El (sin) alcalde ha otorgado en su adiós medallas de la ciudad a las hermandades del Rocío de Sevilla Sur, cortijo electoral de Torrijos –que, tan laico él, la exigió en su día como prueba de su poder en el gobierno-, y del Cerro del Águila, en compensación a Fran Fernández tras su descabalgamiento de las listas por Susana y Viera. Cuentan que, como no podía ser menos, la decisión ha levantado ampollas en los ambientes rocieros porque estas dos hermandades ya gozan de tan alto honor pese a contar con tan sólo 25 años de existencia, mientras que la más antigua, la de Triana, con 75 años de historia y un papel estelar en la universal devoción a la Blanca Paloma ha sido ignorada. El problema de Triana es que no ha observado las reglas no escritas de esta particular romería que cada año ha organizado el (sin) alcalde con el reparto de las medallas. Ha hecho el camino sola, mientras que Sevilla Sur y El Cerro del Aguila hicieron su presentación apadrinadas por Torrijos y Fernández. Y con Monteseirín y Marchena, quien no tiene padrinos políticos, no se bautiza.
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El fin del tabú
La Feria que ahora termina es la última que se ha regido a la antigua usanza, pues en sus vísperas el Ayuntamiento aún regido por Monteseirín aprobó una nueva Ordenanza que supone el fin de uno de los tabúes del festejo y, por tanto, de su espíritu actual: la prohibición de casetas comerciales.
A partir de la próxima edición, el Ayuntamiento que surja de la cita con las urnas el 22-M tendrá vía libre para autorizar la implantación de este tipo de casetas, una posibilidad que, según Rosamar Prieto, ya era técnicamente factible pero que había pasado inadvertida o que nadie ha osado aprovechar todavía y que por tanto no se ha materializado, por el peso del tabú aún vigente en el inconsciente colectivo.
De hecho, cuando antaño trascendió que alguna firma del sector bodeguero había tanteado la posibilidad de incluir algún tipo de patrocinio sobre al menos la portada y en forma de varias andanas de bocoyes junto a sus pilares, la idea fue desechada de inmediato por considerarse poco menos que una herejía.
TAMBIÉN EL BARÇA
Pero la peor crisis económica se está llevando por delante principios que otrora parecían irrenunciables, y no sólo aquí. Hasta la camiseta del F.C. Barcelona dejará de llevar en exclusiva el logotipo solidario de UNICEF, a cuyo supuesto influjo sobre los árbitros atribuye Mourinho el poder de la entidad blaugrana, porque la directiva del club ha sucumbido a los petrodólares cataríes: 165 millones de euros por un contrato de patrocinio de cinco años.
El Barça era una de las entidades deportivas que más se había resistido a que en la zamarra de sus jugadores –la mayoría de ellos campeones del mundo- luciera patrocinio mercantil alguno. Al contrario: acordó con UNICEF, la agencia de Naciones Unidas para la infancia, incluir el símbolo de esta última no ya gratis, sino incluso pagándole 1,5 millones de euros anualmente como contribución solidaria y para hacer honor a su lema de que es ‘más que un club’ de fútbol.
Por eso, un holandés como Cruyf, que se permite el lujo de subrayar el aldeanismo de los vetos lingüísticos en Cataluña y proclama que es más importante aprender inglés que catalán, ha sido casi el único en criticar públicamente esta decisión de la junta de Sandro Rosell y decir que el Barcelona ha perdido su seña de identidad y ya no es más que un club, sino un club como los demás, que se venden al mejor postor.
NUEVA TIPOLOGÍA
La nueva Ordenanza de la Feria de Abril, que cada vez flirtea más con mayo porque está anteponiendo a su espíritu festivo el crematístico por querer captar como turistas a los madrileños que gozan de ‘puente’ el 1 y/o el 2 de mayo (este último día, fiesta local en Madrid), la nueva Ordenanza, decía, establece a partir de ahora varias categorías de casetas: privadas (familiares y de entidades), municipales y de acceso público y comerciales.
