Archivo de la categoría: Artículos

Pero aquí ¿quién manda?

La lluvia desnuda siempre las carencias y limitaciones de Sevilla. Basta con que llueva un poco  intensamente  para que de inmediato se inunden pasos subterráneos, se formen lagunas en calles, dejen de funcionar semáforos, se colapse el tráfico, la ciudad se convierta en un pequeño caos y al día siguiente leamos el parte de las salidas de los bomberos para achicar agua de sótanos y garajes, retirar ramas y hasta árboles caídos, sanear cornisas y balcones en riesgo de desprendimiento y subsanar muchas otras incidencias provocadas por un fenómeno meteorológico con efectos sobredimensionados por la particular orografía de la ciudad y su histórica ubicación geográfica entre los brazos del río Guadalquivir, afectado por la influencia de las mareas. La ventaja de Sevilla, un don del Guadalquivir como lo es Egipto del Nilo por ser aquélla el único puerto interior de España, se convierte también en su principal inconveniente cuando la meteorología se torna adversa.

Y la lluvia también ha desnudado otras carencias de y en esta Semana Santa, por más que el delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, y el alcalde, Juan Ignacio Zoido, hayan insistido en algunos falsos mitos sevillanos en sendas declaraciones a emisoras radiofónicas: el primero, a la Cope, en el pórtico de la Semana Santa; el segundo, a Radio Nacional, en la mañana del Sábado Santo, cuando aún la Hermandad de la Macarena no había decidido el retorno a paso más que de mudá a su basílica por la nueva amenaza de lluvia.

TÓPICOS CUESTIONADOS

Tanto el delegado como el alcalde destacaron en sus intervenciones la experiencia de Sevilla en la organización de eventos de masas, la sabiduría acumulada por los sevillanos a la hora de moverse en la ingente marea humana que toma las calles….Zoido se había olvidado de la incidencia causada por la Hermandad de Los Panaderos el Miércoles Santo y que, como cuando el pánico colectivo registrado durante la Madrugada del año 2000, ha servido para cuestionar todos esos lugares comunes sobre la capacidad autogestionaria de las hermandades en la Semana Santa. Item más: cuestiona también la propia capacidad organizativa de los organismos e instituciones que participan en el gran evento primaveral sevillano por excelencia junto con la Feria de Abril.

Porque el episodio de Los Panaderos ha puesto de manifiesto lo contrario de lo que se ha pregonado desde que tras las ‘carreritas’ de la Madrugada dde 2000 Monteseirín, inspirándose en la experiencia de El Rocío, copió el Cecop para impedir la repetición de aquellos hechos o similares: nadie ha sabido realmente qué estaba pasando -otra vez, como hace trece años-, quién dictaba las órdenes y a quién había que obedecer.

DESCOORDINACIÓN

Prácticamente todos los medios de comunicación han coincidido en destacar lo que reflejaba ABC con este resumen periodístico de aquella jornada: “Del Miércoles Santo se va a recordar el espectáculo dado por Los Panaderos que, debido a un chaparrón que arreció a las diez y media de la noche, decidió regresar a su capilla pero se quedó a hacer su propia carrera oficial, a ritmo de marchas, en la Campana, dejando a la Hermandad de La Lanzada encerrada en la calle Cuna. Una actuación inclasificable que devolvió la ciudad a años en los que no existían ni el Consejo de Cofradías ni el Cecop, cuya sensatez y autoridad brilló anoche por su ausencia.

La pitada del numerosísimo público a la cofradía de la calle Orfila rubricó lo que un sector cada vez mayor de Sevilla está pensando: los integrantes y la composición de la Semana Santa fallan, se desmoronan, no son lo que debían ser…..”.

Subrayemos justamente la evidencia de que “la ciudad volvió a los años en que no existían ni el Consejo de Cofradías ni el Cecop”, hasta el punto de que los policías que acudieron a tratar de poner paz y orden entre Los Panaderos y La Lanzada no sabían a qué atenerse porque carecían de un protocolo de actuación ante una situación como aquella y si era el Consejo General de Cofradías o el Cecop quien debía disponer al respecto.

También se produjo otra situación colateral sin precedentes: el público abucheó los pasos de Los Panaderos como protesta por recrearse en la Campana como si no estuviera ocurriendo nada -tardó 45 minutos en recorrer los 200 metros que la separaban de su capilla- y por obstaculizar por tanto el tránsito por la calle Cuna de La Lanzada hacia su templo, en busca de refugio por la lluvia. Esos abucheos derivaban de que la gente conocía a través de las redes sociales y de las emisiones radiofónicas qué estaba ocurriendo en tiempo real en las calles de Sevilla.

EN LA INOPIA

En llamativo contraste, cuando se repasan las declaraciones realizadas por los teóricamente responsables de la organización de la Semana Santa lo que más destaca es justamente lo contrario, ya que todos coinciden en señalar que carecían de información para haber actuado en consecuencia.

El delegado de Seguridad Ciudadana, Demetrio Cabello, que reconoció que gracias a la presencia de la Policía Nacional se evitó que pasaran a mayores “algún pequeño forcejeo entre miembros de las dos hermandades”, dijo: “La meteorología no es ningún problema. El problema es la falta de información. Si hubiéramos tenido información de lo que pensaban hacer Los Panaderos no habría ocurrido. Se les habría obligado a dar la vuelta sobre sus pasos y no por Martín Villa y se hubiera ahorrado tiempo”.

El delegado diocesano de Hermandades, Manuel Soria Campos, iba en la delantera del paso de la Virgen de Regla, junto con el hermano mayor, y declaró que no se había enterado de que La Lanzada estaba esperando en la calle Cuna hasta que varios nazarenos se dirigieron a ellos para comunicarles lo que estaba pasando.

El hermano mayor de Los Panaderos, Ildefonso Martínez, manifestó por su parte: “Cuando se nos da permiso para ir de La Campana a Orfila se nos dice que La Lanzada está entrando en Cuna, pero no era así, porque al llegar nos encontramos la cruz de guía. Está claro que si el Consejo lo hubiese sabido, tampoco se nos hubiera permitido hacerlo”

Por su parte, le hermano mayor de La Lanzada, José Antonio Pérez, declaró que cuando entraron en la calle Cuna no sabía que se encontraría con Los Panaderos y que primero les dijeron que sólo iba el primer paso, pero que luego vieron el palio, por lo que ya no pudieron maniobrar.

