Aunque en el último Pleno Zoido dio otro de sus típicos bandazos, similar al que protagonizó con la torre Pelli (de detractor a defensor) y se sumó al PSOE e IU para, en línea con la Junta, exigirle a La Caixa que reconsidere su decisión de trasladar el Caixafórum al rascacielos de la Cartuja y lo mantenga en las Atarazanas, en el fondo el alcalde no cree que la entidad catalana, con la que confiesa tener hilo directo, dé su brazo a torcer.
Por éso, en previsión de que las ‘cumbres’ que por separado mantendrán con La Caixa el próximo miércoles tanto la Consejería de Cultura como el propio Ayuntamiento acaben en sendos fracasos, el alcalde ya ha anticipado que su alternativa para los antiguos astilleros medievales sería un museo de América o un museo de la Navegación.
LA TORRE DEL ORO
Quizás muchos sevillanos no sepan que la Torre del Oro es un museo naval, acorde con su historia como torreón adelantado de las murallas del Alcázar, para la defensa tanto del conjunto palaciego como del puerto y del puente de barcas en la Sevilla islámica.
Cuatro meses antes de que estallara la guerra civil, el Ministerio de Marina acordó su conversión en un Museo Marítimo que, por las vicisitudes del conflicto bélico y las penurias de la posguerra, no pudo abrirse hasta 1944, en un acto que inspiró a Julio Guillén, secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia, estas palabras: “La Torre del Oro, el rasgo más característico de Sevilla, ha dejado de ser una caracola vacía y abandonada junto al río; y este museo que inauguramos, pequeño y modesto en dimensiones materiales, le dará nuevas sonoridades”.
Aunque relativamente pequeño, la suma de estancias permite una superficie expositiva de unos 600 m2, y en verdad aquí se cumple el tópico del marco incomparable, tanto por la originalidad y belleza de la torre como por su ubicación al borde del Guadalquivir. Cartas náuticas, brújulas, mascarones de proa, maquetas de barcos y otros fondos dan vida a este museo naval desde hace 68 años, aunque Sevilla no sea muy consciente de su existencia.
LA EXPO-92
Cuando la XCIII Asamblea de la Oficina Internacional de Exposiciones acordó el 15 de junio de 1983 adjudicar a Sevilla (de forma compartida con Chicago, aunque luego la ciudad americana renunció) la organización de la Exposición Universal de 1992, las Administraciones Públicas epañolas tuvieron nueve años por delante para haber decidido rehabilitar las Atarazanas y convertirlas en el museo/pabellón de la Navegación de la Muestra como reclamo, además, de la ciudad para los visitantes que se concentrarían en el recinto de la isla de la Cartuja.
Sin embargo, se acordó construir un pabellón de la Navegación de nueva planta también al borde del río y obra, casualmente, del mismo arquitecto redactor del controvertido proyecto del Caixafórum en las Atarazanas: Guillermo Vázquez Consuegra.
Por su forma de quilla de barco invertida y la profusa utilización de madera, con grandes vigas curvadas de este noble material natural, el pabellón de la Navegación de la Expo-92 remitía y remite automáticamente al espectador al mundo marítimo, al margen de los contenidos expositivos que albergó durante la Muestra.
DISEÑO ‘AD HOC’
Calificado como ‘el pabellón 10’ de la Exposición, fue uno de los de mayor éxito, ya que recibió 2.122.461 visitas en los 180 días que duró el evento. El presupuesto inicial de construcción sólo del edificio fue el equivalente a 9,3 millones de euros de hoy, cifra que con las típicas actualizaciones, mejoras y demás y con la adición de contenidos se habría triplicado o incluso cuadruplicado finalmente.
La superficie de la parcela supera los 14.000 m2, el doble que la planta de las Atarazanas; la superficie construida es superior a 16.000 m2, con una altura máxima de 20 metros, y dispone de una zona sólo para exposiciones de 7.600 m2, al margen de los amplios talleres, almacenes, oficinas e instalaciones. Es, pues, un edificio con prestaciones para museo de la Navegación muy superiores a las que ‘a priori’ pudieran obtenerse de la adaptación de las Atarazanas, aunque, obviamente, sin su valor histórico y su entorno monumental.