Estas últimas, cuya titularidad será de entidades mercantiles con ánimo de lucro, podrían incluso cobrar un precio por permitir el acceso a su interior. Dado que el Ayuntamiento ha impuesto un límite del 5% en el número de casetas mercantiles respecto del total de las existentes en el campo de Los Remedios, ello significa que entre las 1.048 casetas podrá haber hasta 52 de este tipo desperdigadas por el Real.
Y si Juan Ignacio Zoido resulta elegido alcalde y materializa su plan de, retranqueando atracciones de la calle del Infierno y reorganizando la manzana colindante con el Club Náutico, incrementar en 212 el número de casetas, las mercantiles podrían ascender entonces a 83, con una presencia bastante llamativa en el recinto.
OCIO FRENTE A NEGOCIO
Podría argumentarse que con esta decisión de última hora del Ayuntamiento aún presidido por Monteseirín no se cambia el espíritu, la esencia o la tradición de la Feria de Abril, sino que en realidad se la devuelve a sus orígenes, pues no en vano el festejo tal como ha llegado a nuestros días es una versión evolucionada de la primitiva feria de tratantes de ganado creada hace 165 años por dos empresarios, con una clara finalidad comercial: el catalán Narciso Bonaplata y el vasco José María de Ybarra.
Pero también es cierto que la singularidad de Sevilla consiste en haber sabido convertir lo que era un simple certamen agroganadero en una impresionante ciudad efímera dotada de todos los servicios, y en la que hace muchísimo tiempo que ya no hay –o sólo de forma puramente simbólica- feria comercial propiamente dicha, al haber sido sustituida por una fiesta que, aun conservando el nombre primigenio, tiene su razón de ser en otros motivos muy diferentes: la diversión, la belleza, el glamour, la amistad y la expresión de una forma especial de entender la vida.
Que no se venda ganado no significa que la Feria no sea un lugar donde no se hagan negocios o, aún más, que no sea el mejor lugar para propiciar encuentros empresariales y mercantiles donde se estrechan relaciones o se pactan acuerdos, pero siempre con la condición de que no se comercie explícitamente.
Vender sin que se note que se vende, porque el espíritu de la Feria es el de un alto en el trato mercantil. Es, durante un paréntesis de una semana, el triunfo del ocio sobre el negocio tal como fue definido por la cultura romana que heredamos a través de la Bética: la negación del ocio. Oficializar el negocio supone, pues, la negación de la fiesta y, por tanto, la negación de la propia Feria.
Y tras las casetas mercantiles, ¿por qué no también una portada con nombre de fino o de manzanilla? Roto el tabú, ya ¿qué más da?
Global
La portada de la Feria está dedicada al proyecto Sevilla 2019-2022 de conmemoración del V centenario de la circunnavegación del globo terráqueo por Elcano, del que Monteseirín, que ha dado la vuelta al mundo varias veces con sus viajes a costa de los sevillanos, es gran emulador. La plasmación artística de la idea no ha sido plenamente captada por los sevillanos, ya que su símbolo principal, la rosa de los vientos, ha sido interpretado y/o rebautizado con el ingenio habitual de estos lares como la rueda de la fortuna. El artista propone y el pueblo dispone. Quizás sea mejor así, porque con tantos males como se le achacan a la globalización tampoco es cuestión de alardear de que, merced a aquel viaje con inicio y final en Sevilla, la Humanidad se percató cinco siglos ha de que el mundo no era más que esa aldea global hecha realidad por Internet.
Setas versus Expo 92
Monteseirín pronunció durante la ‘inauguración’ de las inacabadas setas un discurso articulado en torno a cuatro mensajes, según estas frases:
1) “Hoy terminamos muchas cosas: los parasoles, las pasarelas, la impresionante cripta arqueológica….. pero, sobre todo, terminamos con el sino de la Encarnación, con 30 años de indolencia y de frustraciones….y una demostración palmaria de incapacidad política”.
Así tachó de incapaces a los alcaldes anteriores, los mismos que no osaron hipotecar la ciudad con un gasto de 140.821.266 euros, y se puso a sí mismo como el mejor alcalde de la Democracia.
