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El agua cubre Las Cruces

El agua cubre el fondo de la corta minera de

Las Cruces pese a meses sin lluvias

La Junta ha expedientado a la compañía por

extraer 800.000 m3 más de la cuenta

El fondo de la corta minera de Cobre las Cruces sigue cubierto de agua pese a que en la comarca no ha llovido desde hace meses, según denuncia Ecologistas en Acción mediante fotografías aéreas obtenidas durante un vuelo realizado el pasado 12 de septiembre. A juicio de los ecologistas, esta situación demuestra que los problemas sufridos por la mina en el último año no se han debido al exceso de precipitaciones, sino a la afección que le supone la existencia del acuífero Niebla-Posadas.

Los conservacionistas cuestionan con un nuevo reportaje fotográfico a vista de pájaro la eficacia del sistema de drenaje y reinyección de Cobre las Cruces y estiman que la filial de la multinacional canadiense Inmet Minning es incapaz de contener y/o drenar el exceso de agua que fluye del acuífero, cuyo volumen habría rebasado tiempo ha los cálculos más optimistas del modelo matemático utilizado en el proyecto para simular el comportamiento del sistema hidrológico que rodea al yacimiento minero.

Metafóricamente, es como si Cobre las Cruces hubiera horadado un terreno equivalente a una esponja llena de agua para extraer el cobre de su interior y el agua contenida en la esponja se filtrara continuamente al lecho de la mina pero en mucha mayor cantidad de lo previsto por los ingenieros que en su día idearon este sistema sin precedentes para arrancarle a la Naturaleza la materia prima.

El pasado mes de agosto trascendió que la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía incoó en mayo un expediente sancionador a Cobre las Cruces por incumplir la condición de compensar en su totalidad las extracciones de agua realizadas en el acuífero Niebla-Posadas, cláusula impuesta por la Administración andaluza para permitir la extracción del mineral.

La Junta estima que la compañía extrajo unos 800.000 m3 más de lo estipulado y que sólo logró restituir unos 400.000 m3. En resumen, que entra más cantidad de agua subterránea que la que luego Cobre las Cruces devuelve al acuífero, una situación considerada como falta grave por Medio Ambiente.

Para compensar este exceso de detracción, Cobre las Cruces tendría que adquirir derechos de agua a terceros por una cantidad equivalente, aunque hasta ahora no ha logrado cumplir este objetivo.

El cartelón

En la Avenida de Jerez, junto al antiguo cauce del Guadaira, a cuya vera se alza ese Escorial en forma de hotel Al-Andalus, aún sobrevive al tiempo y a los vándalos un cartelón que anuncia para no sé qué año ya pretérito la terminación del Parque sobre el cegado curso del afluente del Guadalquivir. En esta Sevilla virtual que ocupa páginas de periódico  pero que no acaba de materializarse, nos pintaron una zona verde que serpeaba desde las Tres Mil hasta Nuevo Heliópolis y Los Bermejales con pasos elevados sobre la avenida de Holanda y molinos eólicos. Éstos, impulsando el agua desde el Guadalquivir, obrarían el milagro de que volviera a fluir líquido elemento por el primitivo curso de  un Guadaira que castigó los chalecitos de la Expo del 29 con históricas inundaciones y que por ello fue desviado extramuros. Del Parque y del futurible curso fluvial no hay nada, salvo vestigios de obras abandonadas. ¡Y pensar que este proyecto ya databa de los tiempos de Soledad Becerril!. Hoy, sólo queda el cartelón como mudo testigo de cargo contra la desidia de Sevilla.