Y un dato muy significativo para el tema que nos ocupa: según el Colegio de Arquitectos, Vázquez Consuegra definió el edificio en la memoria del proyecto como “flexible en su espacialidad”, pensando en su transformación cuando acabara la Expo en el futuro Museo Marítimo de Sevilla.
INVERSIÓN EN PLENA CRISIS
Como se recordará, Agesa ha invertido en plena crisis económica más de 11 millones de euros en remodelar el pabellón, bajo la dirección del propio Vázquez Consuegra, y en dotarlo de nuevos contenidos, que han sido realizados por la multipremiada empresa sevillana GPD, la misma que le ha diseñado a Zoido los ‘mappings’ o proyecciones tridimensionales navideñas sobre la fachada de las Casas Consistoriales. El pabellón modernizado se reabrió el pasado 2 de enero, en este año del XX aniversario de la Expo.
Así pues, Sevilla tiene dos museos navales, marítimos, de la navegación o como queramos llamarlos, uno desde hace 66 años en la Torre del Oro, y otro desde hace 20 en la Cartuja y en el que, en dos fases, se han podido invertir entre 30 y 40 millones de euros.
Y, sin embargo, Zoido propone ahora un tercer museo de la Navegación en las Atarazanas. Hasta ahora sólo se conocían casos de museos duplicados sobre la misma temática en Berlín, por aquello de la división de la ciudad tras la II Guerra Mundial, pero podemos acabar superando a la capital alemana con tres Museos de la Navegación…… además de con tres estadios para tan sólo dos equipos de fútbol.
Y es que Sevilla es un caso especial.
Dice el portavoz municipal socialista, Juan Espadas, en el Foro de El Mundo que el problema del traslado del Caixafórum de Vázquez Consuegra desde las Atarazanas a la torre Pelli es que, previamente, La Caixa había firmado un contrato con la Junta de Andalucía y que los contratos están para cumplirlos: igual que la entidad financiera le pide a sus clientes que paguen la hipoteca en vez de la dación en pago, el Ayuntamiento no debería admitir que salga corriendo. Omite Espadas un detalle sustancial: no sólo ha salido corriendo, sino que en el mismo acto de poner los pies en polvorosa tras haber dispuesto de los antiguos astilleros medievales durante tres años le exigieron al consejero de Cultura, Luciano Alonso, la devolución de los 750.000 euros que había depositado como fianza por la rehabilitación que se había comprometido a realizar y que ni siquiera ha iniciado. O sea, que mientras La Caixa exige, según Espadas, que sus clientes le paguen la letra del piso y no admite su dación en pago, para ella misma se inventa en el caso de las Atarazanas la dación sin pago.
Y es que Zoido había percibido a lo largo de las dos semanas y media transcurridas desde que se hizo aquella foto con los directivos de la entidad catalana en el Ayuntamiento, que había acabado navegando en sentido contrario a aquel en que iban la mayoría de los sevillanos en este asunto, a tenor de la reacción generalizada de indignación, expresada en las redes sociales y en y por los medios de comunicación locales, donde no se han ahorrado críticas a la pasividad, cuando no presunta complicidad, del Consistorio para propiciar la ‘solución’ del rascacielos de la Cartuja en detrimento de las Atarazanas.
El alcalde dice ahora que no tiene que arrepentirse de sonreír en una fotografía “con unos señores que dijeron que iban a ratificar convenios con el Ayuntamiento de Sevilla de carácter social, contando con cinco millones para estos fines además de un plan especial de empleo para personas desfavorecidas, algo a lo que añadieron que el Caixafórum en Sevilla no peligraba, aunque alguien de manera interesada hablaba de que podía irse a otra ciudad”.