2) “Según los análisis de los expertos, los beneficios económicos que Metropol va a traer a la ciudad superarán, en sólo un año, la inversión acometida, en turismo, comercio, hostelería, imagen y proyección exterior”.
Ese aserto, por demostrar, equivale a atribuir a las setas la mitad del movimiento económico que genera la Semana Santa por todos los conceptos (240 millones de euros).
3) “Sólo decirles (a los críticos) que no tengan miedo a cambiar, porque es cuestión de tiempo que Metropol Parasol sea cantado como uno de los símbolos seculares de la Sevilla eterna, como hoy es la Plaza de España”.
Monteseirín volvió a presentarse no como el alcalde de todos, sino como el permanente instigador de una división entre dos Sevilla, la supuestamente rancia por conservadora y la pretendidamente moderna por progresista, y como paladín de esta última. Pero en su, para él, momento de gloria, le traiciona el inconsciente y en vez de presentar su icono como una ruptura con la tradición, exhibe su deseo de que sea asumido por esa denostada Sevilla eterna y equiparado a uno de sus símbolos, la Plaza de España (¿?).
4) “Tengo la sensación, que creo compartida, de que esta tarde, en la Encarnación, estamos teniendo el privilegio de asistir a la inauguración de la Sevilla del siglo XXI”.
Monteseirín comete el mayor pecado de soberbia al omitir que Sevilla entra en el siglo XXI con la Expo 92. ¿Acaso no ha sido ése el motivo esgrimido por él mismo para dar el nombre de Felipe González a la biblioteca que en Torneo mira a la Cartuja, sede de la Exposición?
La Muestra dotó a la ciudad de unas infraestructuras y equipamientos (desde la fibra óptica y el estreno de la telefonía móvil hasta el AVE) sin parangón en aquel entonces, una ventaja que no supo aprovechar.
FRENTE A FRENTE
La comparación entre el Parasol loado por Monteseirín como un canto a sí mismo y algunas magnitudes de la Expo son esclarecedoras.
Monteseirín ha tardado en construir –y aún están inconclusas, no se olvide- las setas tanto tiempo (6 años) como se tardó en levantar los pabellones de los 108 países participantes en la Expo, de las 17 comunidades autónomas, de las 23 organizaciones internacionales y los temáticos, amén de los 471 kilómetros del AVE a Madrid, los 90 kilómetros de la autovía a Huelva, la ampliación del aeropuerto, el levantamiento del tapón de Chapina, los ocho nuevos puentes, las nuevas rondas, todos los hoteles de nueva planta, etcétera..
Si en vez de construir las setas, Monteseirín hubiera tenido que hacer la Expo y todo lo demás, ¿cuánto tiempo habría necesitado?
Con los 140.821.266 euros que oficiosamente ha costado el proyecto de la Encarnación, la Expo habría tenido dinero para estas opciones, a elegir:
-Dos puentes como el del Alamillo (la parte de Calatrava costó 60 millones de euros) más el Reina Sofía (costó 18,6 millones).
-Dos puentes como el del Quinto Centenario (57 millones), más el de Chapina o Cristo de la Expiración (11,5 millones) y también casi el de las Delicias (15 millones de euros).
-Toda la red ferroviaria del 92: la estación de Santa Justa (60 millones), la variante Norte a Huelva, ésa que ha permitido ahora implantar el Cercanías al Aljarafe (18 millones), el tramo Santa Justa-La Salud (24 millone), la estación de ordenación de Majarabique (9,7 millones), la estación de mercancías de La Negrilla (8,3 millones), el centro de tratamiento técnico de Santa Justa (7,9 millones) y actuaciones varias (7,2 millones). Y aún habrían sobrado 3,7 millones.
-La ampliación del aeropuerto (costó 91,8 millones de euros) y casi toda la autovía Sevilla-Huelva (60 millones).
-Todas las rondas de circunvalación: la Este (7,3 millones), la Sureste (25 millones), la Suroeste (83 millones), la Oeste (20 millones) y hasta la Ronda Urbana Norte (7,8 millones de euros).
