Archivo por meses: julio 2011

El problema

Alfonsito R. Gómez de Celis, animado por la debacle electoral de su partido -en su lectura particular, debacle de la corriente oficialista del PSOE- ha reaparecido en la escena política dando lorquianos saltos jabonados de delfín. El niño Celis ha declarado que “históricamente, en el PSOE se ha demostrado que cada vez que se ha propuesto la sucesión de un alcalde con un candidato por fuera ha sido catastrófico”. El mensaje subliminal está muy claro: si en lugar de Espadas –el candidato por fuera- el alcaldable hubiera sido él mismo –el candidato por dentro-, el resultado no habría sido una catástrofe. Celis, que ha sido siete años hombre de confianza del peor alcalde de la historia de Sevilla tal como reflejaban sistemáticamente todas las encuestas, calla lo que le dijeron en el PSOE cuando se postuló como alcaldable: “Quien forma parte del problema no puede ser la solución”. Celis ha sido tan torpe que es el único que ha salido en la foto de cuantos homenajeron a Monteseirín en lo alto de las setas. Demuestra así  que aún sigue siendo parte del problema.

 

La tómbola

¿Se puede ser gerente sin tener ni idea de la normativa que debe aplicarse en función del cargo y de la responsabilidad que ello entraña? Sería imposible en una empresa que se precie, porque el interfecto habría acabado de patitas en la calle al evidenciarse su ignorancia, pero en el Ayuntamiento de Monteseirín el desconocimiento de la ley no era un impedimento para ser alto cargo, ya que la ‘condición sine qua non’, como ha demostrado la deposición de su valido, Manuel Marchena, ante la juez Alaya era ser amiguete y paño de lágrimas del (ex) alcalde. Del interrogatorio de la magistrada al otrora gerente de Urbanismo ha trascendido que el cienmileurista (170.000 euros de sueldo) confesó desconocer el Reglamento de Gestión Urbanística y el expediente urbanístico relacionado con las empresas Larena y Sanma (a pesar de que estaban en juego 158 millones de euros), y que dijo tan campante que las firmas en los documentos eran “puramente procedimentales”.De todo lo cual se colige que a Marchena le tocó el cargo de gerente en una tómbola, la tómbola de Monteseirín.

 

 

La segunda salvación del Prado

Cuando España vivía bajo la ominosa Dictadura, en los barrios se construía sin zonas verdes ni equipamientos; se trató de sembrar Doñana de guayules y se desecaron lagunas como la de La Janda. Por contraste, desde la civilizada Europa nos llegaban maravillosas historias de amor a la Naturaleza: como la del primer ministro sueco, el llorado Olof Palme, que salió hucha en mano por las calles pidiendo para salvar las marismas del Guadalquivir, donde invernan  los ánsares nórdicos, y como la de aquel policía custodiando un semáforo sobre el que habían nidificado unos pájaros.

Esa civilizada Europa en la que nos integramos con la Democracia es la que luego financió la conversión en parque del antiguo ejido del Prado, una vez que, con Rojas Marcos como alcalde, los sevillanos votaron en un ‘sui generis’ referéndum que no querían allí una plaza abierta tan o más grande aún que la tristemente célebre de Tien An Men (Pekín), sino unos jardines que prolongaran el parque de María Luisa.

 

PERVERSIÓN URBANÍSTICA

 

Esa Europa nos considerará  ahora un poco menos bárbaros y algo más civilizados tras la sentencia del Supremo contra la perversión urbanística que suponía la destrucción de 4.000 m2 de un parque consolidado y pagado con fondos europeos para, previa remoción de 230 árboles, construir una biblioteca con 10.000 m2 de edificabilidad que podría alzarse en cualquier otro lugar sin necesidad de sacrificar una zona verde. Lugares como el solar para el nonato edificio de Moneo, en el mismo Prado; la abandonada Fábrica de Tabacos en la otra orilla, Los Gordales o  Los Bermejales.

