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Veleta

Tras la inclusión del Patrimonio mundial sevillano en la ‘lista negra’ de la Unesco, Zoido se ha caído del caballo y sufrido una súbita conversión. Podría haber dicho que hasta aquí nos han llevado los delirios faraónicos de Monteseirín y Marchena, con la complicidad de Montaner y Pulido;  que él ha intentado paralizar el rascacielos temiendo que pasara lo que ha ocurrido pero que su antecesor, aprovechando el verano y las triquiñuelas legales, lo ha dejado jurídicamente atado de pies y manos; y que no va a pagar 200 millones de euros por frenar la obra a cambio de dejar arruinada Sevilla por generaciones. En lugar de hacer eso, el Ayuntamiento de quien quería paralizar la torre Pelli para que Sevilla no perdiera su título de Patrimonio de la Humanidad se ha erigido en su paladín y proclamado que no afecta al patrimonio y da mucho empleo. O sea, que Zoido le ha comprado el argumentario enterito a Monteseirín & Cía. para celebrar su primer año en el Ayuntamiento ‘del cambio’. ¿Qué cambio? Si acaso el de la veleta, que ha pasado de la Giralda a la Plaza Nueva.

La zapata

Por una vez voy a estar de acuerdo con Bernardo Bueno, delegado de Cultura de la Junta, que sin entrar a prejuzgar el proyecto de alicatar la zapata de la calle Betis ha avisado de que debe ser sometido al dictamen de la Comisión del Patrimonio. Naturalmente, porque Curro Pérez -el alcalde trianero-, Max Vílchez y Goro Serrano pretenden, nada más y nada menos, que alterar la fisonomía tradicional del arrabal, ya de por sí adulterada por la torre Pelli, gastando los 180.000 euros que no hay para el Teatro de la Mestranza, sito justamente enfrente, en llenar de azulejos el Altozano con la excusa de que así se ahorran a partir de ahora pintarlo todos los años. Aparte de que todos sabemos que pasa la tira de tiempo sin que se palien los efectos del tiempo y del hombre sobre ese muro del Guadalquivir, ¿para esto se quiere declarar la cal de Morón Patrimonio de la Humanidad, para sustituirla por azulejos? ¿No sería mejor dejar el altozano como ha estado toda la vida de Dios y no empeñarse en reinventarlo? No la toquéis más, que así es la rosa (la rosa de Triana).

La factura de Santa Catalina

Como Zoido necesitaba que se dejara de hablar cuanto antes del fiasco de la ‘Operación Talento’, lanzó de inmediato una iniciativa que llama poderosamente la atención en un ayuntamiento acogido al Plan de Ajuste y que recorta dinero a la cultura pública (la ROSS, el Maestranza, los festivales…) y privada (las salas sevillanas): aportar un millón de euros a Santa Catalina, de cuya declaración como monumento nacional se cumplen 100 años, es propiedad de la Iglesia, lleva ocho años cerrada por amenaza de ruina y para cuya rehabilitación se precisan 3 millones.
El alcalde, raudo, ocupó espacio en los medios al filtrar la carta que ha escrito al nuevo consejero de Cultura, Luciano Alonso, para decirle que “algunos de los pilares se han hundido, con el consiguiente riesgo de derrumbe”. Zoido le ha pedido a la Junta que desembolse dinero para la iglesia con la tesis de que “todas las Administraciones tenemos que dar un paso al frente y, entre todos, salvar Santa Catalina”, porque, a su juicio, “es responsabilidad de los representantes públicos colaborar activamente en la conservación del legado patrimonial de Sevilla, con el fin de preservar para las generaciones futuras el disfrute de un templo histórico de la ciudad”.