Asumir los 5 millones para programas sociales como una compensación a Sevilla por el traslado del Caixafórum a la torre Pelli, como se ha interpretado desde el entorno del alcalde, sería un gran error político por parte de Zoido. Primero, porque este tipo de programas de la Obra Social de La Caixa ya existen desde hace tiempo, de forma independiente y sin necesidad de vincular la asignación del dinero a ningún otro proyecto de la entidad. Es, por ejemplo, el caso de los 102 pisos al final de la calle Torneo que La Caixa ha alquilado con rentas inferiores a las de una vivienda de protección oficial (VPO), con contratos de cinco años prorrogables y posibilidad de compra para sus inquilinos al cabo de cinco lustros, siempre que los adjudicatarios no tengan ingresos superiores a 4,5 veces el IPREM.
La hemeroteca es la prueba del algodón, el suero de la verdad que deja en evidencia a los políticos. Titulares de la prensa sevillana del día 7 de noviembre: Zoido dice que el Caixafórum de Sevilla no peligra; que Málaga, como siempre, que reivindique lo que le parezca y que no hay otro enclave igual a las Atarazanas para desarrollar el Caixafórum. Cuenta del alcalde en Twitter tan sólo unos días después: “Hemos cerrado el acuerdo con La Caixa para que el Caixafórum se quede en Sevilla hoy y se instale en la torre Pelli”. Mensaje subliminal: he salvado el Caixafórum para Sevilla aceptando el sacrificio de reubicarlo en el rascacielos. ¿Pues no decía que no peligraba? Pero, como es de dominio público, el acuerdo para instalar el Caixafórum en Sevilla, o sea en las Atarazanas y no la torre Pelli, lo cerró la Junta con La Caixa hace más de tres años, no el alcalde. Lo dicho: Zoido ha pasado de amenazar con tumbar la torre Pelli a defenderla ante la Unesco y, ahora, a darle su aval como sede del Caixafórum. Hay conversos mayores aún que San Pablo camino de Damasco.
Desde hace años, grandes fundaciones y museos abren franquicias en otras ciudades. El caso más conocido entre nosotros es el de la Fundación Solomon R. Guggenheim, con cuya autorización se inauguró en 1997 en Bilbao uno de los museos Guggenheim repartidos por el mundo. El bilbaíno, extraordinaria obra de titanio, vidrio y piedra caliza andaluza diseñada por Frank O. Gehry, se convirtió de inmediato en el icono de la ciudad, la puso en el mapa internacional y ha tenido un enorme impacto económico al atraer una media superior al millón de visitantes/año.
Y por la reforma del museo Van Gogh, también albergará, hasta abril de 2013, la exposición permanente (unas 75 telas) del gran artista que murió, según las últimas investigaciones, a manos de dos mozalbetes -no por suicidio- y sin haber vendido un solo cuadro en su vida.
Los promotores privados dicen tener un Plan de Negocio y que las cuentas les salen: “La oferta paralela a la artística -comenta Ujo Pallarés- será la misma que en cualquier museo económicamente rentable. Habrá una tienda, una cafetería, un restaurante popular y otro más elitista dirigido por un gran cocinero. ‘Golondrinas’ (barcos turísticos) que lo conectarán con las otras zonas del puerto, y visitas privadas y nocturnas….El Prado factura el doble con la tienda que por la venta de entradas, y hay museos como el Dalí que son muy rentables”.
