El PSOE de Ecija se ha retratado en Twitter al sostener que “a nadie le importan las cuatro perras de los ERE; no son importantes; sí nos importa la corrupción del PP”. A su manera, y salvando las distancias, el PSOE astigitano comparte la doctrina histórica yanki respecto de los sanguinarios dictadores latinoamericanos, personificada en el nicaragüense Anastasio Somoza: “Puede ser un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra”. Mutatis mutandis, la única corrupción importante es la del PP, mientras que, como en el escándalo de los ERE, cuando quienes meten la mano en la caja común son correligionarios, la corrupción es minimizada y se reduce a “cuatro perras”. Un perra chica eran, en tiempos de la peseta, cinco céntimos, pero no son cuatro perras, sino 10 millones de euros defraudados hasta ahora en los ERE según la propia Junta, equivalentes por tanto a 33.277.200.000 de perras. El PSOE ha pasado de predicar la tolerancia cero con la corrupción, a justificarla. Esa es la distancia moral que separa al partido actual del de Pablo Iglesias y Julián Besteiro.
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Oídos sordos
Antier fue el Día Mundial de la Concienciación contra el Ruido. Por tal motivo, ‘patrullas silenciosas’ de cierta firma de sonotones se pasearon por la Campana para repartir protectores auditivos. Se equivocaron. Donde tenían que haber estado los héroes del silencio era con los vecinos del Porvenir y la Estrella. Hartos de los tres meses de estruendo nocturno de las obras interminables que Movilidad ejecuta desde hace años en el túnel de la Palmera a ver si las medio remata siquiera para la Feria, decidieron pasar la noche en vela (la iban a pasar de todos modos) junto a los obreros, las excavadoras, los martillos neumáticos y las hormigoneras. Cuentan que han llamado a la Policía un millón de veces y que la respuesta es siempre igual: para que van a ir si, total, cuando puedan dentro de tres o seis meses se supone que ya se habrá acabado la obra. Decía Churchill que en Inglaterra, cuando de madrugada suena algo, no es ruido de sables, sino el lechero. En Sevilla, cuando de noche el ruido no deja dormir al vecindario no es el lechero, sino Fran Fernández.
Números rojos
La fundida -por Espadas- delegada de Hacienda de Monteseirín, Nieves Hernández, alardeaba en el Pleno de que el Banco de España iba a homologar la reducción de la deuda en 70 millones de euros: de 524 a 454. Así que el PP tuvo que solicitar la intervención, valga la redundancia, del interventor, para que éste dijera la verdad. Ya saben, el interventor es ese funcionario a cuyos “caprichos”, según declaró el exdirector general de los EREs en la Junta, los sociatas no pueden verse sometidos a la hora de usar la pasta. Y el interventor silenciado hasta ahora ha dejado en evidencia a Nieves al revelar que Monteseirín va a legar una ‘lápida’ de 633 millones de euros. La deuda oculta del (sin) alcalde se halla camuflada en el consorcio de empresas municipales controlado a través de Marchena. Pero las trampas no acaban ahí, ya que tampoco se han contabilizado los 70 millones de un anticipo a devolver a Hacienda. El suma y sigue asciende a 700 millones. Aun así, Monteseirín todavía mantiene la desfachatez de decir que él va a dejar la caja mejor que como se la encontró.
San Fernando
Abundando en el falso mito de las peatonalizaciones de Monteseirín, veamos el caso de la calle San Fernando. Como recordarán, por su mitad discurren las vías del tranvía y, a derecha e izquierda de éstas, sendas franjas delimitadas por tachuelas metálicas para la circulación de bicicletas. Así, el espacio estaba más o menos repartido entre los peatones y los medios de locomoción, porque la bicicleta lo es, aunque muchos ciclistas lo nieguen. Pero hete aquí que hace unos días apareció por allí una cuadrilla del Ayuntamiento que ha delimitado con otra hilera de tachuelas un doble carril bici en la zona más próxima a las viviendas. Como esta nueva línea de tachuelas colinda con los veladores que ya ocupan gran parte de la vía pública, el resultado es que al peatón sólo le han dejado una banda (y en parte de suelo desnivelado por el talud del tranvía) a lo largo de la fachada limítrofe con la Universidad. Conclusión: los viandantes tienen ahora menos espacio para caminar que antes de la ‘peatonalización’. Esta es la ciudad de las personas según Monteseirín.
El verbo
Balzac, el gran novelista de ‘La comedia humana’, sostenía que el nombre de la cosa es la cosa misma. Juan Ramón, nuestro poeta universal que vio en Moguer la luz con el tiempo dentro, pedía a la inteligencia que le diera el nombre exacto de las cosas. Al principio, según la Biblia, era el verbo, y en el verbo se libran las grandes batallas. No hay mayor triunfo que los otros hablen con tu lenguaje, porque a partir del lenguaje se construyen las imágenes mentales y se representa el mundo. Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, decía que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Monteseirín ha procurado siempre construir una falsa realidad a través del lenguaje. Hacernos creer, por ejemplo, que el tranvía era el Metro al Centro. O que ganó tres veces las elecciones municipales cuando dice que los sevillanos avalaron tres veces sus políticas. Pensaba en todo ello al oír al (sin) alcalde hablar de la peatonalización de la Avenida. Falso. Una Avenida cruzada por un tranvía y por infinidad de ciclistas será cualquier cosa menos peatonal.
