¿Se imaginan que en el Real Madrid se pusieran a lloriquear por que el Barcelona fuera de ruina y hubieran echado a Guardiola? Más o menos eso mismo está haciendo el PP, donde en vez de brindar con champán por haberse cargado Griñán a Monteseirín, del que decían un día sí y otro también que ha sido el peor alcalde de la historia de Sevilla, han acabado lamentándose en plan jeremíaco por su defunción política. Arenas acusa a Griñán de haber creado “una gran crisis” y “un gran vacío” (¿?) en Sevilla. Zoido admite haber vivido con “mucha preocupación” el día en que conoció la noticia y que aunque él veía cómo el gobierno se deterioraba, lo ocurrido ha sido “el colmo”. Vamos, superior a sus fuerzas. Un poco más, y el PP decreta tres días de luto y crespones (por definición son negros) en las alas de la gaviota. ¿Pena, penita, pena, síndrome de Estocolmo o lágrimas de cocodrilo? El duelo pepero está tan magistralmente interpretado que es para Oscar, pues no me creo que pueda ser sincero. En tal caso sería una completa gilipollez. A alcalde que huye, puente de plata.
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La toalla la tiraron desde el rincón
El alcalde ya caducado se esfuerza por aparentar que ha sido él quien ha decidido no repetir como candidato del PSOE. Pero no ha sido Monteseirín quien ha tirado la toalla, no. La toalla la ha arrojado Griñán desde fuera del cuadrilátero de la Plaza Nueva al observar que su pupilo deambulaba grogui por el ring -totalmente sonado tras la sentencia del Supremo sobre las facturas falsas- y temeroso de una derrota por K.O. antes del último asalto, por los golpes que pudiera propinarle el caso Mercasevilla. Monteseirín amagaba con su retirada, pero eso no era más que una finta para, en el peor de los casos, dejar colocado a su delfín Celis y sin capacidad de maniobra a Viera. Un político que quiere irse respira aliviado al saber que se van a cumplir sus deseos. Por el contrario, Monteseirín se quedó lívido en Alcosa cuando le comunicaron que Griñán lo daba por amortizado. Sus balbuceantes declaraciones ‘in situ’ a una emisora de radio evidencian su estado de ‘shock’. Como él es médico, para recuperarse se ha recetado un viaje a Nápoles. Huye de Sevilla.
Vino y se va entre escándalos
Marchena, el valido de Monteseirín, en su afán por controlar la prensa a golpe de billetes de la publicidad institucional y de patrocinios a través de las empresas municipales como camuflaje, sostenía la teoría de que cualquier titular crítico sobre Sevilla era un titular en contra de su jefe, aunque se hablara de Isla Mágica y no del Ayuntamiento, porque el alcalde –decía- era el máximo responsable de cuanto acaecía en la ciudad. He recordado la doctrina marchenera, aunque jamás la tragué (y no como otros) ni con billetes ni con ruedas de molino y aun a costa de perderlo todo menos la dignidad, al socaire del intento del PSOE de minimizar la condena del Supremo a un asesor y al escolta del alcalde por las facturas falsas. Cuando el PSOE dice que no hubo ninguna responsabilidad en el Consistorio, yo le remito a Marchena: el máximo responsable de todo es el alcalde. Ayer, Griñán decidió cargárselo por fin. Miguel Hernández llegó con tres heridas. Monteseirín se va tal como llegó (recuérdese su subida del sueldo), entre escándalos que dejan herida a Sevilla.
El marxismo de Monteseirín
Monteseirín dio un mitin en la agrupación socialista de la Macarena en el que, quizás rememorando la imagen de Miguel Hernández en ‘Vientos del pueblo’, instó a sus correligionarios a “crecerse en el castigo como los toros bravos”. El alcalde que sólo ha ganado unas elecciones y perdido dos y que ha gobernado siempre en coalición con un tercero, lanzó el mensaje casualmente coincidente con el de Griñán de que “somos invencibles, por mucho que el PP quiera sacar tajada de las dificultades económicas”. Según el alcalde, los socialistas deben desarrollar un trabajo de proximidad al ciudadano para así poder revalidad los resultados electorales de 1999, cuando él se hizo con la Alcaldía tras batir –dijo- a “la derecha reaccionaria y nacionalista que representaban Soledad Becerril y Alejandro Rojas Marcos”. Se le olvidó decir que justamente él había pactado con esa derecha reaccionaria para auparse a la Alcaldía de la mano de Rojas Marcos. Alfredo bien podría parafrasear a Groucho Marx: estos son mis principios, pero a la hora de lograr el Poder tengo otros.
La sartén de doña Sole
Soledad Becerril ha dicho que se fue tras ganar las elecciones del año 1999 porque no podía consentir que el PA exigiera Urbanismo para reeditar la coalición. De acuerdo en que los andalucistas habían perdido tres concejales, pero la clave estuvo en el mandato anterior. Recuérdese que Rojas Marcos y Becerril pactaron en contra del PSOE de Luis Yáñez en vísperas de la Expo-92 y que, por haber cosechado más votos que el PP, Alejandro se quedó con lo mejor del pastel municipal, Urbanismo incluido. Tras las elecciones de 1995 cambiaron las tornas y el PP fue más votado que el PA. A la hora de renegociar el pacto, en vez de darle la vuelta a la tortilla doña Sole dejó las cosas tal como estaban salvo en la Alcaldía: le dio al PA unas alas que ya no pudieron recortarle ni ella ni el PSOE, hasta el punto de que, con Monteseirín, Rojas Marcos se volvió a quedar con Urbanismo y hasta con el 70% del Presupuesto. Doña Sole tuvo en su momento a Alejandro contra las cuerdas y la sartén por el mango, pero a la hora de la verdad no supo manejar la sartén y se quemó.
