La lluvia desnuda siempre las carencias y limitaciones de Sevilla. Basta con que llueva un poco intensamente para que de inmediato se inunden pasos subterráneos, se formen lagunas en calles, dejen de funcionar semáforos, se colapse el tráfico, la ciudad se convierta en un pequeño caos y al día siguiente leamos el parte de las salidas de los bomberos para achicar agua de sótanos y garajes, retirar ramas y hasta árboles caídos, sanear cornisas y balcones en riesgo de desprendimiento y subsanar muchas otras incidencias provocadas por un fenómeno meteorológico con efectos sobredimensionados por la particular orografía de la ciudad y su histórica ubicación geográfica entre los brazos del río Guadalquivir, afectado por la influencia de las mareas. La ventaja de Sevilla, un don del Guadalquivir como lo es Egipto del Nilo por ser aquélla el único puerto interior de España, se convierte también en su principal inconveniente cuando la meteorología se torna adversa.
Y la lluvia también ha desnudado otras carencias de y en esta Semana Santa, por más que el delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, y el alcalde, Juan Ignacio Zoido, hayan insistido en algunos falsos mitos sevillanos en sendas declaraciones a emisoras radiofónicas: el primero, a la Cope, en el pórtico de la Semana Santa; el segundo, a Radio Nacional, en la mañana del Sábado Santo, cuando aún la Hermandad de la Macarena no había decidido el retorno a paso más que de mudá a su basílica por la nueva amenaza de lluvia.
TÓPICOS CUESTIONADOS
Tanto el delegado como el alcalde destacaron en sus intervenciones la experiencia de Sevilla en la organización de eventos de masas, la sabiduría acumulada por los sevillanos a la hora de moverse en la ingente marea humana que toma las calles….Zoido se había olvidado de la incidencia causada por la Hermandad de Los Panaderos el Miércoles Santo y que, como cuando el pánico colectivo registrado durante la Madrugada del año 2000, ha servido para cuestionar todos esos lugares comunes sobre la capacidad autogestionaria de las hermandades en la Semana Santa. Item más: cuestiona también la propia capacidad organizativa de los organismos e instituciones que participan en el gran evento primaveral sevillano por excelencia junto con la Feria de Abril.
Porque el episodio de Los Panaderos ha puesto de manifiesto lo contrario de lo que se ha pregonado desde que tras las ‘carreritas’ de la Madrugada dde 2000 Monteseirín, inspirándose en la experiencia de El Rocío, copió el Cecop para impedir la repetición de aquellos hechos o similares: nadie ha sabido realmente qué estaba pasando -otra vez, como hace trece años-, quién dictaba las órdenes y a quién había que obedecer.
DESCOORDINACIÓN
Prácticamente todos los medios de comunicación han coincidido en destacar lo que reflejaba ABC con este resumen periodístico de aquella jornada: “Del Miércoles Santo se va a recordar el espectáculo dado por Los Panaderos que, debido a un chaparrón que arreció a las diez y media de la noche, decidió regresar a su capilla pero se quedó a hacer su propia carrera oficial, a ritmo de marchas, en la Campana, dejando a la Hermandad de La Lanzada encerrada en la calle Cuna. Una actuación inclasificable que devolvió la ciudad a años en los que no existían ni el Consejo de Cofradías ni el Cecop, cuya sensatez y autoridad brilló anoche por su ausencia.
La pitada del numerosísimo público a la cofradía de la calle Orfila rubricó lo que un sector cada vez mayor de Sevilla está pensando: los integrantes y la composición de la Semana Santa fallan, se desmoronan, no son lo que debían ser…..”.
Subrayemos justamente la evidencia de que “la ciudad volvió a los años en que no existían ni el Consejo de Cofradías ni el Cecop”, hasta el punto de que los policías que acudieron a tratar de poner paz y orden entre Los Panaderos y La Lanzada no sabían a qué atenerse porque carecían de un protocolo de actuación ante una situación como aquella y si era el Consejo General de Cofradías o el Cecop quien debía disponer al respecto.
