En la película ‘Alien, el octavo pasajero’, de Ridley Scott, los siete tripulantes de una nave espacial descubren con horror que llevan un intruso a bordo: un extraterrestre que se camufla en los conductos de ventilación. Mercasevilla se parece cada vez más a esta pesadilla de la ciencia-ficción, y hasta la supera, ya que en 48 horas han sido descubiertos dos alienígenas camuflados entre los prejubilados por la Junta pese a que jamás trabajaron en la compañía. El primer alienígena era un carguete del PSOE de Baeza que ya ha devuelto hasta el carnet del partido, pero no la pasta (131.550 euros), y el segundo es una fémina que por tal condición la pusieron la primera de la lista a la hora de cobrar y en cuya cuenta habrían ingresado al menos 156.749 euros. Houston, tenemos no un problema, sino dos, y a medida que se vaya escarbando en el estiércol acumulado en el Merca pueden aparecer alienígenas por todas partes. Y eso pese a que Torrijos, que estaba de político de guardia, dijo aquello de “en Mercasevilla no se mueve un papel sin que yo me entere”.
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Sardinas y marisco
Como sardinas en lata. Así vamos los usuarios de Tussam en el autobús si por cualquier circunstancia no podemos subirnos a él antes de las 9 de la mañana, porque una vez rebasada la hora límite laboral-estudiantil, las frecuencias de paso se han alargado notablemente para ahorrar a costa de los sufridos pasajeros -y después piden que no se utilice el coche privado- lo que no han tenido valor de ahorrar en las nóminas infladas por encima del IPC en toda la era Monteseirín hasta desembocar en el pozo sin fondo de 130 millones de euros en pérdidas, equivalentes al coste de las setas de la Encarnación. Tras media hora o más esperando desesperadamente a la intemperie, una masa vociferante toma al asalto el atestado autobús tratando de hacerse un hueco a empellones y desafiando las leyes de la física. La bronca es monumental. El conductor se escuda en que él es un mandado y que las quejas, al (sin) alcalde. Pero las iras no se vuelven contra Monteseirín, Arizaga o Troncoso, sino ¡contra Torrijos y la mariscada! Decididamente, Antonio, creo que tienes un problema.
Torrijos agita a la tribu
La gran antropóloga norteamericana Margaret Mead contaba que en las sociedades primitivas, cuando el jefe de la tribu veía cuestionado su liderazgo, se inventaba la amenaza de un enemigo exterior para unir a todos los miembros del poblado en torno a él, que de esta manera, ante la situación de excepción creada, quedaba reafirmado como el cacique del grupo para organizar la defensa.
A este mismo primitivismo atávico ha recurrido Torrijos tras el amplio eco de la foto de su mariscada en Bruselas a un coste estimado de unos mil euros. Torrijos ha escrito ahora en su página web: “La semana pasada he denunciado en este blog la campaña de acoso y difamación emprendida contra los miembros de Izquierda Unida y contra mí mismo como su portavoz. Sin volver a entrar en detalles, se trata de erosionar planificadamente nuestra imagen y tratar de influir en los resultados electorales de mayo”.
Obsérvese cómo Torrijos presenta la supuesta campaña como dirigida contra sus correligionarios (su tribu) de IU y sólo secundariamente, contra él, para movilizar así a sus afines.
UN PRECEDENTE
El candidato de IU tiene razón en alguna de sus quejas, como la malintencionada interpretación de sus palabras sobre el solsticio de invierno y la Navidad, pero en el ‘affaire’ de la mariscada no son ‘los otros’ quienes erosionan la imagen de su coalición, sino él con su torpeza política y la foto de la ostentación en plan nuevo rico.
Torrijos sigue sin comprender que comunicamos sobre nosotros mismos no sólo con palabras, sino también con el silencio, los gestos y, en fin, con nuestras obras y hasta nuestras omisiones, conforme al clásico libro de Flora Davis ‘La comunicación no verbal’.
Bien lo comprendió antes que él y a su pesar Javier Arenas, a cuenta de otra fotografía: la del limpiabotas del Hotel Palace de Madrid arrodillado y dándole lustre a sus zapatos mientras el político del PP leía tranquilamente el periódico sin ser consciente del daño que podría causar a su imagen aquella escena y cómo iba a ser voceada, altavoceada y requetedifundida por sus adversarios ideológicos.
