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El riesgo define al empresario

Cristina Hoyos pone en venta por 6 millones el Museo del Baile Flamenco al incumplirse las expectativas y hundirse el número de visitas. Su entorno se indigna por la polémica creada sobre si debe devolver el millón de euros recibido en subvenciones -es obvio, si se incumple el objetivo cultural que las justificaron-, califica el proyecto de “regalo” a la ciudad y lamenta que papá Estado y mamá Junta no acudan ahora como el Séptimo de Caballería en su rescate. Aplaudo a Cristina por su iniciativa en esta ciudad huérfana de ellas y por haber invertido varios millones de su bolsillo en el museo, que no puede ser tildado de regalo a Sevilla cuando cobra la entrada a 10 euros por barba, pero pasar de bailaora orgánica del PSOE -iba en la lista electoral de Monteseirín en las municipales- a empresaria implica también el riesgo de arruinarse. Volvamos la oración por pasiva: si el museo hubiera sido una mina de oro ¿acaso la bailaora habría compartido los beneficios con esas dadivosas Administraciones cuyo auxilio ahora se implora?

Dime de lo que presumes…

Tan sólo unos días después de que con su falsa humildad habitual el alcalde proclamara que se daba por bien pagado si en el futuro se le recordara por su honradez, el Tribunal Supremo le ha ratificado una multa por infringir la ley durante las elecciones generales y autonómicas. Decíamos que honradez no era sólo no meter la mano en la caja, sino ser íntegro en todas las circunstancias, y esta condena, por simbólica que sea la sanción (300 euros), es reveladora de las prácticas tramposas del tándem M&M: Monteseirín & Marchena. El alcalde ha tratado de hacerse el loco ante el tribunal diciendo que él no sabía que su valido, al que colocó al frente de la AIE-Emasesa para que cerrara y abriera grifos propagandísticos y controlara cloacas informativas, buzoneó 100.000 revistas de autobombo municipal y con fotos y artículos alfredianos  incluso en el mismo día de las elecciones. Pero no coló: hasta la Justicia sabe que Marchena es el alter ego de Monteseirín y que lo que él ata desde la AIE atado queda en el Ayuntamiento. Dime, Alfredo, de lo que presumes……

Dos tazas de modernidad

El alcalde apareció en la prensa sonriente o incluso aplaudiendo el cartel de las Fiestas de Primavera. Dijo en el salón Colón que en Sevilla no las celebramos para que la gente venga a vernos desde fuera, sino que son para nosotros mismos. Cabría entonces recordarle a Monteseirín por qué pidió en su día a los sevillanos que el jueves de Feria se largaran de una vez a la playa y les dejaran a los turistas su sitio en el real.Y calificó el cartel de milagro y de reflejo simbólico de las cosas que hacemos y de las muchas que amamos. La pintura muestra a la difunta tonadillera Juanita Reina vestida para el Jueves Santo con una sobrina nieta de amazona y a la duquesa de Alba vestida de Feria junto a su hija con túnica de Los Gitanos. Josep Renau, el pintor valenciano, acuñó aquello de que el cartel es ‘un grito pegado a la pared’. El cartel de este año, pues, grita el reflejo simbólico de la Sevilla de Monteseirín. Osea, que si no queríamos estatua de la duquesa en los Jardines de Cristina, ahora tenemos doble ración de ‘modernidad’  según el alcalde.

Dos horas menos en Sevilla

Un periódico publica un suelto con la aparente noticia de que el tranvía dejará de funcionar las dos últimas horas hasta el día 26 debido a tareas de mantenimiento.  Digo noticia aparente porque sigo a diario el ‘Metrocentro’ tras las vacaciones y ésta es la norma y no la excepción. No falla casi nunca. En las pantallas aparece el mensajito de que por razones técnicas el servicio se interrumpe a las 24 horas en vez de a las 2 de la madrugada. Así lleva ¡tres meses ya! ¿Cómo es posible que al cabo de dos años de funcionamiento haya tantos problemas técnicos cuando el convoy iba como un reloj y concluía el servicio a la hora programada? Me huelo de que se trata de una estratagema para recortar ‘de facto’ el servicio dos horas y ahorrarse desde la electricidad hasta los pluses del personal. Total, serán tan escasos los usuarios noctámbulos que pocos habrán protestado. Así que cuando en la pantalla sale el mensajito, yo lo reinterpreto a mi manera: “Por razones económicas del ‘agujero’ municipal se le mete un tijeretazo de dos horas al tren de Monteseirín”.