El Consejo de Cofradías tampoco sabía nada de lo que estaba ocurriendo y, según Demetrio Cabello, tuvo que ser informado por el Cecop del inminente choque entre las dos cofradías en la desembocadura de la calle Cuna.

DESINFORMACIÓN

Si tras los sucesos de la Madrugada de 2000 se acuñó para definir lo ocurrido la frase “nadie conoce a nadie”, en alusión al título de la película homónima inspirada en una premonitoria novela de Juan Bonilla, el denominador común de los sucesos del Miércoles santo ha sido el “nadie conoce nada”, pese a que Los Panaderos actúa no en el Polígono de San Pablo o en El Cerro, lugares alejados del centro, sino en las mismas barbas del palquillo del teórico gobierno de la Semana Santa, en la Campana.

En la era de Internet, los GPS, Twitter, otras redes sociales, Whatsapp, los teléfonos inteligentes y otros dispositivos tecnológicos y en un radio de 200 metros resulta que nadie se entera de lo que está sucediendo hasta que ya no tiene remedio, no existe la exigida coordinación entre el Cecop, el Consejo de Cofradías y las dos cofradías involucradas en la incidencia como consecuencia de la lluvia, con decenas de miles de personas en las calles.

Cabe preguntarse entonces qué habría podido ocurrir en caso de un incidente grave o si se hubieran repetido los sucesos de la Madrugada de 2000 con un ataque de pánico colectivo. Al recordar hace siete años aquella histeria generalizada, el entonces director del Centro de Coordinación Operativa del Ayuntamiento, Rafael Pérez, afirmaba lo siguiente: “Hoy, las consecuencias de aquel suceso serían diferentes porque tenemos un órgano centralizado que es los ojos, el oído, el tacto y el gusto de todos los dispositivos municipales. El Cecop garantiza una única voz…..”.

Pues los ojos, los oídos, el tacto y el gusto del Ayuntamiento fueron incapaces el Miércoles Santo de evitar el encontronazo entre Los Panaderos y La Lanzada y de reaccionar a tiempo posteriormente. Como reflejaron las crónicas periodísticas, ocurrió todo como en los tiempos en que este organismo no existía y los hechos pusieron en solfa la extendida leyenda de la capacidad autogestionaria de Sevilla con su Semana Santa.

Los medios recogieron también una frase reveladora: “Seguimos sin saber lo que ha pasado”.

O sea, lo mismo que se dijo tras la Madrugada de 2000.

El vigilante

La petición del Metropolitan Museum de Nueva York de al menos dos piezas del Tesoro del Carambolo para su exposición el año próximo en la ciudad de los rascacielos ha desnudado las vergüenzas de la Cultura española: el Ministerio, titular del Museo Arqueológico hispalense (donde debe mostrarse en nuestro país el Tesoro tartésico o fenicio) y que se reclama instancia última para otorgar el permiso, se ha enterado del asunto por la prensa en vez de por el Ayuntamiento o por la Junta de Andalucía; el Consistorio sevillano, dueño de las joyas, filtró interesadamente la solicitud al tiempo que su predisposición favorable a otorgarla, para así dejar en evidencia al Gobierno autónomo y para que la opinión pública se preguntara por qué se podrían ver en la Gran Manzana mientras que en Sevilla permanecen ocultas en una caja fuerte por falta de custodia; y la Junta de Andalucía, que dice se gastó un millón de euros en reformar el Museo Arqueológico para la exposición permanente del Tesoro, se defendió achacando a los recortes de Rajoy la falta de los 150.000 euros anuales que cuesta su vigilancia, para justificar por qué no puede exhibirlo y la razón de su devolución a la cámara acorazada de un banco.

Ciento cincuenta mil euros, pues, es la diferencia entre que se exponga y se deje de exponer unas de las mejores piezas de orfebrería de la Antigüedad de todo el mundo y el motivo final de las trifulcas entre las tres Administraciones Públicas de este reino de taifas llamado la España de las Autonomías.

Pues bien, mientras las Administraciones de distinto signo político se han tirado simbólicamente las piezas del Carambolo por ver quién paga y deja de pagar la factura de su custodia, y en su desacuerdo prefieren que el Tesoro duerma desde hace 50 años en un banco o que se vea en Nueva York antes que en Sevilla, todos los políticos del Ayuntamiento y de la Junta de Andalucía se felicitan sin excepción por el acuerdo -más bien novación del mismo- en virtud del cual se cede a la Fundación Cajasol (ojo, no a la Obra Social de La Caixa, con todo su dinero y experiencia en los Caixaforums) del así redivivo Antonio Pulido (la función crea el órgano) las Atarazanas a cambio de 10 millones de euros de entrada inicial y 75 letras de 200.000 euros anuales. Repito: tan sólo 200.000 euros al año.

Conclusión: ese dinero sólo llega para pagar la factura del vigilante.

Y ya puestos a vigilar, ¿no habría sido mejor haber optado por la vigilancia del Carambolo antes que la de las Atarazanas?

Impacto de la Semana Santa

El arzobispo de Sevilla, monseñor Asenjo, previno en su día contra la vertiente crematística de la Semana Santa al subrayar que debe predominar su dimensión espiritual, porque se trata “de actualizar y revivir -dijo- la Pasión del Señor”. Pero eso no significa que el pontífice de la Iglesia sevillana no comprenda ni valore la dimensión económica de estas fechas religiosas, tan señaladas para los creyentes, siempre que no sea “un fin en sí mismo, sino -según sus palabras- una consecuencia del corazón”.

Un mes antes del pleno ejercicio de su responsabilidad como arzobispo de Sevilla (noviembre de 2009), para lo que hubo de esperar a la renuncia efectiva del cardenal Amigo Vallejo, y siendo aún administrador apostólico de la diócesis de su procedencia (la de Córdoba), el actual prelado de los sevillanos tuvo la oportunidad de comentar un estudio realizado por Analistas Económicos de Andalucía -perteneciente a Unicaja- en que se llegaba a la conclusión de que el impacto de la Semana Santa en la capital de la mezquita era de 42 millones de euros y que contribuía a generar o mantener el equivalente a 1.682 puestos de trabajo.

