Archivo por meses: noviembre 2009

La prueba del algodón

La juez ha imputado a Montaño, Medrano y Torrijos por la prohibición del acto de homenaje a Foxá en un centro cívico. Según habría declarado Torrijos en la radio cuando pensaba en su posible imputación en Mercasevilla y no en ésta, ir a declarar como imputado es una gran ventaja porque al poder disponer de abogado se tiene una gran tranquilidad y, además, se puede mentir o no decir la verdad sin que ocurra nada, al contrario de lo que podrìa pasar en caso de acudir como testigo. ¿Es éste el sentido de la ética marxista de Torrijos, cuando se permite aludir a la mentira como posible estrategia de defensa? Recuérdese cómo Torrijos presentó en 2008 una moción en el Ayuntamiento en la que exigió el cese o la inhabilitación de los cargos públicos implicados en procesos judiciales y calificó su propuesta como “la prueba del algodón”. Esa prueba ya se la hizo IU a Agustín Pavón en Camas y acabaron quitándolo del medio. Falta ahora saber si Torrijos se la hará a sí mismo o acabará como en el pasaje bíblico: viendo la viga en ojo ajeno y sólo paja en el propio.

El ‘bien pagao’

Monteseirín declara tras la fracasada maniobra de distracción de su viaje a Londres que se da por bien pagado si le recuerdan por su honradez. Hasta ayer, dándosela de buena gente, quería camuflar con su supuesta bonhomía sus incompetencias. Ahora quiere contraponer a la imagen de dispendio que proyecta su viaje -si no hubiera tenido mala conciencia no tendría por qué haberlo ocultado- la honradez como suprema virtud. Honradez no es sólo no meter la mano en la caja. El Diccionario la define como “rectitud de ánimo, integridad en el obrar”. Debe preguntarse si actuó íntegramente cuando estuvo tantos años sin pagar el sello del coche; cuando apenas llegar al cargo ya se subió el sueldo; cuando cobra las dietas de empresas públicas como Mercasevilla y luego no da la cara; cuando compra silencios y/o complicidades periodísticas  con la publicidad institucional; cuando a su sombra estallan escándalos que manchan el nombre de Sevilla y no dice como dijo Nixon tras el Watergate: “Me voy, no por lo que he hecho, sino por el clima de corrupción a mi alrededor”.

Las 300 de Monteseirín

La película ‘300’ se inspiró en una novela gráfica en la que el dibujante Frank Miller rindió homenaje a Leónidas, rey de Esparta. Este, junto con los 300 hombres de su guardia, resistió en el desfiladero de las Termópilas el ataque de los 300.000 soldados de Jerjes  para dar tiempo al ejército griego a reorganizarse y resistir la invasión persa. Trescientos es también el número de las obras que simultáneamente, o a la misma vez, como diría Lopera, ha llegado a tener el alcalde para convertir parte de Sevilla en otro  desfiladero de las Termópilas, con infinidad de calles reducidas a una angostura delimitada por vallas y alambradas, cual si la ciudad hubiera sido declarada en estado de sitio. Prueben a otear el panorama de obras que se divisa desde un autobús de línea circular y cómo cada día supone una odisea griega desplazarse por esta urbe; da igual que sea en coche privado que en transporte público.

Por definición, toda obra debe implicar una mejora sobre la situación preexistente, de ahí que ‘a priori’ se comprenda que el corte de calles sea el precio a pagar por las mejoras urbanísticas. Es el caso, por ejemplo, del paso subterráneo entre la Palmera y Cardenal Bueno Monreal, un proyecto más que necesario y que contribuirá a descongestionar la circulación. La irritación ciudadana, empero, deviene del hecho de que Monteseirín ha puesto buena parte de la ciudad patas arriba simultáneamente y la ha convertido en una ratonera, y por los fallos y los retrasos en la ejecución de los trabajos. Por ejemplo, el levantamiento del carril bici en San Jacinto dos semanas después de su terminación al descubrirse que se encharcaba. Otra  chapuza más.