Dignidad vegetal

Ahora que se habla tanto de los derechos de los animales a raíz de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña y de que el futuro parece encaminado a que no se celebre espectáculo en el que tenga que aparecer algún ser del reino animal, yo me pregunto cada vez que paso por la Plaza de San Francisco cuándo hablaremos de los derechos de los vegetales. Reparen, por favor, en la pareja de ficus que deberían ser de gran porte sitos a cada lado de la fuente de Mercurio, ante la fachada del Banco de España. A estas maravillas arbóreas, que podrían alcanzar similar  frondosidad que en la Avenida de María Luisa tienen sus hermanos junto al restaurante ‘La Raza’, las podaron años ha con el argumento de que los empleados del banco se quejaban de que les tapaban la luz. Ni que fueran Diógenes en su diálogo con Alejandro Magno, cuando en Sevilla lo que hay que valorar es justamente la sombra, porque luz y sol nos sobran. Y no se contentaron con talarlos más que podarlos, sino que los han desfigurado al darles un porte cuadrado, ajeno a su elegancia natural.

Sin fuentes

Joaquín Turina nunca podría haber emulado a Ottorino Respighi, compositor de ‘Las fuentes de Roma’, sencillamente porque en esta Sevilla que presume de ser nodo entre Oriente y Occidente, ciudad de la música y unos cuantos títulos rimbombantes más  no hay una fontana maravillosa como la de Trevi en la capital italiana –donde abundan las fuentes de agua sorprendentemente fresquísima para un clima parecido al nuestro- ni apenas humildes pilones o grifos, a pesar del tórrido calor del estío. No sé si esta carencia será fruto de un contubernio entre Emasesa y los hosteleros para que los sofocados turistas, rojos como salmones en su transitar por nuestras calles , acaben pasando por caja a cuenta del agua embotellada. A quienes hemos podido asomarnos al extranjero y disfrutar gratuitamente de la profusión de fuentes de otras ciudades nos causa vergüenza ajena comprobar cuán lejos se halla aún Sevilla de cumplir ciertos estándares normales en capitales europeas. Aquí, pese a que alardeemos de carácter abierto y de hospitalidad, resulta que al turista, ni agua.

Arboricidio

¿Recuerdan la que se lió cuando el (sin) alcalde cortó árboles de la Puerta de Jerez, la Avenida y la Plaza Nueva por el tranvía y la peatonalización? Hubo hasta un cruce de denuncias entre el otro valido del (sin), que luego tomó las de Villadiego a Abengoa mientras juraba fidelidad eterna a Monteseirín (si sería falso), y los ecologistas por un quítame o déjame unos plataneros de Indias. Alfredo no es el único arboricida. ¿Qué me dicen de Griñán? Le han puesto la lupa en San Telmo desde al mármol (que si era de Macael o de Carrara) hasta las lámparas (que si costaban 8.000 euros), pero nadie ha  protestado por lo más evidente, señal del nuestro escaso sentimiento ecologista de la vida: los árboles. Sí, ¿dónde están los laureles troncopiramidales que jalonaban toda la fachada del Palacio después de que doña Sole (Becerril) se cargara los plataneros con el falso argumento de una plaga y con tal de que luciera más la portada de Leonardo de Figueroa? Griñán ha hecho un nuevo arboricidio a la vista de todos y nadie se ha percatado. Así de ciega es Sevilla.

Tucson

Conocemos Arizona por las películas del Oeste: esos áridos paisajes de tierras rojizas como el Cerro Colorado de Riotinto, donde la NASA busca pruebas de la vida en Marte, y salpicadas por gigantescos cactus, los saguaros, que pueden superar los 10 metros de altura. Arizona hasta tiene su particular Riotinto: el antiguo poblado minero de Tombstone, donde también hubo su ‘Año de los tiros’ antes del 4 de febrero de 1888: el duelo en OK Corral, inmortalizado por Hollywood. Los hombres del tiempo predicen que por causa del calentamiento global Sevilla será en 2100 como Tucson, la capital de Arizona, sita al borde de un desierto. Con el fuego que está arrojando el Lorenzo estos días sobre nosotros no creo que haya que esperar 90 años de cambio climático. Sevilla es ya más hermana de Tucson que de Kansas City, porque allí sólo hay dos estaciones: el verano y la del ferrocarril. Decía Antonio Burgos que La Habana era Cádiz con más negritos, y Cádiz, La Habana con más salero. Pues Tucson es Sevilla sin Monteseirín ni Marchena, y Sevilla, Tucson con menos chumberas.