Monseñor Asenjo expresó su alegría por que la Semana Santa contribuyera al sustento de tantas familias y aprovechó la oportunidad para asegurar que “la Iglesia da a la sociedad mucho más de lo que recibe de los poderes públicos”. Según el arzobispo de Sevilla, la contribución eclesial debe valorarse doblemente, no sólo por esa ayuda material derivada de la conmemoración de la Pasión y Muerte de Cristo, sino también por “la formación de buenos cristianos, que siempre serán buenos ciudadanos”.

Que recordemos, ésa ha sido la única oportunidad en que el titular de la Archidiócesis de Sevilla se ha pronunciado públicamente sobre la repercusión económica de la Semana Mayor. Si saludó con alborozo el estudio de Unicaja sobre la de Córdoba y su evaluación de los 42 millones de euros, cabe imaginar qué habría pensado cuando medio año antes un estudio similar cifró el impacto en Sevilla en 240,3 millones de euros, casi sesi veces más que la cordobesa.

En el año 2005, un equipo de trabajo de la Universidad Hispalense compuesto por Luis y María Luisa Palma Martos, Antonio García Sánchez y Gloria Franco Casillas realizó una propuesta metodológica para la evaluación del impacto económico de las fiestas de primavera en la ciudad de Sevilla, cuya última cuantificación se produjo, si no recordamos mal, en el año 2010.

La conclusión del equipo universitario fue que sólo la Semana Santa tenía un impacto económico en la ciudad de los citados 240,3 millones de euros. En comparación con el estudio de Unicaja, realizado casi por las mismas fechas para Córdoba, la Semana Santa sevillana tiene mucho más potencial que la que reflejan esas cifras. Con tan sólo algo más del doble de población (702.000 habitantes frente a 328.000, en números redondos) la repercusión económica de la fiesta primaveral hispalense no duplica, sino que sextuplica a la cordobesa, pese a estar las dos ciudades ribereñas del Guadalquivir separadas únicamente por 120 kilómetros y al también enorme valor patrimonial de la capital califal.

Estos datos demuestran que Sevilla ha sabido rentabilizar, en mayor proporción que el que teóricamente le correspondería por su peso demográfico, la Semana Santa en comparación con el resto de Andalucía y aun de España. Y es que, según el estudio universitario citado, la conmemoración de la Pasión de Cristo que se organiza en nuestra ciudad llega a congregar 909.000 personas, de las que 215.000 vienen de fuera de la capital y de su área metropolitana.

El perfil mayoritario del sevillano que participa o está presente en los actos de la Semana Mayor es el de un varón de entre 20 y 29 años o mayor de 50, con estudios superiores y ocupado en el sector servicios, con una renta inferior a los 3.000 euros y cuatro días de asistencia. El perfil dominante entre los forasteros es el de una mujer de similares tramos de edad, formación y sector ocupacional, pero con un día menos (tres) de asistencia.

El informe del equipo de investigadores de la Hispalense revela también la importancia para el sector turístico local de la fiesta religiosa, por cuanto el gasto medio de los turistas que se alojan en los hoteles asciende a 230 euros.

Con estas magnitudes no es de extrañar que los hosteleros sevillanos se levantaran en pie de guerra en las vísperas de esta Semana Santa contra el Ayuntamiento por el horario de los veladores, que ya viene siendo motivo de discordia a lo largo del mandato de Zoido y, especialmente, tras la redacción de la nueva Ordenanza contra el Ruido.

Pese a que el delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, declaró en la emisora de radio de la Conferencia Episcopal Española que todo estaba listo para la Semana Santa de este 2013 con un despliegue en los servicios de varios millares de personas, porque según dijo existe una larga experiencia en su organización, la Asociación de Hosteleros montó en cólera contra el Consistorio al conocer a última hora del Viernes de Dolores la orden de que debía retirar el Domingo de Ramos los veladores de las calles a partir de las 13 horas, con el fin de dejar expedito el terreno ante el paso de las cofradías y una posible evacuación en caso de emergencia, y el resto de la Semana Santa a partir de las 16 horas.

Los hosteleros llegaron a calificar la notificación municipal de “puñalada” a sus negocios y criticaron por boca de su vicepresidente, Antonio Palomino, la “falta de seriedad y de coordinación absoluta” en el seno del gobierno local, especialmente entre el Cecop, Urbanismo y la Policía Municipal.

Y es que mientras en años anteriores se realizaba, según la Asociación de Hosteleros, un análisis previo para ver si había que hacer algunos cambios, como retirada puntual de veladores o retranqueos, este año le ha costado más tiempo de lo normal reunirse con los distintos departamentos municipales. Cuando cada propietario de bar había tomado sus decisiones en materia de contratación de personal para atender a los veladores que tenía previsto, a las 7 de la tarde del Viernes de Dolores llegaron las notificaciones sobre los nuevos horarios, después de una semana “sin que nadie cogiera el teléfono -aseveró Palomino- ni responder a nuestros correos electrónicos”.

Al final ha tenido que ser el alcalde, tan solícito siempre a las demandas de comerciantes, hoteleros y hosteleros, quien le ha enmendado la plana a su equipo para mantener el ‘statu quo’ en los horarios de los veladores, a fin de que propietarios de algunos establecimientos no perdieran, según las estimaciones de la patronal, hasta el 80% de los ingresos previstos en estas fechas de Semana Santa, la temporada alta para el sector y que aporta el 1,22% del producto Interior Bruto de Sevilla capital.

El desencuentro temporal entre el Ayuntamiento y la Asociación de Hosteleros demuestra que el gobierno de Zoido, en el segundo año en que organiza la Semana Santa (el Consistorio se remite a que, en puridad, el organizador es el Consejo General de Cofradías y Hermandades, pero éste no regula el horario de los veladores), sigue sin estar completamente rodado y que el Cecop, o bien no ha empezado haciendo honor a su nombre de Centro de Coordinación Operativa o bien ha quedado desautorizado por el alcalde con tal de complacer a uno de los poderes fácticos de la ciudad.