No es la primera vez, pero si en esta ocasión ha colmado la paciencia de los sevillanos, para él puede ser la última. Ya hizo coincidir los trabajos de los aparcamientos de Cristina y Paseo Colón con los de Virgen de Luján. Posteriormente,  destruyó los hornos almohades de la Puerta de Jerez (¿verdad, Martínez Salcedo?),  al levantar sin miramiento alguno desde el Prado hasta la Plaza Nueva para su tranvía electoralista. Y aunque hizo propósito de enmienda, de nuevo somete a la ciudad a un zafarrancho a año y medio de otras elecciones municipales. Tal como estableció Paracelso, la diferencia entre un remedio que cura y un veneno que mata radica en la dosis. Monteseirín, que se reclama colega de Paracelso cuando le interesa, sigue sin percatarse de que somete Sevilla a una sobredosis de obras. Y la sobredosis puede  tener para él un efecto electoral tóxico.

A buenas horas….

En  medio de esta vorágine es ahora y no antes cuando se le ocurre al edil Gómez de Celis  pedirle a la Universidad un manual de actuación municipal para que los comerciantes y hosteleros no sufran los efectos de las obras. El Consistorio, para el que directamente o a través de sus empresas trabajan cinco mil personas, encarga el trabajo a la Hispalense en vez de a algunos de sus millares de técnicos, esos en los que luego se escuda cuando estalla algún escándalo que pone en solfa la actuación de los concejales. ¿Para qué están entonces los funcionarios municipales?

El avance dado a conocer de esta guía de buenas prácticas es tan obvio que, con todos mis respetos para su autor,  lo podría haber suscrito cualquier persona con sentido común, el menos común de los sentidos, tal como cada día demuestran nuestros munícipes. Por ejemplo, aconseja cosas elementales, querido Watson, como mejorar la información pública sobre las obras, aplazar el pago de impuestos (ya se hace, con el IAE) y mejorar las señalizaciones provisionales de tráfico. Y dice que para elaborar un calendario sobre el impacto de los trabajos se preguntará previamente a los comerciantes sobre cuáles son para ellos las fechas más críticas. No hace falta preguntar nada porque es de dominio público: Navidad, Semana Santa, la Feria y la época de rebajas.

Y lo mejor es la propuesta de crear el “interlocutor-mediador” para coordinar la información sobre las obras y escuchar las quejas de los comerciantes. ¿Otra figura más para cobrar de las arcas públicas y para que sirva de pararrayos al Ayuntamiento? Me imagino a Celis preguntando a los comerciantes como a aquel embajador de Gran Bretaña que tenía una manifestación bajo la ventana por el tema de Gibraltar y al que llamó el ministro para preguntarle si le enviaba más policías. Respuesta del diplomático: “Me conformo con que no me mande más manifestantes”.

-¿Le envío más interlocutores-mediadores, señor presidente de Aprocom?, le preguntará Celis a Cañete.

Y Cañete bien podría responderle como aquel embajador al ministro:

-No, señor delegado de Urbanismo, bastaría con que no me cortara más calles con calicatas y vallas.

Digo y Diego

Monteseirín dijo hace unas semanas que Sevilla no necesitaba más aparcamientos porque “los sevillanos no tienen cultura de pagar por aparcar”. El alcalde invocó un estudio de Asepan según el cual sólo el 45% de las plazas de los parkings rotatorios se ocupan en hora punta y el resto del tiempo están vacías.

Ahora, el delegado de (in)Movilidad, Francisco Fernández, rescata el viejo proyecto de parking bajo la glorieta del Cid con el argumento de que es “prioritario” por  las carencias de estacionamientos en la corona del Centro.

Ni entre ellos mismos se aclaran. Al igual que a Fernando VII, así se las ponen desde el PSOE a Zoido, para que éste, basándose en sus contradicciones, diga  que Monteseirín “no tiene modelo de ciudad”.

