Zoido dice que habrá que prever nuevas medidas para evitar que los vándalos vuelvan a decapitar la estatua alegórica de Híspalis en la fuente de la Puerta de Jerez. ¿Cómo que nuevas? Habría bastado con prever alguna tan antigua como el vallado perimetral del monumento, igual que en otras ocasiones en que el Sevilla o la Selección conquistaron algún título, pero esta vez el alcalde se quedó ‘in albis’ y fue pasado por encima por el ‘desmadre’ en la bulla por ‘La Roja’. Gobernar es prever y en una ciudad donde los estudiantes han empaquetado en plan Christo (el artista norteamericano de origen búlgaro) la estatua de Santa Angela de la Cruz y los vándalos habituales robado el violín a la de Mozart a las puertas del Maestranza y embadurnado de pintura las de Curro Romero y Cayetana de Alba, habría que haber previsto medidas de seguridad para la fuente de Brackembury, pero para eso no se puede estar yendo de la Ceca a la Meca y hay que tener la cabeza puesta en Sevilla y no tanto pensando en la FEMP, las Cinco Llagas y las ‘peleítas’ malagueñas en el seno del PP.
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Preocupante
Curro Pérez, la Voz a Ti Debida de Zoido, habló, en su calidad de alcalde del arrabal, en el acto
de presentación del cartel de la Velá de Triana, pero no o además de sobre el barrio, sino
también sobre la torre Cajasol, alias Pelli, y el salvados por la campana de ser incluidos en la
‘lista negra’ de la Unesco en la convención de San Petersburgo, con estas palabras: “El que
quiera remover las cosas se encontrará con cosas (sic) desagradables. Hemos descubierto
cuestiones preocupantes. Es un aviso a navegantes”. Lo preocupante es que el Ayuntamiento
pepero haya descubierto cosas preocupantes sobre el rascacielos y mande avisos a
navegantes de que no remuevan nada y se imponga la ley del silencio como en la película de
Elia Kazan, por más que Curro Pérez no sea Marlon Brando precisamente. ¿Qué está
ocultando el Ayuntamiento que no quiere que conozcan la opinión pública y la plataforma
‘Túmbala’? ¿A quién está protegiendo el Consistorio? Con estos secretismos se demuestra que
la promesa de Zoido de luz y taquígrafos no era más que un brindis a (Caja)sol.
Los sapos de Zoido
El Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco ha decidido que la Catedral, Archivo de Indias y Alcázar no sean incluidos este año en la ‘lista negra’ del patrimonio en peligro como había propuesto Icomos, después de los compromisos adoptados por Zoido. Es una moratoria de un año pero que todo el mundo sobreentiende será definitiva y que supone un triunfo de la habitual política española de los hechos consumados.
Tal como dice Fernández Salinas, secretario del comité español de Icomos, ha sido una decisión de carácter político, ya que los aspectos técnicos se han quedado fuera del debate. Ha trascendido, aunque no aún el coste de la factura y quién la paga -si el Ayuntamiento o el Gobierno- que para influir en la decisión de la Unesco se contrataron los servicios del ex-director adjunto del Comité del Patrimonio Mundial, el cual, tras 16 años en el seno de la organización, se ha establecido como consultor privado y cobra por hacer ‘lobby’.
Al igual que en otros organismos, como el COI, donde los votos se compran y se venden a cambio de contraprestaciones presentes o futuras, también en este caso se han forjado alianzas con ciertos países para frenar la exclusión de Sevilla del Patrimonio Mundial, por el golpe que habría supuesto para la deteriorada ‘marca España’. No es casual que esta alianza se forjara con países tercermundistas como Argelia, Colombia, Iraq, India, Senegal, Mali… y que, por contra, los más desarrollados y cultos, caso de Alemania, Suiza y Estonia, fueran los más críticos con Sevilla y con el Gobierno de España por haber propiciado con su inhibición durante tres años la construcción de la torre Cajasol, pese a las advertencias de la Unesco, finalmente papel mojado.