Zoido parece ignorar que, según  la Ley 14/2007 de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía, artículo 14, son los propietarios titulares de derechos o simples poseedores de bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, se hallen o no catalogados, quienes tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y custodiarlos de manera que se garantice la salvaguarda de sus valores; y, a estos efectos, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá asesorar sobre aquellas obras y actuaciones precisas para el cumplimiento del deber de conservación.
Por tanto, es obvio que, en cuanto propietaria de Santa Catalina, a quien le corresponde salvar el monumento nacional en riesgo de ruina desde hace ocho años es a la Iglesia hispalense y no a los contribuyentes, ni a través del Ayuntamiento ni de la Junta.
Aun así, cabe recordar que la recuperación de las cubiertas, sin la cual el templo gótico-mudéjar ya se habría desplomado, se debió a un acuerdo por el que hace cuatro años el Ayuntamiento comprometió el pago de 705.000 euros y la Junta de Andalucía, 403.650, estando aún pendientes de desembolso 270.000 y 90.000 euros, respectivamente.

LAMENTACIONES

El alcalde dona ahora un millón de euros más e insta a la Junta a que haga otro tanto, y una plataforma ciudadana convierte la fachada de Santa Catalina en un ‘muro de las lamentaciones’ donde los sevillanos puedan pegar sus quejas, oraciones y dibujos “a modo de lágrima o triste lamento –dice- de un atentado cultural que puede convertirse, si no se remedia, en irreversible”, porque los pilares se han hundido entre 6 y 8 centímetros y hasta el arquitecto conservador declara que “cabe la posibilidad de que amanezca y Santa Catalina se haya derrumbado”.
Bien, ¿y qué hace y ha hecho en estos ocho años su propietario, al que le corresponde el deber de conservación, y que no es otro que la Iglesia de Sevilla? ¿Deben desembolsar entre el Ayuntamiento y la Junta los 3 millones de euros para la restauración porque la Diócesis carece de fondos para mantener su patrimonio histórico artístico?

MINA DE ORO

Veamos. La Catedral, merced a las visitas turísticas, es una auténtica mina para la Iglesia local que, como promedio, recauda en torno a 6 millones de euros anualmente. En 2011 se registraron 1.448.255 visitas y estuvo a punto de batirse el récord de 2001 (1.453.305 turistas). A cuatro días escasos de que se terminara el año, el dinero ingresado ascendía a 7.844.082 euros, un 9,5% más que en 2010, de lo que se colige que entonces la recaudación ascendió a 7.098.894 euros.
Los ingresos generados por la Catedral tan sólo en 2010 y 2011 equivalen a casi cinco veces el presupuesto necesario para la restauración de Santa Catalina. Pero en vez de destinar partidas al centenario templo en riesgo de ruina, la Iglesia da prioridad a programas de la propia Catedral y que por no ser de extrema urgencia podrían esperar perfectamente.

Por ejemplo, en una actuación en el órgano se han gastado 300.000 euros.
Otros 300.000 euros se han destinado a levantar la solería de la Capilla Real, más que nada para tratar de confirmar alguna hipótesis previa del maestro mayor, Alfonso Jiménez, que a veces se comporta más como arqueólogo que como arquitecto.
Las obras proyectadas en la fachada que da a la calle Alemanes tienen un presupuesto inicial de 1.225.000 euros. La pared está enfoscada y puede aguantar como ha aguantado durante años, pero Alfonso Jiménez quiere saber qué hay detrás, y para ello ya ha realizado unas catas que indican que lo que hay es lo habitual: partes de ladrillo, partes de piedra y partes de adobe.
La inminente restauración del retablo mayor, ya acometida de forma integral por Arquillo en 1979 y revisado por Carmen Alvarez en 1994, por lo que tampoco es urgente gastarse 1,6 millones de euros mientras se cae el templo gótico-mudéjar.
Con estas actuaciones, la Iglesia demuestra de forma fehaciente que tiene dinero para salvar Santa Catalina pero que trata de endosarle la factura de su conservación a los contribuyentes,  ante lo cual la Junta puede recurrir al artículo 24 de la Ley del Patrimonio: enviarle un requerimiento para que, con carácter inmediato, restaure el templo o, en su defecto, rehabilitarlo el Gobierno andaluz con carácter subsidiario y enviar la cuenta al Palacio Arzobispal.