 

Campanas

El manifiesto fundacional de Iniciativa Sevilla Abierta, titulado ‘Sevilla, algo más que tradiciones’, incluía entre las propuestas de la progresía local a las Administraciones Públicas la lucha “en particular contra la contaminación acústica generada por las campanas de la Giralda y de diversas iglesias sevillanas (que) superan con creces los límites legales…”

Uno de los promotores, que había fijado su residencia en el entorno de la catedral, coló  esta exigencia pese a que las campanas llevan tañendo desde hace casi 500 años con similar volumen de sonido, sin que en estos cinco siglos constara queja alguna por tal circunstancia y pese a que el alérgico al repiqueteo del metal podría haber fijado libremente su residencia lo más lejos posible del antiguo alminar almohade. La pretensión así hecha pública de que enmudecieran las campanas de la Giralda en vez de que quien no las soportaba se mudara de collación denotaba en el fondo la misma intransigencia en quienes tachaban de intolerantes a los guardianes de las tradiciones. En el fondo, se trata de un fenómeno  típicamente sevillano de exclusiones mutuas: el anverso y el reverso de la misma moneda.

Si la Giralda, símbolo de la ciudad por excelencia, existe tal como la conocemos es justamente por el cuerpo superior añadido en el siglo XVI por el arquitecto Hernán Ruiz como campanario para albergar las campanas, rematado por la veleta del Giraldillo, la victoria de la Fe. Y las campanas dejaron de ser exclusivamente un símbolo meramente religioso para convertirse en insólito instrumento musical el 20 de octubre de 1990, cuando el maestro valenciano Llorenc Barber organizó un concierto de tañidos, el ‘Amare Mariam’, en el que sonaron a los cuatro vientos 159 campanas de 56 campanarios y espadañas de la ciudad. Aquel día enmudecieron hasta los veladores de los bares para escuchar la sinfonía de tantos  volteos al unísono o intercalando sones distintos.

La Junta de Gobierno del Ayuntamiento aprobó el proyecto de nueva Ordenanza contra la contaminación acústica, que exime del cumplimiento de los límites de emisiones de ruido al toque de campanas de los templos, con lo cual ya nadie podrá acusar a las campanas de la Giralda de vulnerar la legalidad.

Mira que si a Zoido, además del ‘mapping’ y los copitos de nieve en la Plaza de San Francisco, se le ocurre organizar otro concierto magno, como el de hace 23 años, con todas las campanas de la ciudad para celebrarlo….

Alguien hasta puede exiliarse.

 

Zoido, sin argumentos en la Alameda

La primera gran decisión de Zoido tras asumir la Alcaldía el 11 de junio de 2011 fue la derogación del Plan Centro de restricciones al tráfico en el Casco Antiguo, que había aprobado el gobierno anterior presidido por Monteseirín. Para acallar las protestas de los partidos de la oposición y de los sectores ciudadanos contrarios a que el coche volviera a enseñorearse de las calles del Centro sin ningún control, el alcalde prometió  a finales de julio de aquel año la redacción de un nuevo Plan de Movilidad. El factor diferencial de este Plan en relación con el precedente era que debía ser fruto de un proceso participativo de todos los sevillanos, al contrario de lo que, a juicio del gobierno del PP,  había ocurrido con el anterior durante la coalición PSOE-IU en el Ayuntamiento: era consecuencia de una imposición de las fuerzas de izquierda a quienes no compartían su misma ideología.

El nuevo Consistorio gobernado por el PP pregonaba que el alcalde se había limitado a cumplir su promesa electoral de derogar el Plan Centro para, una vez retrotraídos a la situación anterior, partir de cero y tratar de lograr un consenso participativo en el diseño de las políticas de movilidad en la ciudad, de forma que nadie se sintiera excluido, como había ocurrido en la etapa de Monteseirín como alcalde.

PROMESA INCUMPLIDA

Pues bien, casi dos años después de formulada aquella promesa, tanto la oposición como colectivos ciudadanos, cansados de esperar, han empezado a demandarle a Zoido su cumplimiento,  y están dispuestos a abrir un frente de batalla contra el gobierno del PP, máxime tras la adopción de dos decisiones vinculadas entre sí: la modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para la recalificación de la antigua comisaría de la Gavidia como zona comercial (actualmente, el suelo que ocupa está calificado como superficie de interés público y social o SIPS, y el edificio, protegido como un Bien de Interés Cultural) y la derogación de la prohibición de construir aparcamientos rotatorios en el Centro, con lo cual se daría cobertura legal al futurible parking subterráneo en la Alameda de Hércules. Y es que el delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, incurrió en un lapsus freudiano durante el Pleno municipal y confesó que el estacionamiento en el bulevar estaba relacionado con la recalificación de la antigua comisaría de Policía.

El Grupo Municipal Socialista ha logrado que en la Junta Municipal del distrito Casco Antiguo se apruebe la comparecencia del delegado de Seguridad y Movilidad, Demetrio Cabello, para que explique de una vez por todas sus planes de tráfico para el Centro, ya que cuando se acerca el ecuador del mandato de Zoido el único plan existente es, justamente, la ausencia de plan alguno y la mera adopción de medidas puntuales cuando llegan las fechas señaladas de Semana Santa y Navidad. O sea, lo mismo que se ha hecho durante toda la vida. En puridad, las novedades aplicadas son los dos coches ponemultas en servicio, cuando antes había uno solo, y la mayor actuación de la Policía Local y de la grúa multando y retirando vehículos para cumplir el objetivo recaudatorio de los 25 millones de euros en sanciones a final de año.

La solicitud del PSOE en la Junta de Distrito no parece que preocupe en absoluto a la mayoría gobernante, por cuanto hace casi un año se aprobó prácticamente la misma exigencia y el delegado Demetrio Cabello aún no se ha dignado comparecer para rendir cuentas sobre su política de movilidad, pese a la promesa inicial de Zoido y a sus continuas apelaciones a las “luces y taquígrafos”.

