que Zoido haya colgado los dineros que gana “por todos los conceptos”. La transparencia empieza por uno mismo.
La otra ley de dependencia
El grupo Noga pierde el negocio que podría haber hecho con los suelos de Mercasevilla pese a que su oferta de compra superaba en 62 millones de euros a la de Sando. Sin embargo, cuando la juez Alaya pregunta a su representante por qué ni formó un escándalo ni presentó un recurso, éste, para sorpresa general, contesta: “No tuvimos la percepción de haber sufrido ningún perjuicio”. La juez, con su perspicacia habitual, inquiere: si Noga no alzó la voz ¿fue por temor a represalias municipales, dados sus muchos intereses en la ciudad?. Obviamente, la víctima del concurso de Mercasevilla lo niega todo, pero en el ambiente flota que su señoría ha dado en el clavo. ¿Quiere más pistas? Dragados no es que perdiera un concurso: Monteseirín le quitó directamente por el procedimiento del tirón la obra en marcha del edificio de Moneo en el Prado en 1999. Le exigió 5 millones ante el Juzgado Nº 5 de lo Contencioso, pero el año pasado retiró la demanda sin más, conforme a una ley no escrita: quien pleitea contra una Administración que se despida de nuevos contratos.
El reloj de Sevilla
Tras su traslado a la Pirotecnia, Derecho ha abandonado las caracolas que se instalaron en los jardines de San Telmo como aulas provisionales. Pero va el Ayuntamiento y convenia con la Hispalense su cesión por 30 años, a fin de alojar en ellas dependencias municipales, además de darles otros usos genéricos que tenga por conveniente. La oposición se escandaliza, recuerda que el PGOU preveía su supresión y denuncia que el Consistorio vulnera la norma urbanística suprema de Sevilla. ¿Escandalizarse? ¿Por qué? ¡Si esto es lo normal entre nosotros! Somos expertos en arquitecturas efímeras y en provisionalidades permanentes. ¿Acaso no eran temporales las caracolas de Pellón para el 92 y siguen ahí? El Metro ha tardado 30 años en hacerse; el solar de la Encarnación ha estado 30 años vacío; el Prado hasta su conversión en jardín, otro tanto. El traslado de la Feria, la Ciudad de la Justicia, el acuario de Delicias, el ‘botellódromo’…todo va en la misma línea de las caracolas universitarias, porque 30 años es la unidad de medida de los retrasos en Sevilla.
Los duendes municipales
El penúltimo escándalo municipal es el del examen para 116 plazas de auxiliar administrativo. Tras esperar cuatro años a la convocatoria, los 7.233 aspirantes no saben si tendrán que repetirlo, por las irregularidades detectadas y la impugnación presentada por el sindicato CSIF. Se denuncia que la prueba no se ajustaba a las funciones de los puestos a cubrir; que no se inició al mismo tiempo en todas las aulas, por lo que pudo haber chivatazos o desigualdad a la hora de pensar en la solución a los tests; que se obligó a hacerla con lápiz, fácilmente borrable ‘a posteriori’; que los impresos no iban dentro de sobres lacrados y que en una de las salas se entregaron cuestionarios con las respuestas marcadas en 12 preguntas. El Ayuntamiento niega el tongo y alega que si había respuestas marcadas fue ¡por un error de la máquina fotocopiadora! Como si la máquina, en vez de fotografiar el papel que le ponen encima, escribiera sobre él. Los periodistas nos amparábamos en los duendes de la imprenta; el Ayuntamiento se inventa ahora los duendes de las copisterías.
El burro y el trigo
En la Andalucía profunda se recuerda la historia del burro y el trigo. Un labriego observó cómo el asno de otro invadía sus campos, y exclamó: “¡Eh, oiga, ese burro está en mi cercado!”. “Pero, ¡si está capado!”, respondió el aludido. Réplica del afectado: “¿Y qué tienen que ver los c…. con el trigo?”. Al director de Mercasevilla, Jordi Maymó, le han grabado proponiendo a un mayorista que declarara oficialmente haber comprado parte de un puesto por 20.000 euros, cuando su coste era de 50.000. Mercasevilla habría ingresado así 6.000 euros por traspaso en vez de los 15.000 que le habrían correspondido si no se hubiera pagado con dinero negro parte de la operación. Tras ser pillado, Maymó ha salido como el del burro: “Pero, ¡si me han grabado sin mi consentimiento!”. ¿Acaso grabaron con su permiso a Mellet y compañía los hosteleros de La Raza cuando les pedían comisiones ilegales? La cuestión es si Mercasevilla puede confiar en un director que en vez de dar ejemplo propone irregularidades cuando piensa que nadie le oye y que habla ‘off the record’.
Desmemoria histórica
En sus bien temperadas declaraciones, como el clave de Bach, el exalcalde Manuel Del Valle abogaba por la llegada de la ‘desmemoria histórica’. No hace falta que venga. En realidad la amnesia ante el mérito mora aquí desde siempre. La muerte de Manuel Prado y Colón de Carval nos recuerda, paradójicamente, cómo habitaron en cernudiano olvido entre nosotros quienes en tiempos consagraron sus mejores esfuerzos a engrandecer a esta Sevilla ingrata sin haber gozado aún en vida del reconocimiento debido a sus logros. Ahora se ha ido en silencio y soledades el artífice diplomático de la Expo-92. Loas a destiempo. Antes lo hizo Pierre Chaunu, el gran historiador de la Sevilla atlántica. En medio, Vjekoslav Sutej, el director fundador de la Real Orquesta Sinfónica. ¿Quién será mañana? Ecuatoriano, francés y croata, estos foráneos, como tantos otros, cayeron rendidos ante una ciudad que creyeron suya sin saber que ella sólo tiene ojos para mirarse a sí misma en el plateado espejo del Guadalquivir. Sevilla es otro Saturno que acaba devorando a sus hijos adoptivos.