También se produjo otra situación colateral sin precedentes: el público abucheó los pasos de Los Panaderos como protesta por recrearse en la Campana como si no estuviera ocurriendo nada -tardó 45 minutos en recorrer los 200 metros que la separaban de su capilla- y por obstaculizar por tanto el tránsito por la calle Cuna de La Lanzada hacia su templo, en busca de refugio por la lluvia. Esos abucheos derivaban de que la gente conocía a través de las redes sociales y de las emisiones radiofónicas qué estaba ocurriendo en tiempo real en las calles de Sevilla.
EN LA INOPIA
En llamativo contraste, cuando se repasan las declaraciones realizadas por los teóricamente responsables de la organización de la Semana Santa lo que más destaca es justamente lo contrario, ya que todos coinciden en señalar que carecían de información para haber actuado en consecuencia.
El delegado de Seguridad Ciudadana, Demetrio Cabello, que reconoció que gracias a la presencia de la Policía Nacional se evitó que pasaran a mayores “algún pequeño forcejeo entre miembros de las dos hermandades”, dijo: “La meteorología no es ningún problema. El problema es la falta de información. Si hubiéramos tenido información de lo que pensaban hacer Los Panaderos no habría ocurrido. Se les habría obligado a dar la vuelta sobre sus pasos y no por Martín Villa y se hubiera ahorrado tiempo”.
El delegado diocesano de Hermandades, Manuel Soria Campos, iba en la delantera del paso de la Virgen de Regla, junto con el hermano mayor, y declaró que no se había enterado de que La Lanzada estaba esperando en la calle Cuna hasta que varios nazarenos se dirigieron a ellos para comunicarles lo que estaba pasando.
El hermano mayor de Los Panaderos, Ildefonso Martínez, manifestó por su parte: “Cuando se nos da permiso para ir de La Campana a Orfila se nos dice que La Lanzada está entrando en Cuna, pero no era así, porque al llegar nos encontramos la cruz de guía. Está claro que si el Consejo lo hubiese sabido, tampoco se nos hubiera permitido hacerlo”
Por su parte, le hermano mayor de La Lanzada, José Antonio Pérez, declaró que cuando entraron en la calle Cuna no sabía que se encontraría con Los Panaderos y que primero les dijeron que sólo iba el primer paso, pero que luego vieron el palio, por lo que ya no pudieron maniobrar.
El Consejo de Cofradías tampoco sabía nada de lo que estaba ocurriendo y, según Demetrio Cabello, tuvo que ser informado por el Cecop del inminente choque entre las dos cofradías en la desembocadura de la calle Cuna.
DESINFORMACIÓN
Si tras los sucesos de la Madrugada de 2000 se acuñó para definir lo ocurrido la frase “nadie conoce a nadie”, en alusión al título de la película homónima inspirada en una premonitoria novela de Juan Bonilla, el denominador común de los sucesos del Miércoles santo ha sido el “nadie conoce nada”, pese a que Los Panaderos actúa no en el Polígono de San Pablo o en El Cerro, lugares alejados del centro, sino en las mismas barbas del palquillo del teórico gobierno de la Semana Santa, en la Campana.
En la era de Internet, los GPS, Twitter, otras redes sociales, Whatsapp, los teléfonos inteligentes y otros dispositivos tecnológicos y en un radio de 200 metros resulta que nadie se entera de lo que está sucediendo hasta que ya no tiene remedio, no existe la exigida coordinación entre el Cecop, el Consejo de Cofradías y las dos cofradías involucradas en la incidencia como consecuencia de la lluvia, con decenas de miles de personas en las calles.