El discurso de la mentira
Celis levantó la liebre cuando dijo de las ‘setas’ que eran “un proyecto constructivo imposible adjudicado sin que existiera la tecnología necesaria para poder ejecutarlo”. Ahora, el colega Carlos Mármol, urbanauta ‘cum laude’, ha destapado que el Ayuntamiento ocultó durante casi tres años un informe de una empresa finesa de ingeniería que concluía que el diseño de Mayer era técnicamente inviable.El arquitecto le coló su dibujito a un jurado cómplice o de pardillos, deslumbrado como catetos por aquel presunto icono de la modernidad. El informe llegó en mayo de 2007, vísperas de las elecciones municipales, y lo ocultaron en un cajón tras declararlo ‘top secret’, por sus efectos demoledores sobre el juguete arquitectónico y los votos del alcalde. Han hecho el paripé de que seguían construyendo las ‘setas’, cuando en realidad daban vueltas sobre lo mismo en plan moros de Queipo, mientras a la desesperada buscaban en Alemania cómo salir del atolladero con una palada de millones de euros. El discurso de la modernidad no era más que el discurso de la mentira.
Hipoteca política inversa
Cuanto más pienso, más genial me parece la idea del compañero Vega del contrato-programa inverso, que es a la política lo que la hipoteca inversa a la economía. Decir “hipoteca” es mentar la bicha: pago mensual al banco por nuestra vivienda. En la “hipoteca inversa” el banco nos da dinero por nuestro piso. El término “programa” se asocia a las falsas promesas electorales de los partidos, de ahí la pésima suerte de Anguita, que nos recetaba tres dosis de su “programa, programa, programa”. Vega ha inventado el contrato-programa inverso: el elector, en vez de comprar la mercancía averiada de los partidos en el mercadillo político, expone su propio programa (en su caso, voto a cambio del derribo de las ‘setas’) para que se lo compre el partido interesado en su sufragio. ¿Imaginan que se creara una plataforma en Internet con la oferta política de cada sevillano? En conjunto saldría el programa que demanda Sevilla en vez del que, de espaldas a la realidad, redactan en un despacho los cabezas de huevo de los partidos. Y éstos vendrían a comer a nuestra mano.
El contrato-programa de Vega
He leído con el deleite habitual el artículo de Juan Miguel Vega en que propone un trato a los partidos: votará al que se comprometa a ordenar la demolición de las ‘setas’ de la Encarnación. Vega tacha el Parasol de gran mamarracho arquitectónico y de lápida económica para las generaciones futuras. El libro de los gustos aún no está escrito y puede que lo que a Vega le parece mamarracho sea para otros excelsa obra de arte, de ahí que no me meta en fías y porfías estéticas. La cuestión económica es, querido Juan Miguel, la madre del cordero. Ahí radica la trampa saducea de Monteseirín. Las ‘setas’, aunque los contribuyentes hayamos pagado ya una cifra escandalosa, han sido objeto de una concesión comercial por 40 años a favor de Sacyr. Si el partido que firme tu contrato-programa las echa abajo, deberá indemnizar con más dinero público a cuenta del lucro cesante, y la lápida económica se nos duplicará. Aunque Monteseirín se vaya, ha dejado todo atado y bien atado. ¿Te suena? Ese es el coste que tiene la demagogia de “democratizar las vistas de Sevilla”.
El síndrome de Gary Lineker
El PP celebra con indisimulado alborozo la encuesta del IESA que vaticina por primera vez en la historia de Andalucía su triunfo electoral sobre el PSOE, aunque sea por un punto y medio. Un servidor ni quita ni pone rey pero, sin ánimo ni de aguar la fiesta a unos ni de servir de paño de lágrimas a otros y desde la más exquisita neutralidad, observa un pequeño detalle en el sondeo que ha pasado demasiado inadvertido. Quizás pasmados por su propia osadía de revolverse contra el partido que gobierna en la región desde hace dos generaciones, un 52,1% de los andaluces expresa en ese mismo estudio su opinión de que, vayan las cosas como vayan y pase lo que pase, las próximas elecciones autonómicas volverán a ganarlas los socialistas en el último minuto. Esto me recuerda a Gary Lineker. Aquel delantero centro goleador de la selección inglesa y del F. C. Barcelona, acuñó una frase que pasó a la historia: “El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y en el que al final siempre gana Alemania’.¿Sufrirán los andaluces el mismo ‘síndrome’ de Lineker?
Desecho de tienta
Una bofetada sin manos a Monteseirín. Así hay que interpretar la confirmación por Griñán de que el PSOE intentó que Guerra fuera su candidato a la Alcaldía en 2007. El propio Griñán fue tocado. Quizás también otros, pero todos rechazaron el caramelo envenenado, por el tufo a derrota que emanaba de las encuestas y por temor a verse en el mismo dilema de Luis Yáñez: chupar el banquillo de la oposición durante cuatro años o dar la ‘espantá’ a las primeras de cambio. Ya saben la historia: el alcalde repitió mandato, pero merced al apoyo ortopédico de Torrijos, el ATS de IU. Ahora ya todos saben públicamente que Monteseirín fue, digamoslo con todo el respeto en lo personal pero con un símil taurino, un candidato de desecho de tienta. Esta revelación, ahora, no es gratuita. Griñán espera que el alcalde capte el mensaje y obre en consecuencia. Cuando dice que Guerra “es un grande de la política para un ayuntamiento grande como el de Sevilla” está diciendo que Monteseirín es un hombre pequeño de la política al que le viene grande el ayuntamiento de Sevilla.