PLATAFORMA CIUDADANA

Mayores dolores de cabeza puede producirle al alcalde y su equipo la movilización acordada por las 26 asociaciones y colectivos ciudadanos que se integran en la Plataforma No Parking Alameda, cuyo pistoletazo de salida será fijado por la asamblea que ha sido convocada para el próximo miércoles, a las 7 de la tarde, en el Centro Vecinal Pumarejo.

La movilización ciudadana es la respuesta de la Plataforma a la aprobación provisional por parte del Pleno municipal, en su reunión del pasado 22 de febrero, de la modificación del Plan General que permitirá la construcción de aparcamientos rotatorios en el Centro y, por lo tanto, también en la Alameda de Hércules, el objetivo indisimulado declarado por el gobierno de Zoido para que preste servicio fundamentalmente al nuevo centro comercial que pretende implantar en la Gavidia, edificio que carece de estacionamiento propio.

El Ayuntamiento resucita un proyecto que, como ha recordado en estas páginas el arquitecto José García-Tapial, ya fue incluido en el PGOU del año 1962 (2.500 plazas distribuidas en cinco plantas) y rechazado por los ciudadanos, la mayoría de los partidos políticos y el Colegio de Arquitectos en los albores de la Transición.

MEDIO SIGLO ANTES

García-Tapial, rememorando la frontal oposición de aquel entonces, ha aseverado lo siguiente: “Hoy tenemos muchos más datos que entonces para desaconsejar este tipo de propuesta. Como la segura aparición de restos arqueológicos. O el riesgo que para el caserío próximo supondría alterar el curso fluvial subterráneo que aún subsiste. O las numerosas plazas vacantes aún en el vecino aparcamiento municipal de Mendigorría. ¿Se han estudiado todos estos aspectos? ¿Cómo se compatibilizaría, por ejemplo, el acceso de vecinos, carga y descarga, transporte público y usuarios del aparcamiento rotatorio por la angosta calle Calatrava, ya hoy congestionada?”.

Igualmente, la Plataforma ciudadana considera que la construcción de un aparcamiento subterráneo y rotatorio en la Alameda plantearía problemas geotécnicos y de destrucción del arbolado y que su posterior explotación provocaría la saturación de los accesos y limitaría el amplio uso que ahora tiene este espacio.

A su juicio, existen alternativas más coherentes, simples y austeras para favorecer la accesibilidad al Centro, como el fomento del transporte público -primando los autobuses de Tussam en vez de los coches privados-, la potenciación de los itinerarios con prioridad peatonal -manteniendo los carriles-bici- y la construcción de los inconclusos aparcamientos en el borde del Casco Histórico, a pesar de que los de carácter rotatorio existentes en el Centro registran un bajo grado de ocupación.

La Plataforma estima que, desde que derogó el Plan Centro, el gobierno local actúa de forma errática, por la falta de un modelo global, y que los cambios en la política de movilidad son contrarios a las determinaciones del PGOU vigente, a las directrices estatales y europeas y a la tendencia en las ciudades de nuestro entorno.

PLAN DE ACCIÓN

Por ello, los 26 colectivos ciudadanos plantean de entrada las siguientes actuaciones:

-Solicitud a la Junta de Andalucía de que no apruebe con carácter definitivo las modificaciones del Plan General y, por el contrario, que declare la Alameda Sitio Histórico.

-Presentación de un recurso en vía judicial contra el acuerdo del Pleno del 22 de febrero de 2013.

-Campaña informativa entre los vecinos de la ciudad sobre las alternativas al aparcamiento subterráneo y rotatorio en la Alameda.

-Reclamación de la elaboración participativa del Plan de Movilidad prometido por el alcalde.

-Acción de ocupación del espacio público y defensa de su uso peatonal.

DOCUMENTO MUNICIPAL

Paradójicamente, el gobierno de Zoido ha remitido a la Junta de Andalucía un estudio de movilidad para justificar la recalificación comercial de la antigua comisaría de la Gavidia que supone el mejor alegato contra el parking en la Alameda.

Según el Ayuntamiento, la apertura de un centro comercial en la Gavidia sólo generaría 1.605 desplazamientos más a la semana, debido al gran número de establecimientos ya existentes en la zona, desde grandes almacenes (El Corte Inglés) hasta pequeños y medianos comercios.

El Consistorio subraya la existencia de varios aparcamientos públicos en el intercambiador de transportes de la estación Plaza de Armas, los carriles-bici, los itinerarios peatonales, las paradas de autobuses en la citada plaza amén de las del Duque y Magdalena, más la del tranvía en la Plaza Nueva, para llegar a la conclusión de que la mitad de los 1.605 desplazamientos se realizarían en transporte público;  el 40%,  de forma no motorizada (a pie o en bicicleta) y sólo un 10% en automóvil privado.

Ese 10% supone, por tanto, tan sólo 160 desplazamientos en coche privado semanalmente o, lo que es lo mismo, 27 por cada día de la semana de apertura del centro comercial. Y, ¿está justificado levantar la Alameda para que albergue en sus entrañas 27 coches diarios?

En su afán por minimizar el impacto sobre el tráfico de un centro comercial en la Gavidia, el Ayuntamiento se ha quedado sin argumentos para justificar el parking rotatorio en la Alameda de Hércules.

Ellos sí que saben

Parafraseando a fray Luis de León, comentábamos ayer como quien dice las iniciativas de Ana Botella, Joaquín Leguina y Esperanza Aguirre de vetar el acceso a la política a los advenedizos y arribistas sin oficio previo conocido, poniendo para ello como tamiz la condición de que se hubieran ganado anteriormente la vida como asalariados, funcionarios o empresarios.

Los tres políticos citados deberían ir pensando en ampliar la exigencia al grado de formación de los aspirantes a una mamela pública tras conocerse, merced a los Presupuestos Generales del Estado para el año en curso, que de los 245 asesores (casi uno para cada día del año) nombrados por o para el servicio de Mariano Rajoy  -aparte de la extensísima nómina de funcionarios del Estado-, 68 de ellos no tienen ni siquiera el título de graduado escolar.

