Abundando en el falso mito de las peatonalizaciones de Monteseirín, veamos el caso de la calle San Fernando. Como recordarán, por su mitad discurren las vías del tranvía y, a derecha e izquierda de éstas, sendas franjas delimitadas por tachuelas metálicas para la circulación de bicicletas. Así, el espacio estaba más o menos repartido entre los peatones y los medios de locomoción, porque la bicicleta lo es, aunque muchos ciclistas lo nieguen. Pero hete aquí que hace unos días apareció por allí una cuadrilla del Ayuntamiento que ha delimitado con otra hilera de tachuelas un doble carril bici en la zona más próxima a las viviendas. Como esta nueva línea de tachuelas colinda con los veladores que ya ocupan gran parte de la vía pública, el resultado es que al peatón sólo le han dejado una banda (y en parte de suelo desnivelado por el talud del tranvía) a lo largo de la fachada limítrofe con la Universidad. Conclusión: los viandantes tienen ahora menos espacio para caminar que antes de la ‘peatonalización’. Esta es la ciudad de las personas según Monteseirín.
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El verbo
Balzac, el gran novelista de ‘La comedia humana’, sostenía que el nombre de la cosa es la cosa misma. Juan Ramón, nuestro poeta universal que vio en Moguer la luz con el tiempo dentro, pedía a la inteligencia que le diera el nombre exacto de las cosas. Al principio, según la Biblia, era el verbo, y en el verbo se libran las grandes batallas. No hay mayor triunfo que los otros hablen con tu lenguaje, porque a partir del lenguaje se construyen las imágenes mentales y se representa el mundo. Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, decía que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Monteseirín ha procurado siempre construir una falsa realidad a través del lenguaje. Hacernos creer, por ejemplo, que el tranvía era el Metro al Centro. O que ganó tres veces las elecciones municipales cuando dice que los sevillanos avalaron tres veces sus políticas. Pensaba en todo ello al oír al (sin) alcalde hablar de la peatonalización de la Avenida. Falso. Una Avenida cruzada por un tranvía y por infinidad de ciclistas será cualquier cosa menos peatonal.
El charco
Dicen los clásicos que hasta el rabo todo es toro. Monteseirín es también un clásico, por más que el término le suene a rancio, porque piensa igual: como hasta el 22 de mayo es nominalmente alcalde, aunque no pinte nada desde hace un año tras su defenestración mediante aquel famoso teletipo de Europa Press, pues a seguir disfrutando en los minutos de la basura de su mandato con otro viajecito más a costa de los sevillanos. El (sin) alcalde que en un rapto de sinceridad confesó que se metía en todos los charcos, cruza ahora el ‘charco’ (5.740 kilómetros, más otros tantos de vuelta) para darse un garbeo por Nueva York. Las penas políticas, con vuelo transoceánico a la Gran Manzana son menos. Con éste a la ciudad de los rascacielos ya lleva diez escapadas al extranjero en el último año. ¿Razón para esta nueva excursión? Según la versión oficial va a ver a la comunidad sefardí para hablarle de inversión (él, que deja la ciudad con 600 millones de deuda) y de turismo. Desde luego, si es para hablar de turismo, los sefardíes no podían encontrar mejor maestro.
Aglomerado
La rotura accidental de un panel de las setas de la Encarnación dos semanas después del paripé de su inauguración por el (sin) alcalde ha puesto al descubierto el presunto timo del súper glue que los alemanes le han pegado, nunca mejor dicho, a Monteseirín. Porque, a simple vista, las fotos del panel quebrado muestran que su estructura interna ni es de madera maciza de pino nórdico, ni ha sido montada con la técnica ligera en forma de ‘T’ desarrollada por Muebles Rústicos en Dos Hermanas con el auténtico pino finlandés (inmune a la polilla, una de sus grandes cualidades), sino de un vulgar aglomerado: una mezcla de virutas ligada con algún tipo de cola o resina. ¿Y esto ha costado 140 millones de euros? Gracias a la grúa que le ha dado el golpetazo a las setas ya sabemos que el (sin) Metro-pol, que tampoco para el sol porque está orientado al revés de lo que debería para hacer honor a su nombre, no es ya una obra faraónica, ni Monteseirín un nuevo Ramsés. El (sin) es más bien es un émulo de Cecil B. de Mille, experto en montar decorados de cartón piedra.
San Telmo
El domingo, en un acto a las puertas de San Telmo, Zoido dijo que el palacio restaurado/adulterado (elíjase según el juicio de cada cual) por Vázquez Consuegra no podía estar cerrado a los sevillanos y ser de uso exclusivo de los políticos, por lo que anunció que remitirá una carta a Griñán en la que le propondrá la firma de un convenio para que se abra al público y sea disfrutado por nativos y turistas. Aquí, por lo que se ve y se oye, nadie se lee los papeles, ni en la Junta, ni en el Ayuntamiento, ni en la Oposición. Si Zoido y/o su equipo de asesores leyeran bien la prensa no habrían hecho el ridículo de pedir lo que ya existe, porque hace al menos cuatro meses que se difundió la noticia de que se había arbitrado un programa de visitas guiadas de carácter permanente los jueves y sábados, previa cita llamando a un teléfono o vía Internet, y contando con un guía experto en arte. La Junta se apresuró a divulgar que en este tiempo ya han visitado San Telmo 8.500 personas. Así se las pone Zoido al PSOE: en bandeja para que le den una bofetada sin manos.
