En las entrevistas que, recordando ciertas publicidades institucionales, imploró le hicieran hasta casi el último minuto, Monteseirín proclamó que su mayor orgullo era lo que había hecho en los barrios y cómo así había logrado una Sevilla más justa y más avanzada. ¿Barrios? ¿Qué barrios? A Viera le han preguntado ahora que, ya que no se ha hecho el harakiri orgánico tras la debacle electoral, haga al menos autocrítica sobre los errores que han propiciado la barrida histórica de Zoido en Sevilla. Dice el aún líder provincial del PSOE que mientras Monteseirín invertía el dinero en lo que él llamaba eufemísticamente la ciudad consolidada, osea, el Centro de toda la vida, con las ‘setas’, el paseo marítimo en la Alameda y las pseudo peatonalizaciones… no se hacía lo equivalente en los barrios periféricos, como ha sido el caso de Cerro-Amate, Torreblanca, Alcosa, Miraflores….»donde los ciudadanos no han encontrado motivos para votar el PSOE». Así ha desmontado Viera las fábulas de Monteseirín, que lo único que ha visto sobre barrios ha sido la serie Barrio Sésamo.
Todavía no ha hecho Zoido su anunciada auditoría ‘de infarto’ y ya afloran como setas las ronchas ocultas por Monteseirín bajo las alfombras. De momento se ha descubierto una lápida de 21 millones de euros en Urbanismo, de los que al menos 15 millones son imputables al imputado Marchena, de sus tiempos como gerente. Y eso que disfrutó de lleno la época de las vacas gordas, cuando del ladrillo manaba leche, miel y langostinos a mayor satisfacción del valido, conocido por su gran afición a las pinceladas al centro a costa del contribuyente o del especulador de turno. Monteseirín le puso un sueldo de 170.000 euros con la excusa de que era un gran gestor, y dijo que aún le parecía poco. El ‘cienmileurista’ ha multiplicado ciento por uno, pero con signo negativo, cada euro cobrado a los contribuyentes, pero ni se inmuta. Al igual que su jefe decía que no entendía de leyes porque era médico, él podrá alegar que de números y contabilidad no entiende porque, al fin y al cabo, es sólo un geógrafo ‘bon vivant’ que se dedicó a cartografiar los restaurantes de Sevilla.
‘Cultura desecha la ocurrencia de Monteseirín de exhibir el tesoro del Carambolo en las ‘setas’. El título no podía ser más exacto al incluir el término ‘ocurrencia’, porque no de otra manera podía calificarse el capricho del (ex) de mezclar churras con merinas arqueológicas para exhibir un tesoro tartésico (o fenicio) en un yacimiento romano, con la complicidad de su amoroso arqueólogo de cámara y a costa de cargarle a los sufridos contribuyentes sevillanos la compra de una urna anti-Fukushima con tal de convencer a Cultura y convertir así el ‘Antiquarium’ en el ‘Setarium’, al que todo le cabe. Ni a Paulino Plata ni a la ministra Sinde(scargas) les ha convencido el argumento marchenero de democratizar las vistas del Carambolo, cuyo destino seguirá siendo la caja fuerte en que lleva custodiado 50 años o el Museo Arqueológico, el único que es único y no un sucedáneo como el ‘Setarium’. Menos mal, porque de haber sido al revés, el (ex) se habría vanagloriado a perpetuidad de ser como el Cid y de ganar batallas después de muerto (políticamente, se entiende).
