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Antes y ahora

La hemeroteca es la prueba del algodón, el suero de la verdad que deja en evidencia a los políticos. Titulares de la prensa sevillana del día 7 de noviembre: Zoido dice que el Caixafórum de Sevilla no peligra; que Málaga, como siempre, que reivindique lo que le parezca y que no hay otro enclave igual a las Atarazanas para desarrollar el Caixafórum. Cuenta del alcalde en Twitter tan sólo unos días después: “Hemos cerrado el acuerdo con La Caixa para que el Caixafórum se quede en Sevilla hoy y se instale en la torre Pelli”. Mensaje subliminal: he salvado el Caixafórum para Sevilla aceptando el sacrificio de reubicarlo en el rascacielos. ¿Pues no decía que no peligraba? Pero, como es de dominio público, el acuerdo para instalar el Caixafórum en Sevilla, o sea en las Atarazanas y no la torre Pelli, lo cerró la Junta con La Caixa hace más de tres años, no el alcalde. Lo dicho: Zoido ha pasado de amenazar con tumbar la torre Pelli a defenderla ante la Unesco y, ahora, a darle su aval como sede del Caixafórum. Hay conversos mayores aún que San Pablo camino de Damasco.

 

Pilatos

Zoido se ha explayado diciendo por activa y por pasiva que el Ayuntamiento nada tiene que ver con la renuncia de La Caixa a instalar el Caixafórum en las Atarazanas porque ese proyecto se convino entre la Junta de Andalucía y la entidad catalana, por lo que es el Gobierno autónomo quien debe mirar el convenio con lupa y tomar las decisiones que tenga que tomar. Si el Ayuntamiento no tiene arte ni parte en este proyecto, salvo en su tramitación urbanística, ¿por qué entonces el alcalde recibió en el Ayuntamiento a los directivos de La Caixa que fueron a comunicarle su abandono de los antiguos astilleros, calificó su decisión como día grande para Sevilla y se hizo la foto triunfal con ellos, en plan baloncestístico, cuando conforme a sus actuales palabras lo procedente habría sido decirles que se habían equivocado de puerta y haberles dado la dirección de la Consejería de Cultura? Tras haber chupado cámara y aparentado ser el salvador del Caixafórum, a la vista de la gran cantidad de reacciones opuestas, Zoido trata ahora de lavarse las manos en plan Pilatos.

 

Atarazanas

Cuentan las crónicas periodísticas que Zoido, “preocupado” tras la espantá, por él mismo propiciada, de La Caixa al llevarse de las Atarazanas su Caixafórum a la torre Pelli, ha recurrido, como hacer suele en las grandes ocasiones o en los momentos de crisis, a escribirle una carta al consejero de Cultura, para ofrecerle su colaboración. La iniciativa del alcalde de Sevilla me recuerda a aquella llamada que en el franquismo le hizo el ministro de la Gobernación (el equivalente hoy al de Interior) al embajador de la Gran Bretaña, a cuenta de una gran manifestación que en protesta por la ocupación de Gibraltar se estaba desarrollando delante de la legación, en Madrid. “¿Le envío más policías, señor embajador?”, le inquirió el responsable del orden público. Respuesta del representante diplomático de Su Graciosa Majestad: “Me basta con que no me envíe más manifestantes, señor ministro”. Ante la oferta de colaboración de Zoido, Luciano Alonso, consejero de Cultura,  bien podría contestarle: “Me basta con que no me ponga más obstáculos urbanísticos, señor alcalde”.

 

Gol a la Junta, autogol a Sevilla

La celeridad con que Zoido (tan sólo horas después de hacerse, sonriente, la foto con los directivos de La Caixa que le comunicaron la renuncia a instalar el Caixafórum en el antiguo astillero medieval de Sevilla) envió una carta al consejero de Cultura para exigirle la rehabilitación de las Atarazanas, el plan director de usos a que se vaya a destinar el edificio y un calendario de ejecución por una consejería que, debido a los recortes, carece de capacidad inversora alguna, demuestra que el alcalde ha utilizado el monumento como arma arrojadiza contra el Gobierno autónomo, que le negó la recalificación de la Gavidia, y como un nuevo elemento de confrontación.