La foto

Recordemos una vez más (y lo que te rondaré, morena) el viejo proverbio de que cuando el sabio señala la Luna, el necio mira el dedo. Todo el gremio periodístico hemos mirado el dedo de los concejales Goro Serrano, Curro Pérez y Max Vílchez señalando los dibujitos de los azulejos con los que, me malicio, se van a cargar las zapatas de la calle Betis gastándose 180.000 euros en poner la tira de azulejos con vistas antiguas de Triana. Todos miramos el dedo menos uno, Raúl Doblado, el único que con su extraordinaria foto en la competencia demostró haberse fijado con su cámara en la luna de la noticia: la torre Cajasol, que emergía cual Polifemo al fondo y que, de tan monstruosa, convertía en liliputienses a ediles y periodistas. Para que luego digan que no tiene ningún efecto perverso sobre Sevilla. Coge esta foto la Unesco y deja a Zoido ‘ipso facto’ sin Patrimonio de la Humanidad. ¿Comprenden ahora por qué van a poner azulejos en las zapatas del Altozano? Pues para que, como muy necios, sigamos mirando el dedo en vez de escandalizarnos por la torre Pelli.

El canon

El arquitecto Francisco Granero ha acuñado una nueva unidad de medida de los derroches y obras faraónicas de Sevilla: el canon de Santa Catalina. Granero, que es como el médico de cabecera del templo y ha declarado que cabe la posibilidad de que amanezca y se haya derrumbado, destaca que el coste de salvar este centenario monumento nacional sevillano es de 3 millones de euros, “un fleco de un modificado de cualquier obra de cierto nivel de las que se han hecho en Sevilla”, y que la factura de las ‘Setas’ de Monteseirín equivale a treinta y tantas restauraciones de esta iglesia. Aplicando el canon de Granero, los 29 millones que ha sacado Zoido para hacerle la SE-35 a Ikea equivalen a casi diez restauraciones de Santa Catalina. Y con el dinero de la torre Cajasol se habría podido arreglar el templo de cabo a rabo cada año durante más de un siglo. Si se hubieran convertido sus presupuestos al canon de Santa Catalina antes de ejecutarlas, probablemente  por vergüenza nos habríamos ahorrado obras como el Metropol y el paseo marítimo de Islantilla en la Alameda.

Bolis caídos

Ahora que la torre Pulido o Monteseirín, que como padres intelectuales (es un decir) o financieros del rascacielos merecen dar el título antes que Pelli, el cual hace de ‘albañil’ como Pellón en la Expo, ahora que -decía- supera la Giralda, Urbanismo se percata de que imita a la de Pisa y se inclina más de la cuenta. Vamos, que la han movido un metro y ha invadido el viario público. Pulido se lo ha puesto a huevo a Zoido para que le pare las obras sin costarle ni 200 millones ni un solo euro al Ayuntamiento sino gratis total hasta que no la retranquee un metro para dentro, lo que equivaldría a tener que derribarla para rehacerla de nuevo fuera del dominio público, y encima ponerle un multazo de Icomos y señor mío para que se entere de lo que vale un alcalde con un par. Pero, pelillos a la mar.  El Consistorio dice que, total, por un metro (ojo, a multiplicar por 178 de alto más la anchura) que le quite la torre al suelo, unido a lo ya quitado a los cielos que perdimos, no va a sancionar a Caixasol. No son sólo los policías quienes están en huelga de bolis caídos.

El veneno de San Telmo

“En San Telmo no me quiero sentar”. Con esta frase, Arenas anunció en un mitin en Los Palacios que si es elegido presidente de la Junta no se instalará en la  sede de la Presidencia porque es “un ejemplo del despilfarro de los gobiernos socialistas”. El candidato del PP encargaría “de inmediato” un estudio para saber el coste del traslado de las oficinas a la Casa Rosa, que albergó a Chaves mientras duraron las obras de restauración/reinvención (hay opiniones enfrentadas al respecto) del edificio.  Asimismo, ha prometido que cedería parte del palacio al Ayuntamiento de Sevilla para usos museísticos y culturales.