Cabe preguntarse entonces qué habría podido ocurrir en caso de un incidente grave o si se hubieran repetido los sucesos de la Madrugada de 2000 con un ataque de pánico colectivo. Al recordar hace siete años aquella histeria generalizada, el entonces director del Centro de Coordinación Operativa del Ayuntamiento, Rafael Pérez, afirmaba lo siguiente: “Hoy, las consecuencias de aquel suceso serían diferentes porque tenemos un órgano centralizado que es los ojos, el oído, el tacto y el gusto de todos los dispositivos municipales. El Cecop garantiza una única voz…..”.
Pues los ojos, los oídos, el tacto y el gusto del Ayuntamiento fueron incapaces el Miércoles Santo de evitar el encontronazo entre Los Panaderos y La Lanzada y de reaccionar a tiempo posteriormente. Como reflejaron las crónicas periodísticas, ocurrió todo como en los tiempos en que este organismo no existía y los hechos pusieron en solfa la extendida leyenda de la capacidad autogestionaria de Sevilla con su Semana Santa.
Los medios recogieron también una frase reveladora: “Seguimos sin saber lo que ha pasado”.
O sea, lo mismo que se dijo tras la Madrugada de 2000.
vergüenzas de la Cultura española: el Ministerio, titular del Museo Arqueológico hispalense (donde debe mostrarse en nuestro país el Tesoro tartésico o fenicio) y que se reclama instancia última para otorgar el permiso, se ha enterado del asunto por la prensa en vez de por el Ayuntamiento o por la Junta de Andalucía; el Consistorio sevillano, dueño de las joyas, filtró interesadamente la solicitud al tiempo que su predisposición favorable a otorgarla, para así dejar en evidencia al Gobierno autónomo y para que la opinión pública se preguntara por qué se podrían ver en la Gran Manzana mientras que en Sevilla permanecen ocultas en una caja fuerte por falta de custodia; y la Junta de Andalucía, que dice se gastó un millón de euros en reformar el Museo Arqueológico para la exposición permanente del Tesoro, se defendió achacando a los recortes de Rajoy la falta de los 150.000 euros anuales que cuesta su vigilancia, para justificar por qué no puede exhibirlo y la razón de su devolución a la cámara acorazada de un banco.
Pues bien, mientras las Administraciones de distinto signo político se han tirado simbólicamente las piezas del Carambolo por ver quién paga y deja de pagar la factura de su custodia, y en su desacuerdo prefieren que el Tesoro duerma desde hace 50 años en un banco o que se vea en Nueva York antes que en Sevilla, todos los políticos del Ayuntamiento y de la Junta de Andalucía se felicitan sin excepción por el acuerdo -más bien novación del mismo- en virtud del cual se cede a la Fundación Cajasol (ojo, no a la Obra Social de La Caixa, con todo su dinero y experiencia en los Caixaforums) del así redivivo Antonio Pulido (la función crea el órgano) las Atarazanas a cambio de 10 millones de euros de entrada inicial y 75 letras de 200.000 euros anuales. Repito: tan sólo 200.000 euros al año.
Un mes antes del pleno ejercicio de su responsabilidad como arzobispo de Sevilla (noviembre de 2009), para lo que hubo de esperar a la renuncia efectiva del cardenal Amigo Vallejo, y siendo aún administrador apostólico de la diócesis de su procedencia (la de Córdoba), el actual prelado de los sevillanos tuvo la oportunidad de comentar un estudio realizado por Analistas Económicos de Andalucía -perteneciente a Unicaja- en que se llegaba a la conclusión de que el impacto de la Semana Santa en la capital de la mezquita era de 42 millones de euros y que contribuía a generar o mantener el equivalente a 1.682 puestos de trabajo.
En el año 2005, un equipo de trabajo de la Universidad Hispalense compuesto por Luis y María Luisa Palma Martos, Antonio García Sánchez y Gloria Franco Casillas realizó una propuesta metodológica para la evaluación del impacto económico de las fiestas de primavera en la ciudad de Sevilla, cuya última cuantificación se produjo, si no recordamos mal, en el año 2010.
