La celebración de la final de la Copa Davis de tenis en Sevilla ha sido históricamente un gran éxito para el deporte español, porque nuestra Selección ha ganado la popularmente conocida como ensaladera, pero una ruina para el Ayuntamiento de la ciudad, tanto por el déficit generado por el evento como con la odisea posterior con la cubierta bajo la cual se disputó: la primera fue expoliada y fue causa hasta de una crisis política en el Consistorio y la segunda cumplirá al menos cuatro años almacenadas en los bajos del estadio de la Cartuja.
La Junta de Gobierno de la Corporación Municipal se ha visto obligada a adjudicar de nuevo a la sociedad gestora del estadio (Estadio de la Cartuja de Sevilla S. A.) un contrato de 4.025,17 euros (más 845,28 euros de IVA) por mantener almacenada durante otros cinco meses la cubierta bajo la que se disputó la final en diciembre de 2011, en la que España se impuso a Argentina por 3-1 y ya no hubo necesidad de disputar el último partido.
Según los informes recabados por la Delegación municipal de Hacienda, debido a su gran tamaño la cubierta permanece almacenada en los bajos del estadio porque supondría un gasto mayor para el Ayuntamiento su traslado a un inmueble de propiedad municipal que el arrendamiento de su actual ubicación.
La otra razón, aunque no se explicita, es la de la seguridad tras el enorme escándalo político que supuso el expolio de la cubierta anterior al haber sido abandonada a su suerte tras ser depositada en unos terrenos abiertos y sin vigilancia.

Con este contrato por cinco meses más, la cubierta acumulará cuatro años arrumbada en un almacén del estadio, con un coste estimado de casi 10.000 euros anuales, por lo que la suma de la factura en estos cuatro años ascenderá a unos 40.000.
La cubierta fue comprada por el gobierno local durante el mandato de Juan Ignacio Zoido como alcalde con el argumento de que sería más barato quedársela al coste de 429.025 euros (aunque se dieron varias cifras), incluyendo el montaje y desmontaje, para su posterior reutilización en la ciudad que alquilarla para los escasos días de la final tenística a cambio de unos 600.000 euros (también se dieron otras cifras).
Sin embargo, Zoido concluyó su mandato de cuatro años dejando la estructura en los bajos del mismo estadio de la Cartuja que albergó la final porque nunca acabó de concretar su uso alternativo.
La anterior corporación estudió la posibilidad de reinstalarla en terrenos deportivos del Charco de la Pava, Hytasa, Parque Amate, Parque de los Príncipes, Los Bermejales, distritos Norte y distrito Este, pero no acabó de materializar propuesta alguna.
Al coste del almacenamiento durante cuatro años hay que añadir el déficit generado por el evento deportivo en las arcas municipales, que ascendió a casi un millón de euros.
A José Luis Rodríguez Zapatero le empieza a pasar con el ‘Estatut’ de Autonomía de Cataluña lo mismo que a Alejandro Rojas Marcos con el estadio pseudo Olímpico de la Cartuja: todos los partidos votaron en el Ayuntamiento de Sevilla y en la Diputación Provincial a favor del faraónico proyecto, pero a la hora de presentar ante la opinión pública la escandalosa factura, equivalente a la de las Setas, le cargaron el mochuelo exclusivamente a él. Susana Díaz, en plan lanzada al moro muerto, ha despotricado en su puesta de largo en Madrid (en presencia de una amplia claque juntera, expresamente desplazada en AVE y con hotel incluido a la capital del Reino para arropar a la presidenta) contra el ‘error Zapatero’ con el Estatut catalán. Ha recibido loas generales de una clase política que olvida que cuando ella era diputada nacional del PSOE votó dos veces en las Cortes Generales a favor del texto avalado por el ya expresidente, de quien se proclamaba heredera política pero del que ha renegado antes de que el gallo cantara tres veces al alba. Desmemoria histórica.


