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Tam-tam digital

Atención a la nueva moda que está causando furor y que es más peligrosa aún que las ruedas de prensa sin preguntas de los políticos, que digo yo que eso no será una rueda periodística, sino un monólogo como el de Lola Herrera en ‘Cinco horas con Mario’.Recordarán que Monteseirín se enteró de su defenestración como alcalde por un teletipo de Europa Press en vez de por un motorista como en los tiempos de Franco, un mensajero de Seur o un telegrama en mano presidido por una cruz en señal de R.I.P. Pues ahora, el aún gerente de Tussam, que ha tenido que lidiar con la peor época de la empresa bajo las despilfarradoras directrices de Monteseirín, se ha enterado de que le van a cortar la cabeza merced a una de esas charletas de Zoido en Facebook. Así que usted y yo, quizás  antediluvianos miembros de la Galaxia de Gutemberg, podemos estar tan tranquilos sin saber que acaso en este mismo momento estén doblando las campanas por nosotros en ese tam-tam digital que es Internet. Creo que me voy a dar de alta en el Twitter de Pedro J. Ramírez. Por lo que pueda pasar.

 

La UVI

Hay frases que las carga el diablo, como ésta con la que el periódico da la noticia de la incorporación del (ex) a un puesto de trabajo (¿?) en la Consejería de Salud: “Monteseirín es inspector médico de la Junta de Andalucía y, como tal, su destino natural habría sido la UVMI (Unidad de Valoración Médica de Incapacidades)…”. Si a Monteseirín le hubieran hecho en tiempo y forma una valoración de sus capacidades políticas en la UVMI, la ciudad se habría ahorrado el peor alcalde de su historia, porque se habría obtenido un diagnóstico precoz sobre su manifiesta incompetencia del principio de Peter para el desempeño de tan alta misión. Pero como aquí nadie vigila al vigilante, el (ex) se ha pasado veinte años sin bajarse del coche oficial y ahora, como padece síndrome postraumático politiquil, le han dispensado en la Consejería un trato de favor y dado un despacho como el de los asesores en vez de mandarlo a la UVMI, el destino natural de quien, tras pulirse los 200 millones de la hucha del PGOU y el 90% del Presupuesto en 5 meses, ha dejado a Sevilla en la UVI.

 

Quince años de vacas flacas

Celis, exdelegado de Urbanismo, ha declarado a El MUNDO, entre otras cosas, lo siguiente:

 

1) “Las setas no se han pagado con impuestos de los ciudadanos, sino por los empresarios del ladrillo, que cuando se aprobó el PGOU (2006) pusieron algo más de 200 millones de euros en base a los aprovechamientos que tenían para hacer viviendas”.

 

 

Celis trata de hacer creer a los sevillanos que el dinero empleado en las ‘setas’ no ha salido de la caja común  y por lo tanto no han supuesto un despilfarro. Su tesis se sustenta en un par de sofismas, como el de que los empresarios no son también ciudadanos y que su aportación dineraria parezca voluntaria y desinteresada  en vez de venir impuesta por el Plan General y las leyes urbanísticas.

 

El exdelegado ha aclarado una cuestión esencial: que los promotores inmobiliarios entregaron más de 200 millones de euros. Y es que en la última etapa de Monteseirín, a medida que crecía el escándalo por el sobrecoste de las ‘setas’, el Consistorio rebajaba a 172 millones el dinero de la denominada ‘hucha del PGOU’, cuando otrora se habló de una recaudación de entre 230 y 240 millones como fruto de la firma de entre 55 y 70 convenios urbanísticos.

 

Por tanto, atendiendo a Celis, hay entre 28 y 68 millones de euros ‘desaparecidos’ en el triángulo de las Bermudas municipal, razón más que suficiente para realizar la auditoría anunciada por Zoido y de la que nada se sabe.

 

 

2) “Ese dinero estaba tipificado por ley en qué cosas se podía gastar, que era en grandes infraestructuras. El destino que se ha dado a esos fondos responde a lo estipulado, si no estaríamos hablando de que habría sido ilegal”.