Estos datos demuestran que Sevilla ha sabido rentabilizar, en mayor proporción que el que teóricamente le correspondería por su peso demográfico, la Semana Santa en comparación con el resto de Andalucía y aun de España. Y es que, según el estudio universitario citado, la conmemoración de la Pasión de Cristo que se organiza en nuestra ciudad llega a congregar 909.000 personas, de las que 215.000 vienen de fuera de la capital y de su área metropolitana.
Pese a que el delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, declaró en la emisora de radio de la Conferencia Episcopal Española que todo estaba listo para la Semana Santa de este 2013 con un despliegue en los servicios de varios millares de personas, porque según dijo existe una larga experiencia en su organización, la Asociación de Hosteleros montó en cólera contra el Consistorio al conocer a última hora del Viernes de Dolores la orden de que debía retirar el Domingo de Ramos los veladores de las calles a partir de las 13 horas, con el fin de dejar expedito el terreno ante el paso de las cofradías y una posible evacuación en caso de emergencia, y el resto de la Semana Santa a partir de las 16 horas.
Al final ha tenido que ser el alcalde, tan solícito siempre a las demandas de comerciantes, hoteleros y hosteleros, quien le ha enmendado la plana a su equipo para mantener el ‘statu quo’ en los horarios de los veladores, a fin de que propietarios de algunos establecimientos no perdieran, según las estimaciones de la patronal, hasta el 80% de los ingresos previstos en estas fechas de Semana Santa, la temporada alta para el sector y que aporta el 1,22% del producto Interior Bruto de Sevilla capital.
Si la Giralda, símbolo de la ciudad por excelencia, existe tal como la conocemos es justamente por el cuerpo superior añadido en el siglo XVI por el arquitecto Hernán Ruiz como campanario para albergar las campanas, rematado por la veleta del Giraldillo, la victoria de la Fe. Y las campanas dejaron de ser exclusivamente un símbolo meramente religioso para convertirse en insólito instrumento musical el 20 de octubre de 1990, cuando el maestro valenciano Llorenc Barber organizó un concierto de tañidos, el ‘Amare Mariam’, en el que sonaron a los cuatro vientos 159 campanas de 56 campanarios y espadañas de la ciudad. Aquel día enmudecieron hasta los veladores de los bares para escuchar la sinfonía de tantos volteos al unísono o intercalando sones distintos.
El nuevo Consistorio gobernado por el PP pregonaba que el alcalde se había limitado a cumplir su promesa electoral de derogar el Plan Centro para, una vez retrotraídos a la situación anterior, partir de cero y tratar de lograr un consenso participativo en el diseño de las políticas de movilidad en la ciudad, de forma que nadie se sintiera excluido, como había ocurrido en la etapa de Monteseirín como alcalde.
El Grupo Municipal Socialista ha logrado que en la Junta Municipal del distrito Casco Antiguo se apruebe la comparecencia del delegado de Seguridad y Movilidad, Demetrio Cabello, para que explique de una vez por todas sus planes de tráfico para el Centro, ya que cuando se acerca el ecuador del mandato de Zoido el único plan existente es, justamente, la ausencia de plan alguno y la mera adopción de medidas puntuales cuando llegan las fechas señaladas de Semana Santa y Navidad. O sea, lo mismo que se ha hecho durante toda la vida. En puridad, las novedades aplicadas son los dos coches ponemultas en servicio, cuando antes había uno solo, y la mayor actuación de la Policía Local y de la grúa multando y retirando vehículos para cumplir el objetivo recaudatorio de los 25 millones de euros en sanciones a final de año.
Igualmente, la Plataforma ciudadana considera que la construcción de un aparcamiento subterráneo y rotatorio en la Alameda plantearía problemas geotécnicos y de destrucción del arbolado y que su posterior explotación provocaría la saturación de los accesos y limitaría el amplio uso que ahora tiene este espacio.