Ocultación

El proyecto del Metro, que el (sin) alcalde dice haber pactado con la Junta para aparecer como comadre de la criatura tras ser el padre del ‘Metrocentro’,  invade dos parques, calificados como sistemas generales en el PGOU: el del Alamillo (donde Rosa Aguilar y Alfredo  sitúan las cocheras y talleres) y el Anillo Verde Norte. Esta es la Sevilla sostenible según Monteseirín. ¿Qué otros marrones y bacaladas se esconden en los tochos, perdidos entre la marea de papeles cuales agujas en un pajar y esperando escapar del ojo sagaz de la prensa? Las cocheras y talleres previstos en el Alamillo, pese a su importancia, no aparecen en los planos de planta general, ni en el presupuesto, ni en el estudio de impacto ambiental. Sólo en un apartado de la Memoria y en un plano, para que pasen lo más inadvertidos posibles dentro de un conjunto de 15 tomos en formato A-3 que ocupan tres grandes cajas. Lo han hecho con premeditación y alevosía, a ver si, en medio del debate sobre túneles y estaciones en el Duque o en Ponce de León, nos los cuelan, aunque sea por la gatera.

Las Cruces investiga el ‘accidente oculto’

La compañía minera Cobre las Cruces ha abierto una investigación para aclarar las circunstancias en que se produjo el accidente en que durante el pasado fin de semana dos operarios que reparaban una motobomba de gran potencia sufrieron quemaduras y acabaron en el servicio de Urgencias del hospital Virgen Macarena de Sevilla.

Cobre las Cruces afirma tajantemente que no tenía constancia alguna del suceso revelado ayer, por lo que ha exigido explicaciones a la compañía contratista del Aljarafe que participa en los trabajos de drenaje y reinyección y que sigue manteniendo la versión de que el percance, que ha calificado de leve pese a que los empleados acabaron de baja, se produjo en un taller de Burguillos y no en el complejo minero.

Sin embargo, la motobomba objeto de la supuesta reparación en una nave del Aljarafe permaneció el día del suceso en el interior de la corta y los operarios no supieron explicar cómo agua o/y vapor a gran temperatura les roció de lleno durante ese teórico arreglo en frío y en seco.

Por otra parte, en relación con el posterior suceso en que tres obreros resultaron gravemente heridos por contacto con ácido sulfúrico tras romperse una tubería en la mina de Las Cruces, en medios relacionados con la prevención de riesgos laborales se ha destacado un nuevo tratamiento existente que permitió la rápida recuperación de un operario de Ence en Huelva y que también sufrió hace unos meses quemaduras por productos químicos.

La antigua Empresa Nacional de Celulosas disponía en su dispensario médico de una sustancia denominada diphoterine que, por su polivalencia, permitía detener cada uno de los seis tipos de reacción posibles: ácido, básico, oxidación, reducción, solvatación y quelación.

Gracias a un efecto osmótico, con la aplicación de esta nueva sustancia se logró atraer hacia fuera el producto químico que había penetrado en el cuerpo del obrero accidentado y salvarle la vida, además de evitarle graves secuelas, hasta el punto de que se ha podido reincorporar posteriormente a su puesto de trabajo sin más complicaciones.

Accidente ‘secreto’ en Las Cruces

Dos operarios sufrieron quemaduras en la mina de Las Cruces el fin de semana anterior

Trabajaban en el interior de la corta con una motobomba de gran potencia y fueron trasladados a Urgencias del Macarena

Dos trabajadores de una empresa del Aljarafe contratada por Cobre las Cruces para trabajos del sistema de drenaje y reinyección y en materia de aguas del complejo minero sufrieron quemaduras en otro accidente acaecido el viernes 21 de mayo, justo cuatro días antes de que, el pasado martes,  una tubería con ácido sulfúrico se rompiera y vertiera su contenido sobre tres operarios. Mientras que este suceso ha trascendido a la opinión pública, sobre el otro se ha guardado el más absoluto silencio.