Mensajes ‘boomerang’

Le llaman el portavoz oculto y el Iznogoud de Monteseirín, en referencia a aquel personaje del cómic caracterizado de visir y cuyo único sueño era ser el califa en lugar del califa. Pues Celis ha emergido para decir que la doble imputación de Domingo Enrique Castaño, ahora por las facturas falsas, no afecta  al grupo municipal socialista. ¿Acaso quiere Celis lanzar el mensaje subliminal de que afecta al alcalde, al que aspira a sustituir? Porque cuando Castaño fue imputado en Mercasevilla, la portavoz visible, Maribel Montaño, dijo ‘urbi et orbi’ que de asesor de Monteseirín, nada de nada, que Domingo Enrique era en realidad asesor del grupo socialista. Una de dos: o la doble imputación de Castaño salpica al alcalde o salpica al grupo del puño y la rosa, porque, como dijo Pérez (el del PP, no el de Mallorca), su situación procesal deriva del ejercicio de unas funciones en las que fue nombrado por el grupo o por Monteseirín. Como Celis y la Montaño lanzan mensajes contradictorios, lo más probable es que acabe afectando a los dos: al PSOE y al alcalde.

Y encima perdió las maletas

Monteseirín no sólo estaba en Londres mientras su Gabinete se esforzaba en aparentar que se hallaba en Sevilla atrapado por las obras que él mismo ha desatado, sino que, según ha podido saber el francotirador, para colmo perdió las maletas durante el viaje y aterrizó en plan machadiano. Sí, tal como reza el verso de Antonio Machado, Alfredo desembarcó del avión forzosamente “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar». Londres es la ciudad maldita de Alfredo, pues es la segunda vez que en un aeropuerto de la Gran…. Bretaña le extravían el neceser. La otra vez que lo dejaron tirado fue en una escala en Heathrow, camino de Nueva York,  y en medio de una gran nevada. Entre una cosa y otra, cuando Monteseirín llegó a la ciudad de los rascacielos ya había empezado el primer acto que tenía programado. Con las prisas de que iba tarde y sin tener qué ponerse, acabó pidiéndole prestado el traje a un miembro de su séquito que vestía alguna talla de más o de menos que él. Cada vez que Alfredo viaja a Londres, en el pecado lleva la penitencia.

La parte contratante

La portavoz sufrió un freudiano ‘lapsus linguae’ al decir que Giralda Tv sólo es legal desde que hace días emite en digital. Como quien hace la ley o la interpreta hace la trampa, alega que la TV marchenera no era ilegal, sino que su  situación era “alegal y transitoria” cuando tomó “prestada” durante 6 meses (esto no es transitoriedad, sino contumacia) la frecuencia de una empresa embargada por deber  600.000 euros a la Seguridad Social y cuyos trabajadores acabaron en la calle previa huelga por impago de salarios. La ley impide a una Administración contratar con morosos, pero el Ayuntamiento se escudó en otra argucia. Se creó una empresa interpuesta, con la morosa de accionista (¿para eso sí tenía dinero?), y así la Montaño mantuvo que contrató no con la segunda, sino con la primera. Cuando Groucho Marx dijo aquello de “¿por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?”, nunca pudo imaginarse que iba a servir de inspiración a un Ayuntamiento como el de Sevilla. Será porque es de risa.

Sin ton ni son

En la crisis PSOE-IU a cuenta del desalojo de la banda de Las Cigarreras de los bajos del Paseo Alcalde Marqués del Contadero no se ha prestado suficiente atención a las palabras pronunciadas por Maribel Montaño, que últimamente está sembrada. Que el alcalde nos la conserve por mucho tiempo.A la portavoz, ni tocarla, que luego no tenemos de qué escribir. La Montaño no fue capaz de concretar el número de cesiones gratuitas de locales oficiales a colectivos que carecen de contratos a tal efecto o de expedientes administrativos. Y luego aventuró que la situación de hecho de ocupación del local podría ser también de derecho, al haberse rebasado la transitoriedad de la estancia acordada con los músicos. Osea, que no ha pasado sólo con las facturas falsas, el desalojo de los chabolistas de Los Bermejales y el caso Mercasevilla. El descontrol administrativo se evidencia hasta en asuntos menores como éste, donde quien actúa como una banda, pero sin ton ni son ni batuta que lo dirija, es más el (des)Gobierno municipal que la agrupación de Las Cigarreras.