Dado que disfrutamos de Democracia desde hace 35 años y de que incluso en el antiguo régimen existía una amplia escolarización y también una razonable política de becas dentro de las posibilidades, no parece razonable atribuir a los 40 años de la Dictadura el hecho de que casi un tercio de los asesores nombrados a dedo por el presidente del Gobierno carezcan de la acreditación de los más elementales estudios primarios, por lo que cabría deducir que han hecho carrera en la política y de la política su carrera sin más mérito que haber militado desde temprana edad en los alevines del partido, pese a la recomendación de Ana Botella de que por lo menos los de la actual generación sería mejor que estudiaran o trabajaran en vez de dedicarse a pegar carteles o a conspirar contra sus mayores para entrar cuanto antes en las listas.

En un país en el que se exigen todo tipo de títulos educativos -hasta el punto de hablarse de la ‘titulitis’ como obsesión- para poder desempeñar cualquier trabajo -y máxime si es cualificado- o años suplementarios de preparación para ingresar en la función pública tras superar unas duras oposiciones en competencia con millares de aspirantes, sorprende (¿o no?) que un tercio de los supuestos ‘cerebros grises’ que aconsejan a Rajoy sobre Economía, Justicia, Educación, Política Internacional o cualquier materia carezcan siquiera del graduado escolar.

Claro que ello no es óbice para que luego salga el presidente y nos haga un magnífico discurso sobre la cultura del esfuerzo.

 

Sevilla pierde otra oportunidad

Mientras los políticos sevillanos se felicitaban hace unos días por el acuerdo en virtud del cual La Caixa, a cambio de renunciar a invertir 325 millones de euros en los próximos 75 años en las Atarazanas se va definitivamente con su Caixafórum a la torre Pelli tras una compensación de tan sólo 25 millones (10 para la rehabilitación y 200.000 euros/año durante tres cuartos de siglo), la prensa madrileña festejaba otro acuerdo, en virtud del cual el denominado ‘Paseo del Arte’ de la capital de España (eje Recoletos-Prado) tendrá en un par de años otro hito que unir a los nueve fabulosos museos, centros culturales y jardines históricos de esta ‘milla de oro’ de la cultura. El décimo atractivo para enriquecer la enorme oferta de la capital de España en tan concentrado espacio será el Museo de las Artes, la Arquitectura, el Diseño y el Urbanismo (MAADU), el cual será instalado en el número 30 del Paseo del Prado.

El Ayuntamiento de Madrid ha cedido por 75 años un espacio de 3.600 m2, y la Fundación del gran arquitecto argentino Emilio Ambasz (paisano de César Pelli, autor del rascacielos de la isla de la Cartuja pero en las antípodas en su concepción de la arquitectura) se hará cargo íntegramente del diseño y construcción del futuro museo (cinco plantas, con la fachada y el techo totalmente recubiertos de jardines por este pionero de la denominada ‘arquitectura verde’, que ha declarado que el edificio debe ser fácilmente recordado por un niño) y de su funcionamiento durante los próximos tres cuartos de siglo.

A MADRID LE SALE GRATIS

Se estima que Ambasz invertirá de su propio bolsillo, y por lo tanto sin costarle un euro a los madrileños, al menos 10 millones de euros. El nuevo museo albergará una colección permanente de arte, arquitectura y urbanismo revolucionario y sostenible. Contará, además, con una biblioteca virtual, salas de exposiciones temporales, espacios para conferencias y simposios y un programa de becas de excelencia.

Emilio Ambasz, adalid de la arquitectura ecológica, había barajado la idea de instalar su museo en la capital de su país natal, Buenos Aires, o, en su defecto, Nueva York o Bolonia, pero finalmente se ha decidido por España por las razones que expuso en su discurso ante Ana Botella, la alcaldesa de Madrid: “La idea de crear un museo aquí viene de mis lazos con este país, donde he realizado obras reconocidas internacionalmente, como el Centro de Retiro Espiritual, en Sevilla. Me siento muy orgulloso de poder ampliar la oferta cultural de esta bella ciudad y de poder dejar un legado de mi obra para aquellos apasionados de las obras de arte”.

UN HITO EN SIERRA MORENA

La Casa de Retiro Espiritual fue construida en 1974 por Ambasz bajo una gran pradera verde en la sevillana finca de ‘La Roda’, sita entre los términos municipales de Guillena, El Ronquillo y Burguillos, y con unas espectaculares vistas sobre el pantano de La Minilla y Sierra Morena. Por esta pequeña maravilla, con la que el arquitecto dijo que quería recuperar el sentido primitivo de la arquitectura, Ambasz obtuvo el ‘Progressive Architecture Award’ en el año 1980. Su proyecto formó parte de una exposición organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y ha sido incluido en numerosos libros sobre la arquitectura contemporánea.

El arquitecto argentino no sólo está vinculado a Sevilla por esta joya arquitectónica radicada en la provincia, sino también por el hecho de haber sido ganador en 1986,  ‘ex aequo’ con el equipo del ingeniero  José Antonio Fernández Ordóñez (autor del puente del Centenario sobre el río Guadalquivir), del concurso internacional de ideas para la ordenación del recinto de la Exposición Universal de Sevilla 1992. Frente a la ordenación en damero, cuadriculada y convencional de Fernández Ordóñez (era hermano de quien fue ministro de Asuntos Exteriores con Felipe González, Francisco Fernández Ordóñez), el diseño de Ambasz era una maravilla auténticamente revolucionaria para su época.

VENECIA EN LA CARTUJA

Propuso excavar la isla de la Cartuja para crear tres grandes lagunas que se habrían nutrido de agua desde la corta mediante una estación de bombeo y que habrían estado conectadas con el cauce vivo del Guadalquivir, con lo que se habría asegurado de forma permanente la circulación del líquido elemento y evitado el efecto del estancamiento. Las lagunas habrían permitido la formación de un microclima especial, con temperaturas inferiores entre cuatro y seis grados a las imperantes en la ciudad, y los pabellones de la Expo habrían ‘flotado’ sobre la lámina de agua.