El discurso de investidura de Juan Ignacio Zoido me recordó el poema ‘Andalucía, de Manuel Machado, en la parte en que glosó a sus predecesores. El poeta que ha pasado a la historia por ser el hermano de Antonio en vez de por su obra fue adjetivando cada provincia (Cádiz, salada claridad; Granada, agua oculta que llora…) hasta que no sabiendo qué decir sobre Sevilla concluyó el poema al albur de sólo su nombre. Zoido fue cantando una cualidad de cada alcalde (la caballerosidad de Uruñuela; la fina ironía de Del Valle; el rigor de Soledad Becerril; la capacidad de comunicación de Rojas Marcos) y al llegar a Monteseirín….En aquel momento quizás Zoido se acordó de Lope de Vega y el soneto que le mandó hacer Violante, pues nunca se vio en tal aprieto. ¿Qué decir del Ausente, si Alfredo el Soberbio carece de rasgo positivo destacable alguno? Salió del paso con una evidencia que resultó todo un hallazgo retórico: había sido alcalde durante doce años. A falta de cualidades en el personaje, y por tanto de adjetivos, Zoido redujo a Sánchez Monteseirín a lo que realmente ha sido: un mero adverbio de tiempo.
Los últimos días de Pompeya del (sin) alcalde Monteseirín fueron un resumen, corregido y aumentado, de todos sus mandatos, en particular el de la víspera de la investidura de Zoido, en la que fue el gran ausente aunque nadie –ni siquiera Griñán, el teletipista honorario de Europa Press- lo echó en falta. Resulta que el (sin) de las pastillas Macabeo contra el cabreo (Manuel Rey dixit) por la debacle electoral socialista intentó inaugurar todo lo inaugurable con tal de que Zoido no se hiciese la foto a su costa. Fracasó, por demasiado escandaloso ante la evidencia del retraso de las obras, en cortar la cinta de la nueva comisaría de la Ranilla y la de los jardines de (sin la ele, por favor) Cristina, así que concentró todos su esfuerzos en anunciar a bombo y platillo la apertura del túnel de Los Arcos aunque fuera a las 9 de la noche. Tras un final de suspense, fuese y no hubo nada. En su habitual improvisación marca de la casa no se percató de que le faltaba el acta de ocupación. ¡Qué gran metáfora como colofón a su gestión: el (sin) alcalde, sin papeles!
¿Qué es Mercasevilla? Una sociedad anónima mercantil, aunque el Ayuntamiento sea su accionista principal. No es una ONG ni una asociación benéfica, sino una empresa que, como tal y por definición, tiene ánimo de lucro: se crea para ganar dinero, no para regalarlo ni perderlo. Esta empresa recibió dos ofertas por su suelo: una de 158 millones y otra de 106. Lo vendió a la oferta que era un 33% más barata y perdió así 52 millones de euros. ¿No suena raro? Tanto que la juez Alaya le ha pedido explicaciones a Torrijos, su vicepresidente por entonces. Según Torrijos, el suelo se vendió al peor postor para evitar la especulación. Quédense con la copla de la doctrina Torrijos y aplíquenla al resto de las empresas municipales. ¿Qué van a comprar un bonobús de Tussam? Paguen un 33% menos. ¿La factura de Emasesa? Ordenen al banco un descuento del 33%. ¿La letra del piso de Emvisesa? Ídem de ídem. Y si alguien les exige responsabilidades o les acusan de insumisión u objeción fiscal, respondan con la doctrina de Torrijos: estamos contribuyendo a evitar la inflación.
Dijo Bufón que “el estilo es el hombre”. Monteseirín ha demostrado su falta de estilo o más bien su auténtica naturaleza una vez que, despojado de la púrpura del poder y ya sin disfraz por no tener necesidad de engatusar a los sevillanos, ha anunciado que no acudirá a la toma de posesión de su sucesor, Juan Ignacio Zoido. Es la primera vez en la historia de la Democracia que un alcalde saliente no está presente, en la condición que sea, en la constitución de la nueva corporación municipal. Por más que haya dicho que él jamás estuvo en la Oposición, su ausencia por un arrebato mezcla de rencor –el principal rasgo de su carácter- y de soberbia denota su incapacidad de admitir el resultado de las elecciones: es él y no Espadas quien se siente el gran perdedor de las mismas, porque así además se lo hace sentir gran parte del PSOE al achacar la derrota a la deriva de su último mandato. El hombre da su auténtica dimensión en la adversidad, no en la victoria. Si Monteseirín se quita del medio, una vez más no habrá sabido estar a la altura de las circunstancias.