Realidad que supera a la ficción

El Trío de Capilla (Javier Rubio, Sebastián Torres y Juan Miguel Vega) imaginó en su último diálogo irreverente la siguiente situación: “Pleno municipal. Zoido fuera de sí denunciando escándalos y, de tanto ardor, le da un chungo. La presidenta del pleno, Rosamar, como si se tratase de un mero trámite, se dirige a los presentes con displicencia: “¿Hay un médico en la sala?”. ¿Qué haría el Doctor NoDo (Monteseirín)?”. Este caso ya se dio en Sevilla. Reunión del comité de expertos de la Expo. De pronto, al nobel Severo Ochoa le da un soponcio, quizás por la tensión de ver el acoso a Olivencia, ya que acabaría dimitiendo de su cargo tras la destitución de éste. Alarma en la sala. El discípulo predilecto de don Severo, Santiago Grisolía, grita: “¡Que llamen a un médico!”. Y Ballester, que cae en la cuenta, le dice: “Pero, don Santiago, ¿usted no es médico?”. Sí, pero como estaba dedicado a la investigación en laboratorio había perdido la consciencia de su titulación, de lo que se colige que aunque el hábito no haga al monje la bata blanca sí hace al médico.

El ‘bien pagao’

Monteseirín declara tras la fracasada maniobra de distracción de su viaje a Londres que se da por bien pagado si le recuerdan por su honradez. Hasta ayer, dándosela de buena gente, quería camuflar con su supuesta bonhomía sus incompetencias. Ahora quiere contraponer a la imagen de dispendio que proyecta su viaje -si no hubiera tenido mala conciencia no tendría por qué haberlo ocultado- la honradez como suprema virtud. Honradez no es sólo no meter la mano en la caja. El Diccionario la define como “rectitud de ánimo, integridad en el obrar”. Debe preguntarse si actuó íntegramente cuando estuvo tantos años sin pagar el sello del coche; cuando apenas llegar al cargo ya se subió el sueldo; cuando cobra las dietas de empresas públicas como Mercasevilla y luego no da la cara; cuando compra silencios y/o complicidades periodísticas  con la publicidad institucional; cuando a su sombra estallan escándalos que manchan el nombre de Sevilla y no dice como dijo Nixon tras el Watergate: “Me voy, no por lo que he hecho, sino por el clima de corrupción a mi alrededor”.

Mensajes ‘boomerang’

Le llaman el portavoz oculto y el Iznogoud de Monteseirín, en referencia a aquel personaje del cómic caracterizado de visir y cuyo único sueño era ser el califa en lugar del califa. Pues Celis ha emergido para decir que la doble imputación de Domingo Enrique Castaño, ahora por las facturas falsas, no afecta  al grupo municipal socialista. ¿Acaso quiere Celis lanzar el mensaje subliminal de que afecta al alcalde, al que aspira a sustituir? Porque cuando Castaño fue imputado en Mercasevilla, la portavoz visible, Maribel Montaño, dijo ‘urbi et orbi’ que de asesor de Monteseirín, nada de nada, que Domingo Enrique era en realidad asesor del grupo socialista. Una de dos: o la doble imputación de Castaño salpica al alcalde o salpica al grupo del puño y la rosa, porque, como dijo Pérez (el del PP, no el de Mallorca), su situación procesal deriva del ejercicio de unas funciones en las que fue nombrado por el grupo o por Monteseirín. Como Celis y la Montaño lanzan mensajes contradictorios, lo más probable es que acabe afectando a los dos: al PSOE y al alcalde.

