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Prietas las filas

La Democracia ha enseñado desde UCD que si hay algo que no perdonan los electores son las divisiones en los partidos. Por eso Griñán hizo  en el congreso extraordinario del PSOE de Sevilla un llamamiento a la unidad. La de Sevilla es la agrupación socialista más importante de Andalucía y de España, el granero de votos del PSOE y con el valor simbólico de ser la cuna de Felipe González y de Alfonso Guerra, que llevaron al partido desde las catacumbas del franquismo hasta la Moncloa.

Sevilla es mucho más que la capital, por más que ésta sea la única gran urbe donde gobiernan los socialistas, merced al apoyo de IU, dado que Monteseirín perdió las municipales frente a un desconocido aspirante del PP llamado Zoido. Sevilla tiene 700.000 habitantes; el conjunto de los 105 municipios, 1.900.000. El peso de la capital es sólo el 37% del total de la provincia, y la provincia vota no sólo en las municipales, sino también en las generales, autonómicas y  europeas.

Sevilla provincia le ha dado al PSOE en las elecciones generales el 58,1% de los votos frente al 31,5% al PP (26,6 puntos de diferencia); en las elecciones autonómicas, el 54,33% frente al 31,72% al PP (una diferencia de 22,61 puntos); y en las municipales, un 18% más de votos que al PP, 496 concejales más que los populares y el gobierno de 74 pueblos frente a los 6 del partido de Arenas.

UN CONTRAPODER

Desde hace años y por la guerra de guerrillas de Monteseirín y su facción, los votantes están recibiendo el mensaje de que en Sevilla hay dos PSOE: el de la capital, donde manda el alcalde con su propio estatuto de autonomía funcional, y el de la provincia, donde el alcalde habría confinado a Viera.

Los críticos, además, han cultivado la imagen de que eran  el griñanismo,  ‘los hombres del presidente’ frente a la vieja guardia que representaría el chavismo de Viera, Pizarro y compañía. Por ende, Griñán es un militante de la agrupación de Nervión, dirigida por Celis, el joven cachorro de Monteseirín y hombre encargado por éste de crearle en las agrupaciones de la capital un poder paralelo al de Viera.

Sin embargo, en la semana previa a su elección como secretario general y cuando más necesitado estaba de contar con un escenario de unidad de todo el partido tras él, Griñán vio cómo Monteseirín y su facción han tratado de condicionarle el futuro en Sevilla capital. En vez de asumir la decisión del presidente de relevarlo de candidato, oficialmente a petición del propio alcalde, y de agotar disciplinadamente el mandato para dar tiempo al PSOE a buscar y promocionar a su sucesor, Monteseirín y los críticos han agitado el ambiente con tácticas como éstas:

-Amagar con una salida inmediata del Ayuntamiento con una carta de despedida a los sevillanos.

-Condicionar la permanencia de Monteseirín  en el cargo a la designación de Celis como nuevo alcalde primero y como candidato en las elecciones de 2011 después, al margen de la Ejecutiva Provincial y de la mayoría que ésta representa y de cualquier órgano de dirección del partido.

-Presentar a Celis como el hombre que debe autorizar cualquier operación en Sevilla por ser quien controla la mayoría de las agrupaciones de distrito, proyectando así la imagen de que hay “un partido (Celis), dentro de otro partido (Monteseirín), dentro del PSOE (Viera)”.

-Calificar de “disparate” tener tres referentes en un año (Monteseirín, su sustituto transitorio en caso de que no agote el mandato y el candidato), sin percatarse  de que fue la misma situación que provocó Monteseirín hace doce años. En 1998, aquél, siendo presidente de la Diputación, ganó las primarias a Borbolla, y el PSOE estuvo un año con tres referentes: Borbolla,  perdedor de las Primarias; Carmelo Gómez, que hizo las veces de nuevo portavoz socialista, y Monteseirín, el candidato a un año vista. Aquel ‘disparate’, como lo calificaría hoy Monteseirín, se tradujo paradójicamente en que el PSOE pasó del 28,94% de los votos en 1995 al 35,99% en 1999 y estuvo en posición de pactar con Rojas Marcos la Alcaldía para Monteseirín.

-Amenazar con pedir unas primarias a la Ejecutiva Federal contra las directrices de Viera y Griñán e incurriendo en contradicción con la exigencia anterior, pues el proceso podría desembocar en una situación similar a la de la época de Borbolla. En su obcecación, el alcalde estaba dispuesto a provocar la situación que él mismo denunciaba.

AVISO A NAVEGANTES

A la vista de la peligrosa deriva del sector crítico, el que se presentaba como alineado con Griñán frente al chavismo,  el presidente de la Junta de Andalucía decidió zanjar la cuestión a mitad de semana con un aviso a navegantes: “El PSOE de Sevilla (Viera) logró unanimidad en el último congreso…Yo no tengo candidato (para la Alcaldía); el PSOE de Sevilla sí puede tenerlo. Viera es mi interlocutor y con él hablo”. Y, en un gesto inusual, reforzó su figura nombrándolo presidente del congreso extraordinario del PSOE-A, para demostrar quién le merecía su confianza en Sevilla.

En horas veinticuatro, Celis, el hasta entonces ‘delfín’ de Monteseirín y ariete en la operación de los críticos contra la Ejecutiva Provincial, entendió el mensaje y declaró públicamente su fidelidad a Viera, con otro aviso de su cosecha para el alcalde: “No debe actuar por intereses personales”. Celis se convertía así en el nuevo Emilio Carrillo y con su defección ha liquidado el intento del alcalde de mandar vicariamente en el Ayuntamiento y de perpetuar un Monteseirinato.

Un cadáver en la Casa Grande

Cinco minutos después de que Griñán se lo quitara del medio contando diplomáticamente  que le había trasladado su deseo de no continuar, Monteseirín confirmó con la cara lívida que no repetirá como candidato a la Alcaldía “para beneficiar al PSOE”, con lo que reconocía que resta votos a la marca socialista. Por ironías del destino, el anuncio por Griñán del final de la década ominosa de Monteseirín trascendió el mismo día en que se publicaba la noticia de la ratificación por el Supremo de penas de cárcel para el asesor y el escolta del alcalde en el caso de las facturas falsas.

Esta mácula sobre la gestión municipal en la era de Monteseirín, que tiene a cinco ediles imputados por la Justicia, se une al escándalo de Mercasevilla y a otras situaciones bajo sospecha, por decirlo en su propio argot, como el presunto caso de información privilegiada desde Urbanismo a una inmobiliaria malagueña para que  redactara las bases del concurso del frustrado proyecto de la Ciudad del Empleo siendo ella misma aspirante a la adjudicación. Osea, juez y parte con la complacencia municipal. Marchena ni siquiera se cuidó de guardar las formas.

Por si todo esto no hubiera sido suficiente para Griñán, una reciente encuesta del PSOE confirmaba los peores temores del presidente: el PP obtendría ahora 17 concejales (mayoría absoluta); el PSOE caería hasta los 12 ediles e IU ganaría uno  a costa de los socialistas.