PRETEXTOS DISTINTOS
¿Para qué seguir? Esta muestra es suficiente para comprender que cualquiera de estos lotes de obras con que se preparó Sevilla para la Expo y con un coste similar al de las setas han tenido un efecto dinamizador para su economía, o mejorado la vida de los sevillanos, de forma mucho más importante de lo que ‘a priori’ pueda tener el Metropol.
La Expo, como sostenían Felipe González y Alfonso Guerra, fue un gran pretexto para modernizar Sevilla y Andalucía y para que superaran el retraso secular que sufrían en materia de infraestructuras.
Por el contrario, en la Encarnación el mercado provisional de abastos, condenado a desaparecer a medio plazo conforme al pliego de condiciones impuesto por Sacyr a los comerciantes (sus gastos se han quintuplicado desde su traslado) con la connivencia municipal, ha sido el pretexto para erigir en la peor crisis económica de la historia reciente de Sevilla un costosísimo icono arquitectónico sin más función que la de perpetuar la huella de Monteseirín como‘faraón del siglo XXI’.
Números rojos
La fundida -por Espadas- delegada de Hacienda de Monteseirín, Nieves Hernández, alardeaba en el Pleno de que el Banco de España iba a homologar la reducción de la deuda en 70 millones de euros: de 524 a 454. Así que el PP tuvo que solicitar la intervención, valga la redundancia, del interventor, para que éste dijera la verdad. Ya saben, el interventor es ese funcionario a cuyos “caprichos”, según declaró el exdirector general de los EREs en la Junta, los sociatas no pueden verse sometidos a la hora de usar la pasta. Y el interventor silenciado hasta ahora ha dejado en evidencia a Nieves al revelar que Monteseirín va a legar una ‘lápida’ de 633 millones de euros. La deuda oculta del (sin) alcalde se halla camuflada en el consorcio de empresas municipales controlado a través de Marchena. Pero las trampas no acaban ahí, ya que tampoco se han contabilizado los 70 millones de un anticipo a devolver a Hacienda. El suma y sigue asciende a 700 millones. Aun así, Monteseirín todavía mantiene la desfachatez de decir que él va a dejar la caja mejor que como se la encontró.
San Fernando
Abundando en el falso mito de las peatonalizaciones de Monteseirín, veamos el caso de la calle San Fernando. Como recordarán, por su mitad discurren las vías del tranvía y, a derecha e izquierda de éstas, sendas franjas delimitadas por tachuelas metálicas para la circulación de bicicletas. Así, el espacio estaba más o menos repartido entre los peatones y los medios de locomoción, porque la bicicleta lo es, aunque muchos ciclistas lo nieguen. Pero hete aquí que hace unos días apareció por allí una cuadrilla del Ayuntamiento que ha delimitado con otra hilera de tachuelas un doble carril bici en la zona más próxima a las viviendas. Como esta nueva línea de tachuelas colinda con los veladores que ya ocupan gran parte de la vía pública, el resultado es que al peatón sólo le han dejado una banda (y en parte de suelo desnivelado por el talud del tranvía) a lo largo de la fachada limítrofe con la Universidad. Conclusión: los viandantes tienen ahora menos espacio para caminar que antes de la ‘peatonalización’. Esta es la ciudad de las personas según Monteseirín.
El verbo
Balzac, el gran novelista de ‘La comedia humana’, sostenía que el nombre de la cosa es la cosa misma. Juan Ramón, nuestro poeta universal que vio en Moguer la luz con el tiempo dentro, pedía a la inteligencia que le diera el nombre exacto de las cosas. Al principio, según la Biblia, era el verbo, y en el verbo se libran las grandes batallas. No hay mayor triunfo que los otros hablen con tu lenguaje, porque a partir del lenguaje se construyen las imágenes mentales y se representa el mundo. Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, decía que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Monteseirín ha procurado siempre construir una falsa realidad a través del lenguaje. Hacernos creer, por ejemplo, que el tranvía era el Metro al Centro. O que ganó tres veces las elecciones municipales cuando dice que los sevillanos avalaron tres veces sus políticas. Pensaba en todo ello al oír al (sin) alcalde hablar de la peatonalización de la Avenida. Falso. Una Avenida cruzada por un tranvía y por infinidad de ciclistas será cualquier cosa menos peatonal.