La paradoja es que en esta historia la barbarie ha sido encarnada por un Ayuntamiento que ha suscrito estrategias internacionales de sostenibilidad y participación ciudadana como la Agenda Local 21 y una Universidad cinco veces centenaria  y dotada de prestigiosos catedráticos de todas las ramas del Derecho y de la Ecología, pese a lo cual ambas instituciones, alentadas por Monteirín y  Marchena y Miguel Florencio, respectivamente, apostaron por sepultar en cemento parte de unos jardines insertos en el Conjunto Histórico (declarado Bien de Interés Cultural).

En los años 70, otro intento de construir sobre el Prado –entonces se habló de unos grandes almacenes- propició otra rebelión ciudadana, con la diferencia de que en pleno franquismo aquella lucha que tumbó el proyecto fue protagonizada por la considerada élite de Sevilla (arquitectos, abogados, doctores y licenciados, intelectuales…), y que como hogaño esa élite está más que arrimada al Poder, la batalla ha sido librada por una decena de colectivos vecinales, los ecologistas y la Plataforma en defensa de los Parques y Jardines. ¿Qué papel cívico juegan hoy el Ateneo o colegios como el de Arquitectos, Notarios y Abogados y ciertas academias como la de Medio Ambiente?

Esta movilización de ciudadanos anónimos demuestra que es posible poner freno a la arbitrariedad del Poder y a quienes, como en este caso la Hispalense, a su sombra se cobijan. Frente a la pretensión del Consistorio y de la Universidad de que la Administración  goza de un poder omnímodo para disponer a su antojo del suelo que es el soporte físico de Sevilla, el Supremo, como antes el TSJA, ha sentenciado que el ejercicio de la potestad del planeamiento urbanístico, aun siendo discrecional, “se encuentra afecto a la finalidad de satisfacer el interés público, con proscripción de la arbitrariedad y respetando la igualdad…”, y “aunque se mantenga el uso público por que la construcción sea una biblioteca, sólo puede hacerse exponiendo las razones por las que ningún otro emplazamiento, que no liquide una zona verde, es posible”.

El fallo  es un justo castigo a la soberbia de la Hispalense al sentirse respaldada por el Ayuntamiento (inductor del proyecto como icono arquitectónico en el Centro a mayor gloria de Monteseirín), pues no en vano inició las obras pese a que:

 

1)      Desde cuatro años antes  vecinos, ecologistas y defensores de los jardines habían demostrado (alegaciones al PGOU por esa recalificación de la noche a la mañana, recurso ante el Parlamento Europeo, denuncias judiciales) su firme oposición no a la biblioteca universitaria, sino a su construcción sobre una zona verde, habitualmente ‘sagrada’ en cualquier ciudad moderna.

 

2)      Sin esperar a la resolución de la Justicia, senda abierta por los vecinos antes de que se colocara un solo ladrillo.

 

3)      Firmando un documento por el que exoneraba al Ayuntamiento de cualquier responsabilidad por la licencia de obras.

 

4)      Sin preparar un plan ‘B’, en la creencia absoluta de que los tribunales jamás fallarían a favor de los ciudadanos.

 

La Hispalense se había gastado 4 millones de euros antes de la paralización cautelar de las obras hace unos dos años, de las obras, y 10.408 euros por cada día desde entonces (en total, serían unos 7,5 millones), y ahora se ve abocada a sufragar los gastos de reposición del jardín destruido a su estado anterior y a indemnizar a la constructora (Ferrovial ganó el concurso para las obras, estimado en unos 20 millones) y a la arquitecta.

Un dineral que acabarán pagando los sevillanos a través del porcentaje de sus impuestos destinados a la Universidad, mientras que los promotores de este dislate junto con Monteseirín, osea Manuel Marchena y Miguel Florencio, no sólo se van de rositas y eludiendo cualquier responsabilidad, sino que en su calidad de profesores de esa misma Universidad cobrarán cada mes de la Tesorería a la que han contribuido a crear un ‘agujero’ multimillonario.