EL ‘TEMPO’ POLÍTICO

En sus declaraciones, Monteseirín dejó un par de perlas, como que ha ganado tres elecciones (mentira reiterada en plan goebbelsiano, ya que sólo ganó una y por mayoría relativa) y que quería que acabara la cacería mediática contra su persona y su proyecto, cuando ha sido al revés: su Ayuntamiento ha realizado una cacería sin precedentes contra los medios, los periodistas y hasta los críticos musicales, como bien puede atestiguar Ramón María Serrera.

Monteseirín ya no es ni siquiera un ‘pato cojo’, metafórica figura con la que la prensa americana define a los mandatarios sin posibilidad de ser reelegidos, sino un cadáver político del que el PSOE necesita desprenderse para que entre aire nuevo en el viciado ambiente de la Casa Grande, donde huele demasiado a podrido. Si Griñán ha anunciado ahora la decisión de aceptarle esa retirada que presentó sin deseo alguno de que le tomaran la palabra, no será para dejar expuesto su cadáver político durante 14  meses en el Ayuntamiento. Lo contrario sería un clamoroso error, ya que el PSOE necesita foguear a un candidato nuevo que devuelva la ilusión a sus votantes y quitarse a un alcalde sitiado por escándalos como el de Mercasevilla.

Lo más probable es que Monteseirín no agote el mandato, aunque Griñán y Viera digan ahora lo contrario, pero  que tampoco se vaya de la noche a la mañana. Por medio queda el congreso del PSOE y  rige la consigna de Zapatero de no provocarle ninguna crisis, por doméstica que sea, durante su presidencia europea, que concluye en junio. Griñán sabe que antes del verano debe resolver los asuntos pendientes y para entonces el PSOE aún tendría 11 meses para lanzar al futuro candidato, aunque no fuera necesariamente alcalde en sustitución de Monteseirín, pero mejor si estuviera dentro del Ayuntamiento.

OPCIONES

Se abre un escenario con estas posibilidades:

1)      Celis alcalde. Sería como continuar el Monteseirinato sin Monteseirín, ya que éste no se ha recatado en postularlo como su sucesor para frenar cualquier intento del partido de renovar a fondo el Ayuntamiento y para asegurarse un peón de cara al futuro, ya que, tal como lo definió su otrora padrino, Caballos, Monteseirín es un ‘glotón de la política’ en todos los sentidos del término, que necesita de la política para vivir mejor y que confiado a su proverbial buena suerte no renuncia a ninguna aspiración. Es dudoso que Celis cumpla su aserto de que “cuando se vaya Monteseirín, me iré con él”, pero la Ejecutiva provincial, a la que últimamente se ha acercado tácticamente, no se fía de él, reconvertido en griñanista de última hora. Viera sostiene que quien ha formado parte del problema no puede ser la solución.

2)      Que Juan Espadas, consejero de Vivienda, deje la Junta y sea nombrado edil por designación directa, previa dimisión de uno de los dos ‘dediles’ del PSOE (Maribel Montaño, portavoz, y Emilia Barroso, delegada de Bienestar Social). Espadas sería delegado de Presidencia y alcalde ‘in pectore’ y Rosamar Prieto sería la alcaldesa nominal hasta las elecciones como única superviviente en la cabeza de lista del PSOE –era la número tres- tras las dimisiones de Monteseirín (necesaria para este supuesto), Viera y Carrillo.

3)      Ni Celis ni Espadas. Se activa la solución Rosamar en espera de una tercera vía externa al Ayuntamiento. La hipótesis de Alfonso Guerra no está descartada, ni la de Viera.

4)      Mantenimiento del ‘statu quo’ municipal. El candidato es externo al Ayuntamiento pero Monteseirín se queda de figura decorativa, probando durante 14 meses la misma medicina que él le aplicó a Borbolla.

Monteseirín quiere una salida para él, su valido y gente de confianza, pero aún  no tiene garantías. En su día se pensó en darle Agesa como refugio, pero en el seno del PSOE hay una corriente que propugna enviarlo lo más lejos posible de Sevilla, por si en el futuro estalla un nuevo escándalo ligado a su gestión que no se le visualice cerca del hipotético alcalde. El PSOE no quiere que Alfredo, al contrario que el Cid, le cause derrotas después de muerto (políticamente, se entiende).

Sevilla no es Londres todavía

El delegado de Movilidad puso de ejemplo a Londres cuando anunció que desde septiembre el Centro será dividido en cuatro zonas con accesos independientes y vigilados por cámaras para identificar los vehículos. Los no residentes podrán entrar y salir sólo por una zona y serán multados con 90 euros si se exceden más de 45 minutos, salvo que estacionen en un parking de pago.

Londres es el referente: la ciudad más grande del mundo con un sistema de tarifas o peaje por congestión del tráfico como el que quiere imitar Sevilla. Hay, sin embargo, diferencias sustanciales. La primera es que mientras Sevilla carece de una red de transporte público suficiente, la londinense era -y es- cuando se instauró el peaje una de las más extensas del planeta.

Su Metro, con 408 kilómetros, tenía 247 estaciones y la frecuencia de paso de los trenes era de uno cada tres minutos. Además, había 50 estaciones para trenes en superficie y más de 20.000 autobuses. Aun así, se ampliaron éstos en un 40%, se multiplicaron los carriles-bus y se incrementó el número de trenes ligeros. Para incentivar el uso del transporte público, el Ayuntamiento decretó su gratuidad para los mayores de 60 y menores de 16 años, a un coste para las arcas públicas de 340 millones de euros.

Sevilla sólo tiene una línea de Metro con 18 kilómetros al margen del casco antiguo  y 21 estaciones operativas, un tranvía de menos de dos kilómetros que duplica en superficie el trazado del suburbano y unos 400 autobuses, sin previsión de que Tussam, por su deuda de 150 millones de euros, incremente la flota ni extienda el billete gratuito a los menores.

Negociación e información

El Ayuntamiento de Londres decidió implantar el peaje porque el Centro sufría una enorme congestión viaria: la velocidad se había reducido a 12 kilómetros/hora y se perdía en atascos la mitad del tiempo. Esta situación era incorregible con más infraestructuras. La única solución consistía en  gestionar de forma sostenible la movilidad. El gobierno londinense no anunció esta decisión de la noche a la mañana,  sino que estudió previamente la predisposición de sus ciudadanos.

Los sondeos evidenciaron que la opinión pública estaba dividida, si bien se veía la necesidad de “hacer algo” para reducir los atascos. El Ayuntamiento, gobernado entonces por el laborista Ken Livingstone, negoció con los agentes sociales durante 18 meses y realizó una intensa campaña en los medios y en Internet. Puso un teléfono específico de información y páginas web y repartió 3 millones de folletos.

