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La Hispalense ataca de nuevo

Las universidades han rebajado tanto su exigencia que ya no sé si la nueva medida que prepara la Hispalense es otra ocurrencia similar a la de hacer la vista gorda ante las chuletas en los exámenes – fue una noticia de alcance mundial- o una adaptación a eso que llaman ‘proceso de Bolonia’. Resulta que ahora la Universidad de Sevilla se ha inventado o adoptado, que para el caso es lo  mismo, la “matriculación ordenada”: un alumno se podrá matricular de una asignatura obligatoria en un curso superior aunque no la haya aprobado en el inferior. Así, se podrán apuntar en la asignatura donde enseñan ecuaciones de segundo grado aunque no tengan ni zorra idea de las de primer grado y les hayan puesto un rosco en el expediente. Es de suponer que gran parte de la asignatura de 2º se basa en los conocimientos adquiridos en la de 1º. Pero, ¿y si no se han adquirido? ¿Y si para colmo aprueban la de 2º y pasan a 3º con  la de 1º aún suspensa? Hago mío el comentario de un lector: “Estoy esperando para matricularme a ver si terminan por dar el título sin estudiar”.

La Sevilla de las antípodas

Frente a la ‘grandeur’ de los nuevos estadios ‘Olímpico’ que son las ‘setas’, la biblioteca a costa de una zona verde en el Prado y el tranvía que duplica en superficie el trazado del Metro, el sentido común de que una ciudad es sobre todo la suma de muchas pequeñas cosas. Fiel a su estilo, ésta fue la ‘filosofía’ de gobierno que expuso  Soledad Becerril en  el ciclo de ‘Los exalcaldes democráticos’, del grupo La Raza, los que tiraron de la manta de Mercasevilla en plan Hércules con los establos de Augías. Al margen de ciertos lapsus de memoria con el Urbanismo, doña Sole recordó como su mejor hito un Ayuntamiento ordenado, calles limpias y servicios municipales cuidados. Tal era su obsesión por los detalles que su al final odiado socio, Rojas Marcos, definió malévolamente su visión de Sevilla como ‘la casita de Pin y Pon’. Sí, pero como ella ha dicho, se llevó bien con los vecinos y con la Oposición, no orilló a los funcionarios, no derrochó en teles ni fundaciones, ni se pasó el día en los Juzgados. Soledad Becerril, en las antípodas de Monteseirín.

El retruécano del rector

El retruécano es una figura retórica que consiste en la inversión de los términos de una proposición para que adopte un sentido completamente distinto al original. El rector invierte la carga de la prueba en su comunicado a la comunidad universitaria, donde pide perdón por el daño que a la imagen de la Hispalense ha hecho la interpretación por terceros de la norma sobre los copiones. Y he aquí el retruécano de Joaquín Luque: el perjuicio no lo ha causado él, sino quienes no han sabido leer correctamente el artículo 20 sobre las incidencias en los exámenes. “¡Dios mío, perdónalos porque no saben lo que interpretan!”, viene a decir el rector. Pero da la casualidad de que todo el mundo, desde Griñán al ministro de Educación, ha interpretado lo mismo. Como ha dicho el profesor Mantero, que no es un torpe precisamente, de mala interpretación del Reglamento, nada de nada. Se entiende todo: la letra indica muy bien el objetivo que se pretendía. Respondamos al retruécano del rector con un adagio jurídico: el causante de la causa es el causante del daño causado.

El ‘profe’ Alfredo

Un alcalde como el de Sevilla necesitaría que el día tuviera no 24, sino 48 horas para dedicárselas a la ciudad y aún le resultarían insuficientes, pero al verse en expectativa de destino y con un pie en la calle,  Monteseirín ha puesto ya el piloto automático en la Plaza Nueva. De otra manera no se explica que en una urbe con 70.000 parados y en la mayor crisis económica de la historia reciente inicie una experiencia como profesor invitado de un máster en la Universidad, en calidad de experto en gestión y administración local. ¿Monteseirín experto en administración local? En el mismo periódico en que viene la noticia del ‘profe’ Alfredo, al cabo de tres páginas se da cuenta de este informe de la Intervención Municipal: en 2008 la liquidación presupuestaria arrojó un déficit de 87,6 millones de euros y en 2009 la tendencia será, como mínimo, igual a esta cantidad. Y según el Banco de España la deuda es de 422 millones. Con este panorama la lección que dicte Alfredo debería llevar por título ‘Cómo arruinar un Ayuntamiento en tan sólo dos mandatos y medio’.

El derecho a la impunidad

La Hispalense trata de camuflar que reconoce el derecho de los alumnos a copiar en los exámenes con la tesis de que el derecho es a que los copiones acaben la prueba. Si se extrapolara a otro ámbito de la vida este derecho, como el orden público, el procedimiento correcto de un policía que sorprendiera a un delincuente  ‘in flagranti’ no sería su arresto inmediato, sino tomar nota del hecho delictivo, incautarle el material con el que lo comete (pistola, cuchillo, ganzúa, palanqueta…), dejarle que acabe la faena y elevar el caso a una comisión paritaria compuesta por tres policías y tres colegas del ‘chorizo’ para que determine si se trataba de un delito, mera falta o nada de nada. De esta manera se garantizaría que no serían condenados un 2% de los aparentes infractores de la ley, aunque se escaparan el 98% de los que realmente la infringen. ¿Surrealismo? No es extraño que la Universidad reconozca el derecho a copiar en un país donde el ministro de Justicia ya reconoció el derecho a mentir impunemente de los implicados en el crimen de Marta del Castillo.

Como la zorra y las uvas

El rector de la Universidad Hispalense, Joaquín Luque, sigue respirando por la herida del suspenso sin paliativos que nos ha dado el Ministerio de Educación, Ciencia e Innovación al denegarnos la condición de campus de excelencia internacional. En su reciente informe a la comunidad universitaria subraya que el 50% de las subvenciones gubernamentales se las han llevado las universidades de Madrid y Barcelona, que presentaron proyectos conjuntos. He ahí el ‘quid’ de la cuestión, ya que otros centros andaluces que forjaron alianzas entre sí también se han beneficiado de la derrama de dinero oficial, pero en vez de respondernos a la enojosa cuestión de por qué la rivalidad entre la Hispalense y la UPO, como la futbolera del Sevilla y el Betis pero en el terreno educativo, se vuelve en contra de toda la ciudad, el rector denigra las bases de la convocatoria con el argumento de que obligan a un ‘show mediático’. ¿Hubiera dicho lo mismo si hubiera ganado? Esto suena a la fábula de la zorra y las uvas: para Sevilla, el racimo de la excelencia aún está verde.