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Sin Sevilla

Google ha presentado un nuevo portal llamado ‘World Wonders Project’, en el que los internautas pueden descubrir lugares que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad en dieciocho países del mundo. De momento ya se han subido a la red 1.100 fotos de gran resolución y hasta vídeos de 132 sitios maravillosos del planeta. De España se han incluido los conjuntos arqueológicos romanos de Mérida y Tarragona; los centros históricos de Córdoba, Toledo, Cuenca, Salamanca, Cáceres, Compostela y San Cristóbal de La Laguna; las murallas de Avila y las de Lugo y el acueducto de Segovia. Resulta extraño que no aparezcan la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias, tan Patrimonio de la Humanidad como los demás, aunque a la vista de la propuesta del Comité del Patrimonio Mundial de incluir a Sevilla en la lista del patrimonio amenazado, Google habrá optado por esperar a ver qué pasa y no trabajar en balde, por si luego tenía que retirar el material del portal. Y todavía hay quienes sostienen que estar en la lista negra de la Unesco  no tiene consecuencias para Sevilla.

Rencor

En su momento fue muy comentada la espantá  que dio el (sin) alcalde Monteseirín en el último almuerzo-homenaje de su mandato a un pregonero de la Semana Santa, Fernando Cano-Romero. Si se cayó del cartel no fue por causa del pregonero, sino por su delegada de Fiestas Mayores, sabedor de que la comida se acabaría convirtiendo en una despedida por todo lo alto a Rosamar Prieto, hasta el punto de que Adolfo Arenas le dijo a esta última: “Si te presentas a la Presidencia del Consejo General de Cofradías y Hermandades, yo te voto”. El otro día, tampoco Monteseirín ni nadie del  círculo de los últimos de Filipinas de su Régimen se sumaron a la comida-homenaje tributada a Rosamar con motivo de su jubilación como funcionaria municipal. Rencoroso como el niño chico que en el fondo sigue siendo, el (sin) aún se la tiene jurada a su antigua delegada porque en su día dijo estar dispuesta a sustituirlo como alcaldesa si el PSOE se lo pedía. Monteseirín la tiene desde entonces en su lista negra de enemigos personales. El (sin), como Enrique Múgica, ni olvida ni perdona.

Atascos

Para que luego diga el PSOE que el PP le aplica el rodillo de sus 22 concejales a la oposición. Antes dice Espadas que Zoido no ha pisado la Tecnópolis durante su primer año de mandato y antes se reúne el alcalde con el Círculo de Empresarios de Cartuja-93. Los tecnológicos le dijeron al defensor de la torre Cajasol que temen un colapso circulatorio en la confluencia del rascacielos con la autovía a Huelva, el muro de defensa y la avenida Carlos III, por lo que exigen un plan especial de tráfico. Ah, pero ¿esos estudios y planes de impacto de la torre no se hicieron antes de conceder, al marchenero y monteseirinesco modo, la licencia de obras? ¿Y dónde estaban los empresarios, tan calladitos con Marchena y Monteseirín, que no dieron la voz de alarma cuando se hablaba del proyecto del rascacielos en la entrada/salida misma de Sevilla? ¿No temían entonces el colapso de tráfico que ahora ven de forma tan clarividente? En la memoria colectiva ha quedado el ‘atasco perfecto’ de aquel día por mor de Ikea. Las ciudades que olvidan la historia están condenadas a repetirla.

Símbolos

Juan Ignacio Zoido, el mismo que abominaba de la torre Cajasol (¿por qué la llaman torre Pelli, si el pobre rico de César Pelli no es más que un mandado?) y ahora se ha convertido en su defensor ante la Unesco, se ha rendido también ante las ‘Setas’ de la Encarnación. Ha lanzado una campaña de promoción turística de nuevo con los Reyes Magos/Vagos de protagonistas, y en vez de sacar a Melchor, Gaspar y Baltasar posando ante, por ejemplo, nuestro Patrimonio de la Humanidad en peligro (la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias), el Parque de María Luisa, la Plaza de España, la antigua Fábrica de Tabacos, el Salvador, el Barrio de Santa Cruz, la Macarena…… aparecen en el spot ante el Metropol/Parasol, el mayor símbolo del despilfarro, con el coste oficial de 102 millones de euros sin contar todo lo gastado en enterrar el proyecto previo del PA. Zoido, como abogado defensor del rascacielos y propagandista de las ‘Setas’, ha acabado convirtiéndose en el padre putativo (no se escandalicen: consulten el Diccionario de la Academia) de los iconos de Monteseirín.

Esto no es….

…parque ni es ná, cantaban hace 30 años Víctor y Diego, por la misma época en que en un reportaje sobre jardinería internacional los suecos mostraban su estupor por que hubiera viales asfaltados por medio del parque de María Luisa y circularan los coches, bien a diario, bien durante la Feria de Abril. Comparto la letra de la canción del dúo musical y el asombro de los nórdicos y el de los vecinos de Heliópolis al enterarnos ahora, ellos y yo, de que entre la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, tan ecológica ella, y el Ayuntamiento, tan firmante y rimbombante de la Agenda Local 21 él, han cambiado el proyecto del parque del Guadaira, que consistía  en la recuperación del curso original del río con preciosas cascadas y molinos, y le han inyectado en plan droga dura una carretera por mitad, camuflada entre árboles, que discurrirá desde la Avenida de la Paz a la rebautizada políticamente correcta por Monteseirín como de Las Razas. Hay un parque en Heliópolis que esto no es parque ni es ná. Y, mientras, el mejor amigo de los coches, Zoido, haciéndose el sueco.