 

Símbolo

¿Y qué ganamos los vecinos de Sevilla con que se reponga el solar de la biblioteca universitaria impulsada en el Prado de San Sebastián por Monteseirín y Marchena a su estado anterior? ¿Quién de las generaciones futuras guardará memoria de este triunfo judicial popular sobre la soberbia y las tropelías urbanísticas del Poder si el trozo amputado al jardín se repuebla de árboles y plantas y se funde con el resto del parque como si aquí no hubiera pasado nada de nada? Lo mejor no es que se recupere la zona verde tal como estaba, sino que se deje tal como está ahora, mutilada por efecto del contubernio entre Miguel Florencio y el exalcalde y con la biblioteca de catálogo de Zaha Hadid, que ni siquiera se dignó a venir a Sevilla, a medio construir, como un recordatorio permanente de la victoria del pueblo y advertencia a gobernantes futuros de hasta dónde conducen la chulería y la prepotencia. Frente a las ‘setas’ de la Encarnación, erigidas como hito triunfalista del Régimen, deben seguir alzándose su contrapunto, las ruinas de Palmira de la era Monteseirín.

 

Broche final

Cuentan las crónicas que el autohomenaje que  Marchena le organizó en lo alto de las ‘setas’ a Monteseirín junto con los últimos de Filipinas (desde el delfín Celis hasta el hombre grande, que no al revés, Fran Fernández) del Régimen demolido por los sevillanos el 22-M  se inició y acabó como el rosario de la aurora. El valido expulsó con cajas destempladas a la prensa que quería democratizar las vistas del ágape en el mausoleo alfrediano y la entrega del regalo de recuerdo (¿sería acaso el teletipo de Europa Press enmarcado?), y uno de la claque del (ex)  lió una bronca con los indignados del 15-M que derivó en heridas a un camarero y forzó la intervención de los antidisturbios. Todo un numerito. Y mientras los miembros de su club de fans político daban la cara por él, o trataban de partírsela los desafectos del Régimen, el muy heroico e ‘invictus’ exalcalde hizo la jugada de baloncesto que siempre ha hecho a lo largo de su vida cada vez que olía a chamusquina: meterse en las ‘setas’ por la puerta de atrás. Osea, la misma por la que ha salido del Ayuntamiento.

 

El primero

Como el gato escaldado del agua huye, Espadas no ha osado de nuevo a señalar el primer error de Zoido, que parece evidente: restringir la participación de los consumidores en las empresas municipales y, en particular, de Facua, presente en Tussam desde 2007. Aquí, mucho hablar de la sociedad civil y de la participación ciudadana, pero no salimos de la partitocracia. Facua tiene el enorme mérito de haberse convertido desde Sevilla en el referente nacional de los consumidores. Si salta un caso que afecta al bolsillo o a la salud pública, la prensa de Madrid y las grandes cadenas de Tv conectan con Sevilla para que Rubén Sánchez siente cátedra en materia de consumo. ¿Qué entidad local tiene tal proyección? De nada ha servido que Facua sea identificada en todo el país como la asociación de consumidores por excelencia para quitarla del medio en beneficio de Híspalis. ¡Con lo fácil que habría sido mantener al menos dos puestos para los consumidores en las empresas públicas! Por no ocurrírsele, al Ayuntamiento no se le ha ocurrido ni siquiera una solución salomónica.

 

Socrático

Manuel Marchena, el valido de Monteseirín, sufría tal impaciencia por declarar ante la juez Alaya tras su imputación en el caso Mercasevilla que otrora se presentó en los Juzgados sin cita previa. Tuvieron que echarlo de allí porque, fiel a sus despóticas maneras, ni siquiera había pedido la vez. Ahora, tras ocho meses en el corredor de los imputados, ha comparecido al fin ante su señoría. Cuentan las primeras crónicas que se quedó tan demudado al conocer que lo era por cuadruplicado, que lo único que se le ocurrió fue pedir un vaso de agua. De Emasesa, naturalmente, no de las de marca a  que acostumbraba en los restaurantes para acompañarse las pinceladas al centro. Repuesto del susto, el geógrafo se mostró más bien filósofo, en concreto socrático ateniense, al sostener: “Yo sólo sé que no sé nada”. El valido ha confesado ante la magistrada que él ni daba instrucciones en la Gerencia, ni sabía de expedientes, ni ná de ná. Osea, que lo único que sabía como gerente de Urbanismo era cobrar. Para eso era un lince: 170.000 euros  por no tener ni p..ajolera idea.