Zoido se ha explayado diciendo por activa y por pasiva que el Ayuntamiento nada tiene que ver con la renuncia de La Caixa a instalar el Caixafórum en las Atarazanas porque ese proyecto se convino entre la Junta de Andalucía y la entidad catalana, por lo que es el Gobierno autónomo quien debe mirar el convenio con lupa y tomar las decisiones que tenga que tomar. Si el Ayuntamiento no tiene arte ni parte en este proyecto, salvo en su tramitación urbanística, ¿por qué entonces el alcalde recibió en el Ayuntamiento a los directivos de La Caixa que fueron a comunicarle su abandono de los antiguos astilleros, calificó su decisión como día grande para Sevilla y se hizo la foto triunfal con ellos, en plan baloncestístico, cuando conforme a sus actuales palabras lo procedente habría sido decirles que se habían equivocado de puerta y haberles dado la dirección de la Consejería de Cultura? Tras haber chupado cámara y aparentado ser el salvador del Caixafórum, a la vista de la gran cantidad de reacciones opuestas, Zoido trata ahora de lavarse las manos en plan Pilatos.
Cuentan las crónicas periodísticas que Zoido, “preocupado” tras la espantá, por él mismo propiciada, de La Caixa al llevarse de las Atarazanas su Caixafórum a la torre Pelli, ha recurrido, como hacer suele en las grandes ocasiones o en los momentos de crisis, a escribirle una carta al consejero de Cultura, para ofrecerle su colaboración. La iniciativa del alcalde de Sevilla me recuerda a aquella llamada que en el franquismo le hizo el ministro de la Gobernación (el equivalente hoy al de Interior) al embajador de la Gran Bretaña, a cuenta de una gran manifestación que en protesta por la ocupación de Gibraltar se estaba desarrollando delante de la legación, en Madrid. “¿Le envío más policías, señor embajador?”, le inquirió el responsable del orden público. Respuesta del representante diplomático de Su Graciosa Majestad: “Me basta con que no me envíe más manifestantes, señor ministro”. Ante la oferta de colaboración de Zoido, Luciano Alonso, consejero de Cultura, bien podría contestarle: “Me basta con que no me ponga más obstáculos urbanísticos, señor alcalde”.
Sobre el proyecto de Vázquez Consuegra para las Atarazanas y sobre la figura del propio arquitecto se ha dicho de todo, tanto a favor como en contra. Los conservacionistas y la Fundación Atarazanas se han opuesto a su diseño de Caixafórum por entender que suponía la adulteración del monumento, y al final Zoido, de forma más o menos explícita, ha hecho suyo este argumento cuando dijo durante la polémica con Málaga que el proyecto “podía tener correcciones que no pusieran en peligro ni el monumento ni su entorno, declarado Patrimonio de la Humanidad”, como dando a entender que había una exigencia de modificación por parte de la Unesco tras la controversia por el rascacielos de la Cartuja.
Recordemos brevemente la génesis del proyecto. Las Atarazanas estaban en manos del Ejército, que había levantado sobre sus cubiertas durante el siglo pasado una serie de instalaciones militares, cuando la Junta se las compró por algo más de 3,7 millones de euros hace una veintena de años. El Gobierno andaluz había invertido 8 millones de euros en su rehabilitación -cantidad manifiestamente insuficiente, habida cuenta la magnitud del edificio, de 7.200 m2 de planta- hasta que La Caixa, en su política de implantación en Andalucía y Sevilla frente a las Cajas sevillanas (El Monte y Caja San Fernando, unidas luego en Cajasol), se interesó por el inmueble para ubicar en el mismo un Caixafórum, a modo de escaparate de su Obra Social y Cultural. Hasta tal punto tuvo interés la entidad catalana, que la Junta modificó la ley para poder ampliarle el plazo de concesión: de 50 a 75 años.
Vázquez Consuegra. El arquitecto redactor del PGOU de Sevilla, el jerezano Miguel Angel González Fustegueras, había introducido en el Plan General un mecanismo de salvaguarda para los bienes de interés cultural (BIC), con el fin de que cualquier intervención en los mismos contara siempre con la aprobación de la Junta de Andalucía a través de la Comisión de Patrimonio. Ese mecanismo era el Plan Especial. Sin embargo, en la práctica, el Consistorio no venía exigiéndolo si comprobaba que la Junta autorizaba previamente los proyectos de rehabilitación de los BIC, como ha ocurrido con las intervenciones en el castillo de San Jorge y los conventos de Santa Paula y de las Teresas, entre otros ejemplos.
tramitación de la licencia de obras “sin necesidad de redactar y tramitar un nuevo documento de planeamiento”. Es, pues, con el gobierno de Zoido cuando se ratifica que no hay necesidad de Plan Especial para otorgar la licencia al Caixafórum en las Atarazanas. Y gracias a este documento, el Colegio de Arquitectos da su visado al proyecto de Vázquez Consuegra.