VICTORIA MORAL
Zoido, que de objetor de la torre desde la Oposición ha pasado a su paladín con el furor del neoconverso (ahora propugna rascacielos extramuros del Centro), se ha escudado en el argumento esgrimido por los partidarios de la torre para subrayar las diferencias entre Dresde y Sevilla: mientras en la ciudad alemana se había protegido el paisaje histórico, que destrozaría un puente, en la nuestra la protección sólo se otorgó a la Catedral, el Archivo y el Alcázar y no a todo el casco histórico; y como desde estos tres bienes no se divisa a ras de suelo la torre Cajasol, técnicamente no puede decirse que haya una afección de ésta sobre aquéllos.
Por paradójico que resulte, los compromisos de Zoido para evitar la inclusión de Sevilla en la ‘lista negra’ suponen una victoria moral para Icomos, que siempre habló del impacto de esta Babel sobre el paisaje histórico hispalense extendido sobre una planicie y al que consideró globalmente y no sólo a los tres monumentos aislados de su entorno; y que también subrayó la necesidad de ampliar jurídicamente las zonas de protección del casco histórico frente a la inhibición de la Junta, que propició así que Monteseirín facilitara la erección de la torre de 178 metros cuando previamente tumbó el proyecto de torre de Ricardo Bofill (impulsado por el PA) de tan sólo 80 metros por su impacto sobre el casco antiguo (y porque por debajo camuflaba más edificabilidad de la permitida) . El urbanismo, como se percata ahora Fernández Salinas, es pura política disfrazada de razones técnicas, y la Unesco tampoco ha escapado a la política de pasillos tejida en torno a la torre Cajasol.
PLAN ESPECIAL
Cuando Zoido se compromete a redactar un Plan Especial para que en la Cartuja no se alce ni un rascacielos más está reconociendo el dictamen de Icomos sobre el impacto de la torre Cajasol sobre toda Sevilla, aunque técnicamente no sea visible desde la Catedral, el Archivo y el Alcázar, porque si es tan legal y no causa afección alguna a estos bienes, ¿qué razón hay para impedir que se construyan más iconos de la pretendida modernidad (el primer rascacielos data de finales del siglo XIX) y para no convertir la Cartuja en el Manhattan sevillano?
Cuando Zoido se compromete ante la Unesco a organizar un congreso internacional para poner en común los avances en relación con el paisaje urbano y los bienes Patrimonio Mundial, ¿de qué está hablando si no de las tesis de Icomos sobre el valor del paisaje histórico como bien a preservar y no sólo de monumentos aislados?
Y cuando Zoido se compromete a amortiguar el impacto visual de la torre también le da la razón a Icomos, porque si el rascacielos no afecta a los bienes del Patrimonio Mundial, decidir medidas de reducción de su impacto equivale a asumir la tesis de Icomos de que altera el paisaje histórico de Sevilla.
Cada compromiso de Zoido ha supuesto la aceptación implícita del informe de Icomos, que si no ha derivado en la inclusión de Sevilla en la ‘lista negra’ ha sido por ‘razón de Estado’.
CON ARGUMENTARIO AJENO
Y si la política consiste en desayunarse un sapo cada mañana, Zoido se ha tragado en París y en las semanas previas una buena ración de anfibios a cuenta de su conversión a la causa del rascacielos. Ha tenido que tragarse el sapo de defender ante la Unesco el rascacielos con el argumentario de Monteseirín, Marchena, Pulido y Espadas: la modernidad, los puestos de trabajo, la indemnización en caso contrario y hasta que va a quitar muchos coches del Centro (¿?).
No hay nada más patético que hablar por boca de ganso y tener que asumir como propio el discurso de tus rivales políticos. Como decía Ben Bradley, mítico director de ‘The Washington Post’, el mayor premio es que te cite tu competencia en portada. Zoido, aun sin mentarlo por su nombre, no hizo más que citar a Monteseirín ante la Unesco. ¡Menudo sapo!.