El sucedáneo del Metro
La Semana Santa ha estado marcada, por dos de los hitos que Monteseirín quería a toda costa que estuvieran en servicio como gran escaparate de su gestión: las setas y la prolongación del tranvía a San Bernardo.
En ambos casos, la precipitación por cortar la cinta inaugural (con el tranvía no le dio tiempo a hacerse la foto oficial por haber entrado antes en vigor la nueva normativa electoral) ha sido la nota característica, hasta el punto de que Tussam hubo de reconocer que no tenía operativas todas las unidades el día señalado, Viernes de Dolores, por lo que los nuevos trenes circulaban a más velocidad de lo habitual para no perder la frecuencia de paso, aun en detrimento de la capacidad de frenada.
La empresa municipal también admitió que como los trenes no venían preparados para el clima de Sevilla -¡y eso que todavía no estamos en agosto!- había que someterlos a continuos reajustes, y que los fallos eran normales en un periodo de rodaje.
¿Imaginan que una aerolínea o cualquier otra compañía de transportes admita que pone en servicio aviones o autobuses sin haber completado el proceso de rodaje? Como en la Sevilla de Monteseirín lo anormal es ya lo habitual, lo que sería motivo de escándalo en otra parte aquí se asume con resignación.
EL REPLICANTE
Del sucedáneo del Metro al Centro, el PA, en venganza por lo del ‘urbanismo bajo sospecha’, acuñó aquello de que iba “de ningún sitio a ninguna parte”. Ahora, una vez ampliado en 885 metros, ya sabemos a dónde va: al mismo sitio que el Metro, porque replica en superficie idéntico trayecto que bajo tierra realiza el suburbano. Nos hallamos así ante un despilfarro de recursos en la peor crisis económica reciente y que pone aún más en evidencia el sinsentido de la operación electoralista que fue el tranvía de cara a los comicios municipales de 2007.
Como en el caso de las setas, el Ayuntamiento nunca ha revelado el coste de la ‘operación Metrocentro’. Generalmente se ha admitido como válida la cifra de más de 80 millones de euros para los 1,3 kilómetros iniciales entre la Plaza Nueva y el Prado, y de unos 15 millones de euros el coste de la prolongación hasta los 2,2 kilómetros puestos en servicio el Viernes de Dolores.
En total, unos 100 millones, casi tanto dinero como el Metropol Parasol para tender una línea que se solapa con el Metro en todo su recorrido salvo en los 670 metros que distan de la Puerta de Jerez a la Plaza Nueva.
Ante la evidencia de que estando proyectado y en construcción el Metro por el mismo trazado (el 70% de la línea) que el tranvía, éste carecía de sentido, Monteseirín trató alguna vez de justificar el ‘Metrocentro’ con el argumento de que tenía que ser el transporte de las personas mayores porque éstas tendrían miedo y/o dificultades físicas para bajar a tanta profundidad (-18 metros) por las escaleras mecánicas hasta el suburbano y se sentirían más seguras con un medio que se moviera en superficie (¿?).
POLÍTICA DE ‘GRANDEUR’
A finales del mes de marzo, cuando hubo de improvisar una rueda de prensa dentro de una de las nuevas unidades del tranvía para escapar del boicot del Sindicato Profesional de Policía y de los eventuales de Tussam, el alcalde adelantó que con la prolongación hasta San Bernardo se preveía incrementar la demanda en días laborables en un 15%, de forma que se capten 2.400 viajeros diarios más, hasta llegar a los 18.400 por jornada, mientras que para los festivos el incremento esperado es de un 10% . En total, los cálculos indican que se pasará de los actuales 4,6 millones de usuarios/año a 5,1 millones.
Así pues, el Ayuntamiento se ha gastado 100 millones de euros en un tranvía de 2.200 metros que coincide en superficie con el Metro a lo largo de kilómetro y medio para transportar a 5.100.000 personas anualmente, a un promedio de 13.972 pasajeros diarios.