Balance

Los resultados de la experiencia son controvertidos y varían según la época y la fuente informante. Estas son las estimaciones:

-El tráfico privado se redujo en un 30% inicialmente y después el nivel de reducción se estabilizó en  un 18%. De este 18% de automovilistas que ya no cruzan por el Centro, la mitad utiliza transporte público, la cuarta parte ha buscado rutas alternativas y el otro cuarto se las ha ingeniado para compartir vehículo, circular fuera del horario de prohibición o se ha pasado directamente a la moto o la bicicleta.

-La congestión ha disminuido en un 30% y se ha pasado de una demora media de 2,3 minutos para cubrir un kilómetro a 1,6 minutos.

-Disminución de un 13% de las emisiones de nitrógeno y de un 16% de las de CO2.

-Aumento de la velocidad comercial de los autobuses, cuyo número de usuarios ha crecido significativamente, incluso por trasvase de viajeros desde el Metro.

-Las zonas limítrofes (cuatro años después el sistema se amplió al Oeste, pero el nuevo alcalde, conservador, anunció un referéndum para mantenerlo o eliminarlo) sufren ahora una mayor congestión de tráfico.

-Los residentes en el Centro están satisfechos por la mejora de su calidad de vida, pero se quejan por la falta de aparcamientos y los excesivos controles de la Policía (imponía al principio hasta 100.000 multas/mes) y, he aquí la paradoja: no han modificado sustancialmente el hábito de usar el coche privado.

-El Consistorio sostiene que el peaje no ha afectado significativamente (a veces se ha reconocido una afección del 0,5%) al comercio ni al valor de la vivienda en el Centro. Sin embargo, los comerciantes aseguran que las ventas han bajado hasta en un 5%, con pérdida de ingresos. Una cadena  denunció una caída de ventas del 8% en su céntrico local de Oxford Street mientras aumentaban en sus locales de fuera. Afirman que tampoco han notado una mejora en la carga y descarga. Dos años después de implantado el peaje, el Ayuntamiento redujo en 30 minutos su horario con el fin de “impulsar los teatros, restaurantes y cines”, prueba evidente de que algún impacto sí ha tenido.

Resumiendo: el Ayuntamiento de Londres sondeó a sus ciudadanos, negoció durante 18 meses con los agentes sociales, realizó masivas campañas informativas y reforzó extraordinariamente sus ya de por sí amplios y variados transportes públicos. El de Sevilla lanza una iniciativa que podría ser positiva sólo 6 meses antes de aplicarla, con medidas que incumplen la Ordenanza, sin respaldo de los servicios jurídicos y sin dotar a la ciudad de una alternativa suficiente de transporte público. Monteseirín, que ni siquiera informó a su socio de gobierno,  proclama ante los empresarios que su modelo de ciudad es incuestionable y dice luego  que aplicará una política de hechos consumados y que a medida que la aplique irá viendo que los servicios jurídicos le den el visto bueno.

Salta a la vista que Sevilla no es Londres.

M&M, bajo sospecha

Resumen del último capítulo del ‘culebrón’ Mercasevilla: el dueño de Larena 98, firma propietaria de los derechos de superficie para poder construir unas naves sobre terrenos de la empresa municipal y por los que pagaba un canon de 58.738 euros/mes, declara ante la Policía Judicial que recibió todo tipo de presiones para que, pese al incumplimiento de contrato por Mercasevilla, no dejara de pagar el canon y para que, posteriormente, renunciara a sus derechos a cambio de la promesa de adjudicarle jugosos contratos bajo cuerda.

Al  empresario Antonio Pardal le prometieron primero una ITV y el mantenimiento de las calles de Sevilla. No sólo no tragó, sino que, según su declaración,  fue a ver al alcalde, con el que se entrevistó hasta cuatro veces, para contarle lo que le ocurría. Pardal ha dicho que Monteseirín, una vez enterado, quedó en hablar con Manuel Marchena, su ‘alter ego’ y por entonces gerente de Urbanismo, para que solucionara el problema. La forma de arreglarlo de Marchena habría sido, según el testimonio empresarial, asegurarle varias promociones de VPO si se quitaba del medio y dejaba de estorbar.

Inmediatamente, la Oposición ha saltado a la palestra para decir que este testimonio coloca a Monteseirín “en el epicentro del caso Mercasevilla”, pues ya no podría alegar que no conocía las irregularidades que se cometían en la empresa municipal y, además, habría encomendado presuntamente a  Marchena la misión de finiquitar el asunto.

Denuncias sin pruebas

El alcalde ha reaccionado de forma indignada y ha afirmado que el testimonio del empresario ante la Policía Judicial es “una denuncia sin pruebas”. Monteseirín ha dicho que denuncias de este tipo “no deben hacerse porque no benefician a nadie y deterioran mucho el trabajo de los servidores públicos, los cuales no hacen otra cosa más que trabajar por el bien común”. Ha añadido solemnemente que “en el Ayuntamiento se cumplen fielmente la ley y los procedimientos”. Naturalmente, se estaba olvidando de la condena judicial por el caso de las facturas falsas en el Distrito Macarena, o del procedimiento de desalojar a los chabolistas de Los Bermejales a golpe de billetes.

Y es tremendamente curioso que Monteseirín se indigne ahora por que se hagan “denuncias sin pruebas que no benefician a nadie y deterioran el trabajo de los funcionarios”, cuando él basó la campaña de las elecciones municipales de 2003 en denunciar sin pruebas –si las hubiera tenido, se supone que habría acudido a la Justicia-  el “urbanismo bajo sospecha” que imputaba a su hasta entonces socio de gobierno, el PA, y en cuestionar la probidad de los funcionarios, al anunciar reiteradamente que haría una auditoría en la Gerencia. Obsérvese la paradoja: Monteseirín, como máximo responsable del Ayuntamiento, se estaba denunciando a sí mismo en la medida en que ponía bajo sospecha la gestión de su propio gobierno. Naturalmente, en cuanto ganó las elecciones se olvidó de la auditoría y de mirar bajo las alfombras de la Gerencia. Más irónico aún: hasta le mejoró hasta el convenio a los funcionarios. Se supone, como él dice, que “en defensa de los intereses de la ciudad”.

Cita(s) de cortesía

Monteseirín trata de desacreditar al empresario madrileño, pero lo cierto es que ha  reconocido ya dos de los extremos denunciados por Pardal: que hubo reunión entre ambos y que trataron de las inversiones que proyectaba su sociedad en Mercasevilla. El alcalde afirma que ha tirado de su archivo personal y que ha constatado que se trató simplemente de una cita de cortesía. Una primera visita puede ser considerada de cortesía, pero el empresario ha testificado que tuvo cuatro encuentros con Monteseirín, y nadie, salvo que eleve la cortesía a extremos de ceremoniosidad japonesa, se reúne cuatro veces con otro para saludarse y hablar de la lluvia. Pardal tenía intereses muy serios en juego como para perder el tiempo en juegos florales: una empresa municipal incumplía un contrato por el que estaba pagando 58.738 euros mensuales (704.856 euros al año), se derrumbaban sus expectativas de un negocio mayor (las naves) y  le estaban presionando para que se quitara del medio a cambio de contratos amañados a su medida y vulnerando la legalidad.