Todavía hoy circulan por Internet comentarios del siguiente tenor: “la foto con el betunero ha sido una de las imágenes que mejor han reflejado a Javier Arenas, un señorito andaluz al que le gusta que de rodillas le limpien los zapatos”. O: “Arenas se convirtió en un perdedor sempiterno en Andalucía el día en que se publicó aquella foto”.
VALORES
¿Qué código de valores transmite Torrijos, que quiere pasar por adalid del comunismo y de la izquierda, con la foto de la gran mariscada que tan torpemente o con total desfachatez se dejó hacer? El líder de IU planteó primero la cuestión de forma demagógica al decir que la derecha no quería que los comunistas comieran marisco, sin reparar en que no se trataba de un asequible platito de gambas, sino de pantagruélicas fuentes de todo tipo de ‘delicatessen’ marinas, el símbolo de la riqueza y de los nuevos triunfadores.
Torrijos no dijo toda la verdad cuando alegó que lo normal en una feria del marisco era ir a comer marisco, porque apenas pisó el certamen, se dedicó a hacer turismo la mayor parte del tiempo según las crónicas y se dio la gran mariscada en un restaurante del centro de Bruselas sito a 7 kilómetros. Después trató de reducir la cuestión a un asunto privado, cuando su viaje y el de sus acompañantes costó 7.064 euros a las arcas de Mercasevilla, empresa municipal sostenida por los sevillanos, que por ende repartió talones de 500 euros entre los expedicionarios como anticipos a cuenta.
El primer teniente de alcalde, que por definición es un fiscalizador del dinero público, se sentó a la misma mesa con mayoristas de Mercasevilla y, según su versión, se levantó ignorando siquiera quién y con qué dinero pagó la factura. Si, como gato panza arriba sostiene que no fue con dinero municipal y “supone” que alguien invitó, ese alguien sólo podían ser los mayoristas con sus particulares intereses, y que para colmo lo niegan y devuelven la pelota a su tejado.
CRISIS COMO TRASFONDO
El líder de IU, que colgó la foto en su blog primero que nadie para reventar una exclusiva periodística, denunció luego que en su publicación por los medios había manipulación política porque irritaban al electorado en plena crisis, cuando la imagen se tomó en un momento, 2008, en que aún no había estallado la burbuja inmobiliaria. Tal como ha recordado el PA, Torrijos también sufre desmemoria selectiva, ya que IU sostuvo en la campaña electoral de aquel año que la crisis ya había llegado a España.
Si después de todo su discurso de ‘sostenella y no enmendalla’ de que se trataba de un asunto personal, que los comunistas también pueden hartarse de marisco y que en 2008 no había crisis económica que le coartase, ¿qué sentido tiene entonces pedir ahora perdón públicamente por una foto ‘entre amigos’? Es el último de una amplia cadena de errores de los que él es único responsable, por más que agite el fantasma de las campañas judeomasónicas.
En la invocación a esos fantasmas ha encontrado un inesperado aliado en Juan Espadas. El alcaldable del PSOE ha pensado ahora que fue demasiado lejos en su condena al edil piquetero y que podría poner en peligro una futurible coalición con IU, de ahí que haya dicho sobre Torrijos que ha sido víctima de “una campaña de la derecha, a la que no hay que hacer el juego dándole vueltas a este asunto”. Si para Enrique IV París bien valía una misa, para Espadas la Alcaldía de Sevilla bien vale para justificar la gran mariscada.
Penitencia
Mientras Mercasevilla dice tras 7 días que no le consta se pagara la mariscada con cargo a sus fondos y los mayoristas de pescado en la comilona sostienen lo contrario, Torrijos se presenta como víctima de una campaña mediática y “supone” que “pagaría algún comensal”, si bien se niega a identificarlo porque el ágape “forma parte de su vida privada”. ¿Cómo que “supone”? Un primer teniente de alcalde no debe ser tan ingenuo como para sentarse ante una mariscada de mil euros en cama redonda con empresarios con intereses en su empresa municipal, hacerse una foto en plan nuevo rico y despreocuparse de si se paga con fondos de reptiles, con factura, en dinero negro o es sospechosamente gratis. En su pecado, por torpe o cínico, lleva ahora la penitencia. Y tampoco cuela eso de que es objeto de una campaña mediática al tratarse de “una comida privada”. Comilona en el marco de un viaje oficial, ante lo cual cabe recordar el principio aplicado por un periódico americano a los políticos: “Borrachera en su casa, asunto suyo; borrachera en la calle, asunto nuestro”.