* Canción de Víctor y Diego:

http://www.youtube.com/watch?v=03MFJyUDJwU&noredirect=1

 

Los ‘nimby’

El sociológicamente denominado ‘síndrome nimby’ deriva de las abreviaturas de las palabras que componen la expresión inglesa ‘not in my back yard’, que significa ‘no en mi patio trasero’ o,  figuradamente,  ‘no delante de mi casa’. Sevilla está llena de ‘nimbys’ muy británicos ellos, como demuestra el último barómetro de Antonio Pascual para Antares: el número de partidarios de la torre Cajasol y del parking rotatorio en la Alameda experimenta, en plan Arquímedes, un impulso hacia arriba equivalente a la distancia a la que aquéllos residen del Centro. Desde la lejanía, y sin ver ni sufrir las obras y sus impactos en el paisaje y en la vida cotidiana, es muy fácil pronunciarse a favor de cualquier proyecto: urbanismo de salón,  porque constatan que no les afecta. Por contra, en el Casco Antiguo, Los Remedios y Triana, el número de detractores del rascacielos y del parking rotatorio se dispara. Son quienes están a su sombra las veinticuatro horas del día o  sentirán el ruido y los gases contaminantes de los coches. El roce propicia animadversión en vez de cariño.

Ray Bradbury (2)

Dice Pilar Alcalá: “Escribo en relación al comentario que sobre la Exposición «Bécquer tan cerca… A través del Arte» se ha hecho a propósito de los libros destruidos. Soy la Coordinadora Literaria de la Exposición, cuyo comisario es el escultor Jesús Méndez Lastrucci. Creo que antes de juzgar dicha obra deberían haberse tomado la molestia de saber qué quieren expresar los autores, arquitectos, de esta obra…Amo los libros por encima de cualquier cosa… Soy filóloga y lectora empedernida… y si los autores han decidido poner esas enciclopedias para que sus hojas les sean arrancadas es porque quieren decir algo. Y no sólo hay libros para ser deshojados… ¿No se han fijado en el libro que en esta misma obra aparece colocado como objeto de culto? La información para que sea tal debe ser completa… Es muy fácil la crítica gratuita… y sin fundamentos. En vez de clamar por esta obra de arte deberían hacerlo por el estado de abandono en que se encuentra la Venta de los Gatos….”. Dice que ama los libros pero los destruye. ¿Tiene sentido? Hay amores que matan.

El mediador

Curro Pérez ha encargado a Alfonso Orce un “nuevo proceso de diálogo” sobre el alicatado de la zapata de la calle Betis. “Nuevo” presupone que hubo un diálogo anterior, pero nadie conoce a los interlocutores del Consistorio, que ha actuado en plan Juan Palomo y ahora no sabe cómo abortar la protesta contra el mural de los 180.000 euros, la cual suma miles de adeptos en la plataforma de Internet, y cómo quitarse de encima el estigma de aparecer como el destructor de la imagen tradicional del arrabal. La Voz a ti debida de Zoido ha tenido además la inocente ocurrencia de nombrar mediador en el ‘proceso’ (como si esto fuera Euskalerría) a un ceramista de la saga de los Orce (Enrique hizo el mural del Studebaker de la calle Tetuán), que por definición debe de estar a favor del paño de cerámica en el malecón. Todo esto del “nuevo proceso” y del nombramiento de un casco azul del patrimonio no es más que una maniobra de distracción para demorar la única opción sensata: renunciar de una vez al proyecto antes de que se movilice en su contra media Sevilla y toda Triana.

A la piqueta

El TSJA no se ha dejado engatusar, como tampoco los vecinos, por el ‘regalo envenenado’ de la Hispalense y ha decretado la completa demolición a sus expensas de los pilares de la biblioteca y la reposición de los jardines del Prado a su estado original. ‘Regalos envenenados’ llamaba Cassinello a los pabellones de la Expo que los Participantes querían legar a España al final del 92, porque aquel altruismo escondía la intención de ahorrarse los gastos de la demolición, obligada por el Reglamento de la Muestra. La Hispalense, con su oferta de convertir los muñones de cemento en unos jardines colgantes de Babilonia y en miradores para pájaros, no pensaba ni en los vecinos ni en Sevilla, sino en ella misma: ahorrarse la vergüenza y, sobre todo, el coste del derribo. No ha colado su plan porque está más que calada tras seis años de pleitos con unos vecinos a los que en su soberbia amenazó con exigirles 10.000 euros por cada día de parón a su obra faraónica. Con la decisión del TSJA impera la justicia y el sentido común. Lo contrario habría sido primar la ilegalidad.

Ray Bradbury

Ha muerto Ray Bradbury, maestro de la ciencia ficción y autor de obras como ‘Farenheit 451’, así titulada porque es la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde (233 grados en nuestro sistema Celsius): en el futuro los libros serán ilegales y los quemarán los bomberos. No hay que viajar en el tiempo ni siquiera irse al planeta de sus ‘Crónicas marcianas’; basta con quedarse en el presente y, en Sevilla, en la Fundación Valentín de Madariaga. Allí, a algún vanguardista de nuevo cuño, para ilustrar la exposición ‘Bécquer tan cerca… A través del arte’, se le ocurrió el otro día convertir el suelo de una de las salas en un lecho de hojas arrancadas directamente de dos tomos del Diccionario Enciclopédico  Espasa, edición 1957, para que la gente pasara por encima y las pisoteara. No eran meras fotocopias, sino páginas originales de una enciclopedia así destrozada. La realidad supera a la ciencia ficción: la Fundación Valentín de Madariaga, tan progre, destruye los libros sin necesidad de aplicarles el lanzallamas de los bomberos de Ray Bradbury.