Dos operarios de la compañía aljarafeña se hallaban el viernes en interior de la corta a cielo abierto de Cobre las Cruces para comprobar por qué la bomba que extrae el agua que fluye desde el acuífero Niebla-Posadas no estaba bombeando líquido elemento hasta el depósito exterior. La motobomba era una Volvo con una fuerza equivalente a la de 300 caballos de vapor y capaz de extraer más de 250.000 litros de agua a la hora.

Técnicamente estaba ‘cavitando’, es decir, la turbina estaba girando pero no impulsaba el agua hacia los niveles superiores, por lo que aquélla estaba siendo batida en el cuerpo del ingenio mecánico. Al no circular el agua, tampoco se refrigeraba el cuerpo de la bomba, por lo que probablemente empezó a hervir y se formaría una burbuja de vapor. Verosímilmente, la presión del vapor acabó rompiendo el sello del cuerpo de la bomba y alcanzó a los dos operarios, los cuales sufrieron quemaduras desde parte del rostro hasta el tórax.

Los dos accidentados, cuyos nombres responden a las iniciales J.E.M. y F.D.M., fueron evacuados desde el fondo de la corta minera e introducidos en un vehículo al servicio de la compañía contratista que, por la naturaleza de los trabajos hidráulicos que realiza, se mueve habitualmente por todo el complejo minero y dispone de llaves de puertas de acceso y salida que no son las utilizadas habitualmente para el trasiego de operarios.

La persona que conducía el vehículo, de gran potencia y tamaño para poder maniobrar por las anfractuosidades del complejo minero, se hallaba en un estado de nervios tal por la situación creada y el hecho de transportar a dos heridos con quemaduras junto a él que no engranó bien las marchas y acabó rompiendo el motor a escasos metros del hospital Virgen Macarena de Sevilla, al que los trasladó ya avanzada la tarde-noche  del viernes.

El Servicio de Urgencias del hospital ha confirmado a este periódico el ingreso en Urgencias de los dos heridos, los cuales habrían sido aleccionados para que facilitaran la versión de que el accidente se produjo cuando arreglaban una motobomba alquilada a Cobre las Cruces pero no el interior de la mina, sino en una nave industrial de Burguillos. Lo que no supieron explicar es cómo una motobomba en frío y en seco en un taller pudo arrojar sobre ellos agua hirviendo o vapor a altas temperaturas. Por otra parte, al haberse producido el accidente durante el fin de semana, daba margen de maniobra a la compañía auxiliar para sustituir a los operarios por otros el lunes sin levantar sospechas.

Cobre Las Cruces aún no ha respondido oficialmente  sobre este suceso, que no ha sido reflejado en el gran cartel de días sin percances que está colocado a la entrada de la planta. Si hubiera trascendido el accidente, habría obligado a la intervención de la Dirección General de Minas de la Junta de Andalucía por haberse producido en el interior de la corta minera.

Según los testimonios recogidos, es muy probable que la empresa  contratista haya ocultado el suceso a Cobre las Cruces, ya que este tipo de multinacionales penalizan a las empresas auxiliares con episodios de inseguridad laboral. Si así fuera, este suceso dejaría en evidencia la falta de control de la compañía minera sobre sus propias instalaciones y la falta de supervisión de la Junta, pues la empresa afectada por el accidente está involucrada  en el vital sistema de drenaje y reinyección y el tendido de tuberías que pasan junto al arroyo Garnacha.

Esta rivera fue desviada al interior de la mina y confluye a su salida con el arroyo Molinos. Pues bien, pese a que éste es el principal y de más caudal, los aspectos morfodinámicos del terreno revelan ahora que el Garnacha aporta mucho mayor volumen de agua que el otro, sin que ni la Confederación Hidrográfica ni la Junta de Andalucía hayan encontrado aún una explicación a este anómalo fenómeno hidráulico.