 

 

El PGOU, que debe atenerse a la legalidad, dice con su farragoso lenguaje tecnocrático que el dinero de los convenios firmados con los ‘empresarios del ladrillo’ se destinará “a la ejecución de (atención) los nuevos sistemas generales de la ciudad y, de forma preferente, al establecimiento del sistema general de espacios libres, el viario y desvíos de encauzamiento de la red hídrica, financiando así parte de las actuaciones atribuidas al Municipio de conformidad con la programación y Estudio Económico Financiero del nuevo Plan”.

Está taxativamente claro: dinero para las carreteras, viales, aceras, zonas verdes, equipamientos, canalizaciones y demás dotaciones necesarias para construir los nuevos barrios previstos en el PGOU durante los próximos 15 años, no para las ‘setas’ de la Encarnación, el ‘paseo marítimo’ de la Alameda, la Plaza de España, los carriles-bici…. en la Sevilla consolidada y/o en el Centro como escaparate de la ‘grandeur’ de Monteseirín.

 

 

3) “No podemos construir una carretera (en alusión a la SE-35) que vaya de ningún sitio a ninguna parte”.

 

 

Curiosamente, Celis aplica a la SE-35 el dicho popular sobre el tranvía de Monteseirín y obvia  todos los argumentos a favor de esa vía de comunicación dados en su día por el propio Ayuntamiento como vía clave para descongestionar el saturado tráfico de la ciudad y eje articulador de nuevos desarrollos urbanísticos previstos en el PGOU. Y si no se podía construir la carretera, ¿por qué se gastaron 1,4 millones de euros en diseñarla? ¿No es acaso otra muestra más de despilfarro del dinero?

 

 

4) “No se pueden tener 200 millones de euros parados en una cuenta corriente esperando tiempos mejores”.

 

 

Pero a los empresarios les decía todo lo contrario, les mentía, como ha vuelto a recordar el presidente de Gaesco, Miguel Rus: “Cada vez que pedíamos un desglose de los fondos se nos decía que el dinero estaba a buen recaudo en una cuenta corriente”.

 

Si, según Zapatero, España merecía un Gobierno que no mintiera a sus ciudadanos, ¿qué decir en Sevilla del Ayuntamiento de Monteseirín, Marchena y Celis, que no sólo mintió sobre los dineros del PGOU sino que también ocultó a los sevillanos los informes sobre los problemas técnicos de las ‘setas’, para cuya construcción se han desviado 65 millones de euros aportados por los promotores inmobiliarios para la expansión de la ciudad?

 

 

5) “Se ha acordado mediante un compromiso por escrito, que queda fijado para el futuro que una vez que los empresarios vayan desarrollando esos suelos, el Ayuntamiento, de sus recursos propios, invertirá en la infraestructura necesaria para ello”.

 

 

Celis calla que ante la amenaza de los empresarios de querellarse contra Monteseirín por estafa tras el desvío del dinero, el Consistorio tuvo que firmarles un documento en el que reconocía implícitamente la irregularidad de su actuación y se comprometía a no pedirles ni un euro más y a asumir el coste de las infraestructuras futuras. Por tanto, serán los sevillanos quienes con sus impuestos tapen el ‘agujero’ dejado por Monteseirín.

 

El último sofisma de Celis es decir que una vez que los empresarios desarrollen los suelos, el Ayuntamiento invertirá en la infraestructura necesaria. ¡Si es justamente al revés! Hasta que no se hayan desarrollado los sistemas generales no se puede autorizar ningún desarrollo urbanístico nuevo.

¿Y con qué dinero, si Monteseirín se lo ha pulido todo? Según los datos logrados por el colega Carlos Mármol, de los 172 ó 240 millones de euros del PGOU, sólo quedan 1,5 millones.

 

Sevilla tenía repleta la ‘hucha’ del PGOU para impulsar la construcción (VPO, por ejemplo) y crear empleo en esta hora de crisis, pero en vez de imitar a la hormiga de la fábula, el alcalde-‘cigarra’ Monteseirín  ha dejado vacía la hucha y condenado a la ciudad a quince años de ‘vacas flacas’.