Comodidad
Decían de Arafat que nunca perdía una oportunidad de perder una oportunidad, en alusión a que cada vez que era factible un acuerdo de paz con Israel daba un paso atrás en vez de al frente. Pues el (sin) alcalde, igual. Cada vez que Monteseirín tiene una oportunidad de desmarcarse de Torrijos, y de paso desmarcar al PSOE de IU ahora que vienen las municipales, la desaprovecha, víctima del síndrome de Estocolmo. Le pasó con el edil piquetero y, ahora, con el propio Torrijos. En plena tormenta por la foto de la mariscada impropia (como esas competencias que dicen asumen los ayuntamientos sin corresponderles) de Bruselas , el (sin) declara que se siente “muy cómodo” gobernando con IU. ¿A qué viene este capotazo? Pues porque, al igual que en el episodio de las uvas del Lazarillo de Tormes, cuando el (sin) se iba de hoteles de cinco estrellas y de viajes transoceánicos a Brasil y al Mundial de Suráfrica, y al Eurobásquet de Polonia, Torrijos guardaba silencio. Por eso el (sin) está tan cómodo. Ha descubierto al cabo que son tal para cual. Hoy por ti y ayer por mí.
La mariscada
Torrijos trata de desactivar el efecto de la foto de su pantagruélica mariscada en Bruselas con la tesis de que “tanto si se pagó con dinero público como si no, no se puede criminalizar una actividad normal, propia de un representante público”. Sus palabras denotan su concepción de la política: lo normal es que los cargos públicos se coman mariscadas de mil euros a costa del contribuyente en cuanto que la factura, presuntamente, corría a cuenta de Mercasevilla, empresa municipal. ¿Habría encargado Torrijos una mariscada de mil euros si la hubiera tenido que pagar de su bolsillo? Probablemente, no. Lo que no habría hecho en su vida privada no tiene empacho de hacerlo en la vida pública. Y con la agravante de que dice representar al partido de la ‘famélica legión’ o/y ‘los esclavos sin pan’y a una empresa con 4 millones de euros de pérdidas, y en una situación (2008) de crisis que deja a 75.000 sevillanos en el paro. La foto de la mariscada es, en el fondo, un retrato moral de Torrijos, un político que ha perdido la credibilidad y su discurso de izquierda.
El sapo
El (sin) alcalde, con tal de no molestar a Torrijos, fue preso del síndrome de Estocolmo en el caso del edil piquetero y le justificó con la peregrina tesis de que iba en la manifestación que atacó el ‘Serranito’ no como delegado de Economía, sino como sindicalista. Ahora, Carlos Vázquez ha publicado un artículo en la web del Partido Comunista en que pone a caldo a Viera y Espadas y ridiculiza la tesis monteseirinesca de que él encarnaba ‘El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hide’, la novela de Stevenson. El edil piquetero ha escrito: “Se contentaban con que reconociera “mi error” en la plaza pública y abjurara de mi condición de militante sindical, desvinculándola de mi responsabilidad institucional. ¡Como si fuera posible separar ambas señas de identidad!”. Así que ya sabemos que Vázquez es sólo Mr. Hide, algo elemental, querido Watson, con lo que ha dejado en evidencia y en ridículo a Monteseirín, su protector en todo este escándalo. Para seguir siendo (sin) alcalde, Monteseirín tiene que desayunarse cada mañana un sapo de sus socios de gobierno.
Un búnker en la Plaza Nueva
Griñán, presidente de la Junta y secretario general del PSOE (A), sólo ha sabido adoptar como medida de fuerza y autoridad ante el rebelde Monteseirín la consigna de hacerle el vacío desde su Gobierno como respuesta a su desmedido afán de protagonismo y a su torpedeo a Espadas.