Por una vez Arenas ha acabado de acuerdo con Chaves porque, aunque no lo crea, su eterno rival y ex-presidente socialista al final tampoco quería irse a San Telmo, sino quedarse en la Casa Rosa. Chaves me lo confesó durante una entrevista en el antiguo chalé construido por el sastre de los Montpensier. Estaba encantado de la paz que allí se respiraba y de la maravillosa vista al extenso jardín romántico de la que gozaba y en el que paseaba entre palmeras, yucas, cycas, araucarias, cipreses, cedros, magnolios, ficus, casuarinas, moreras, pitosporos, sóforas, grevilleas, largestroemias….. y hasta patos, pavos reales e innumerables pájaros trinando por la arboleda.

Chaves, entre los jardines de la Casa Rosa, los de las Delicias y el Parque de María Luisa, estaba en la gloria: a un tiro de piedra de su propio domicilio y con un acceso a través de una calle colindante con el cuartel de Eritaña, donde no había apenas sitio ni para montarle manifestaciones, al contrario que en la amplia explanada frente a San Telmo. Así que hacía votos por que las obras del palacio se acabaran lo más tarde posible.

Tras haber presentado durante años la restauración/reinvención  de San Telmo como un monumento al despilfarro, Arenas quiere ser coherente y cederle el palacio a Zoido, que se apresuró en el mismo mitin a aceptar el posible regalo. Oficialmente, según Mar Moreno en el Parlamento andaluz, los trabajos acometidos en los 27.000 m2 de superficie construida y en los 18.000 m2 de jardines durante cinco años han costado 53 millones de euros, una cantidad que el PP eleva a entre 80 y 100 millones.

Como dato comparativo, las inacabadas obras de Fibes van ya por 110 millones de euros, y las ‘setas’ de Monteseirín costaron otro tanto (más los 32 millones en especie del edificio de Hacienda aportado a Sacyr).

Los planes iniciales eran de que en San Telmo trabajasen 300 funcionarios, aunque su número se elevó a 350. Su traslado allí permitió un ahorro anual de  722.695 euros en alquileres.

ESPACIO LIMITADO

Para liberar el palacio y cedérselo al Ayuntamiento, Arenas tendría que meter esos 350 funcionarios en el limitado espacio de la Casa Rosa y sus antiguas caballerizas, donde por no caber no cabían ni los de la Consejería de Medio Ambiente. Para ésta se construyó otro edificio, destrozando su perspectiva de profundidad que era uno de sus mayores encantos, en los jardines de la Casa Sundheim.

Habría, pues, que empezar dispersándolos por distintos inmuebles contra el más elemental principio de eficacia o recurrir de nuevo a alquileres en estos tiempos de crisis, por lo que la acusación de despilfarro podría volverse contra el propio Arenas.

Zoido dijo en el mitin de Los Palacios (se ve que el guión iba ese día en plan palaciego) que “a los 30.000 m2 de historia del arte y de jardines sólo tienen acceso los cargos públicos y los que trabajan allí, porque están cerrados a cal y canto”. El alcalde afirma que ya tiene estudiado un proyecto de uso museístico y hasta conciertos en los jardines, al modo del Palau de la Generalitat de Cataluña, visitable durante dos fines de semana al mes. Arenas no necesitaría mudarse a la Casa Rosa (a lo mejor Chaves le acabó confiando su secreto y su melancolía), ni Zoido hacerse cargo de San Telmo para abrirlo al público. El edificio ya tiene un servicio de atención telefónica (955 00 10 10) y un correo electrónico que permiten concertar visitas jueves, sábados y domingos: 12 días al mes, o sea, tres veces más accesible que el Palau de la Generalitat, el modelo de Zoido. Las 13.000 personas que lo habían visitado hasta octubre pueden dar fe de que no está cerrado a cal y canto.