La muralla ‘china’ de Sevilla

Más de 100 kilómetros de muros artificiales construidos a lo largo de siglo y medio defienden la ciudad contra las inundaciones de sus ríos

Los muros llegan hasta la cota 12 metros para poder contener una avenida de 9.000 m3/segundo, no registrada en tiempos modernos

La nueva muralla defensiva se complementa con 31,5 kilómetros de cortas para alejar de la ciudad los cauces fluviales

Merced a las cortas y eliminación de codos en el Guadalquivir la distancia navegable hasta Sanlúcar se ha reducido en 45 kilómetros

La inversión en obras de defensa contra las inundaciones equivale casi a todo lo gastado en la Cartuja para celebrar la Expo-92

Los trabajos de protección contra las riadas han permitido multiplicar por 21,5 la superficie urbana de Sevilla

Pocos sevillanos son conscientes de que Sevilla sigue siendo una ciudad amurallada como hasta el siglo XIX, salvo que ahora esas murallas están integradas en el paisaje, carecen de almenas y de sillares y sobre su cota de coronación discurren en muchos casos parte de las rondas de circulación o de circunvalación de la ciudad por las que transitan los automovilistas. Esas nuevas murallas son los muros de defensa contra las inundaciones de los ríos y arroyos que fluyen por Sevilla y que se han ido levantando desde que a partir de 1858 comenzó el derribo de las murallas históricas, las cuales también ejercieron la función de dique de contención de las avenidas.

Muralla en la Macarena

Muralla en la Macarena

Desde entonces, según los datos estadísticos facilitados por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, la ciudad se ha rodeado de un perímetro defensivo contra las crecidas de sus cauces fluviales de 104 kilómetros de longitud, una distancia como la de Sevilla a Huelva.

En una de las paredes del Ayuntamiento que da a la Plaza Nueva existe una placa de metal con el dato de la altura a la que se encuentra ese punto de Sevilla en relación con el nivel del mar medido en la ciudad de Alicante: 9,1 metros. La altura media del conjunto de la ciudad es de unos 7 metros y hay zonas aun nivel inferior, como la Alameda de Hércules, a sólo 4,30 metros. Dado que históricamente las crecidas del Guadalquivir y/o de los otros cursos que fluyen por el término municipal (Guadaira, Tagarete, Tamarguillo, Ranillas) elevaban el nivel del agua hasta los 10 metros en una llanura aluvial como la que ocupa la ciudad y sometida además al influjo de las mareas del océano Atlántico, distante sólo 80 kilómetros en la desembocadura del Guadalquivir por Sanlúcar de Barrameda, la historia de Sevilla ha estado marcada por la necesidad de defenderse de las inundaciones a que es tan propensa por su entorno hidrológico y el carácter torrencial que en poco tiempo pueden adoptar sus ríos y arroyos.

Según el informe ‘Lucha contra las inundaciones en Sevilla, compilado por la  Confederación Hidrográfica,  históricamente la ciudad se defendía de las avenidas cerrando a cal y canto sus murallas y preservando su casco urbano –con 260 hectáreas, uno de los más grandes de Europa-, salvo el arrabal de Triana y, posteriormente, los barrios de San Benito y San Bernardo, que quedaban extramuros.

Inundación de 1947 en el Paseo Colón, junto a la Torre del Oro

Inundación de 1947 en el Paseo Colón, junto a la Torre del Oro

Estos dos últimos sufrían además los embates del Tagarete, Tamarguillo y Guadaira. En tales circunstancias, se cerraban y reforzaban las puertas y los husillos de desagüe, con lo que las aguas sólo podían penetrar en el interior por rotura o negligencia, o a través del terreno por sifonamiento. Rodeada totalmente por el agua, la ciudad se convertía en una isla, sin poder evacuar sus aguas negras ni las de la lluvia, que producían inundaciones en las zonas más bajas. Sevilla sólo se comunicaba con el mundo exterior por una calzada elevada que, partiendo de la Puerta de la Carne, cruzaba el Tagarete y llegaba hasta Alcalá de Guadaíra, la cual la surtía de víveres por ese conducto.

