Espadas acudió al distrito Cerro-Amate a denunciar el incumplimiento de las promesas electorales de Zoido y acabó con su séquito en el Parque de Contadores, señalado como una de sus prioridades por el nuevo alcalde, el cual, sin embargo, no ha acometido allí mejora alguna en los siete meses que lleva en la Alcaldía. Imitando el desafío de Zoido a Monteseirín por el banco de Bellavista, Espadas se plantó con los brazos en jarras y exigió el arreglo de un banco quemado por los vándalos y con los ladrillos del respaldo desmoronados por los suelos. ¡Qué gran ocasión perdida! En vez de sólo exigir y a otra cosa, mariposa, Espadas tenía que haber retado al alcalde a reparar el banco destrozado en un plazo máximo de 48 horas, so pena de hacerlo él mismo armado de un palustre y de un cubo de albañil lleno de arena y cemento. A Juan se le nota aún demasiado, por exconsejero, el pelo de la moqueta de los despachos de la Junta. Para ser una alternativa de poder municipal no le basta con la fotito. Como hizo Zoido en el Vacie, tiene que meterse en el fango y remangarse.
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El Barómetro
El XIII Barómetro Antares ha visto la luz. Acojo con cierta prevención un sondeo de sólo 440 encuestas, a razón de 40 por cada uno de los once distritos. ¿Pueden, por ejemplo, reflejar la opinión de todo un distrito como el Este, con más de cien mil habitantes, tan sólo 40 llamadas telefónicas? Y otro ejemplo: le da alegremente el aprobado a la torre Pelli mezclando para ello valoraciones medias y escalas de 1 a 5 y diciendo que dos de cada cinco entrevistados la apoyan, cuando sólo suponen un 40% del total. Osea, que con Antonio Pascual se pueden aprobar las Matemáticas con un 4. Pero, en fin, una vez admitido pulpo como animal de compañía, el Barómetro no es demasiado bueno para Zoido, por más que le suba la nota en un pírrico medio punto. Pese a que se presentó como el alcalde del cambio y a que Arenas, que habla de 2012 como el año del cambio en la Junta, lo pone como el espejo del PP, un 54% de sevillanos (y, ojo, nueve de los once distritos) opinan que nada ha cambiado. Y eso es lo peor de todo, sentir que con Zoido la vida sigue igual (que con Monteseirín).
Cámaras
La alerta dada por un transeúnte que pasaba por allí ha permitido la detención de tres rumanos que iban camino de una chatarrería con una furgoneta cargada hasta los topes de piezas de carros de combate que habían robado en la abandonada Fábrica de Artillería, ese Bien de Interés Cultural que el Ayuntamiento quiere convertir en un almacén. Los cacos ya se están frotando las manos ante tal perspectiva. Cuenta una colega que hasta hace unas semanas se veían en la fachada del inmueble cámaras de seguridad dotadas con infrarrojos que tendrían que haber detectado cualquier movimiento en torno al edificio, pero no debían de estar operativas porque no dieron ninguna señal de alarma cuando se llevaron los elementos de los tanques. Al contrario, las cámaras de vigilancia del Plan Centro, que todo el mundo creía estaban desconectadas tras su derogación por Zoido, resulta que llevaban meses grabando todo lo que se movía por el Casco Antiguo. Enchufan lo que no deben y desenchufan lo que es preciso. Este Ayuntamiento tiene un serio problema con las nuevas tecnologías.
Imaginación
Caminaba por la Avenida abarrotada cuando se hizo el milagro eléctrico de Tesla y se encendió el alumbrado con predominio del llamativo color púrpura. Ocurrió entonces lo que nunca había visto antes: la gente prorrumpió en una espontánea salva de aplausos y se alzaron decenas de cámaras expresamente llevadas para la ocasión –y no de turistas, precisamente- y de teléfonos móviles, para fotografiarse unos a otros con las luces de Navidad como telón de fondo. Al éxito de la iluminación en las calles del Centro hay que sumar la masiva afluencia -el Ayuntamiento ha hecho una estimación de medio millón de personas- a las proyecciones sobre la plateresca fachada de las Casas Consistoriales como pantalla; la Giralda (esa maravilla toda de carne rosa, como la describió Juan Ramón) teñida de azul, y hasta la nueva escenografía para el cortejo del Heraldo de la Cabalgata. Estos gozos de diciembre de Zoido han costado casi la mitad del presupuesto que, sin lucimiento, gastaba Monteseirín, con lo cual se demuestra que más importante aún que el dinero es la imaginación.
Perplejo
Antonio Rodrigo Torrijos ha mostrado su perplejidad ante los primeros presupuestos municipales de la era Zoido por haberse incluido en los mismos la venta de la antigua comisaría de Policía de la Gavidia, “que –ha afirmado- no sólo depende del mercado, sino que ni siquiera está clara su legalidad, por sus implicaciones urbanísticas”. El razonamiento de Torrijos sobre esos ingresos que en plan cien pájaros volanderos y todavía ninguno en mano ha contabilizado ya Asunción Fley sería impecable si el portavoz de IU no incurriera en una flagrante contradicción. Y es que el gobierno de coalición PSOE-IU de Monteseirín, del que él formaba parte como primer teniente de alcalde, también incluyó la venta de la Gavidia en sus Presupuestos desde al menos el año 2008, con el consiguiente fiasco ejercicio tras ejercicio. ¿Cómo es posible, pues, que un mismo proyecto de venta no tuviera ninguna salvedad a ojos de Torrijos cuando él lo apadrinaba como socio de Monteseirín y que ahora lo incluya en el ‘urbanismo bajo sospecha’ cuando el que trata de venderlo es Zoido?