No hace falta, sin embargo, gastar 140 millones de euros para recuperar el mercado de la Encarnación, como ha gastado Monteseirín con las setas y privatizando todo el espacio público para los próximos 40 años, ni 100 millones de euros para duplicar el itinerario del Metro y favorecer la movilidad hacia el casco antiguo. ¡Qué no se podría haber hecho en los barrios humildes y faltos de equipamiento de Sevilla con esos 240 millones de euros!
LOS CARRILES-BICI
En contraste con el tranvía, Torrijos, el socio de gobierno de Monteseirín, dio algunos datos en vísperas del Velocity 2011 sobre la red de carriles-bici que se ha construido en paralelo al ‘Metrocentro’ impulsado por el PSOE.
En este tiempo se han trazado 127 kilómetros de carril-bici, a un coste estimado (cifra extraoficial) de unos 30 millones de euros; se ha pasado de 13.824 ciclistas diarios a 68.261 y el uso de la bicicleta ha evitado una emisión de CO2 equivalente a la cantidad que habría compensado la plantación de 36.000 árboles.
Gracias a esta red, un 70% más barata que el ‘Metrocentro’ y que da servicio a gran parte de la ciudad, por los Jardines de Murillo, punto de confluencia con el tranvía, circulan cada día laborable 4.903 ciclistas (el 35% de los pasajeros esperados para el ‘Metrocentro’), con la diferencia a favor de los usuarios de las bicicletas que no gastan en electricidad, ni en compra de trenes, ni en su mantenimiento y piezas de repuesto y tampoco en sueldos de conductores y revisores.
Schumacher sostenía que lo pequeño es hermoso, y es cierto: las humildes y ecológicas bicicletas impulsadas por Torrijos aportan mucha más movilidad a mucha más gente y a mucho menor coste que el sucedáneo de Metro de Monteseirín.
El charco
Dicen los clásicos que hasta el rabo todo es toro. Monteseirín es también un clásico, por más que el término le suene a rancio, porque piensa igual: como hasta el 22 de mayo es nominalmente alcalde, aunque no pinte nada desde hace un año tras su defenestración mediante aquel famoso teletipo de Europa Press, pues a seguir disfrutando en los minutos de la basura de su mandato con otro viajecito más a costa de los sevillanos. El (sin) alcalde que en un rapto de sinceridad confesó que se metía en todos los charcos, cruza ahora el ‘charco’ (5.740 kilómetros, más otros tantos de vuelta) para darse un garbeo por Nueva York. Las penas políticas, con vuelo transoceánico a la Gran Manzana son menos. Con éste a la ciudad de los rascacielos ya lleva diez escapadas al extranjero en el último año. ¿Razón para esta nueva excursión? Según la versión oficial va a ver a la comunidad sefardí para hablarle de inversión (él, que deja la ciudad con 600 millones de deuda) y de turismo. Desde luego, si es para hablar de turismo, los sefardíes no podían encontrar mejor maestro.
Aglomerado
La rotura accidental de un panel de las setas de la Encarnación dos semanas después del paripé de su inauguración por el (sin) alcalde ha puesto al descubierto el presunto timo del súper glue que los alemanes le han pegado, nunca mejor dicho, a Monteseirín. Porque, a simple vista, las fotos del panel quebrado muestran que su estructura interna ni es de madera maciza de pino nórdico, ni ha sido montada con la técnica ligera en forma de ‘T’ desarrollada por Muebles Rústicos en Dos Hermanas con el auténtico pino finlandés (inmune a la polilla, una de sus grandes cualidades), sino de un vulgar aglomerado: una mezcla de virutas ligada con algún tipo de cola o resina. ¿Y esto ha costado 140 millones de euros? Gracias a la grúa que le ha dado el golpetazo a las setas ya sabemos que el (sin) Metro-pol, que tampoco para el sol porque está orientado al revés de lo que debería para hacer honor a su nombre, no es ya una obra faraónica, ni Monteseirín un nuevo Ramsés. El (sin) es más bien es un émulo de Cecil B. de Mille, experto en montar decorados de cartón piedra.