A Griñán, que pilló descolocado al alcalde cuando anunció su defenestración mediante el famoso teletipo de Europa Press, le está pasando con Monteseirín lo mismo que a Viera en los últimos años y tras haberlo arrasado en el último congreso provincial: al no rematarlo políticamente cuando lo tenía contra las cuerdas, ni ser capaz de imponer su autoridad orgánica, el alcalde acaba haciendo caso omiso de sus directrices y tensa la situación al máximo para que sean los otros los que reculen por miedo a que decisiones drásticas que afecten a la Alcaldía de la capital de Andalucía tengan un coste electoral para el partido.
Monteserín se crece a medida que pasa el tiempo y ve que nadie, ni Viera ni Griñán, lo meten en cintura, y acaba convirtiendo el Ayuntamiento en su búnker político.
NINGÚN PASO ATRÁS
Griñán está comprobando el calificativo con que definió a Monteseirín su antiguo protector, Caballos: “Alfredo es un glotón de la política”. Por esa glotonería, Monteseirín no va a quedarse en ayunas de fotos y actos, por más que reste protagonismo a Espadas y el PSOE le haya instado a que dé un paso atrás y deje los focos para el candidato, que necesita incrementar su grado de conocimiento a sólo siete meses para las elecciones.
Apenas iniciado el nuevo curso político, Viera lanzó el mensaje de que “ahora llega el turno del candidato y no del alcalde”.
Monteseirín recogió el guante. Seis días después se autoconcedió una entrevista en su televisión particular, Giralda TV, donde proclamó que su candidato a la Alcaldía (en defecto de él mismo) era Celis y no Espadas, y que aunque no había “ningún tipo de diferencias”, él se dedicaría a “visitar las obras, ver cómo van e inaugurarlas”. Y añadió: “Yo voy a rematar la gestión; el proyecto político de futuro le corresponde al candidato”.
ESPACIO LLENO
No tardó en desmentirse a sí mismo, como cuando anunció que estaba promoviendo una nueva pasarela sobre el río, proyecto que Espadas interpretó suponía una intromisión en ese futuro que él debía representar y al que por eso calificó de obra no prioritaria: “Claramente –dijo- es una propuesta que corresponde analizar al nuevo mandato municipal”.
Monteseirín, acusado por Del Valle de haber propiciado un exceso de protagonismo de Torrijos por haber dejado vacío el espacio que le correspondía como alcalde, hace ahora justo lo contrario con Espadas y se niega, con una política de hechos consumados, a cederle sitio. El alcalde quiere morir matando y tiende a fagocitarlo todo, haciendo honor a su ‘glotonería política’.
Griñán no sólo ha descubierto que Monteseirín ‘ningunea’ a Espadas, sino que se ha destapado como el hombre de Chaves, justo cuando el presidente más procura desmarcarse de su predecesor (nadie significado de la Junta fue a su conferencia en el club Cámara 500 ni a la reinauguración de la Plaza de España), para no aparecer como una marioneta del hombre que gobernó Andalucía 20 años.
PROTEGIDO DE CHAVES
La identificación de Monteseirín con Chaves no es de ahora, sino de siempre, porque fue el expresidente quien, contra el criterio de Viera y de Blanco, se empecinó en mantenerlo primero como candidato y, luego, como alcalde, cuando el PSOE (A) aún estaba a tiempo de sustituirlo por Carrillo y de remontar en las encuestas.
En Madrid, Zapatero y Blanco esgrimieron los sondeos favorables a Trinidad Jiménez para organizar su asalto a la Comunidad por encima de Tomás Gómez. En Sevilla, Monteseirín no ha aprobado jamás un sondeo en doce años y es rechazado por el 80% de sus correligionarios, pese a lo cual el PSOE no ha podido defenestrarlo de candidato a la Alcaldía hasta que, ido Chaves, Griñán se hizo con el poder orgánico.
Y es que Chaves temía que si daba luz verde a su relevo en pleno mandato como alcalde, abría el debate de su propia sucesión en la Junta a mitad de legislatura, como así acabó sucediendo. Sus destinos estaban entrelazados como cerezas: él acabó en Madrid y Monteseirín, de alcalde amortizado y peripatético por Sevilla.