Dicho de otro modo, al propiciar con sus dilaciones urbanísticas la coartada que necesitaba La Caixa para desistir de su proyecto en el Arenal, Zoido, como bien ha interpretado el consejero Luciano Alonso, pensaba que le estaba metiendo un gol a la Junta de Andalucía, sin reparar en el autogol que le marca a Sevilla, ya que la ciudad pierde una inversión de 25 millones de euros en la rehabilitación de las Atarazanas, otra comprometida por La Caixa con el Gobierno autónomo de 4 millones de euros anuales durante 75 años (un total de 300 millones) y todo el efecto económico inducido que habría tenido para el casco histórico la ubicación del gran centro cultural de La Caixa en este privilegiado espacio de Sevilla.

BANDAZOS URBANÍSTICOS

La falta de criterio y de modelo de ciudad de Zoido, que ha pasado de oponerse a la torre Pelli a defenderla ante la Unesco y, ahora, a llenarla de contenido con el Caixafórum al apoyar su traslado desde las Atarazanas, se pone de manifiesto de nuevo con estos antiguos astilleros que datan del siglo XIII. El alcalde es capaz, sin inmutarse, de decir sí y no y blanco y negro a lo mismo. Cuando tan sólo unos días antes de la decisión de La Caixa trascendió que su íntimo enemigo, el alcalde malagueño Francisco de la Torre, negociaba con la entidad catalana a la vista de las pegas urbanísticas que al Caixafórum se le ponían en Sevilla, Zoido declaró: “Málaga, como siempre, que reivindique lo que le parezca oportuno, pero hay que decir que no hay otro enclave igual a las Atarazanas para desarrollar un Caixafórum”. No hay otro enclave igual, pero cuando días después La Caixa lo abandona en beneficio de su torre Pelli, a la que Zoido se oponía cuando aún no era alcalde, declara que “es un día muy importante para Sevilla”.

Sobre el proyecto de Vázquez Consuegra para las Atarazanas y sobre la figura del propio arquitecto se ha dicho de todo, tanto a favor como en contra. Los conservacionistas y la Fundación Atarazanas se han opuesto a su diseño de Caixafórum por entender que suponía la adulteración del monumento, y al final Zoido, de forma más o menos explícita, ha hecho suyo este argumento cuando dijo durante la polémica con Málaga que el proyecto “podía tener correcciones que no pusieran en peligro ni el monumento ni su entorno, declarado Patrimonio de la Humanidad”, como dando a entender que había una exigencia de modificación por parte de la Unesco tras la controversia por el rascacielos de la Cartuja.

LA UNESCO SE DESMARCA

Ese argumento ha sido rechazado de plano por Icomos, el órgano asesor de la Unesco en materia de patrimonio histórico, que al contrario que en el caso de la torre Pelli, a la que se oponía frontalmente, nunca ha llamado la atención sobre el proyecto de Vázquez Consuegra para las Atarazanas. El secretario general de Icomos España y profesor de la Hispalense, Víctor Fernández Salinas, ha declarado al respecto: “Salvo que se pretendiera hacer un rascacielos en las Atarazanas, este asunto nada tiene que ver con el Patrimonio de la Humanidad”.

Desmentido el argumento patrimonial de última hora, independientemente de lo que cada uno piense sobre el proyecto y que no es objeto de este análisis, el único intento de justificación que le ha quedado al Ayuntamiento en este tiempo para boicotear el Caixafórum en las Atarazanas  por identificarlo como un proyecto de la Junta a la que devolver políticamente el golpe por, a su juicio, el boicot del Gobierno autónomo a su proyecto de conversión de la Gavidia en un centro comercial, era de índole urbanística: si hacía falta o no la redacción de un Plan Especial previo a la concesión de la licencia de obras.

Recordemos brevemente la génesis del proyecto. Las Atarazanas estaban en manos del Ejército, que había levantado sobre sus cubiertas durante el siglo pasado una serie de instalaciones militares, cuando la Junta se las compró por algo más de 3,7 millones de euros hace una veintena de años. El Gobierno andaluz había invertido 8 millones de euros en su rehabilitación -cantidad manifiestamente insuficiente, habida cuenta la magnitud del edificio, de 7.200 m2 de planta- hasta que La Caixa, en su política de implantación en Andalucía y Sevilla frente a las Cajas sevillanas (El Monte y Caja San Fernando, unidas luego en Cajasol), se interesó por el inmueble para ubicar en el mismo un Caixafórum, a modo de escaparate de su Obra Social y Cultural. Hasta tal punto tuvo interés la entidad catalana, que la Junta modificó la ley para poder ampliarle el plazo de concesión: de 50 a 75 años.