DERRIBO DE LAS MURALLAS

Tras el derribo de las murallas en el siglo XIX, la defensa contra las riadas se encomendó a malecones de tierra, a ataguías provisionales con las que se cerraban las calles que daban al campo y los terraplenes elevados sobre los que se construyeron carreteras y ferrocarriles, en particular los que unían la ciudad con Huelva y que se alzaron en perpendicular al Guadalquivir para servir de freno a sus aguas pero sólo parcialmente, ya que Triana seguía indefensa ante las avenidas.

Así, según el catedrático Borja Palomo en su ‘Memoria histórico-crítica sobre las riadas (siglo XV-1877)’, en diciembre de 1876 una crecida del río destruyó a la altura de la Macarena más de 70 metros del malecón de tierras protector de la ciudad y las aguas inundaron dos tercios del caserío de Sevilla, y del arrabal trianero sólo dos casas quedaron en seco.

Estas catástrofes naturales motivaron la redacción de proyectos de obras públicas para proteger la ciudad de las inundaciones y mejorar las condiciones del puerto, trabajos que se han realizado entre 1909 (corta de Tablada) y 1980 (corta de la Cartuja) y de los que aún queda pendiente el desvío del Tamarguillo hacia el Norte, previsto en el PGOU de 2006  para la protección de la zona del aeropuerto viejo, Miraflores y el área construida en la margen derecha del arroyo, junto al que se ha proyectado un gran parque lineal que debe cerrar el conjunto de actuaciones de restauración del medio natural. Este proyecto ya ha sido objeto de un convenio entre el Ayuntamiento y la Confederación Hidrográfica. Se necesitará, pues, más de un siglo para completar el cierre del anillo defensivo de Sevilla desde el inicio de la primera corta.

UN SIGLO DE OBRAS

En síntesis, los trabajos realizados en este periodo de tiempo han sido los siguientes:

-Corta de Tablada (1909-1926): Consistió en la apertura de un cauce recto de 6 kilómetros de longitud entre la Punta de las Delicias y la Punta del Verde para eliminar varios codos del río y construir 800 metros de muelle y el puente basculante de hierro.

-Unión de los arroyos Tagarete y Tamarguillo cerca de la huerta de Ranillas para que desembocaran en el Guadaira aguas arriba del puente ferroviario Sevilla-Cádiz.

-Nuevos malecones de tierra completados por el Oeste con la elevación de la calle Torneo, Plaza de Armas, calle Arjona y paseos de Colón y las Delicias. La superficie defendida de la ciudad pasó de las 260 ha comprendidas entre las murallas históricas a 1.579, al quedar dentro del perímetro de malecones los barrios de San Benito, San Bernardo y San Sebastián , el Prado, el Parque de María Luisa y terrenos sin urbanizar al Norte y Este. Siguieron indefensos Triana, San Jerónimo y el cementerio.

-Creación de la dársena (1926-1948): La Junta de Obras del Puerto convirtió el puerto sevillano en una dársena libre de la influencia del río y de sus crecidas que hasta entonces inundaban los muelles, destruían las mercancías y ponían en peligro incluso los barcos. Para ello hubo que desviar el cauce del Guadalquivir desde Chapina hacia el Oeste, alzar un muro de defensa que rodeaba Triana, Los Remedios y la base aérea de Tablada  y desviar el Guadaira, para que no desembocara en el interior de la dársena, hacia la Punta del Verde, aguas debajo de la esclusa. Así quedó defendida Triana y se incrementó en 885 hectáreas el área urbana protegida.

-Desvío del Tamarguillo y del Ranillas (1961-1963): La expansión urbana acabó invadiendo el cauce de avenidas del arroyo Tamarguillo y reduciendo a poco más de la mitad su capacidad de evacuación, por lo que según la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir  el arroyo llegó a ser una verdadera pesadilla en los inviernos lluviosos. En 1948 destrozó el malecón de defensa por cinco puntos e inundó Heliópolis, por lo que tras otra inundación en 1961 y la catástrofe subsiguiente se procedió a separar los arroyos del Tamarguillo y de Ranillas de la ciudad y a dotarlos de cauces capaces de evacuar sus máximos caudales previsibles. Con estas obras y los nuevos muros de defensa se duplicó la superficie protegida de Sevilla, que pasó a ser de 4.880 ha.