Aglomerado
La rotura accidental de un panel de las setas de la Encarnación dos semanas después del paripé de su inauguración por el (sin) alcalde ha puesto al descubierto el presunto timo del súper glue que los alemanes le han pegado, nunca mejor dicho, a Monteseirín. Porque, a simple vista, las fotos del panel quebrado muestran que su estructura interna ni es de madera maciza de pino nórdico, ni ha sido montada con la técnica ligera en forma de ‘T’ desarrollada por Muebles Rústicos en Dos Hermanas con el auténtico pino finlandés (inmune a la polilla, una de sus grandes cualidades), sino de un vulgar aglomerado: una mezcla de virutas ligada con algún tipo de cola o resina. ¿Y esto ha costado 140 millones de euros? Gracias a la grúa que le ha dado el golpetazo a las setas ya sabemos que el (sin) Metro-pol, que tampoco para el sol porque está orientado al revés de lo que debería para hacer honor a su nombre, no es ya una obra faraónica, ni Monteseirín un nuevo Ramsés. El (sin) es más bien es un émulo de Cecil B. de Mille, experto en montar decorados de cartón piedra.
San Telmo
El domingo, en un acto a las puertas de San Telmo, Zoido dijo que el palacio restaurado/adulterado (elíjase según el juicio de cada cual) por Vázquez Consuegra no podía estar cerrado a los sevillanos y ser de uso exclusivo de los políticos, por lo que anunció que remitirá una carta a Griñán en la que le propondrá la firma de un convenio para que se abra al público y sea disfrutado por nativos y turistas. Aquí, por lo que se ve y se oye, nadie se lee los papeles, ni en la Junta, ni en el Ayuntamiento, ni en la Oposición. Si Zoido y/o su equipo de asesores leyeran bien la prensa no habrían hecho el ridículo de pedir lo que ya existe, porque hace al menos cuatro meses que se difundió la noticia de que se había arbitrado un programa de visitas guiadas de carácter permanente los jueves y sábados, previa cita llamando a un teléfono o vía Internet, y contando con un guía experto en arte. La Junta se apresuró a divulgar que en este tiempo ya han visitado San Telmo 8.500 personas. Así se las pone Zoido al PSOE: en bandeja para que le den una bofetada sin manos.
Ausente
Cuentan las crónicas que el (sin) alcalde no dijo ni una palabra tras el Pregón de la Semana Santa y que se marchó del Maestranza en silencio y sin que muchos se percataran de su ausencia. ¿Recuerdan el lema de la lacrimógena película ‘Love story’? ‘Amar es notar la ausencia’. Pues bien, es como un silogismo en Barbara: Sevilla no nota la ausencia de Monteseirín, luego la ciudad no ama a Alfredo. Ésta es la prueba del nueve de por qué hablamos de un (sin) alcalde: está y no se le siente, salvo para peor; se va y no se le echa en falta. No pinta nada. ‘A posteriori’ circularon varias versiones sobre la esfumación del (sin) alcalde etéreo, incluso una oficial sobre un alumbramiento que habría requerido su presencia conforme a su famosa expresión de que él es médico. Pero la que más crédito ha tenido en los mentideros cofradieros y políticos es la de que tenía mucha prisa porque debía preparar su próximo viaje a Nueva York. ¿Y van…? A costa del contribuyente, hasta el último minuto. Sevilla está sin alcalde porque Monteseirín lleva un año haciendo las maletas.
Pobrecito
Si los árboles impiden ver el bosque, el plantón de los empresarios al (d)edil piquetero de Economía y Empleo por su actuación durante la pasada huelga general ha impedido reparar en lo que pasó en la Asamblea del Consorcio Turismo de Sevilla. Y fue que se aprobó el presupuesto: 2,9 millones de euros. Recuerdo que en 1993, en una comida de la extinta Tertulia Turística con el por entonces alcalde, Alejandro Rojas Marcos, se habló de que como objetivo mínimo el presupuesto turístico de la ciudad debía ser de 500 millones de pesetas, al cambio actual, 3 millones de euros. Han pasado 18 años y reparo en que todavía no hemos logrado alcanzar esa meta. ¿Saben cuánto facturó el sector en 2010? Pues 2.500 millones de euros, según un informe de la propia Asociación de Hoteles, de lo cual se colige que dedicamos a promoción de la primera industria de la ciudad el 0,1% de lo que genera. Esto es todavía menos que el mínimo minimórum del famoso 0,7% reivindicado como ayuda a los países más desfavorecidos. Osea, que al final el turismo es el pobre entre los pobres.
‘Yo sigo’
Como tengo memoria histórica, también tengo presente el caso de Demetrio Madrid. El primer presidente democrático de Castilla y León fue procesado por un asunto ajeno a su cargo, pese a lo cual, sin respetar su presunción de inocencia, fue empujado por sus adversarios a la dimisión y al ostracismo político y personal. Cuando años más tarde fue declarado inocente, no sirvió de nada y ni recuperó su cargo ni le compensaron por aquella injusticia. Han sido los propios políticos los que han pervertido la figura de la imputación hasta convertirla en el equivalente a una condena; y Torrijos uno de los más activos en esa línea al pedir en su día la expulsión de la vida pública de catorce políticos del PP imputados en otras tantas causas, sin esperar a ver si eran declarados culpables o inocentes. Ahora, cuando el imputado es él, no dimite, sino que, por seguir con la memoria histórica, hace suya la muletilla del humorista Felipito Takatún (Joe Rígoli) en la Transición: ‘Yo sigo’. Torrijos ha creado una variante de la caridad: la excepción comienza por uno mismo.