EL PLAN ESPECIAL

Fue La Caixa, y no la Junta, la que, con las Atarazanas ya en su poder, convocó un concurso restringido de arquitectura al que invitó a diez estudios españoles, y en octubre de 2009 eligió como proyecto ganador al del sevillano Guillermo Vázquez Consuegra. El arquitecto redactor del PGOU de Sevilla, el jerezano Miguel Angel González Fustegueras, había introducido en el Plan General un mecanismo de salvaguarda para los bienes de interés cultural (BIC), con el fin de que cualquier intervención en los mismos contara siempre con la aprobación de la Junta de Andalucía  a través de la Comisión de Patrimonio. Ese mecanismo era el Plan Especial. Sin embargo, en la práctica, el Consistorio no venía exigiéndolo si comprobaba que la Junta autorizaba previamente los proyectos de rehabilitación de los BIC, como ha ocurrido con las intervenciones en el castillo de San Jorge y los conventos de Santa Paula y de las Teresas, entre otros ejemplos.

Parece obvio: si el objeto del Plan Especial es conseguir la luz verde de la Junta y ésta ya lo ha dado, no tiene sentido exigir la redacción de un Plan, con gasto añadido de tiempo y dinero, para que la Junta autorice lo que ya ha autorizado.

Cuando La Caixa tramitó la licencia de obras ante Urbanismo en octubre de 2010 y aún gobernaba Monteseirín, desde la Gerencia se le dijo que con el aval de la Junta resultaba innecesario perder medio año en redactar un Plan Especial. El proyecto de Vázquez Consuegra pasó un primer examen de la Comisión de Patrimonio del Gobierno autónomo, que le exigió al arquitecto mayores precisiones sobre las cubiertas, precisiones que fueron incorporadas al proyecto de ejecución, mucho más detallado que un Plan Especial.

INFORMES FAVORABLES

En enero de 2012, cuando Zoido llevaba ya siete meses de alcalde, el director técnico de la Gerencia de Urbanismo, Andrés Salazar, en línea con la doctrina seguida hasta entonces por el departamento, emitió un informe favorable a la tramitación de la licencia de obras “sin necesidad de redactar y tramitar un nuevo documento de planeamiento”. Es, pues, con el gobierno de Zoido cuando se ratifica que no hay necesidad de Plan Especial para otorgar la licencia al Caixafórum en las Atarazanas. Y gracias a este documento, el Colegio de Arquitectos da su visado al proyecto de Vázquez Consuegra.

Por tanto, cuando en febrero de 2012 La Caixa pide definitivamente la licencia de obras, se daban ‘a priori’ todas las condiciones favorables para otorgarla en un proceso que además es reglado y que no puede estar al capricho de los gobernantes: debe darse licencia si se cumplen las condiciones y no darse si no se cumplen. Y se cumplían en aquel entonces: visto bueno de la Comisión de Patrimonio, informe favorable de la Gerencia de Urbanismo, y visado del Colegio de Arquitectos.

Pero en paralelo o casi a continuación se van a producir varios acontecimientos que cambiarán el curso de esta historia. Por una parte, la Comisión de Patrimonio de la Junta de Andalucía se opone a la modificación del PGOU de Sevilla para avalar jurídicamente dos proyectos del Ayuntamiento presidido por Zoido: un parking subterráneo en la Alameda de Hércules y la venta de la antigua comisaría de La Gavidia para su conversión en centro comercial.

GIRO DE LOS ACONTECIMIENTOS

Casualidad, coincidencia u otra cosa, desde Urbanismo se emite otro informe, contrario al del mes de enero, en el que se concluye que La Caixa debe redactar un Plan Especial para las Atarazanas si quiere conseguir la licencia de obras, lo cual suponía una demora mínima de seis meses más. La lectura política quedaba clara: como Zoido entiende que la Junta le boicotea sus proyectos urbanísticos, el Ayuntamiento boicotea en correspondencia el proyecto del Caixafórum en un monumento propiedad de la Junta.

Y, por otra parte, el 26 de marzo de 2012 La Caixa compra Banca Cívica, y con ella Cajasol y todos sus activos -incluida la faraónica torre Pelli- por 977 millones de euros. La entidad catalana ya no necesita gastarse 25 millones de euros en las Atarazanas, más 300 millones en los próximos 75 años, para disponer de un escaparate ante Sevilla, porque Sevilla toda es ya territorio conquistado comercialmente con la absorción de su hasta entonces rival local, Cajasol.