 

 

 

La tómbola

¿Se puede ser gerente sin tener ni idea de la normativa que debe aplicarse en función del cargo y de la responsabilidad que ello entraña? Sería imposible en una empresa que se precie, porque el interfecto habría acabado de patitas en la calle al evidenciarse su ignorancia, pero en el Ayuntamiento de Monteseirín el desconocimiento de la ley no era un impedimento para ser alto cargo, ya que la ‘condición sine qua non’, como ha demostrado la deposición de su valido, Manuel Marchena, ante la juez Alaya era ser amiguete y paño de lágrimas del (ex) alcalde. Del interrogatorio de la magistrada al otrora gerente de Urbanismo ha trascendido que el cienmileurista (170.000 euros de sueldo) confesó desconocer el Reglamento de Gestión Urbanística y el expediente urbanístico relacionado con las empresas Larena y Sanma (a pesar de que estaban en juego 158 millones de euros), y que dijo tan campante que las firmas en los documentos eran “puramente procedimentales”.De todo lo cual se colige que a Marchena le tocó el cargo de gerente en una tómbola, la tómbola de Monteseirín.

 

 

Símbolo

¿Y qué ganamos los vecinos de Sevilla con que se reponga el solar de la biblioteca universitaria impulsada en el Prado de San Sebastián por Monteseirín y Marchena a su estado anterior? ¿Quién de las generaciones futuras guardará memoria de este triunfo judicial popular sobre la soberbia y las tropelías urbanísticas del Poder si el trozo amputado al jardín se repuebla de árboles y plantas y se funde con el resto del parque como si aquí no hubiera pasado nada de nada? Lo mejor no es que se recupere la zona verde tal como estaba, sino que se deje tal como está ahora, mutilada por efecto del contubernio entre Miguel Florencio y el exalcalde y con la biblioteca de catálogo de Zaha Hadid, que ni siquiera se dignó a venir a Sevilla, a medio construir, como un recordatorio permanente de la victoria del pueblo y advertencia a gobernantes futuros de hasta dónde conducen la chulería y la prepotencia. Frente a las ‘setas’ de la Encarnación, erigidas como hito triunfalista del Régimen, deben seguir alzándose su contrapunto, las ruinas de Palmira de la era Monteseirín.

 

Broche final

Cuentan las crónicas que el autohomenaje que  Marchena le organizó en lo alto de las ‘setas’ a Monteseirín junto con los últimos de Filipinas (desde el delfín Celis hasta el hombre grande, que no al revés, Fran Fernández) del Régimen demolido por los sevillanos el 22-M  se inició y acabó como el rosario de la aurora. El valido expulsó con cajas destempladas a la prensa que quería democratizar las vistas del ágape en el mausoleo alfrediano y la entrega del regalo de recuerdo (¿sería acaso el teletipo de Europa Press enmarcado?), y uno de la claque del (ex)  lió una bronca con los indignados del 15-M que derivó en heridas a un camarero y forzó la intervención de los antidisturbios. Todo un numerito. Y mientras los miembros de su club de fans político daban la cara por él, o trataban de partírsela los desafectos del Régimen, el muy heroico e ‘invictus’ exalcalde hizo la jugada de baloncesto que siempre ha hecho a lo largo de su vida cada vez que olía a chamusquina: meterse en las ‘setas’ por la puerta de atrás. Osea, la misma por la que ha salido del Ayuntamiento.

 

El contador de sombras

No hay manera de librarse de él. Tras 12 años chupando cámara es hasta lógico que Monteseirín sufra un síndrome postraumático. Va proclamando en plan llanero solitario que él no sólo ha gobernado (¿?) más años que cualquier alcalde en Sevilla, sino que además lo ha hecho “sin doblegarse ante nada ni ante nadie”. ¿Recuerdan cuando se doblegó ante el PSOE y la Junta en el tema de la fusión de las Cajas y votó en una asamblea cajeril lo contrario de lo que había defendido en el Ayuntamiento? ¿Recuerdan que votó cinco veces a favor del parking subterráneo en la Encarnación tras doblegarse ante sus socios del PA, como se doblegó por el caso Bazar España? ¿Recuerdan que no sólo no recuperó el dominio público de la margen derecha del Guadalquivir sino que prorrogó las concesiones a los clubes privados tras doblegarse ante lo que previamente consideraba poderes fácticos? ¿Para qué seguir? El (ex) me recuerda ya a aquella novela de Antonio Burgos, cuyo protagonista acabó hablando solo en la esquina de un bar y creyéndose sus propias mentiras: el contador de sombras.

