Como presidente que fui de una comunidad de vecinos me tocó lidiar con las facturas del agua. Conocí situaciones inimaginables, al margen del número y clase de personas en cada piso. Una familia ‘progre’ y ‘ecologista’ vaciaba por las noches en la terraza la enorme piscina hinchable en que se bañaban sus niños. Otra de ancianos ni se inmutaba por el río que brotaba de sus cisternas rotas: temían más las facturas del fontanero que las de Emasesa. Por eso no me cuadra la campaña marchenera de cobrarnos el agua no por el consumo real de cada vivienda, sino por el número de residentes en la misma….siempre, ojo, que estén dados de alta en el padrón. Marchena, el valido del alcalde, usa Emasesa para que por temor al tarifazo del agua la gente se empadrone y Sevilla no baje de 700.000 habitantes.¿Se imaginan que en la gasolinera le cobren el combustible no por el consumo real del coche, que puede ser menor gracias a su eficacia como conductor o por tratarse de un modelo ecológico, sino por el de pasajeros que lo ocupen? El fin no justifica los medios.
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El canon de la Cabalgata
Una mujer es atropellada por una carroza de la Cabalgata en Pagés del Corro tras una imprudencia temeraria. Sorprende que sólo haya habido un atropello, dada la ingente cantidad de imprudencias observadas entre centenares de miles de personas. Los adultos, más que los niños, se pelean al borde mismo de las ruedas por arrebatarse un caramelo. En la Alameda hay que desmontar una carroza porque choca con una rama. Pero, ¿no se acordó diseñarlas en función de la altura de los elementos tras toparse con los cables en Felipe II? Se olvida que aunque no lo hagan los cables, los árboles crecen. No es por hacer de aguafiestas, pero parece que en cada edición hay o más imprevistos, o más beduinos, o más carrozas, cuando no más lentas, pero lo cierto es que el cortejo de la ilusión se torna cada vez más largo entre los inevitables retrasos que, como el silencio de la partitura, también forman parte del guión, y el desfile mismo. Da la impresión de que al cabo de cien años, y al contrario que en la Semana Santa, aún no se ha desarrollado el canon de la Cabalgata.
El juicio de la historia
Monteseirín aprovechó la presentación del libro sobre los 30 años de democracia municipal, aparte de para ‘ningunear’ al resto de alcaldes en el vídeo elaborado por ‘la suya’ (Giralda Tv) a su mayor gloria, para reivindicarse a través de los otros, en plan “la historia me absolverá”. Cuando dijo que Rojas Marcos y Soledad Becerril “dejaron una impronta y un carácter que en su día no se valoró suficientemente por la gente, aunque sí luego, cuando ya se han ido”, estaba expresando su esperanza de que a él, que jamás ha aprobado sondeo alguno en el decenio de su mandato, la opinión pública le conceda la indulgencia plenaria que a su juicio ya ha otorgado a sus antecesores, esos que se unen en el panteón de políticos ilustres para advertirle que no regatee dinero a la Orquesta Sinfónica mientras se le llena la boca con la palabra “cultura”. El alcalde no debe fiarlo todo al juicio de la historia. ¿Quién será el Plutarco capaz de hallar una vida paralela a la suya? El tiempo es como una lupa que no sólo agranda los méritos, sino también los errores.