-Corta de la Punta del Verde (1963) para eliminar un codo del Guadalquivir que había quedado desde las obras de la dársena.

-Nuevo cauce del Guadaira (1967-1977): Rectificación del cauce del Guadaira a lo largo de 23 kilómetros y en paralelo al futurible canal Sevilla-Bonanza, con una sección capaz de desaguar hasta 2.000 m3 por segundo.

La corta de la Cartuja, a la izquierda, generó la isla de la Cartuja, que aparece en la imagen durante las obras preparatorias de la Expo 92

La corta de la Cartuja, a la izquierda, generó la isla de la Cartuja, que aparece en la imagen durante las obras preparatorias de la Expo 92

-Corta de la Cartuja (1975-1980): La gran avenida de 1963, cuando el río alcanzó casi 6.000 m3/segundo por el Patrocinio, puso de manifiesto el riesgo de inundación que seguía corriendo Sevilla a través del meandro de San Jerónimo  y la socavación del malecón de defensa por el agua, que estuvo a punto de destruir la traída de La Algaba a Sevilla, la línea ferroviaria a la altura de San Jerónimo y las cimentaciones de los postes de alta tensión que suministraban energía eléctrica a la ciudad. Los estudios realizados demostraron que la única solución consistía en suprimir el ataque del río mediante la eliminación de los codos de San Jerónimo y Chapina y la rectificación del cauce mediante lo que sería la corta de la Cartuja, de 5,5 kilómetros de longitud.

La conclusión de esta obra, a falta de la de menor envergadura del Tamarguillo en Miraflores, supuso el fin del peligro de inundaciones para Sevilla, puesto que el perímetro defensivo formado por esos 104 kilómetros de muros que llegan hasta la cota 12 sobre el nivel del mar  (cota 9 en algunas zonas con nivel de suelo más elevado) ha sido calculado para soportar una avenida máxima de 8.000 a 9.000 m3/segundo (se produciría teóricamente una cada 500 años), que nunca se ha producido en épocas recientes en la ciudad.

Para que se registrase un caudal de estas características debería llover de forma torrencial y generalizada en toda la cuenca del Guadalquivir durante un largo periodo de tiempo. Los muros de defensa incluso sirven de soporte a rondas de tráfico. La SE-30 discurre sobre unos 15 kilómetros del muro Camas-San Juan de Aznalfarache y la avenida de Carlos III en la isla de la Cartuja aprovecha el malecón de Triana (1950), el de la corta de la Cartuja y el del Tamarguillo.

El conjunto de actuaciones realizadas en Sevilla a lo largo de estos cien años ha supuesto una inversión de unos 1.500 millones de euros, casi equivalente a lo invertido por España y los países y empresas participantes en la isla de la Cartuja para la celebración de la Exposición Universal de 1992, una isla fruto justamente de las obras para defender la ciudad de las avenidas del Guadalquivir.

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UN MURO DE DEFENSA COMO

DE SEVILLA HASTA HUELVA

Muro                                                              kilómetros

– Miraflores-Tamarguillo                                             8

-Ranillas                                                                     6

-Guadaíra                                                                 50 (25+25)

-Guadalquivir                                                            30

-Otros diques no operativos                                      10

Total                                                                       104

MAS DE 30 KILÓMETROS DE CORTAS EN EL RÍO

–         Corta Merlina (1795), situada frente a Coria del Río, de 600 metros de longitud. Evita un rodeo de 10 kilómetros por el Guadalquivir.

–         Corta Fernandina (1816), aguas arriba de la Isla Menor. Con 1.600 metros, sustituyó un recorrido de 16 Kms. del cauce natural.

–         Corta de Los Jerónimos (1888). Situada también en la Isla Menor, en la zona conocida como ‘La Mínima’. Mide 6,6 Kms. y ahorra 13 Kms. del recorrido del cauce natural.