OPORTUNIDAD PERDIDA
Pero ni Griñán, pese a tener todo el poder, ni Viera han sabido forzar la salida de Monteseirín de la Alcaldía cuando más factible era nombrar como sucesora a Rosamar Prieto y ‘dedil’ a Espadas para que, como delegado de la Presidencia en el Ayuntamiento, cobrara visibilidad ante los sevillanos. El PSOE ha perdido los meses en buscarle un cargo a Espadas, al que ha dejado huérfano institucional tras quitarlo de consejero (en Madrid, Trinidad Jiménez no se planteó dejar el Ministerio aunque hubiera sido la candidata a la Comunidad) y luego en evidencia con la torpe maniobra para elevarlo al Senado.
Mientras, Monteseirín se ha encastillado en la Alcaldía en una actitud (llegó a exigir un cargo remunerado con 220.000 euros) que recuerda a la de Beneroso y Benjumea en las cajas.
Griñán ha perdido ahora una gran oportunidad con la marcha de Rosa Aguilar a Madrid. Podría haber nombrado consejero de Obras Públicas a Monteseirín y quitarlo del medio en beneficio de Espadas activando la solución Rosamar. Obras Públicas habría sido el destino ideal para Alfredo, el de las setas de la Encarnación. Como allí ya está exiliado Celis, ni siquiera habría hecho falta retocar el organigrama de la Consejería.
De quita y pon
Juan Espadas dice que Carlos Vázquez, el edil piquetero, tiene que dejar “clara y meridianamente establecido” que “desvincula” su cargo de delegado de Economía de su actividad sindical. El PSOE y su candidato siguen mareando la perdiz para no tocarle las narices al concejal huelguista ni a Torrijos y poner en peligro el sillón del (sin) alcalde exigiendo su destitución. El argumento de la “desvinculación” es el mismo que sostiene Monteseirín: que Vázquez puede desdoblarse e ir en un pìquete no como concejal, sino como sindicalista. Una de las primeras lecciones que me dieron en la Facultad es que el periodista, esté donde esté y haga lo que haga, siempre está representando a su periódico. Pues Carlos Vázquez, igual, por mucho que el PSOE y Espadas quieran irse por el Cerro del Águila o los de Úbeda: en el piquete, en el bar (si lo dejan entrar en alguno los hosteleros), en el fútbol o en su casa es el delegado de Economía. Los cargos no son trajes de quita y pon que un concejal pueda dejar colgado en el perchero cuando sale por la puerta del Ayuntamiento.
Trapos sucios
Aun cuando faltan siete meses para las municipales, la precampaña está ya al rojo vivo, como ha demostrado el ataque de Torrijos en su blog contra Zoido a cuenta de la ‘micropolítica’ del candidato del PP: señalar suciedades y deterioros del mobiliario urbano en los barrios.
Torrijos ha dicho de Zoido que “vive de la carroña”, “busca los agujeros oscuros”, “disfruta con un bache o una avería”, “celebra la basura”, es “demagógico y cínico” y “un peligro público”. Según el primer teniente de alcalde, “en todas las ciudades del mundo hay rincones sin barrer, aceras sin arreglar y espacios que dejan que desear”, por lo que cuando Zoido señala ante las cámaras estas deficiencias en plena era de la globalización pone en peligro el turismo o disuade de venir a potenciales organizadores de congresos.
Para Torrijos, “el morbo de una denuncia puede más que el silencioso y aburrido proceso de rellenar un formulario o comunicárselo de manera discreta a quien lo tiene, lo puede y lo debe reparar”.
MORDAZA
Este ataque tiene otra explicación: cada denuncia de Zoido impacta contra la línea de flotación de la Delegación de Infraestructuras para la Sostenibilidad, que depende del propio portavoz de IU y aspirante a la Alcaldía.
A quien más erosiona políticamente el candidato del PP no es a Monteseirín (amortizado ya por su partido) ni a Espadas (nuevo en esta plaza), sino a Torrijos, máxime cuando el granero de votos de éste está en esos barrios pretendidamente mimados por el ‘gobierno de progreso’ PSOE-IU, al que Zoido deja en evidencia cuando atiende las quejas vecinales, pone el foco de la prensa sobre las deficiencias y se erige en altavoz de las reivindicaciones.