Ausente
Cuentan las crónicas que el (sin) alcalde no dijo ni una palabra tras el Pregón de la Semana Santa y que se marchó del Maestranza en silencio y sin que muchos se percataran de su ausencia. ¿Recuerdan el lema de la lacrimógena película ‘Love story’? ‘Amar es notar la ausencia’. Pues bien, es como un silogismo en Barbara: Sevilla no nota la ausencia de Monteseirín, luego la ciudad no ama a Alfredo. Ésta es la prueba del nueve de por qué hablamos de un (sin) alcalde: está y no se le siente, salvo para peor; se va y no se le echa en falta. No pinta nada. ‘A posteriori’ circularon varias versiones sobre la esfumación del (sin) alcalde etéreo, incluso una oficial sobre un alumbramiento que habría requerido su presencia conforme a su famosa expresión de que él es médico. Pero la que más crédito ha tenido en los mentideros cofradieros y políticos es la de que tenía mucha prisa porque debía preparar su próximo viaje a Nueva York. ¿Y van…? A costa del contribuyente, hasta el último minuto. Sevilla está sin alcalde porque Monteseirín lleva un año haciendo las maletas.
Pobrecito
Si los árboles impiden ver el bosque, el plantón de los empresarios al (d)edil piquetero de Economía y Empleo por su actuación durante la pasada huelga general ha impedido reparar en lo que pasó en la Asamblea del Consorcio Turismo de Sevilla. Y fue que se aprobó el presupuesto: 2,9 millones de euros. Recuerdo que en 1993, en una comida de la extinta Tertulia Turística con el por entonces alcalde, Alejandro Rojas Marcos, se habló de que como objetivo mínimo el presupuesto turístico de la ciudad debía ser de 500 millones de pesetas, al cambio actual, 3 millones de euros. Han pasado 18 años y reparo en que todavía no hemos logrado alcanzar esa meta. ¿Saben cuánto facturó el sector en 2010? Pues 2.500 millones de euros, según un informe de la propia Asociación de Hoteles, de lo cual se colige que dedicamos a promoción de la primera industria de la ciudad el 0,1% de lo que genera. Esto es todavía menos que el mínimo minimórum del famoso 0,7% reivindicado como ayuda a los países más desfavorecidos. Osea, que al final el turismo es el pobre entre los pobres.
‘Yo sigo’
Como tengo memoria histórica, también tengo presente el caso de Demetrio Madrid. El primer presidente democrático de Castilla y León fue procesado por un asunto ajeno a su cargo, pese a lo cual, sin respetar su presunción de inocencia, fue empujado por sus adversarios a la dimisión y al ostracismo político y personal. Cuando años más tarde fue declarado inocente, no sirvió de nada y ni recuperó su cargo ni le compensaron por aquella injusticia. Han sido los propios políticos los que han pervertido la figura de la imputación hasta convertirla en el equivalente a una condena; y Torrijos uno de los más activos en esa línea al pedir en su día la expulsión de la vida pública de catorce políticos del PP imputados en otras tantas causas, sin esperar a ver si eran declarados culpables o inocentes. Ahora, cuando el imputado es él, no dimite, sino que, por seguir con la memoria histórica, hace suya la muletilla del humorista Felipito Takatún (Joe Rígoli) en la Transición: ‘Yo sigo’. Torrijos ha creado una variante de la caridad: la excepción comienza por uno mismo.
Un nudo más
En el suelto ‘Cuerda de imputados’ hice un recuento de concejales, altos cargos y correligionarios del entorno más próximo al (sin) alcalde que acaban desfilando ante la Justicia por los numerosos escándalos que han enfangado los doce años de mandato de Monteseirín, la peor etapa de la reciente historia de Sevilla. Ahora, la cuerda tiene un nudo más tras la imputación de Torrijos por la juez Alaya en el caso Mercasevilla, la madre de todos los corderos que han ido saltando después, EREs incluidos. El primer teniente de alcalde alardeaba entre calada y calada a su característica pipa de que en el Merca no se movía un solo papel sin que él lo supiera, pero a raíz de estallar el escándalo ha procurado ponerse de perfil. No ha colado. Fran Fernández y Torrijos han sido los dos últimos de Filipinas del (sin) alcalde en acabar en la lista negra. Monteseirín se mantuvo en el Poder merced a la campaña del ‘urbanismo bajo sospecha’. Ahora, deja el Poder no con el Urbanismo, sino con el Ayuntamiento entero sospechoso de corrupción. Este es su legado y no el de las setas.
Cuerda de imputados
El último de Filipinas del (sin) alcalde, el hombre grande (que no al revés), Fran Fernández, también ha acabado imputado, por unos contratos ‘a dedo’ de 644.000 euros en sus tiempos de delegado de (in)Seguridad. Según el sindicato de bomberos, presuntamente se habrían vulnerado procedimientos y saltado controles administrativos. ¿Les suena? ¿No es lo mismo que ha propiciado el escándalo de los EREs de la Junta? En la corte del faraón de las setas de la Encarnación, Monteseirín, no sólo sus fieles ejecutados políticamente por Susana y Viera (Fran y el valido Marchena) tienen que desfilar por la pasarela judicial del Prado de San Sebastián, sino también la edil Medrano, de la cuota de Torrijos, directivos de Mercasevilla y hasta el ‘sin papeles’ del gerente de Urbanismo, el cienmileurista Miguel Ángel Millán. Si a ellos se les suman los condenados Marín y Pardo, éste prófugo de la Justicia, por el caso de las facturas falsas, vemos que Monteseirín pasará a la historia como el único alcalde cuya corporación se ha caracterizado por tener un horizonte penal.