14 torres Pelli
El secretario del comité español de Icomos, Víctor Fernández Salinas, ha declarado en relación con la torre Cajasol, alias Pelli, que “en Los Bermejales podría haber catorce torres y nadie diría nada”. Será porque no se ha percatado aún Conchita Rivas, porque si no Salinas se iba a enterar de lo que vale un peine. En este barrio al Sur del Sur se preguntan por qué razón han de acoger todo o casi todo lo que no quiere el resto de la ciudad en esa estrategia tan inglesa de los nimby: que lo pongan en cualquier parte pero no en mi patio trasero. Pues Los Bermejales son no el patio trasero, sino el cuarto trastero de Sevilla. ¿La mezquita? Primera opción, Los Bermejales. ¿Un centro para toxicómanos? Pues en cierta parcelita libre en Los Bermejales. ¿Los locos? Al hospital asimilado al barrio. Hasta el parque del Guadaíra deja de serlo y se convierte en carretera al desembocar entre Heliópolis y Los Bermejales. Con estos precedentes más las palabras de Salinas se comprende mejor por qué este barrio, harto, llegó a pedirle a Kiko Toscano su anexión por Dos Hermanas.
Otro soneto
Hace unas semanas contamos en este espacio cómo los ambientes académicos andaban revueltos por causa de un soneto en el que se dirimían diferencias irreconciliables entre dos bandos sobre cuestiones arquitectónicas de actualidad. Ahora, de nuevo en los cenáculos literarios se hacen cábalas sobre quién se esconde tras la firma de Cástor Pólux, el que adopta el nombre de los mitológicos hermanos gemelos y de cuyo numen ha salido a la luz este otro soneto titulado ‘A la torre Zoido-Monteseirín’, que transcribimos a continuación sin quitar ni una letra: “Nunca viose en el mundo tal vileza,/ nunca se tornara en despojo maravilla,/ cual se trocara el cielo de Sevilla/ en desolado erial con tal presteza/. Nunca viose munícipes tan legos/ como Monteseirín, lerdo atrevido,/ y el juez inane, de soberbia henchido;/ ante el prodigio fueran ambos ciegos./ A la torre, el compás, el campanario,/ a la callada historia, al glauco río,/ hurtáronle la gracia y el respeto/. La gloria de ayer, es hoy osario;/ el sociata iniciara este calvario; la puntilla le dio Zoido el cateto”.
Sin Sevilla
Google ha presentado un nuevo portal llamado ‘World Wonders Project’, en el que los internautas pueden descubrir lugares que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad en dieciocho países del mundo. De momento ya se han subido a la red 1.100 fotos de gran resolución y hasta vídeos de 132 sitios maravillosos del planeta. De España se han incluido los conjuntos arqueológicos romanos de Mérida y Tarragona; los centros históricos de Córdoba, Toledo, Cuenca, Salamanca, Cáceres, Compostela y San Cristóbal de La Laguna; las murallas de Avila y las de Lugo y el acueducto de Segovia. Resulta extraño que no aparezcan la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias, tan Patrimonio de la Humanidad como los demás, aunque a la vista de la propuesta del Comité del Patrimonio Mundial de incluir a Sevilla en la lista del patrimonio amenazado, Google habrá optado por esperar a ver qué pasa y no trabajar en balde, por si luego tenía que retirar el material del portal. Y todavía hay quienes sostienen que estar en la lista negra de la Unesco no tiene consecuencias para Sevilla.
Babel
Ahora que La Caixa ha hecho las paces con la Fundación Atarazanas, única voz disonante junto a la de los conservacionistas llaneros solitarios con el proyecto de restauración/alteración (a elegir según el criterio de cada uno) de Vázquez Consuegra para el astillero medieval, ¿adivinan cuál puede ser la primera exposición en el futuro Caixafórum de Sevilla? Una pista: la caja catalana inaugura en Barcelona, para su posterior gira por España, la muestra ‘Torres y rascacielos. De Babel a Dubái’. ¡Qué (in) oportuno, ahora que por el rascacielos de la Cartuja peligra el título de Sevilla como Patrimonio de la Humanidad! Un tema, como se ve, de la máxima actualidad. Acaso será, imagino, para festejar la absorción de Banca Cívica, por lo que cuando llegue aquí a lo mejor se adapta el título a la realidad autóctona y la muestra se llama ‘De Babel a torre Cajasol, alias Pelli’. Quienes creyeron que con la compra de Cívica Caixabank iba a paralizar el rascacielos deberían atenerse a la famosa inscripción que colocó Dante en La Divina Comedia: ‘Abandonad toda esperanza’.