Ambasz pensó además en máquinas productoras de niebla que, de paso, habrían generado  sombra para defenderse del tórrido calor sevillano en el estío, reducido la temperatura en otros seis-ocho grados, ofrecido sensación de frescor sin llegar a la humedad y creado un arco iris permanente sobre la futura Expo-92, que habría quedado así envuelta en una especie de halo mágico. El sistema de transporte entre la ciudad y las lagunas de la isla de la Cartuja y sus pabellones habría sido cubierto por ferries, para evitar el uso del automóvil. Conforme a su lema de “para poder diseñar 1992, primero debemos concebir 1993”, Emilio Ambasz ideó su proyecto tras comprobar que Sevilla tenía algunos jardines históricos pero que le faltaba un gran parque suburbano (en ese lema está el germen de lo que hoy es el parque del Alamillo, del que este año se conmemorará el XX aniversario), por lo que pensó en que una vez clausurada la Muestra Universal quedara como herencia un gran parque acuático suburbano rodeado de jardines casi selváticos.

FUSIÓN CONVENCIONAL

Pese a que su proyecto (su ejecución se cifró en 10.000 millones de pesetas de la época, nada extraordinario comparado con las magnitudes posteriores) era un 10% más barato que la ejecución de uno normal que se construyera sobre tierra, los políticos y técnicos españoles ordenaron que se fusionaran el revolucionario y ecológico diseño de Ambasz (proporción de 80% de vegetación y sólo un 20% de construcción) con el convencional (mera cuadrícula de calles) de Fernández Ordóñez. El resultado de la fusión distó mucho de lo imaginado por el arquitecto argentino, como puede apreciarse con tan sólo una visita aún hoy a la isla de la Cartuja. Prácticamente, la única concesión que se le hizo fue la de excavar un solo lago interior, el de España (en torno al cual se construyeron los pabellones nacional y autonómicos y que luego, reducido más todavía, ha seguido articulando el parque temático Isla Mágica), y el agua micronizada (el famoso microclima de la Expo), mediante la instalación de microaspersores para rebajar la temperatura en el verano sevillano y que hoy utilizan numerosos bares y restaurantes de la ciudad en sus veladores y terrazas.

Pues bien, el arquitecto argentino, que a la hora de hablar sobre sus lazos con España para justificar la construcción de su museo en Madrid sólo es capaz de recordar proyectos en Sevilla, al final levantará el MAADU y lo financiará de su propio bolsillo en la capital española en vez de en la capital de Andalucía, lo que denota de nuevo la falta de reflejos por parte de nuestro Ayuntamiento y/o la desconexión de la ciudad de los grandes circuitos culturales internacionales.

‘MILLA DE ORO’ CULTURAL

La baronesa Thyssen prefirió en su día llevarse su colección de pintura andaluza a Málaga antes que exponerla en Sevilla y Emilio Ambasz levantará su museo de las Artes, la Arquitectura, el Diseño y el Urbanismo en Madrid, cuando podría haber tenido cabida perfectamente en un edificio similar,  como habría sido la abandonada comisaría de la Gavidia si el Consistorio hispalense hubiera andado más listo y no se hubiera dejado ganar la partida por la correligionaria de Zoido, Ana Botella. Un MAADU en la Gavidia le habría resultado gratis a la ciudad (el arquitecto lo pagaba todo) y permitido crear un nuevo polo de atracción cultural en paralelo al Museo de Bellas Artes.

Por ironías del destino, el MAADU en la ‘milla de oro’ de la cultura madrileña se situará enfrente del Caixafórum que La Caixa instaló en la capital del Reino rehabilitando para ello la antigua central eléctrica de Mediodía y encargando el trabajo a los prestigiosos arquitectos suizos Herzog & De Meuron, autores, entre otros, del conocido estadio ‘El nido del pájaro’ en los Juegos Olímpicos de Pekín y distinguidos con el premio Pritzker, considerado el equivalente al Nobel de la arquitectura.

Mientras que La Caixa eligió para su Caixafórum madrileño la mejor ubicación posible, el ‘Paseo del Arte’, en Sevilla ha abandonado, con el aplauso de toda la clase política,  las emblemáticas Atarazanas al lado del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (Catedral, Alcázar y Archivo de Indias) para, a cambio de una módica compensación de 25 millones de euros en 75 años, reubicar el futurible Caixafórum sevillano extramuros, allende el río, en la torre Pelli.

Los arquitectos Antonio Cruz, Juan Ruesga y Francisco Torres han coincidido en las páginas de El País en considerar que este traslado supone “rebajar de categoría” el futurible espacio cultural, porque la nueva ubicación no cumple, a juicio de cada uno de ellos, con los requisitos que imperan en los centros que La Caixa tiene en España y que sí reunían las Atarazanas: ser un edificio noble y estar bien situado.

Pero es que Sevilla es experta en lo mismo que se le achacaba a Arafat cada vez que se veía cerca la paz en el conflicto árabe-israelí y él daba un paso atrás: nunca pierde la oportunidad de perder la oportunidad.

Beneficio sin oficio

Dos damas de la derecha han caldeado el ambiente ya de por sí caldeado al proponer diques de contención en el acceso a la política. Primero abrió el fuego la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, cuando en un acto en el que estaba flanqueada por dos concejales que pertenecen a las Nuevas Generaciones del PP abogó por la desaparición de las Juventudes de todos los partidos y recomendó a sus miembros que se dedicaran a estudiar o trabajar. Con el típico corporativismo hispánico, hasta las Juventudes Socialistas saltaron a la palestra para solidarizarse, aparcando las diferencias ideológicas, con sus coleguillas de NNGG y en contra de la señora Botella.

Inmediatamente después tomó el relevo la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que, a la inversa, suscribió la tesis de su predecesor en el cargo, el socialista Joaquín Leguina, de que sólo deben ser candidatos a un cargo público las personas que previamente hayan demostrado que saben ganarse la vida, es decir, que son empresarios, funcionarios o que cotizan a la Seguridad Social en cualquiera de sus regímenes.

Desde la izquierda y la derecha, Leguina y Aguirre coinciden en la opinión de que la política no puede ser una profesión en sí misma y que ha de ser entendida como un servicio (temporal) a la sociedad. Justamente porque no fueron profesionales de la política quienes la protagonizaron y dieron el salto a la misma desde unas vidas más o menos resueltas la Transición española fue un éxito histórico alabado y tomado como modelo en todo el mundo.