Confluyen a partir de ese momento los dos intereses, el político de Zoido de devolverle el golpe urbanístico a la Junta, y el económico de La  Caixa de ahorrarse 325 millones de euros en las Atarazanas y de rellenar el vacío de la torre Pelli con el Caixafórum para dotarlo de un gancho comercial con el que incentivar la venta futura de oficinas en el rascacielos.

En medio, sacrificada a los intereses de unos y de otros, Sevilla.

Farolas

Dicen que en cumplimiento de una promesa, más postelectoral que electoral, Zoido va a gastarse 150.000 euros en reubicar en parques del extrarradio las farolas de la Alfalfa, la Pescadería y el Pan y sustituirlas por las tradicionales de estilo fernandino, como las del Salvador. Particularmente, nunca me gustó el mobiliario urbano de Monteseirín en el Centro, por creer que desentonaban claramente con su entorno, aunque respeto a quienes opinen lo contrario, pero aunque pudiera apoyar esta decisión del alcalde me parece perfectamente aplazable a otro momento sin las angustias económicas del presente. En una ciudad en la que se acaba de rebasar la barrera de los 90.000 parados y donde se han recortado o eliminado partidas de carácter social como el bonobús solidario con el argumento de la crisis, destinar 150.000 euros a cambiar de sitio unas farolas que aún funcionan supone, además de un gasto superfluo,  incurrir en una absoluta confusión sobre el actual orden de prioridades. La decisión de Zoido en plena crisis es tan antiestética como las propias farolas.

 

Irrisoria (2)

Recuérdese que hace unos días el portavoz municipal y senador del PSOE, Juan Espadas, se presentó a las puertas del museo Arqueológico para calificar de “irrisoria” la cantidad de 350.000 euros que le ha destinado el Gobierno de Rajoy en los Presupuestos Generales del Estado y exigir que debería consignarle una partida de por lo menos 1,5 millones de euros. Pues bien, ahora la Junta de Andalucía de Griñán presenta sus Presupuestos para la comunidad y sólo aparecen 60.000 euros a compartir entre el museo de Bellas Artes (el sempiterno estudio de la siempre pospuesta ampliación) y el Arqueológico (la nunca emprendida rehabilitación). Los sevillanos están ahora expectantes por conocer el calificativo que le otorgará Juan Espadas a la cantidad consignada por la Junta de Andalucía a los museos de la ciudad y la fecha en que, reivindicativo, se plantará en la Plaza de América, no vaya a ser que el senador socialista acabe como la locomotora de la anécdota de Caracol el del Bulto, que sólo hacía alarde de vapor cuando llegaba a Madrid pero nunca en Despeñaperros.

 

Irrisoria

El portavoz del grupo municipal socialista y senador, Juan Espadas, ha tachado de “irrisoria” la cifra de 350.000 euros destinada en los Presupuestos Generales del Estado al museo Arqueológico de Sevilla y ha anunciado que el PSOE presentará una enmienda para que se eleve a 1,5 millones. Espadas, que visitó hace unos días el edificio diseñado por Aníbal González  en la Plaza de América como primigenio pabellón de las Artes de la Gran Exposición Iberoamericana de 1929,  describió un cuadro de su situación similar al de Santa Catalina: “riesgos evidentes de daños irreversibles y problemas no sólo de mantenimiento, sino también de seguridad”. Y, claro, no perdió la ocasión de atacar a Zoido: “No le he escuchado -dijo – ni una palabra sobre esto, pero sí sobre iglesias y otros lugares, y este museo se merece el mismo interés por parte del alcalde”. Hablando de intereses: cuando el Gobierno de Zapatero consignó para el Arqueológico en sus últimos años de mandato la aún más “irrisoria” cantidad de 317.000 euros, el que no dijo ni una palabra fue el propio Espadas.