Símbolos
Juan Ignacio Zoido, el mismo que abominaba de la torre Cajasol (¿por qué la llaman torre Pelli, si el pobre rico de César Pelli no es más que un mandado?) y ahora se ha convertido en su defensor ante la Unesco, se ha rendido también ante las ‘Setas’ de la Encarnación. Ha lanzado una campaña de promoción turística de nuevo con los Reyes Magos/Vagos de protagonistas, y en vez de sacar a Melchor, Gaspar y Baltasar posando ante, por ejemplo, nuestro Patrimonio de la Humanidad en peligro (la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias), el Parque de María Luisa, la Plaza de España, la antigua Fábrica de Tabacos, el Salvador, el Barrio de Santa Cruz, la Macarena…… aparecen en el spot ante el Metropol/Parasol, el mayor símbolo del despilfarro, con el coste oficial de 102 millones de euros sin contar todo lo gastado en enterrar el proyecto previo del PA. Zoido, como abogado defensor del rascacielos y propagandista de las ‘Setas’, ha acabado convirtiéndose en el padre putativo (no se escandalicen: consulten el Diccionario de la Academia) de los iconos de Monteseirín.
Los ‘nimby’
El sociológicamente denominado ‘síndrome nimby’ deriva de las abreviaturas de las palabras que componen la expresión inglesa ‘not in my back yard’, que significa ‘no en mi patio trasero’ o, figuradamente, ‘no delante de mi casa’. Sevilla está llena de ‘nimbys’ muy británicos ellos, como demuestra el último barómetro de Antonio Pascual para Antares: el número de partidarios de la torre Cajasol y del parking rotatorio en la Alameda experimenta, en plan Arquímedes, un impulso hacia arriba equivalente a la distancia a la que aquéllos residen del Centro. Desde la lejanía, y sin ver ni sufrir las obras y sus impactos en el paisaje y en la vida cotidiana, es muy fácil pronunciarse a favor de cualquier proyecto: urbanismo de salón, porque constatan que no les afecta. Por contra, en el Casco Antiguo, Los Remedios y Triana, el número de detractores del rascacielos y del parking rotatorio se dispara. Son quienes están a su sombra las veinticuatro horas del día o sentirán el ruido y los gases contaminantes de los coches. El roce propicia animadversión en vez de cariño.
El mediador
Curro Pérez ha encargado a Alfonso Orce un “nuevo proceso de diálogo” sobre el alicatado de la zapata de la calle Betis. “Nuevo” presupone que hubo un diálogo anterior, pero nadie conoce a los interlocutores del Consistorio, que ha actuado en plan Juan Palomo y ahora no sabe cómo abortar la protesta contra el mural de los 180.000 euros, la cual suma miles de adeptos en la plataforma de Internet, y cómo quitarse de encima el estigma de aparecer como el destructor de la imagen tradicional del arrabal. La Voz a ti debida de Zoido ha tenido además la inocente ocurrencia de nombrar mediador en el ‘proceso’ (como si esto fuera Euskalerría) a un ceramista de la saga de los Orce (Enrique hizo el mural del Studebaker de la calle Tetuán), que por definición debe de estar a favor del paño de cerámica en el malecón. Todo esto del “nuevo proceso” y del nombramiento de un casco azul del patrimonio no es más que una maniobra de distracción para demorar la única opción sensata: renunciar de una vez al proyecto antes de que se movilice en su contra media Sevilla y toda Triana.