El argumento de Torrijos de que las críticas de Zoido sobre los ‘trapos sucios’ espantan a los turistas y que por eso deben lavarse en casa mediante el proceso, en la era de Internet y los ‘smartphones’, de rellenar un formulario y comunicarlo a la autoridad competente –osea, a él mismo- nos retrotrae al mismo argumentario del franquismo.
Pero en Democracia la basura no se esconde debajo de la alfombra; al contrario, la Democracia es por definición ‘luz y taquígrafos’ y Zoido no hace otra cosa que cumplir con su deber de fiscalizar desde la oposición la gestión municipal.
DEJADEZ
Si a Torrijos le molestan las denuncias de Zoido, la solución es fácil: dejarle sin argumentos con una gestión más eficaz. El Ayuntamiento tiene 5.000 personas en nómina (1.582 en Lipasam) y, sin embargo, muchas veces sólo reacciona tras las denuncias del edil del PP en vez de adelantarse a ellas, como ocurrió con el arreglo de los baches del puente de Chapina. Hasta que Zoido no difundió los perfectos el Consistorio no tomó cartas en el asunto.
Y es que no se trata, como afirma Torrijos, sólo de rincones sin barrer en zonas marginales. Cualquiera, por ejemplo, ha podido observar cada otoño el gran manto de hojas sin recoger durante semanas junto al hotel Alfonso XIII, mascarón de proa del turismo, o el descuido sistemático del Parque de María Luisa y de la Plaza de España. ¿No espanta más al turista esta dejadez en el Centro y su entorno que las denuncias de Zoido en el extrarradio?
Sin dejar de subrayar la responsabilidad de todos en la suciedad y deterioro de Sevilla –no es precisamente el Ayuntamiento el que arroja los papeles al suelo, esparce las bolsas fuera de los contenedores y llena de pintadas los monumentos, sino el incivismo y vandalismo generalizados, pese al narcisismo de los sevillanos con su urbe-, lo cierto es que el estado de la ciudad no ha mejorado en paralelo al incremento de recursos de Lipasam.
COSTES DISPARADOS
La empresa municipal llegó a proclamar que todas las calles se barren al menos una vez a la semana, aserto cuya veracidad puede comprobar cada vecino por sí mismo. Mas las cifras hablan. A efectos de limpieza viaria, Sevilla tiene 1.077,34 kilómetros de eje de calles. En 2009 se limpiaron 226.537 Kms; en 2008, 240.590. Hoy se limpia un 6% menos. Y también se ha recogido menos basura: 370.545 toneladas (un -3,8% ).
Aunque se piensa que la ciudad ha crecido, está estancada en torno a los 700.000 habitantes desde los 90, y si bien los sevillanos producen más basura, tampoco de forma desorbitada. En el año 2000, primero completo de Monteseirín en la Alcaldía, se recogieron unas 323.000 toneladas de residuos, por lo que las 370.000 actuales sólo suponen un 14% más.
Frente a esta realidad, con Monteseirín la plantilla de Lipasam ha crecido un 44% y sus costes de personal un 138% (de 28 millones de euros en 1998 a 66,9 millones en 2009), en línea con la política del alcalde de convertir las empresas públicas en parte de su red clientelar. Incluso los puestos de trabajo se tornaron poco menos que en hereditarios: en 2006 se produjeron 14 jubilaciones anticipadas y las bajas fueron cubiertas con parientes, “no cumpliéndose así –decía la Cámara de Cuentas- los principios de igualdad, mérito y capacidad que la ley establece”.Hay más gente, que cobra más dinero y que trabaja menos, ya que el absentismo laboral llegó a ser del 11,40% en 2008, y aun habiéndose reducido al 7% todavía ha supuesto la pérdida de 34.263 jornadas.
¿Se comprende ahora mejor por qué Sevilla tiene más rincones sin barrer? Torrijos, en vez de implicarse en que todo el personal de Lipasam trabaje para que Sevilla esté más limpia, de lo único de que se preocupa es de acusar a Zoido de “carroñero” por señalar dónde está sucia.