El pato cojo
No hay mayor imagen de torpeza que la que transmite en su errática trayectoria un pato cojo. La prensa americana acuñó precisamente la expresión ‘the lame duck’ para definir el síndrome que afectaba a los presidentes estadounidenses que no podían optar a la reelección porque se hallaban en su último mandato. La Constitución de EEUU impide que estén más de 8 años en el poder, para inyectar así savia nueva en el sistema político y evitar tentaciones totalitarias. Ya lo dijo el clásico: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los presidentes que dejarán de serlo a plazo fijo pierden mando e influencia a chorros porque el resto de los políticos, sean o no de su cuerda, dejan de tenerlo como referente y se reorientan en función de los posibles candidatos a la sucesión. Como reacción, los inquilinos de la Casa Blanca dados por amortizados empiezan a pasar olímpicamente de todo y de todos y a hacer lo que les viene en gana. Total, como ya no van a ser penalizados electoralmente. En los ambientes flota que Monteseirín, no acabe o acabe el mandato por imperativo de sus mayores (él propone y Chaves dispone), está ya políticamente visto para sentencia. Da igual que salga indemne o con algunos perdigonazos de los casos Mercasevilla o Unidad o que corte la cinta inaugural de Fibes o las ‘setas’ de la Encarnación, si es que halla dinero para acabarlas. En la metáfora del cuento de Blancanieves, si a Monteseirín le crecen enanitos como Celis, Rosamar, Espadas y hasta el fantasma de Pepote, es porque todos ellos lo ven ya como un ‘pato cojo’.
Las inocentadas de Monteseirín
En la víspera de la festividad de los Santos Inocentes, el acalde dio una entrevista a su emisora amiga, en la que dejó varias perlas que podrían pasar por inocentadas anticipadas si no se conociera previamente los diez años del personaje en la Casa Grande. Él, que se enteró del caso Mercasevilla a principios de febrero pero que ni siquiera preguntó a su interlocutor y luego hasta felicitó a Mellet por su “brillante” gestión, ha dicho ahora totalmente en serio que “lo denunciamos nosotros”. Luego ha aclarado por qué no aparece en los actos públicos y ha dado pie así a las cábalas sobre su posible relevo: si lanza a Celis por delante no es para placearlo y darle por saco a Viera, sino porque él está muy ocupado pensando en la solución del paro (sic). Recuérdese: en la presentación de su candidatura prometió el pleno empleo y VPO sin sorteos. Tres años después, más de 70.000 sevillanos han tenido que participar en la rifa de los pisos de las antiguas cocheras del Porvenir y más del 100.000 figuran inscritos en las listas del INEM en demanda de un trabajo.
La respuesta está en el viento
A pesar de que Sevilla está en alerta por un temporal que deja records de lluvias y vientos huracanados, algunas personas aguantan desde primera hora el día 24 ante la Oficina de Empadronamiento. El 1 de enero entra en vigor el tarifazo de Emasesa, que, para aliviarlo, insta a los sevillanos que no lo estén a darse de alta en el Padrón. Además, el Ayuntamiento hace permanente campaña en pro de la inscripción, para no bajar de 700.000 habitantes. En la Casa de la Moneda sólo hay un cartel con el mínimo horario de atención al público: de 9,30 a 13,30. El reloj da las 9,30. Nada. Las 9,45. Tampoco. A las 10 las puertas siguen cerradas a cal y canto. Está claro que los funcionarios se han tomado el día libre, pese a que el 24 de diciembre no figura como festivo en el calendario laboral oficial que publica el Boja. Los ciudadanos que han perdido su tiempo y los nervios en la espera bajo la lluvia y el viento se van bramando contra Monteseirín. Y todavía se pregunta el PSOE por qué da tan mal en las encuestas. En la suma de estos detalles está la respuesta.
El bastón de mando
Dicen que el alcalde es el gran ausente en los actos de la ciudad y eso dispara las cábalas sobre su futuro. O está ausente porque quiere dejar de ser alcalde o al no sentirse ya alcalde por eso está ausente, como en el poema de Neruda. Dicen también que habría comunicado a Griñán su deseo de dejar el bastón de mando. La percepción hasta en el PSOE es que ese bastón lleva abandonado demasiado tiempo. Recuerden si no lo dicho por Del Valle: si Torrijos tiene más poder que el que representan sus votos es porque está ocupando el vacío que deja Monteseirín. En realidad, Alfredo ha sido siempre un alcalde cogido entre alfileres, primero por las del PA y luego por las de IU. Viera en Sevilla y Blanco en Madrid han intentado cargárselo al comprobar con horror el rechazo que inspira en las encuestas hasta entre los votantes socialistas, pero ha sobrevivido gracias a la teoría de Chaves de que a un regidor no debe quitarlo el partido, sino las urnas. Que Monteseirín se vaya o se quede, al cabo es indiferente: sólo es una marioneta cuyos hilos mueve Marchena.