 

 

Velas

De toda la vida, a las telas con sus fajas de refuerzo en forma de cuadros, donde iban cosidas las anillas a mano con hilo de cáñamo para su desplazamiento por medio de alambres galvanizadas, se les llamaba ‘velas’, no ‘toldos’, porque este método de defensa contra el sol y de artificial creación de sombra se inició, según la tradición de padres a hijos, con el reciclaje de antiguas velas de los barcos que surcaban el río Guadalquivir. Pues bien, si hoy, festividad del Corpus, los sevillanos alzan sus ojos al cielo al pasear por el Centro o yendo a la procesión, verán que, como ha dicho el nuevo delegado de Fiestas Mayores, sólo hay colocados dos ‘toldos’: uno en la Plaza de San Francisco y otro en la de El Salvador. ¿Cuál es el motivo, pese a que ya estamos en verano y con una primera una ola de calor? Urbanismo, el departamento municipal encargado habitualmente de darle sombra a las calles del casco antiguo, no tiene ni un euro. Si este Jueves brilla más que el sol es, aparte de por la tradición religiosa, porque Monteserín ha dejado Sevilla a dos velas.

 

Leyenda urbana

En las entrevistas que, recordando ciertas publicidades institucionales, imploró le hicieran hasta casi el último minuto, Monteseirín proclamó que su mayor orgullo era lo que había hecho en los barrios y cómo así había logrado una Sevilla más justa y más avanzada. ¿Barrios? ¿Qué barrios? A Viera le han preguntado ahora que, ya que no se ha hecho el harakiri orgánico tras la debacle electoral, haga al menos autocrítica sobre los errores  que han propiciado la barrida histórica de Zoido en Sevilla. Dice el aún líder provincial del PSOE que mientras Monteseirín invertía el dinero en lo que él llamaba eufemísticamente la ciudad consolidada, osea, el Centro de toda la vida, con las ‘setas’, el paseo marítimo en la Alameda y las pseudo peatonalizaciones… no se hacía lo equivalente en los barrios periféricos, como ha sido el caso de Cerro-Amate, Torreblanca, Alcosa, Miraflores….»donde los ciudadanos no han encontrado motivos para votar el PSOE».  Así ha desmontado  Viera las fábulas de Monteseirín, que lo único que ha visto sobre barrios ha sido la serie Barrio Sésamo.

 

La roncha

Todavía no ha hecho Zoido su anunciada auditoría ‘de infarto’ y ya afloran como setas las ronchas ocultas por Monteseirín bajo las alfombras. De momento se ha descubierto una lápida de 21 millones de euros en Urbanismo, de los que al menos 15 millones son imputables al imputado Marchena, de sus tiempos como gerente. Y eso que disfrutó de lleno la época de las vacas gordas, cuando del ladrillo manaba leche, miel y langostinos a mayor satisfacción del valido, conocido por su gran afición a las pinceladas al centro a costa del contribuyente o del especulador de turno. Monteseirín le puso un sueldo de 170.000 euros con la excusa de que era un gran gestor, y dijo que aún le parecía poco. El ‘cienmileurista’ ha multiplicado ciento por uno, pero con signo negativo, cada euro cobrado a los contribuyentes, pero ni se inmuta. Al igual que su jefe decía que no entendía de leyes porque era médico, él podrá alegar que de números y contabilidad no entiende porque, al fin y al cabo, es sólo un geógrafo ‘bon vivant’ que se dedicó a cartografiar los restaurantes de Sevilla.