–         Corta de Tablada (primer cuarto del siglo XX). Situada entre Sevilla y la Punta del Verde, mide 6 Kms. Actualmente ha quedado dentro de la dársena, entre el puente de Los Remedios y la esclusa.

–         Corta de La Punta del Verde, con 3 Kms. de longitud.

–         Corta de Olivillos y La Isleta (1971-1972), con 4,4 Kms. y 3,8 Kms, respectivamente. Con ellas se consigue un acortamiento de casi un kilómetro en el recorrido de las embarcaciones.

–         Corta de la Cartuja (1980). Mide 5,5 Kms. Previene de inundaciones tras la eliminación de la curva de San Jerónimo.

–         Longitud total de las cortas: 31.500 metros.

Todas estas cortas, excepto la de la Cartuja –realizada exclusivamente para la laminación de inundaciones-, además de proteger a la ciudad de los desbordamientos favorecen el acceso de los barcos a la esclusa y facilitan el desagüe del río. La distancia entre Sevilla y el Brazo del Este era de 81 Kms. y ha pasado a 36 Kms., de los que dos tercios son fruto de las obras. La distancia entre Bonanza  (Sanlúcar de Barrameda) y la esclusa es de 79 Kms. y se ha reducido para la navegación un total de 45 kilómetros.

MAS DE 5.000 HAS. GANADAS PARA LA EXPANSIÓN URBANA

-En el siglo XIX, la zona protegida por las murallas de la ciudad era de 260 Has.

-En 1930, una vez ejecutadas las obras del primer cuarto del siglo XX, la superficie protegida de inundaciones asciende a 1.500 Has (se incorporan San Benito, San Bernardo, el Prado de San Sebastián y el Parque de María Luisa, entre otras zonas).

-En 1950 se añaden al perímetro protegido (la superficie asciende a 2.460 Has.) Triana, Los Remedios y la base de Tablada.

-En 1963, tras ejecutarse las actuaciones de protección de los arroyos Tamarguillo y Ranillas, el área protegida se eleva a 4.880 Has. y se incluyen Miraflores, Bami, La Corza y Ciudad Jardín, entre otros.

-En 1980, tras la ejecución de la Corta de la Cartuja, se incorporan 500 Has. más a Sevilla y 230 al Aljarafe al protegerse parte de la Vega de Camas y San Juan de Aznalfarache. Quedan defendidos San Jerónimo, La Pañoleta y la isla de la Cartuja.

-Actualmente Sevilla tiene 5.500 Has. protegidas de inundaciones gracias a los muros de defensa y a las cortas en el río.

NUEVOS CAUCES ARTIFICIALES PARA DESVIAR LOS RÍOS

-En el plano de la ciudad correspondiente al año 1930 se observa cómo los arroyos de Miraflores, Ranillas y Tamarguillo, que anteriormente atravesaban la ciudad, se desvían hacia el río Guadaira.

-En el año 1950 se desvía el Guadaira, que pasa de desembocar en la zona de Heliópolis a la de la Punta del Verde. Además, durante este periodo se construye el tapón de Chapina. En este momento Sevilla queda protegida por la zona portuaria.

-Entre 1967 y 1970, el Guadalquivir está relativamente controlado. Los arroyos son ahora lo más conflictivo.

-Nuevas inundaciones en 1962. Los malecones construidos no son suficientes para contener las avenidas, por lo que al año siguiente (1963) se desvían el arroyo Tamarguillo y el de Miraflores, que vuelven a desembocar en el Guadalquivir a la altura de San Jerónimo.

-El arroyo Ranillas se aleja de la ciudad pero continúa desembocando en el Guadaira.

-A finales de los años 70 se ejecuta el desvío del río Guadaira a lo largo de 23 kilómetros  hacia lo que actualmente se conoce como nuevo cauce del Guadaira, que cuenta con un malecón a cada lado del cauce.

-Se construye la corta de la Cartuja (1980).