Y encima perdió las maletas

Monteseirín no sólo estaba en Londres mientras su Gabinete se esforzaba en aparentar que se hallaba en Sevilla atrapado por las obras que él mismo ha desatado, sino que, según ha podido saber el francotirador, para colmo perdió las maletas durante el viaje y aterrizó en plan machadiano. Sí, tal como reza el verso de Antonio Machado, Alfredo desembarcó del avión forzosamente “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar». Londres es la ciudad maldita de Alfredo, pues es la segunda vez que en un aeropuerto de la Gran…. Bretaña le extravían el neceser. La otra vez que lo dejaron tirado fue en una escala en Heathrow, camino de Nueva York,  y en medio de una gran nevada. Entre una cosa y otra, cuando Monteseirín llegó a la ciudad de los rascacielos ya había empezado el primer acto que tenía programado. Con las prisas de que iba tarde y sin tener qué ponerse, acabó pidiéndole prestado el traje a un miembro de su séquito que vestía alguna talla de más o de menos que él. Cada vez que Alfredo viaja a Londres, en el pecado lleva la penitencia.

La bilocación de Alfredo

Dicen que el alcalde estaba el sábado en Londres pero que su gabinete envió fotos en las que visitaba obras en la ciudad ese día, el domingo y el lunes. La canallesca habla de una estrategia de ‘desinformación’ del regidor por ocultar que se hallaba en la Gran Bretaña en vez de en la Gran Sevilla. Es más fácil y, a la vez, más complejo. El francotirador ha podido saber que, en realidad, el alcalde tiene el don de la bilocación, ubicuidad u omnipresencia, que le permite estar en tres sitios a la vez. Eso lo explicaría todo: Alfredo estaba el sábado en Londres; Sánchez, el domingo en Sevilla en una obra, y Monteseirín, el lunes en otra. ¿Será por obras? Este don, que su gabinete no publicita atendiendo al principio bíblico de que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, sólo lo poseen quienes, como tantos virtuosos en la historia, están marcados por un destino superior. No debe olvidarse que el alcalde es el buena gente, una especie de santo laico, el siguiente tras Fermín Salvochea. Alfredo Sánchez Monteseirín. SMS. Uno y trino al mismo tiempo.

Divorcio a la sevillana

Durante su matrimonio de conveniencia con el PA, Monteseirín adoptó una frase de San Agustín para definir los principios de aquella coyunda que acabó como el rosario de la aurora: “Unidad en lo fundamental; en lo discutible, libertad, y en todo lo demás, solidaridad”. ¿En qué categoría entra el conflicto con su nueva pareja, IU, por la banda de las Cigarreras? Alfredo dice que ha ordenado a Torrijos que la reponga en los bajos del Contadero. Torrijos, “el socio” de la novela de Grisham, o alega que no ha recibido orden alguna (¿será todo un paripé del alcalde para aparentar que manda?) o aplica la desobediencia civil al reprocharle al regidor en minoría que actúa “en este clima en que cada cual va a su libre albedrío”. Son como esas parejas que ya no comparten el mismo lecho pero que por causa de la crisis económica se ven forzadas a vivir bajo el mismo techo. Lo suyo, como antes lo del PSOE con el PA, es ya un divorcio a la sevillana: se dan patadas bajo la mesa pero sin romper el vínculo porque, como diría Guerra, fuera del poder hace mucho frío.

falseadas y ‘maquilladas’ mediante la inclusión de ingresos de varios años en un solo ejercicio o la omisión de gastos de otros para tapar el agujero de un déficit que ni se sabe a cuánto asciende. Vamos, que los gestores de la empresa municipal de los escándalos eran fans de Mecano e interpretaban al pie de la letra su canción ´Maquillaje´: “No me mires, no me mires, déjalo ya, que hoy no me he puesto maquillaje y mi aspecto externo es demasiado vulgar. Sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate….Mira ahora, mira ahora, puedes mirar, que ya me he puesto maquillaje y si ves mi imagen te vas a alucinar”. Lo peor es que la empresa presidida por Monteseirín, el mismo que en cuanto ha olido chamusquina se ha quitado del medio como hace siempre en casos donde hay que dar la cara, presentó en esos años auditorías favorables. Y el alcalde, Torrijos, Marchena y compañía sin enterarse de que en el mercado de abastos se la estaban dando con queso. ¿Quién vigila a los vigilantes?