Hay, sin embargo, general coincidencia en la abismal diferencia entre los políticos actuales profesionalizados, a buena parte de los cuales no se les conoce oficio previo, y los amateurs que con su entusiasmo pusieron los cimientos de la Democracia. En 30 años, la clase política ha pasado a ser percibida como uno de los principales problemas del país y salta de escándalo en escándalo. Salvando honrosas excepciones, la política está demasiado llena de advenedizos y arribistas, cuyo único mérito consiste en la lealtad ciega al líder y en apretar el botón del voto conforme a las órdenes del portavoz, a cambio de una generosa soldada y de prebendas fuera del alcance de los ciudadanos que los sostienen con sus impuestos.

Para acabar con este estado de cosas, implántense reglas como la de que el sueldo de cada político sea equivalente, ni superior ni inferior, al que tenga en su vida privada. Así se disuaría a quienes entran en política sólo por dinero: beneficio sin oficio.

Émulos de Woody Allen

Hace más de 30 años, cuando no existían los teléfonos móviles sino sólo los fijos, el genial cineasta Woody Allen parodió en una de sus películas la obsesión de los ejecutivos de su época por estar permanentemente conectados a sus oficinas y/o a sus clientes.

El ‘yuppie’ protagonista de la cinta apenas tenía vida social porque en cuanto llegaba con su esposa de visita al piso de unos amigos pedía permiso para llamar a sus contactos y darles, como se diría ahora, su geolocalización telefónica:

-Oye, estoy en el 648729, pero calculo que dentro de una hora estaré en el….espera que mire mi agenda, ah, sí, en el 452437. No, perdona, que me he confundido. Probablemente nos pasaremos antes por el 387510.

Woody Allen reflejaba la paradoja de la incomunicación en un mundo donde aparentemente el teléfono podía permitir la interconexión entre las personas más alejadas físicamente pero que se convertía en una barrera separadora en la vida de las parejas, cuando se trocaba en un yugo que esclavizaba a quien lo utilizaba como instrumento de trabajo hasta en el hogar o en las reuniones sociales.

El humorista norteamericano, con su intuición genial, fue apenas un precursor del cuadro que se nos avecinaba tras la invención de Internet, el móvil, el Iphone, la Blackberry y los denominados teléfonos ‘inteligentes’, con su infinidad de aplicaciones para permanecer enganchados a la Red, desde la adictiva WhatsApp hasta su competidora Line.

Pese a la gravedad de nuestro crisis económica y nuestros seis millones de parados, España es el país con mayor proporción de los caros ‘smartphones’ de Europa (un 63,2% de los usuarios de móvil tiene uno de esas características), más aún que el Reino Unido (62,3%), Francia (51,4%), Italia (51,2%) y que hasta la rica Alemania, donde sólo se permiten este lujo menos de la mitad (48,4%) de los poseedores de un teléfono móvil.

Más de seis millones de usuarios de Internet en nuestro país viven además conectados  a la Red las 24 horas del día, haciendo encaje de bolillos con las teclas de su dispositivo  para, a velocidad de vértigo, tuitear, retuitear o, la mayoría de las veces, chismorrear, hasta el punto de que no pueden prescindir del aparato que les crea adicción ni en la mesa familiar a la hora de comer. Literalmente, en infinidad de hogares tienen Internet hasta en la sopa.

Anteriormente se decía que si en una Democracia de madrugada sonaba el timbre no había que preocuparse porque era el lechero. Ahora, el timbre que suena hasta de madrugada es el aviso del WhatsApp.

 

 

El Auditorio

El Auditorio es la prueba del algodón de que las normas pueden ser burladas en Sevilla de la misma forma una y otra vez sin consecuencia alguna, ya que si las hubiera habido en primera instancia quizás  no habría habido una segunda ocasión.

Como nadie escarmienta en tragedia ajena, pese a la reciente catástrofe del Madrid Arena, sólo tras la alerta provocada por las pesquisas periodísticas se suspendió allí el pasado fin de semana un sarao musical que iba a durar hasta las 7 de la madrugada del domingo, para tormento de los vecinos del Casco Antiguo, donde se ha llegado a medir 27 decibelios más del máximo legal. Para obviar cualquier control, las entradas (más de 1.200) se habían vendido por teléfono o Whatsapp, pese a que el edificio sólo tiene licencia de actividad para el período estival y no para febrero, obviamente, y Urbanismo, mediante resolución del 30 de enero, le denegó el permiso a la sucedánea carpa denominada ‘Rocío Jurado’.

Llueve sobre mojado, porque hace tres meses, en pleno duelo nacional por las cinco víctimas de la macrofiesta de Madrid, el Auditorio iba a acoger una ‘Mega Party’ con la misma falta de papeles que ahora, pese a lo cual ya había vendido unas 1.500 entradas. Y como no pasó nada entonces porque los expedientes sancionadores, si se incoan siquiera, parecen que tienen el mismo efecto disuasorio que las multas para los gorrillas, la historia ha vuelto a repetirse.

El dossier de vistas gordas y de presuntas irregularidades cometidas en favor del Auditorio, pese a ser -o quizás por eso mismo- de propiedad municipal y estar la concesionaria en concurso de acreedores desde hace casi dos años,  contribuye a alimentar el descrédito de los políticos, siempre tan miopes cuando interesa: licencia otorgada obviando las competencias de la Junta de Andalucía pese a una capacidad superior a los 700 espectadores, autorización de emisión de ruidos hasta 94,3 decibelios cuando el máximo legal permitido entonces era de 70, aislamiento acústico que no consta fuera verificado, expedientes sancionadores (ocho) criando telarañas en los cajones, fijación de una hipotética sanción por un máximo de 30.000 euros cuando la normativa fija ese máximo en 300.000 (lo que hace un cero de menos, ¿verdad?), quejas sobre el incumplimiento sistemático de los horarios caídas en saco roto…..

Era vox populi que, con Monteseirín, el Auditorio tenía un padrino en el Ayuntamiento. Lo que no cabía esperar es que con el cambio de Zoido todo iba a seguir igual, como en El Gatopardo.