¿Hubo una sola reunión o fueron cuatro? ¿Se produjeron todas en el Ayuntamiento o en otro sitio? La clave puede estar en el libro de visitas que, se supone, ha de tener y conservar la Corporación Municipal, salvo que no se lleve control alguno en tal sentido por, como es habitual, un error técnico o mecánico.

Caracolas de la Cartuja

Y otro elemento clave puede ser el libro de visitas de las caracolas de la Cartuja para acreditar que se produjo en Urbanismo ese encuentro con Marchena en que, según Pardal, el valido le habría propuesto el chanchullo de adjudicarle promociones de VPO a cambio de renunciar al canon de superficie en Mercasevilla que, oh casualidad, compró en el último minuto Sando presuntamente de la mano del otro hombre de confianza del alcalde –Domingo Castaño- y a la que luego le adjudicaron los terrenos pese a presentar una oferta muchísimo  más baja que Noga.

Nueva pregunta: un empresario de Madrid que estaba en las circunstancias de Pardal ¿pierde su tiempo en ir a la Cartuja para tomarse un cafelito con Marchena o va para que, siguiendo las instrucciones del alcalde, el ‘alter ego’ arregle el problema a su manera?

Vuelve el urbanismo, pero con la diferencia de que a quienes ahora pone bajo sospecha es a Monteseirín y Marchena.

Alfonso, bueno y mártir

La delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto, ha pedido un informe –el tercero que encarga el Ayuntamiento en los últimos días en relación con la gestión del Real- sobre los criterios de adjudicación de las casetas de la Feria de Abril a raíz de la presunta usurpación de la caseta de las limpiadoras municipales por el concejal Alfonso Mir, que la convirtió ‘de facto’ en la caseta del sector del PSOE sevillano crítico con su secretario general, José Antonio Viera.  La noticia es sumamente reveladora del descontrol imperante en el gobierno municipal tanto en éste como en otros escándalos (el de Mercasevilla, sin ir más lejos),  porque es sorprendente que con el tiempo que lleva en el cargo y en el Ayuntamiento la delegada  responsable de este departamento aún no sepa cuáles son los criterios que se aplican en una materia de tanta trascendencia social.

Extrapolado el caso al sector privado, es como si el consejero delegado de Airbus no supiera con qué criterios se adjudicaran los aviones que vende su compañía, de lo cual se inferiría que tras ser designado para el cargo ni revisó la política previa de la empresa ni dictó sus propias directrices para la nueva etapa, pues en tal caso no habría necesitado encargar informe alguno para paliar su ignorancia. Del máximo responsable de una sociedad privada o de una Delegación municipal se presupone que debe estar al tanto al menos de las cuestiones básicas que les atañen, y si en Fiestas Mayores no es básico el reparto de las casetas de la Feria pues ya me dirán de qué otras cuestiones ha de preocuparse más la titular del departamento.

Caldo de cultivo

¿Cuál es el criterio? Sebastián Torres, el periodista que de forma tan brillante ha destapado el escándalo, ha demostrado con sus investigaciones en este periódico que el aparente criterio de la preeminencia de la antigüedad es pura falacia, ya que hay privilegiados que se saltan la lista de espera sin ningún problema. Hay, pues,  una retórica oficial y una práctica encubierta que demuestra que el criterio es justamente la ausencia de un procedimiento reglado, ya que ello permite adjudicaciones irregulares como la que presuntamente habría beneficiado al concejal Mir, sin que exista una fiscalización pública ni se abran plazos de alegaciones de los posibles perjudicados.

Ese magma de ambigüedad y descontrol es el caldo de cultivo para la arbitrariedad, los autopases de casetas y los cambios de ubicación, mientras hay sevillanos preteridos desde hace más de veinte años, y ello pese a que según la normativa vigente este tipo de prácticas están tajantemente prohibidas. Al Defensor del Pueblo, José Chamizo,  le han faltado reflejos para abrir una queja de oficio en este asunto de tanto calado popular.

Enredar la madeja

Y en esto llegó el alcalde. Monteseirín, fiel a su libro de estilo, le dio la vuelta a la tortilla e interpretó al revés el dictamen de la Delegación de Fiestas Mayores, que determinó en su día que la caseta ocupada por Mir nunca había sido suya, sino de titularidad municipal. Pues bien, el alcalde dijo todo lo contrario: “la caseta nunca fue municipal; fue privada”. Segunda táctica: marear la perdiz. Alfredo ha introducido en la escena variaciones, combinaciones y permutaciones sobre el término “privado” para enredar aún más la madeja. Según el alcalde, ahora se trata de discernir si la caseta es “privada institucional” o “privada particular”.

Lo primero es una antítesis; lo segundo, un pleonasmo. En la línea abierta por Monteseirín también cabría discernir, por ejemplo, si es “privada singular” o “privada específica”; o si más bien es “privativa singular” o “privativa plural”; acaso pudiera ser “privada íntima” o “privada colectiva”;  quizás “privada confidencial” o “privada elástica”; inclusive “privada oficiosa” o “privada reservada”; asimismo,  “privada abierta” o “privada cerrada”; cabe que sea “privada normal” o “privada superlativa”, y así podríamos seguir ‘ad infinitum’ o, al menos, hasta que acabe el mandato.

Sentimentalismo

Tercera táctica del regidor: el victimismo habitual. Alfonso Mir no es un presunto usurpador de una caseta de Feria, sino una pobre víctima al que el alcalde describe casi con la misma ternura que Juan Ramón a Platero en su celebérrimo poema en prosa: “Es una persona entrañable, de las que se hace querer, y un gran trabajador; no tiene nada que ver con los estraperlistas de la política que andan por ahí. El se ha ganado todo lo que tiene trabajando desde abajo, sin que nadie le regalase nada”. De Alfredo buena gente a Alfonso buena gente. Un unamuniano san Alfonso bueno y mártir. El alcalde apela al sentimentalismo para inspirar compasión y benevolencia hacia un edil pintado tan bondadoso y laborioso que no tenemos más remedio que simpatizar con él y alejar toda sospecha: este alma cándida, inocente y pura, ¿cómo se iba a apropiar de una caseta, por Dios? Y el auditorio así inducido deberá llegar a la misma conclusión de la versión oficial: sólo cabe un error, un inmenso error mecánico.

Y Monteseirín remata su pieza de oratoria con una expresión marca de la casa al calificar como “dinámica confusa” el proceso de adjudicación de las casetas. Desde aquello de Pellón de que la Expo estaba sumida (por Olivencia) en una “nebulosa jurídica” no se había oído nada parecido. Pues bien, si tras diez años de Monteseirín en la Alcaldía las casetas aún se adjudican con esa dinámica de confusión, ¿de quién es la responsabilidad? ¿Habrá que achacársela, como siempre, a la Sevilla rancia?