Algo más
Sostiene Antonio Távora, presidente de los agentes de viaje, que a principios de los 90 Sevilla tenía aquello de lo que carecían otras ciudades –AVE, un palacio de congresos y una buena planta hotelera- pero que ahora poseen ya muchas y que, por tanto, hay que ofrecer “algo más”. Por tener, teníamos hasta fibra óptica en la Cartuja, presentada como el símbolo de la máxima modernidad. Sin quizás pretenderlo, Távora nos ha enfrentado a nuestra propia mediocridad. Sevilla no ha sabido aprovechar el gran salto adelante que supuso el 92, hasta el punto de que, sin necesidad de ninguna Expo, en otros sitios se han puesto a nuestra altura o incluso nos han rebasado, porque nos ha faltado ese ‘algo más’ del que habla Távora. ‘Sic transit gloria mundi’, como reza la leyenda de uno de los cuadros pintados por Juan Valdés Leal para el Hospital de la Caridad. Lo malo es que para poder pedir otra Exposición Universal aún quedan 83 años hasta el VI Centenario del Descubrimiento que la justifique. Y es que, ya se sabe, Sevilla sólo avanza a golpe de grandes eventos.
Manos en el fuego
Un centenar de profesionales han firmado un documento de apoyo a la funcionaria de Urbanismo imputada en el caso Mercasevilla por su intervención en el pliego de condiciones del concurso que la juez sospecha fue amañado para adjudicar los suelos al grupo Sando. Dicen que la imputada es persona “seria, rigurosa, honesta y muy humana, incapaz de cualquier hecho antijurídico mínimamente censurable socialmente”. Previamente, dos centenares de técnicos del Ayuntamiento firmaron otro comunicado avalando “la total lealtad y honestidad” de su compañera de Urbanismo. Si la juez Alaya, de la que también puede decirse que es “seria, rigurosa, honesta, etcétera”, ha imputado a la funcionaria, sus razones habrá tenido, sin que ello prejuzgue culpabilidad. Esta recogida de firmas tiene cierto tufillo corporativista y puede interpretarse como un intento de coacción a la magistrada, porque cien amigos no pueden erigirse en jurado y emitir un veredicto exculpatorio sin siquiera juicio previo. La Justicia, por más que lo dijera Pedro Pacheco, no es aún un cachondeo.
Y en eso llegó la Junta
Monteseirín ha entregado el premio Emasesa Sostenible a Cruzcampo por la construcción de una nueva depuradora. Ya era hora. Lo de la depuradora, no lo del premio. La cervecera se ha resistido como gato panza arriba desde 2006 a adecuar sus vertidos a la normativa vigente, hasta que ha sufrido dos sentencias judiciales en contra y un expediente sancionador de la Junta. A la fuerza ahorcan. Alegando que sus vertidos eran aguas residuales urbanas se ha estado ahorrando su tratamiento como industriales, hasta el punto de que le resultaba más rentable pagarle a Emasesa, que le aplicaba una normativa doméstica mucho menos exigente, un canon de 2.279 euros diarios por permitirle arrojar sus porquerías químicas a un colector de la ciudad. Pese a que las estaciones de tratamiento urbanas no están preparadas para este tipo de residuos, Emasesa también se hacía la loca porque anteponía la pasta que ingresaba a los efectos de estos contaminantes en su red. Así entiende Marchena la economía sostenible. El premio debió ser para la Junta. Fue ella la que mandó parar.