La bilocación de Alfredo

Dicen que el alcalde estaba el sábado en Londres pero que su gabinete envió fotos en las que visitaba obras en la ciudad ese día, el domingo y el lunes. La canallesca habla de una estrategia de ‘desinformación’ del regidor por ocultar que se hallaba en la Gran Bretaña en vez de en la Gran Sevilla. Es más fácil y, a la vez, más complejo. El francotirador ha podido saber que, en realidad, el alcalde tiene el don de la bilocación, ubicuidad u omnipresencia, que le permite estar en tres sitios a la vez. Eso lo explicaría todo: Alfredo estaba el sábado en Londres; Sánchez, el domingo en Sevilla en una obra, y Monteseirín, el lunes en otra. ¿Será por obras? Este don, que su gabinete no publicita atendiendo al principio bíblico de que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, sólo lo poseen quienes, como tantos virtuosos en la historia, están marcados por un destino superior. No debe olvidarse que el alcalde es el buena gente, una especie de santo laico, el siguiente tras Fermín Salvochea. Alfredo Sánchez Monteseirín. SMS. Uno y trino al mismo tiempo.

Cien óperas desaprovechadas

Rosamar ha viajado al  World Travel Market de Londres  para presentar un nuevo producto denominado ‘Sevilla, ciudad de ópera’ que se articulará a través de itinerarios relacionados con las óperas inspiradas en nuestra urbe. ¿Nuevo producto turístico? Mucho me malicio que esto es el forro reversible del viejo lema ‘Sevilla, ciudad de la música’, pero en su variante lírica. Y me sorprende esa vaguedad y  falta de ‘punch’ para promocionar la ciudad. Al producto le faltan cuando menos dos artículos. Sí, porque debe llamarse ‘Sevilla, la ciudad de la ópera’, sin pudor alguno, con plena arrogancia. Porque, ¿qué ciudad hay en el mundo que pueda presumir de ser escenario de más de cien óperas, desde el ‘Don Juan’ hasta ‘Carmen’?. Con muchísimas menos razones que Sevilla organiza Bayreuth su festival Wagner (selección de diez obras musicales); Salzburgo, su festival mozartiano,  y Torre del Lago su festival Puccini (40.000 espectadores cada verano). Sevilla no necesita más rutitas e itinerarios, Rosamar, sino ‘belcanto’,  y no sólo 6  veces al año. ¡Música, maestra!

¡Es el urbanismo, estúpido!

El Juzgado de Instrucción Nº 20 de Sevilla está investigando  cómo en Burguillos se ha podido construir de forma presuntamente ilegal todo un polígono industrial sobre suelo no urbanizable. Según los primeros indicios, el Ayuntamiento habría concedido licencia de obras pasando olímpicamente de los informes técnicos y jurídicos. Cuando la Justicia ha inquirido sobre el caso, desde el Consistorio se habría argumentado que el polígono se alza sobre ‘suelo urbano consolidado’. Lo que no dice es que se habría consolidado por la vía habitual de los hechos consumados: calificando el terreno como urbano una vez que el polígono se construyó al margen del procedimiento legal.

En este caso, el Ayuntamiento habría sido el presunto cooperador necesario de la ilegalidad por acción directa. En Arahal, anteriores corporaciones lo habrían sido por omisión, pues si no es inconcebible que el nuevo Consistorio comunique a la Consejería de Vivienda la existencia de 5.000 chalés construidos sobre suelo rústico. Es otro caso de urbanizaciones ilegales como las 1.732 que en los años 80 detectó la Oficina del Defensor del Pueblo  (359 en la provincia de Sevilla) tras inspeccionar 225 de los 771 municipios de la región y que se han alzado con la complacencia o la vista gorda de los ayuntamientos. ¿Cómo ‘el cuerpo del delito’ (5.000 viviendas) pudo pasar de forma tan inadvertida en Arahal sin que el Ayuntamiento se percatara de lo que ocurría delante de sus narices ni actuara contra los infractores para, tal como exige la ley, restablecer el orden subvertido mediante la demolición  a costa de los propietarios?