Vázquez Consuegra diseñó el proyecto con una parte para uso cultural que podría potenciarse aún más, en línea con lo preconizado por Arenas y Zoido, sin necesidad de mudanzas presidenciales ni de alterar la función pública. Además de la maravillosa capilla, que por sí sola justifica la visita, existe un auditorio mediano en el ala Sur que permitiría presentaciones de libros, conferencias y conciertos de cámara. La antigua zona de seguridad existente a la entrada por la calle Palos fue habilitada para poder realizar exposiciones de pintura y de fotografía. Una galería en semisótano con vistas a los jardines, pensada para exhibir los restos arqueológicos hallados durante las obras, ha acabado como almacén de archivadores. Un amplio programa cultural es realizable sin cambiar el ‘statu quo’ actual.
El Ayuntamiento, que no sabe cómo utilizar y mantener la fábrica de Artillería, tendría que hacerse cargo de los costes de mantenimiento, vigilancia, luz, agua, etcétera, que le supondría una cesión de San Telmo por la hipotética Junta de Arenas.
Con razón decía Cassinello (ex-comisario de la Expo-92), cuando en nombre del Gobierno de España rechazaba las donaciones de pabellones que en masa querían hacer los países participantes en la Muestra Universal, que hay regalos “envenenados”.

Rectora

Antonio Ramírez de Arellano, futuro rector de la Universidad Hispalense y aún mano derecha de Joaquín Luque, que tan poca mano izquierda ha tenido con la ilegal biblioteca en el Prado de San Serbastián, presentó su equipo de gobierno, continuista de la actual etapa. De sus catorce componentes –incluido el rector en ciernes-, nueve (el 64%) ya están gobernando la universidad con Joaquín  Luque. Segundo rasgo característico: la mayoría de sus miembros proceden de carreras científicas y técnicas. Y es que son malos tiempos para la lírica. Y el tercer aspecto subrayable: hay el doble de mujeres (nueve) que de hombres (cinco), sin que nadie haya abogado por las listas-cremallera o hable de discriminación feminista, al contrario de lo que, con la demagogia habitual, habría hecho la clase política en esas circunstancias. Esta mayoría refleja el creciente poder y la valía de las féminas universitarias. Por cierto: el Vicerrectorado de Infraestructuras lo ocupa una mujer, de lo que se infiere, conforme a la tradición de esta universidad, que más pronto que tarde habrá por fin una rectora pastoreando el rebaño de la Hispalense.

Imprecisiones

Los Antonios (Pulido, presidente de Cajasol; Muñoz, portavoz adjunto del PSOE) descalifican el informe del Icomos sobre la torre Pelli basándose en sus “imprecisiones” por decir que dista 600 metros de la Giralda en vez de 1.600. Se ve que se trata de una errata u omisión atribuible a los famosos duendes de la imprenta. Ya puestos, veamos “imprecisiones” de los paladines del rascacielos. ¿Cómo cuando se pide la licencia de obras al Ayuntamiento se valora el proyecto a la baja en 130 millones de euros pero públicamente Deloitte hincha la cifra hasta los 353 millones? ¿Cómo se dice que genera 2.000 empleos directos y luego en la radio el más listo de los ingenieros los rebaja a tan sólo 600? ¿Y cómo fuentes cercanas a Cajasol dicen que por cada día que la obra estuviera parada se perderían 8 millones de euros? En tal caso, no poner un ladrillo en mes y medio valdría más que lo que según Deloitte costaría construir las 43 plantas del rascacielos.  ¿Quién, pues,  es más “impreciso”, Icomos o Cajasol? Algunos se agarran a las erratas como a un clavo ardiendo.

Marcha atrás

El también alcalde de Sevilla, súper Zoido, anunció entre trompetas del Apocalipsis que paralizaría la torre Cajasol si ponía en peligro la declaración de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad. Pues, como habría dicho Caracol el del Bulto, esos cojones en Despeñaperros, ya que a la hora de la verdad Zoido ha acabado pasteleando con Pulido y diciendo que hay que compaginar todos los intereses en juego: el patrimonio de la Caja y el Patrimonio de la Humanidad. A eso se le llama freno y marcha atrás, como a lo que tan aficionado era Monteseirín, con lo que va a tener razón el Barómetro de Pascual de que aquí no ha cambiado nada. Porque a ver cómo se conjuga (el verbo usado a su vez por Pulido) la exigencia del Icomos de detener la obra y recortar la torre con el desafío de Cajasol de rematarla hasta el final. Preso de sus contradicciones, Zoido ha acabado creando una comisión para escaparse por la tangente, conforme al consejo de Napoleón: “Si quieres que algo se haga, nombra un responsable; si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión”.