El Consistorio subraya la existencia de varios aparcamientos públicos en el intercambiador de transportes de la estación Plaza de Armas, los carriles-bici, los itinerarios peatonales, las paradas de autobuses en la citada plaza amén de las del Duque y Magdalena, más la del tranvía en la Plaza Nueva, para llegar a la conclusión de que la mitad de los 1.605 desplazamientos se realizarían en transporte público; el 40%, de forma no motorizada (a pie o en bicicleta) y sólo un 10% en automóvil privado.
Dado que disfrutamos de Democracia desde hace 35 años y de que incluso en el antiguo régimen existía una amplia escolarización y también una razonable política de becas dentro de las posibilidades, no parece razonable atribuir a los 40 años de la Dictadura el hecho de que casi un tercio de los asesores nombrados a dedo por el presidente del Gobierno carezcan de la acreditación de los más elementales estudios primarios, por lo que cabría deducir que han hecho carrera en la política y de la política su carrera sin más mérito que haber militado desde temprana edad en los alevines del partido, pese a la recomendación de Ana Botella de que por lo menos los de la actual generación sería mejor que estudiaran o trabajaran en vez de dedicarse a pegar carteles o a conspirar contra sus mayores para entrar cuanto antes en las listas.
El Ayuntamiento de Madrid ha cedido por 75 años un espacio de 3.600 m2, y la Fundación del gran arquitecto argentino Emilio Ambasz (paisano de César Pelli, autor del rascacielos de la isla de la Cartuja pero en las antípodas en su concepción de la arquitectura) se hará cargo íntegramente del diseño y construcción del futuro museo (cinco plantas, con la fachada y el techo totalmente recubiertos de jardines por este pionero de la denominada ‘arquitectura verde’, que ha declarado que el edificio debe ser fácilmente recordado por un niño) y de su funcionamiento durante los próximos tres cuartos de siglo.
verde en la sevillana finca de ‘La Roda’, sita entre los términos municipales de Guillena, El Ronquillo y Burguillos, y con unas espectaculares vistas sobre el pantano de La Minilla y Sierra Morena. Por esta pequeña maravilla, con la que el arquitecto dijo que quería recuperar el sentido primitivo de la arquitectura, Ambasz obtuvo el ‘Progressive Architecture Award’ en el año 1980. Su proyecto formó parte de una exposición organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y ha sido incluido en numerosos libros sobre la arquitectura contemporánea.
Ambasz pensó además en máquinas productoras de niebla que, de paso, habrían generado sombra para defenderse del tórrido calor sevillano en el estío, reducido la temperatura en otros seis-ocho grados, ofrecido sensación de frescor sin llegar a la humedad y creado un arco iris permanente sobre la futura Expo-92, que habría quedado así envuelta en una especie de halo mágico. El sistema de transporte entre la ciudad y las lagunas de la isla de la Cartuja y sus pabellones habría sido cubierto por ferries, para evitar el uso del automóvil. Conforme a su lema de “para poder diseñar 1992, primero debemos concebir 1993”, Emilio Ambasz ideó su proyecto tras comprobar que Sevilla tenía algunos jardines históricos pero que le faltaba un gran parque suburbano (en ese lema está el germen de lo que hoy es el parque del Alamillo, del que este año se conmemorará el XX aniversario), por lo que pensó en que una vez clausurada la Muestra Universal quedara como herencia un gran parque acuático suburbano rodeado de jardines casi selváticos.
de lo imaginado por el arquitecto argentino, como puede apreciarse con tan sólo una visita aún hoy a la isla de la Cartuja. Prácticamente, la única concesión que se le hizo fue la de excavar un solo lago interior, el de España (en torno al cual se construyeron los pabellones nacional y autonómicos y que luego, reducido más todavía, ha seguido articulando el parque temático Isla Mágica), y el agua micronizada (el famoso microclima de la Expo), mediante la instalación de microaspersores para rebajar la temperatura en el verano sevillano y que hoy utilizan numerosos bares y restaurantes de la ciudad en sus veladores y terrazas.