Setas= 5 facturas ‘olímpicas’

Las ‘setas’ se han convertido, tal como editorializaba este periódico, en el particular estadio ‘olímpico’ de Monteseirín. A fecha 22 de noviembre de 1999,  el coste de la ejecución material del estadio ascendía a 15.994 millones de pesetas (96 millones de euros), sin contar los honorarios de los arquitectos e ingenieros, la pista de atletismo y la urbanización exterior. Redondeando cantidades por todos los conceptos, la estimación del coste final ascendería a unos 20.500 millones de pesetas, (123 millones de euros). El Metropol Parasol impulsado por Monteseirín se alza sobre las ruinas de Palmira del proyecto previo iniciado durante su mandato en coalición con el PA y que el alcalde se cargó de un plumazo, como se cargó el de  Moneo en el Prado, para que no quedara legado de sus predecesores o socios, aunque la factura de lo desechado la acabaran pagando los sevillanos.

Sumemos  actuaciones en la Encarnación. La liquidación del mercado del PA  para poder plantar sobre el mismo las ‘setas’ del alemán Jürgen Mayer costó 9 millones de euros en indemnizaciones. Las obras para mantener las pantallas en torno a los restos arqueológicos, 5,3 millones. El concurso de ideas del que emanaron las ‘setas’, 90.000 euros. El ‘Antiquarium’ (aunque ahora lo metan en el Plan 5.000 es dinero público), 8,5 millones. Los honorarios del arquitecto, 5. Los del coordinador, 30.000 euros. La aportación municipal a Sacyr, 25 millones. La segunda aportación, 7 millones. La tercera, 18 millones. En total el Ayuntamiento ha detraído al contribuyente 77.920.000 euros. Hay que añadir el valor de la aportación en especie a Sacyr para su explotación durante 40 años: el edificio de la Hacienda municipal y los espacios del conjunto urbano aledaño, cuantificados en 32,4 millones de euros. Total: 110.320.000 euros.

Hay dos diferencias entre las ‘setas’ y el estadio ‘olímpico’. La primera es que el recinto deportivo se acabó a tiempo para el Mundial de atletismo y que el Parasol se anunció para junio de 2007, acumula ya casi tres años de retraso y nadie sabe cuándo se terminará. La segunda es que como todas las Administraciones eran accionistas, al Ayuntamiento sólo le correspondía asumir el 17,892% del coste del coliseo deportivo, es decir unos 22 millones de euros.

Conclusión: las ‘setas’ han supuesto hasta ahora para los sevillanos un coste cinco veces superior al del estadio de la Cartuja.

Conejillo de Indias

El Parasol se alza así no sólo como el símbolo de la megalomanía de Monteseirín, sino también de la improvisación que ha caracterizado su etapa al frente de Sevilla, tal como ha dejado en evidencia Celis cuando anunció el último sobrecoste de 18 millones de euros que han supuesto para las arcas municipales las ‘setas’ diseñadas por Mayer. Celis ha reconocido que se trata de “un proyecto constructivo imposible cuya ejecución ha sido incierta desde que comenzó y que se adjudicó sin que existiera la tecnología necesaria para poder ejecutarlo”.

¿Qué habría ocurrido en una empresa privada si un ejecutivo hubiera realizado una confesión similar y además hubiera añadido que no se atrevía a dar fecha alguna de conclusión de un proyecto con una desviación presupuestaria del 100% sólo en la fase constructiva? Mientras la prudencia aconseja a cualquier gobernante que administra el dinero del contribuyente atenerse al principio de “los experimentos, con gaseosa”, el Ayuntamiento embarcó a la ciudad en un proyecto puramente experimental al reconocer ahora que no se había desarrollado la tecnología para materializarlo. Sevilla, pues, ha sido el conejillo de Indias donde el arquitecto ha probado en plan ensayo/error la fórmula de las ‘setas’ a costa de un dinero dedicado inicialmente a equipamientos de la ciudad y agotando la paciencia de unos placeros que ya llevan 36 años esperando una solución para la Encarnación.

Delirios de grandeza

El encargado de materializar los delirios de grandeza de Monteseirín en su obsesión por dejar su sello para la posteridad no fue otro que su ‘alter ego’, en su etapa como gerente de Urbanismo: Manuel Marchena, el Mr. Hyde del doctor Jekyll. Marchena encargó a Tinsa un informe sobre cómo financiar la operación y el cálculo del valor de la concesión en especie que posteriormente se otorgó a Sacyr. Desde su estratégico puesto en Urbanismo, arrancó de la Oficina del PGOU el plácet para disponer de 25 millones de euros destinados a los sistemas generales de la ciudad y gastarlos en la Encarnación, sin prever que a esos 25 habría que añadir con el devenir del tiempo otros 25… por ahora. También se encargó de obtener de la Intervención Municipal su reticente visto bueno a que reservara el dinero para dos anualidades, cuando normalmente no se permite hacerlo más que para el ejercicio en curso. Marchena también se trajo de Córdoba para secretario del concurso de ideas y coordinar las obras a uno de los implicados en el centro de congresos Palacio Sur, del arquitecto holandés Rem Koolhas, del que acabó huyendo Ferrovial cuando se percató de que el coste de la obra se dispararía a los 174 millones de euros: un aviso a navegantes para Sevilla.

Marchena fue también quien elevó al Consejo de la Gerencia de Urbanismo la propuesta de que la obra se adjudicara a Sacyr en vez de a otras empresas que habían hecho una estimación de costes más ajustadas a la realidad. Apostó por la oferta más a la baja posible y al final ha resultado la más cara para el bolsillo de los sevillanos.

El chiringuito mediático de Monteseirín

La portavoz municipal, Maribel Montaño, empezó la semana anunciando que los presupuestos sufrirán “ajustes de gastos” conforme al “principio de austeridad”. El alcalde a su vez avanzó que el tijeretazo a las delegaciones será de un 20% salvo en Bienestar Social, cuya dotación crecerá hasta los 9 millones de euros para atender programas de emergencia social. Monteseirín quiere aparecer como el paladín de los desfavorecidos por la crisis. Su problema es que carece de credibilidad; el año pasado dijo lo mismo y luego detrajo más de 1,5 millones de esta delegación con una modificación presupuestaria “de urgente necesidad” para, entre otros gastos, inyectar 72.000 euros a Giralda Tv, su particular Nodo.

Monteseirín y Montaño hablaban de austeridad justo cuando la Hacienda local aprobaba 115.000 euros más para la Tv del alcalde, que en estos tiempos de apreturas de cinturón ha pasado de dos directivos a siete: un aumento del 350%. Esta es la prueba del aserto de Monteseirín de que si se ausentaba de los actos públicos y delegaba en Celis no era por placearle como delfín y para conspirar contra Viera, sino porque se estaba ocupando de resolver el problema del paro en Sevilla. Qué mejor idea para  rebajar las estadísticas del INEM que triplicar el número de altos cargos en su marchenera televisión.