Mientras quienes han respetado estrictamente la ley no han obtenido beneficio alguno de su ejemplo cívico, quienes la han vulnerado se habrán quedado con los mejores parajes del pueblo a precio irrisorio (un suelo rústico es mucho más barato que el urbano) y a buen seguro tendrán la recompensa de ver  cómo pronto sus casas son legalizadas, porque ¿quién va a derribar 5.000 viviendas? Los ayuntamientos se aplican la misma máxima que en la banca: “Si el cliente debe 2.000 euros al banco, el problema es del cliente;  si la deuda es de 200.000 euros, el problema es del banco”. En esa lógica perversa, el problema de las 5.000 viviendas ilegales ya no es del ayuntamiento de Arahal, que se confiesa desbordado por su magnitud, sino de la Junta, a la que ahora le traslada esta ‘patata caliente’.

La corrupción

En el debate abierto por El Mundo tras la ola de corrupción que nos invade y que se habría cobrado al menos 4.158 millones de euros en los últimos diez años, la clave la han dado los juristas consultados al subrayar que la capacidad de los ayuntamientos para diseñar planes urbanísticos mueve muchísimo dinero y constituye un poder demasiado grande en manos de una Administración pequeña, sin capacidad de resistencia a las presiones de los constructores y gestionada en muchos casos por funcionarios escasamente profesionales que trabajan alejados del control de otros entes superiores, con un enorme grado de autonomía, un amplio margen de discrecionalidad e insuficiente transparencia.

Sí, tal como habría dicho Bill Clinton en nuestra situación, “¡es el urbanismo, estúpido!” ¿Acaso no coreaban “¡Urbanismo, urbanismo!” los militantes del PSOE en Sevilla en la euforia de una noche electoral cuando vislumbraban que iban a desbancar al PA de las caracolas de la isla de la Cartuja, donde radica la Gerencia? ¿Acaso no es Urbanismo la primera delegación que se piden todos los partidos en las negociaciones por el reparto del poder? Obviamente no es una pretensión idealista. Todos sabemos que  el dinero se halla ligado al lápiz con el que se puede cambiar la calificación urbanística de un suelo con un simple trazo en el mapa.

Castilleja de Guzmán

Y mientras alguno de estos juristas propone que se devuelvan las competencias sobre el urbanismo a la Administración central, en Andalucía, la Junta con el hasta ahora sensato Griñán al frente avanza en sentido contrario y prepara la cesión de 29 competencias a los ayuntamientos, entre ellas la autorización de obras en suelo no urbanizable. Error, qué inmenso error. ¿Quiere volver a repetir el fiasco de Castilleja de Guzmán, aunque ahora el Supremo haya anulado la multa de 2,9 millones de euros a la promotora de la urbanización ‘Señorío de Guzmán’ justamente porque la levantó al amparo de una licencia concedida por el Ayuntamiento y anulada posteriormente por el TSJA y el Gobierno autónomo?. Este le había cedido las competencias urbanísticas a este pueblo sito a las puertas de Sevilla, por entonces con tan sólo 600 habitantes,  y lo primero que hizo la corporación municipal  fue modificar las Normas Subsidiarias para permitir la construcción de 800 viviendas donde sólo estaban previstas 300, y pese a los requerimientos de la Junta de que paralizase la modificación urbanística porque en realidad se trataba de una revisión encubierta del planeamiento.

Los alcaldes andaluces, a través de la FAMP, piden más, mucho más: han exigido que sean liberados de cualquier tipo de tutela por parte de la Junta y tener competencias plenas y exclusivas en ordenación, gestión, ejecución y disciplina (¿?) urbanísticas. Eso equivaldría a crear las condiciones objetivas para convertir el territorio en un coto aún más sin vallar, como han demostrado desde los escándalos en Marbella, Estepona y El Ejido hasta estos de ‘andar por casa’ en Castilleja, Burguillos y Arahal.