Por ironías del destino, el MAADU en la ‘milla de oro’ de la cultura madrileña se situará enfrente del Caixafórum que La Caixa instaló en la capital del Reino rehabilitando para ello la antigua central eléctrica de Mediodía y encargando el trabajo a los prestigiosos arquitectos suizos Herzog & De Meuron, autores, entre otros, del conocido estadio ‘El nido del pájaro’ en los Juegos Olímpicos de Pekín y distinguidos con el premio Pritzker, considerado el equivalente al Nobel de la arquitectura.
Madrid, Ana Botella, cuando en un acto en el que estaba flanqueada por dos concejales que pertenecen a las Nuevas Generaciones del PP abogó por la desaparición de las Juventudes de todos los partidos y recomendó a sus miembros que se dedicaran a estudiar o trabajar. Con el típico corporativismo hispánico, hasta las Juventudes Socialistas saltaron a la palestra para solidarizarse, aparcando las diferencias ideológicas, con sus coleguillas de NNGG y en contra de la señora Botella.
Desde la izquierda y la derecha, Leguina y Aguirre coinciden en la opinión de que la política no puede ser una profesión en sí misma y que ha de ser entendida como un servicio (temporal) a la sociedad. Justamente porque no fueron profesionales de la política quienes la protagonizaron y dieron el salto a la misma desde unas vidas más o menos resueltas la Transición española fue un éxito histórico alabado y tomado como modelo en todo el mundo.
Hay, sin embargo, general coincidencia en la abismal diferencia entre los políticos actuales profesionalizados, a buena parte de los cuales no se les conoce oficio previo, y los amateurs que con su entusiasmo pusieron los cimientos de la Democracia. En 30 años, la clase política ha pasado a ser percibida como uno de los principales problemas del país y salta de escándalo en escándalo. Salvando honrosas excepciones, la política está demasiado llena de advenedizos y arribistas, cuyo único mérito consiste en la lealtad ciega al líder y en apretar el botón del voto conforme a las órdenes del portavoz, a cambio de una generosa soldada y de prebendas fuera del alcance de los ciudadanos que los sostienen con sus impuestos.
El humorista norteamericano, con su intuición genial, fue apenas un precursor del cuadro que se nos avecinaba tras la invención de Internet, el móvil, el Iphone, la Blackberry y los denominados teléfonos ‘inteligentes’, con su infinidad de aplicaciones para permanecer enganchados a la Red, desde la adictiva WhatsApp hasta su competidora Line.
Como nadie escarmienta en tragedia ajena, pese a la reciente catástrofe del Madrid Arena, sólo tras la alerta provocada por las pesquisas periodísticas se suspendió allí el pasado fin de semana un sarao musical que iba a durar hasta las 7 de la madrugada del domingo, para tormento de los vecinos del Casco Antiguo, donde se ha llegado a medir 27 decibelios más del máximo legal. Para obviar cualquier control, las entradas (más de 1.200) se habían vendido por teléfono o Whatsapp, pese a que el edificio sólo tiene licencia de actividad para el período estival y no para febrero, obviamente, y Urbanismo, mediante resolución del 30 de enero, le denegó el permiso a la sucedánea carpa denominada ‘Rocío Jurado’.
El dossier de vistas gordas y de presuntas irregularidades cometidas en favor del Auditorio, pese a ser -o quizás por eso mismo- de propiedad municipal y estar la concesionaria en concurso de acreedores desde hace casi dos años, contribuye a alimentar el descrédito de los políticos, siempre tan miopes cuando interesa: licencia otorgada obviando las competencias de la Junta de Andalucía pese a una capacidad superior a los 700 espectadores, autorización de emisión de ruidos hasta 94,3 decibelios cuando el máximo legal permitido entonces era de 70, aislamiento acústico que no consta fuera verificado, expedientes sancionadores (ocho) criando telarañas en los cajones, fijación de una hipotética sanción por un máximo de 30.000 euros cuando la normativa fija ese máximo en 300.000 (lo que hace un cero de menos, ¿verdad?), quejas sobre el incumplimiento sistemático de los horarios caídas en saco roto…..