Doble lenguaje

El discurso oficial es que no hay dinero; la realidad demuestra que lo hay, pero sólo para los intereses políticos del alcalde. Por eso son un sarcasmo las palabras de la delegada de Cultura cuando, para justificar el recorte en casi dos millones de euros a la Sinfónica y al Maestranza, declaró: “hay una situación de emergencia social y ahora la prioridad es la creación de empleo”. Mientras Monteseirín alardea de que la Unesco ha otorgado a Sevilla el título de ‘Ciudad de la Música’ (vean http://www.youtube.com/watch?v=ACZyJKYTFKo) , Montaño, al contrario que el resto de Administraciones,  quita dinero a la orquesta y a su sede, por más que la propaganda oficial diga que aquí la música “se respira, es una forma de vivir y ahora el mundo también lo sabe”. Mejor que no lo sepa la Unesco, no vaya a quedar en peligro también este título además del de patrimonio de la Humanidad. La delegada quiere que los sevillanos comulguen con ruedas de molino cuando sostiene, impertérrita, que este recorte no afecta a la Sinfónica. Si con mucho menos dinero las prestaciones son las mismas ello significaría que hasta ahora se habría estado despilfarrando.

En este sentido, el profesor Mantero, ha escrito: “Parece que los regidores que mandan en nuestro Consistorio no entienden el valor de la música y, a lo peor, ni siquiera les gusta. ¿Alguien ha visto alguna vez a la delegada de Cultura en un concierto de la Sinfónica? ¿O al alcalde?”.

Más doble lenguaje municipal. Durante las protestas de los taxistas, el delegado de Movilidad declaró que no contribuiría a destruir empleo con dinero público. Al final ha pactado el rescate de al menos 14 licencias, con un coste de medio millón de euros.

‘Radio Alfredo’

No hay dinero para la cultura, pero sí para incrementar el chiringuito propagandístico de Monteseirín de cara a las municipales de 2011, por lo que pudiera pasar. Al nuevo Nodo de Giralda Tv, el alcalde  proyecta ahora unirle su particular ‘Radio Alfredo’, una emisora municipal que estaría sometida a las directrices de Marchena, y que se completaría con los apoyos y silencios cómplices de cierta prensa  que el valido del regidor se encarga de comprar usando de forma artera la publicidad institucional o la de las empresas del Ayuntamiento.

La idea de los propagandistas del alcalde es que su grupo multimedia –televisión y radio- se concentre en las abandonadas naves del Barranco, previa readaptación de las mismas a sus nuevos usos y pese al dinero europeo gastado previamente en su rehabilitación con otros fines. Se gastan fondos en montar una radio y en una nueva sede para Giralda Tv cuando ya el pasado mes de julio se invirtieron 49.000 euros en habilitar el edificio del Laredo para el chiringuito mediático de Monteseirín. Al final se despilfarra el dinero tres veces. Hasta ahora, sólo Giralda Tv habría requerido de las arcas municipales 1.344.000 euros, cifra casi equivalente a la detraída a la Sinfónica y al Maestranza

El libro de estilo

A los alumnos de las Facultades de Periodismo se les enseña que la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro. Para Giralda Tv la noticia consiste sencillamente en que no haya perro. Es decir, no cumplir, conforme a las bochornosas directrices de su libro de estilo ahora conocido, la función clásica que se le presupone a todo medio de comunicación: ser el perro guardián de la Democracia, con la misión de hincarle el diente a los escándalos, corruptelas y abusos del Poder.

Por si no hubiera quedado suficientemente claro con el tiempo dedicado diariamente al autobombo del alcalde, con el manual interno se ve de forma explícita la función propagandística y censora de la televisión pagada con el dinero de todos los sevillanos: silenciar las iniciativas de la Oposición, omitir las causas judiciales justo cuando Monteseirín  se enfrenta a los casos Mercasevilla y Unidad y dar prioridad a las noticias positivas del gobierno municipal.

Si, tal como acuñó el naturalista Bufón, el estilo es el hombre,  el libro de instrucciones de Giralda Tv traduce a la perfección el estilo sectario de gobierno de Monteseirín.

Guerra y la falta de banquillo socialista

Hace una semana se conocía el sondeo oficial del Iesa en que por primera vez el PP aparecía como vencedor en Andalucía en caso de que ahora se celebrasen elecciones en la comunidad, con una ventaja de 1,6 puntos sobre el PSOE. Tras 30 años de gobiernos socialistas, esta encuesta realizada por un organismo dependiente de la propia Junta revela un estado de opinión sin precedentes: el PP está en condiciones de dar un vuelco histórico en el mayor granero de votos del socialismo español.

El sondeo ha causado un terremoto de la máxima intensidad en la escala Richter de la política, por más que el PSOE haya tratado de disimular los efectos de su impacto. Pero el epicentro del seísmo político no hay que datarlo a mitad de enero de 2010, sino mucho antes. Los temblores telúricos fueron percibidos por los sismógrafos socialistas en, como diría Rosa Aguilar,  “tiempo real”: en paralelo a la realización del trabajo de campo por el Iesa en noviembre de 2009. Si a la luz de los resultados de esta encuesta rebobinamos la moviola y nos situamos a finales del año pasado, comprenderemos mejor por qué a mitad de noviembre Griñán desató la polémica sobre el congreso extraordinario para relevar cuanto antes a Chaves como secretario general.

Recuérdese que en octubre Griñán decía que no quería distraer a sus filas con cuitas internas en un momento de crisis económica,  porque si anticipaba los plazos del cónclave socialista ello implicaba poner a toda la maquinaria del partido a trabajar casi en exclusiva en su preparación y esa distracción afectaría de lleno a su Gobierno. Medio mes después, cambió radicalmente de opinión y urgió repentinamente a acabar con la bicefalia con Chaves en un congreso extraordinario. ¿Por qué? Casualidad o coincidencia, el Iesa ya tabulaba encuestas del sondeo que reflejaba un hundimiento de la marca PSOE en Andalucía.

Y también casualidad o coincidencia -¿hay aún casualidades en política?-, poco después Monteseirín trataba de anticipar su ‘operación salida’ y transmitía a Griñán su deseo de abandonar el Ayuntamiento en busca de otros cuarteles de invierno donde refugiarse  con todo su equipo de asesores y personal de confianza antes de que fuera demasiado tarde y la onda expansiva del terremoto político vaticinado por el sondeo del Iesa le afectara de lleno, repitiera o no candidatura en las municipales.

El voto del estómago

En una tierra donde se vota más con el estómago que con el cerebro o el corazón, la cifra de 850.000 parados  andaluces tendría un demoledor efecto electoral para el PSOE, tal como refleja el sondeo. En 2007, sólo un tercio de los andaluces calificaba de mala la situación económica; ahora la perciben como mala o bastante mala el 78,6%. Hace tres años, dos tercios opinaban que el paro era el principal problema de la comunidad; hoy, el 89%.