Parches
Hace cinco años, cuando Zoido ni siquiera sabía que era el candidato ‘in pectore’ de Arenas para la Alcaldía, Raynaud ya quería ir con un notario levantando acta de las losetas defectuosas colocadas a toda prisa por Monteseirín en la Avenida y la calle San Fernando para llegar a tiempo a las elecciones municipales con su presunta peatonalización. Por ironías del destino, tiene hasta gracia que ahora sea Espadas el que denuncie no las chapuzas de su correligionario, sino los parches sor Virginia de cemento de Zoido para rellenar los huecos dejados por las frágiles baldosas monteseirinescas, pese a que en su día la constructora de las cuatro letras adjudicataria de las obras las presentó como el no va más de la dureza granítica. Cierto es que los rellenos provisionales son antiestéticos, pero más antiestéticas y peligrosas aún eran las losas rotas heredadas del anterior mandato. El cemento postizo de la Avenida es una metáfora de lo que le sucede a Zoido, condenado a ir parcheando cuanto halla a su paso para taparle a Sevilla los agujeros legados por Monteseirín.
El pagador del frac
En el Ayuntamiento no quieren que Demetrio Cabello comparezca ante los medios. Yo, al contrario que los censores de Zoido, querría que diera todos los días una rueda de prensa como la de sus presupuestos. Demetrio, el Charles Bronson municipal, es un tipo probablemente sensible por dentro pero duro por fuera y que, como no ha aprendido a mentir como los políticos profesionales, aún llama al pan, pan. Dice cosas políticamente incorrectas y sus frases son directas, rotundas, como golpes al mentón. Ni circunloquios ni metáforas. Sus descripciones de la realidad municipal, sin medias tintas ni paños calientes, te dan los titulares hechos. De los inútiles despachos diseñados por Monteseirín en la nueva sede policial ha dicho que son “para jugar al golf “; ha reconocido que, como no tiene dinero suficiente, en mayo o junio empezará a deber horas extra por un tubo a policías y bomberos, y en una sola frase ha sintetizado en qué consistió el despilfarrador Consistorio de Monteseirín y a qué ha quedado reducido el de Zoido: “Somos un gobierno pagador de facturas”.
2012
Con la entrada del nuevo año capicúa y bisiesto, Zoido cumplía 206 días como alcalde, equivalentes a casi siete meses. Ha cruzado, pues, el Rubicón del medio año, la raya divisoria que los americanos trazan para que una Administración deje de culpar de todos los males a la herencia recibida de la anterior. Zoido, en su escala, podría seguir diciendo ‘ad calendas graecas’ de Monteseirín lo mismo que Fátima Báñez del Gobierno de Zapatero: “nos ha dejado una ciudad en la ruina económica y en la ruina social”. La diferencia es que Fátima aterrizó en el Ministerio que fue de Griñán, Arenas y Pimentel antier por la tarde y que el alcalde ya lleva más de 200 días. Por eso, sus lamentaciones sobre los cajones llenos de facturas impagadas y las alfombras ocultando el polvo de los escándalos ya han sido descontadas por esos otros mercados que son la opinión públicana sevillana. El reto de Zoido en una ciudad con más de 81.000 parados no es ya aclarar el pasado, sino vislumbrar el futuro. No debe afrontar con un viejo discurso el tiempo nuevo que a partir de ahora se abre.
Compatibilizar
La biblioteca del Prado da más juego que la de Alejandría. Ahora, Espadas insta a Zoido a que se pronuncie “sin intermediarios” sobre la sentencia y sobre cómo se “compatibilizará” su ejecución con “la conservación de una inversión que ya ha supuesto un importante gasto”. En su obsesión por meterle las cabras en el corral a Zoido o viceversa, yerra. Desde que Monteseirín y Marchena embaucaron a la Hispalense y ésta les firmó un papel exonerador de responsabilidad, quien debe pronunciarse es el rector, no el alcalde. Se nota en Espadas la nefasta cultura del “ya que”. Ya que la Universidad ha gastado un dineral en las obras, ¿cómo se van a derribar?, plantea subliminalmente con el término “compatibilizar”. Ya que hemos gastado 170 millones en la esclusa, ¿cómo no se va a hacer el dragado?, dicen los del Puerto. Ya que se alzó el ilegal hotel en el Algarrobico, ¿ahora cómo se va a tirar?, dicen los del ladrillo. “Compatibilizar”, amigo Espadas, equivale en todos estos casos a premiar la política de hechos consumados y a saltarse a la torera el Estado de Derecho.
Usted paga
Tras el fallo del Supremo que aboca inevitablemente al derribo de la biblioteca medio construida
por la Universidad en suelo amputado a los jardines del Prado, la Hispalense debería haber
reaccionado acatando públicamente la sentencia y anunciando en consecuencia la inmediata
demolición ‘motu proprio’ del adefesio de cemento perpetrado sobre una zona verde. Pero no.
Han sido el Ayuntamiento y el vecindario quienes han clamado por que este caso se acabe de
una vez por todas, mientras que la culpable y condenada, la entidad cinco veces centenaria
cuya historia quedará mancillada por este baldón, guarda un inexplicable silencio y no asume
sus responsabilidades. Como la Universidad no se mueve ni se conmueve pese a los trece
fallos judiciales en contra que acumula, otra vez tendrán que ser los vecinos quienes insten a
que se dice un auto de ejecución de la sentencia, que puede tardar seis meses más. Como
cada día de demora supone 10.400 euros, la sinrazón universitaria supondrá un coste añadido
de 1.872.000 euros, que pagarán los sevillanos. Luque, suma y sigue.