 

La pela

Un sevillano o cualquier turista que viaje a Barcelona puede, cada domingo de 10 a 13 horas, conocer gratis el Ayuntamiento, bien por libre, bien usando el servicio de visitas guiadas por azafatas con formación en temas patrimoniales y que funciona a intervalos de 30 minutos. Además de la visita explicada de la arquitectura, la historia y el arte del magnífico edificio, desde el Salón del Ciento hasta el de la Reina Regente, pasando por el de las Crónicas, con las impresionantes pinturas con paneles de oro y plata de Josep María Sert y que parecen cambiantes en función del punto de observación del espectador, recibirá, también gratis, un folleto en color sobre la Casa de la Ciudad Condal. Un barcelonés o cualquier otro turista que venga a Sevilla y trate de conocer nuestro Ayuntamiento tendrá primero que pasar por caja y pagar 4 euros. Unos tienen la fama y otros cardan la lana. Este contraste demuestra lo infundado de tantos tópicos. Al final, va a resultar que quien se rige por aquello de ‘la pela es la pela’ no es el alcalde de Barcelona, sino el de Sevilla.

 

Carlos Slim quiere el murillo redescubierto por un profesor sevillano

El Museo Soumaya, construido en México por el hombre más rico del mundo, Carlos Slim,en homenaje a su fallecida esposa y que alberga más de 66.000 obras de arte, ha contactado ya con el marchante de Texas en cuyo poder se encuentra el cuadro de Murillo ‘La Virgen del Rosario’, redescubierto por el profesor de la Universidad Hispalense Alberto Alvarez Calero. La dirección del museo mexicano, cuya construcción le costó a Slim hace año y medio unos 50 millones de euros, tiene interés en hacerse con la pintura para ampliar su colección de Antiguos Maestros Europeos. Se trata de la única de las cuatro versiones de este tema pintadas por Murillo que está en el mercado.

A Alberto Alvarez Calero, profesor de Arte de las Facultades de Geografía e Historia y de Ciencias de la Educación, una investigación sobre el convento Casa Grande del Carmen le llevó indirectamente a seguir la pista de algunas de las principales obras de arte que llegó a albergar, entre ellas dos cuadros de Velázquez (ambos en la National Gallery de Londres) y dos de Murillo: un ‘Ecce Homo’ y una ‘Virgen del Rosario’.

El pintor sevillano llevó al lienzo cuatro versiones de esta ‘Virgen del Rosario’, aunque en la bibliografía contemporánea sólo se da cuenta de tres porque se había perdido el rastro de la cuarta: una está en el Museo del Prado, procedente de las colecciones de la Casa Real española; otrala tiene depositada el parisino Museo del Louvre en el dedicado a Goya en Castres, y la tercera está expuesta en el Museo Pitti, de Florencia.

La cuarta, cuyo rastro ha seguido el profesor sevillano, está en poder de un marchante de Texas que la compró tras vender los herederos del director de orquesta José Iturbi su casa de Los Angeles y su legado, en el que figuraba esta pintura. Hasta su adquisición por el músico había permanecido en el Reino Unido tras comprarla en el siglo XIX el cónsul británico en Sevilla.

El profesor Alvarez Calero comunicó la noticia del hallazgo a la dirección del Museo de Bellas Artes de Sevilla, así como la disposición del marchante tejano a exponer el cuadro en nuestra ciudad, pero hasta la fecha no ha recibido respuesta alguna. El interés del museo de Slim, uno de los hombres más ricos del mundo según la lista Forbes, puede acabar llevando la pintura a México sin que los sevillanos tengan la oportunidad de verla de nuevo desde que salió de nuestra ciudad en el año 1840.

Conservar

Curro Pérez, La Voz a Ti Debida de Zoido en el Ayuntamiento y ‘alcalde’ de Triana, se ha montado en plan Juan Palomo las I Jornadas sobre el Patrimonio Histórico-Artístico, dedicadas (casi) monográficamente a justificar su proyecto de alicatar con azulejos la zapata de la calle Betis. Cuentan las crónicas que en las Jornadas organizadas a la medida de Curro se ha puesto en valor la necesidad de una intervención de conservación “diferente” usando materiales relacionadas con algo «tan vinculado a la tradición trianera» como es el azulejo cerámico pintado a mano. ‘Conservar’, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, significa mantener algo o cuidar de su permanencia, o sea, dejarlo tal como está y no reinventarlo, por lo que meterle al malecón tres murales, uno de ellos de 11 metros de largo por 4 de altura, puede calificarse de cualquier cosa menos de conservación, por muy trianeros que sean los azulejos. Y pensar que haya que explicarle estas cuestiones tan elementales al representante de un partido que se dice conservador como el PP…..