Más de la mitad de los andaluces ve Andalucía menos o mucho menos preparada que el resto de España para afrontar la crisis y un 45,8% culpa de la situación a la Junta. Dos de cada tres andaluces perciben la situación de nuestra tierra como mala o bastante mala y una cuarta parte opina que es regular.

Y atención a estos datos: un 82% conoce a alguien de su entorno más cercano (familia, amigos, compañeros) que ha perdido su empleo en los últimos seis meses y uno de cada tres andaluces que aún trabaja teme por su puesto de trabajo.

Las expectativas sobre el futuro tampoco son muy optimistas: dos tercios estiman que dentro de un año la situación seguirá igual o peor todavía, en línea con los últimos estudios socioeconómicos conocidos. Caja España prevé una caída de la actividad económica del 1% a lo largo de 2010 y una tasa de paro del 22%.

Y ahora, ¿quién?

Este escenario de recesión para todo el año significa que aún pueden incrementarse en Sevilla capital los 70.000 parados actuales, personas que tienen padre, madre, cónyuge, hijos, hermanos, primos, tíos….con derecho a voto. Calculando una familia media de cuatro miembros, serían 280.000 los afectados de alguna manera por el paro en una ciudad de 700.000 habitantes, y cuando acabe 2010 faltarán sólo cinco meses para las municipales. En 2007, en plena bonanza económica, Monteseirín ya perdió las elecciones  frente a un recién llegado a la política como entonces era Zoido, del que la mitad del electorado no conocía ni su nombre. Sólo le salvó Torrijos. Hoy, los sondeos ocultos del PSOE y la percepción instalada en la opinión pública indican que el ya candidato oficial del PP ganaría por mayoría absoluta la Alcaldía.

El PSOE sabe que con este panorama socioeconómico necesita más que nunca de un candidato capaz de movilizar a todos sus simpatizantes a las urnas al toque de generala. Monteseirín no entusiasma, sino todo lo contrario. ¿Es Celis el hombre capaz de arrebatar a las masas? ¿Sería Juan Espadas? ¿Viera acaso? Y si no ellos, ¿quién, entonces?

Y ahí Griñán saca a relucir de nuevo como posible candidato a Alfonso Guerra, el que antaño congregaba a las bases socialistas en los mítines tan sólo al conjuro de su nombre y al que los militantes gritaban con entusiasmo aquello de “¡Dales caña, Arfonzo!”.

Si Griñán ha tenido que esgrimir el nombre de una vieja gloria que evoca en el imaginario socialista la mejor época de su historia reciente, ello es la prueba de la falta de banquillo del PSOE. Al contrario de lo que presume Del Nido de la plantilla del Sevilla F. C., Griñán ha mirado dentro de su partido y ha comprobado con horror que carece de fondo de armario.

El tiempo es oro

Una simple nevada en comparación con las del resto de España dejó el fin de semana a centenares de imprudentes curiosos y sus vehículos aislados en la Sierra Norte, por incapacidad o retraso de la Administración en despejar las carreteras, si bien la consejera de Obras Públicas sostiene que la Junta actuó en “tiempo real” frente al temporal. Gobernar es prever, pero parece que Rosa Aguilar aún no lo ha comprendido pese a su experiencia. La cuestión no radicaba en que la Junta actuara en “tiempo real”, sino “antes de tiempo”, para prevenir y paliar con margen suficiente de maniobra los efectos de las inclemencias meteorológicas en coordinación con ayuntamientos y Diputación. De los testimonios de los alcaldes se colige que más que ser coordinados por la Junta se coordinaron ellos mismos sobre la marcha y sin un plan preestablecido. Así, en el Ayuntamiento de Guadalcanal manifestaban que aunque había estado nevando durante nueve horas seguidas, no fue hasta el final de la tarde cuando la Junta y la Diputación se pusieron en contacto con ellos.

Las radios contaban desde la mañana del domingo que  centenares de curiosos se dirigían a la sierra para disfrutar de la nieve, sin percatarse de que iban a quedar atrapados en una ratonera conforme a las previsiones meteorológicas. Esas previsiones sí fueron tenidas en cuenta por la DGT, que en los paneles informativos de la autovía  Huelva-Sevilla alertaba ya el sábado sobre la necesidad de adelantar el retorno en previsión de nevadas al día siguiente. Nadie supo reaccionar desde la Junta para contener la avalancha de turistas ocasionales en las carreteras o hacerles llamamientos a través de los medios de comunicación para que se dieran media vuelta. El resultado: numerosos atrapados, que tuvieron que alojarse en colegios y  casas particulares en los pueblos porque la reacción en “tiempo real” fue insuficiente. La Junta envió sólo seis máquinas quitanieves con doce operarios y 7.500 kilos de sal para despejar la red viaria de toda una comarca. Los ayuntamientos tuvieron que suplir la carencia de medios recurriendo a máquinas retroexcavadoras de particulares para apartar el manto blanco.

Nevaba desde por la mañana pero como dijo el alcalde de Alanís, “a la tarde ya llegaron los vehículos de la Junta”. A la tarde y, por tanto, tarde, porque las máquinas quitanieves ya deberían haber estado desplegadas desde la víspera, pero la Junta no actuó hasta que no nevó en “tiempo real”. Osea, a destiempo.

Oír los sondeos

El presidente provincial del PSOE y de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos, decía no hace mucho que para la designación del candidato a la Alcaldía de Sevilla “habría que oír las encuestas”. Pues bien, las encuestas ya hablan. El nada sospechoso exconsejero socialista de la Junta, Antonio Pascual, presentó en calidad de director del Centro Andaluz de Prospectiva el último Barómetro de Antares en unos términos que no dejan lugar a dudas: es la primera vez en cinco años que los sevillanos que piensan que la ciudad empeora superan a los satisfechos con la situación actual, por  lo que globalmente el 64,1% ven Sevilla igual o peor que antes.

La conjunción de la crisis económica (más de 70.000 parados), la avalancha de obras (ha llegado a haber 400 calles levantadas simultáneamente) y el tráfico insufrible han generado esta percepción en unos momentos en que el PSOE sigue oficialmente deshojando la margarita sobre el alcaldable. Aunque es cierto que las grandes obras suscitan un inicial rechazo por las molestias que causan y que la impresión varía tras su terminación, también lo es el hastío de los ciudadanos por la reiteración de esta política. Conscientes de ello, los alcaldes suelen acometer los trabajos al inicio del mandato para que la percepción sobre las molestias no siga vigente a la hora del voto cuatro años más tarde. Monteseirín prometió no incurrir en el mismo error de atosigar a los sevillanos con tantas obras tras la experiencia anterior del levantamiento del Centro, pero ahora se halla en una situación parecida, forzado por los planes 8.000 y 5.000. Su problema es si le dará tiempo a que varíe la percepción ciudadana antes de las elecciones, pues como él mismo dijo en una ocasión “la realidad no es como es, sino como se percibe”.