Y, por otra parte, el 26 de marzo de 2012 La Caixa compra Banca Cívica, y con ella Cajasol y todos sus activos -incluida la faraónica torre Pelli- por 977 millones de euros. La entidad catalana ya no necesita gastarse 25 millones de euros en las Atarazanas, más 300 millones en los próximos 75 años, para disponer de un escaparate ante Sevilla, porque Sevilla toda es ya territorio conquistado comercialmente con la absorción de su hasta entonces rival local, Cajasol.
La nueva ofensiva del alcalde malagueño ante La Caixa para conseguir que instale un CaixaFórum en su ciudad ha coincidido con la paralización que sufre en Sevilla el proyecto diseñado por Vázquez Consuegra para las Atarazanas, tras el cambio de criterio (acertado, según exponía el ex alcalde socialista Manuel del Valle ) del Ayuntamiento hispalense con su nueva exigencia de redacción de un Plan Especial como condición ‘sine qua non’ para otorgar la licencia urbanística. Zoido teme que la Unesco, que a duras penas ha admitido la torre Pelli, pudiera retirar el título de Patrimonio de la Humanidad si el CaixaFórum acaba afectando visualmente de algún modo a la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar.
“La colección española es muy extensa -declaró a finales de aquel año- y hay suficientes obras como para llevar a cabo tres museos” (uno en San Feliú de Guixols y dos más, en Sevilla y Málaga). Hasta llegó a hablarse de una visita de incógnito de la baronesa a Sevilla para evaluar personalmente los pabellones ofrecidos por Monteseirín e incluso otros espacios alternativos previamente inspeccionados por expertos de su confianza. En diciembre de 2007, la entonces delegada municipal de Cultura, Maribel Montaño, declaró: “la baronesa tiene todo el interés del mundo en este proyecto y, por lo tanto, vamos a hacer realidad que su colección andaluza de pintura venga a Sevilla”.
Y es que mientras en Sevilla esperaban sentados a que la baronesa acabara de deshojar la margarita del pabellón del 29 de su gusto, el alcalde malagueño se llevó a Carmen Cervera a que conociera las obras de restauración que estaba acometiendo en el Palacio Villalón, que le había ofrecido como sede para su museo, y además compró varias fincas aledañas para agregarlas al mismo y ampliar hasta 7.000 m2 la superficie expositiva.
Ahora que La Caixa ha hecho las paces con la Fundación Atarazanas, única voz disonante junto a la de los conservacionistas llaneros solitarios con el proyecto de restauración/alteración (a elegir según el criterio de cada uno) de Vázquez Consuegra para el astillero medieval, ¿adivinan cuál puede ser la primera exposición en el futuro Caixafórum de Sevilla? Una pista: la caja catalana inaugura en Barcelona, para su posterior gira por España, la muestra ‘Torres y rascacielos. De Babel a Dubái’. ¡Qué (in) oportuno, ahora que por el rascacielos de la Cartuja peligra el título de Sevilla como Patrimonio de la Humanidad! Un tema, como se ve, de la máxima actualidad. Acaso será, imagino, para festejar la absorción de Banca Cívica, por lo que cuando llegue aquí a lo mejor se adapta el título a la realidad autóctona y la muestra se llama ‘De Babel a torre Cajasol, alias Pelli’. Quienes creyeron que con la compra de Cívica Caixabank iba a paralizar el rascacielos deberían atenerse a la famosa inscripción que colocó Dante en La Divina Comedia: ‘Abandonad toda esperanza’.