Reducido a mero aspirante

El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, ya introduce significativos matices en su discurso cuando se refiere a Monteseirín, al que públicamente ha emplazado a  que comunique  como muy tarde antes del verano si quiere optar a ser candidato a la Alcaldía. Atención: no ha dicho que vaya a ser el candidato del PSOE por que diga que quiera serlo, sino que en caso de que lo comunique quedaría en la condición de mero aspirante, pese a acumular tres mandatos consecutivos como alcalde. Si después de doce años en el sillón no hay aún un apoyo inequívoco y explícito, la percepción (ésta es la palabra de moda) que queda es que el partido ve agotada la figura de Monteseirín.

Ya lo dijo Velasco, el secretario de organización del PSOE (A), que no es lo mismo optar a un segundo mandato –y ahí daba por automática la repetición de la candidatura de alcaldes en su primer cuatrienio-  que repetir cuando como en el caso de Sevilla se lleva 12 años en el Poder. Griñán abunda ahora en lo mismo: Monteseirín, después de tanto tiempo en el cargo, “tiene que hacer balance y saber si su proyecto puede continuar o no”. Balance es un término que suena a punto y final.

El kiosco de Torrijos

El Parlamento de Andalucía rechazó hace unas semanas merced a los votos del PSOE la creación de una comisión de investigación sobre el caso Mercasevilla que, en nombre del PP, defendió Juan Ignacio Zoido. El portavoz de IU, Diego Valderas, manifestó durante el debate que una vez que la Consejería de Empleo planteó la primera denuncia ante la Fiscalía sobre este tema, “no debería de haber problemas para aprobar la comisión de investigación en la Cámara” a fin de que se “pongan luz y taquígrafos” sobre todos los acontecimientos. Valderas afirmó que la posición de IU es proyectar transparencia donde las actuaciones han podido ser oscuras u opacas, sin juicios previos de valor. Dijo asimismo que IU siempre ha mantenido una posición coherente ante la creación de comisiones de investigación, cuando las razones “están fundamentadas, como en este caso”. Para Valderas, si bien sin control judicial no hay Estado de Derecho, sin control democrático del Parlamento “no hay democracia plena”. En su opinión, las comisiones de investigación son instrumentos democráticos de primer nivel con los que gana prestigio la Cámara.

Efectivamente, IU siempre ha abogado por la creación de comisiones de investigación al menor atisbo de escándalo político, pero Torrijos debe de ir por libre en el seno de la coalición, de heterodoxo frente a la doctrina oficial y de espaldas a su coordinador general cuando ha denegado en el Ayuntamiento lo que Valderas había  pedido previamente en el Parlamento. Fue el propio Torrijos quien, con el típico pretexto de “salvaguardar el buen nombre de la empresa y sus trabajadores” y mantenerla “en un debate político sano y alejado de controversias”, propuso un pacto por Mercasevilla al resto de fuerzas políticas. Cuando el PP planteó una cuestión elemental por pura lógica para firmar el pacto, como crear una comisión para investigar la gestión de los administradores que han llevado a la empresa municipal de escándalo en escándalo hasta el juzgado de guardia, Torrijos  ha respondido que “si esto entra en una comisión de investigación, se cierra el quiosco”.

Desbarajuste

Quien no tiene nada que ocultar nada debe temer. ¿Qué teme Torrijos para resistirse como gato panza arriba a que se investigue no  lo que ya judicialmente examina la juez Alaya, sino todo el cúmulo de irregularidades que, éstas sí, salpican el buen nombre de Mercasevilla y el de toda la ciudad? Por ejemplo, que se firme un ERE para 40 empleados y que tres años después el Ayuntamiento tenga que pagar las prejubilaciones más el sueldo de los sustitutos porque la Junta de Andalucía dice ahora que nunca se comprometió a financiarlo; que la sociedad municipal se responsabilizara del pescado ilegal que se vendiera en los pasillos del mercado y ahora deba afrontar multas por valor de 1,8 millones de euros tras incoársele 30 expedientes por tráfico de inmaduros; que se regalen por Navidad cestas con 23 kilos de marisco y que los presuntos destinatarios, dos concejales socialistas, digan que sus nombres han sido falsificados en la factura…

¿Y si resultara que este desbarajuste se ha producido con Torrijos como vicepresidente de la empresa municipal? Se comprende por qué quiere ‘cerrar el kiosco’ y por qué el acuerdo por Mercasevilla que preconiza es en realidad un pacto de mutismo, en línea con la definición que de la ciudad hizo recientemente el abogado Miguel Muruve: “Sevilla es una gran cofradía de silencio”.

Demasiada Sevilla para Gordillo

Luis Gordillo, el pintor vanguardista sevillano en el exilio de Madrid, ha presentado el cartel que ha realizado para la próxima temporada taurina por encargo de la muy tradicional Real Maestranza de Caballería, la cual viene siendo alabada por su afán de no encasillarse en los tópicos de siempre y por hacer apuestas arriesgadas con artistas rompedores que supongan una evolución creadora acorde con los tiempos en que vivimos.

El cartel de Luis Gordillo ha resultado una perfecta metáfora de la ciudad en que vivimos. El artista ha confesado que su primera idea, en línea con la trayectoria vanguardista que le avala como uno de nuestros principales pintores contemporáneos, fue la de representar un individuo con cuernos, para reflejar una síntesis entre el hombre y el toreo, pero que el miedo a que no cayera bien en la ciudad pesó más en su ánimo, por lo que ha acabado haciendo un ‘collage’ basado en la figura del Cid y que ha considerado “más llevadero por la Real Maestranza de Caballería y el pueblo de Sevilla”.

Si Luis Gordillo hubiera sido Luis Gordillo y por tanto fiel a su estilo,  habría  pintado el cartel fruto de su inspiración, máxime cuando declaró ‘a posteriori’ que “Sevilla tiene un déficit de modernidad en arte”. Pero como Gordillo tuvo miedo de su propia osadía, prefirió al final traicionarse a sí mismo para acomodarse al patrón que él presuponía de “lo sevillano”,  con lo cual ha acabado contribuyendo a mantener ese déficit de modernidad que denunciaba. Ha tenido la oportunidad de dar un salto adelante pero ha dado marcha atrás, él, que como artista está por encima del bien y del mal. Si así condiciona cierta imagen de Sevilla a todo un Luis Gordillo, ¿cómo no condicionará a los demás?  “Me daba miedo porque al fin y al cabo, ésta es mi tierra”, ha dicho el pintor. La condición de sevillano se ha impuesto al artista de vanguardia, por eso el cartel de Gordillo es una metáfora de todos nosotros: Sevilla no cambia por el miedo de los sevillanos a Sevilla.