Se equivocó Arenas, se equivocaba, como la paloma de Alberti. No es que el Gobierno le dijera a la Junta que Agesa valía 300 millones y haya dicho luego que son 518, sino que era la Junta la que, conforme a su propia tasación, decía que valía 300 y la que al final ha acabado pasando por el aro de la valoración de Zapatero, que siempre se mantuvo en los 518 millones desde el primer día. Por tanto, el que se ha llevado el gato al agua con la Deuda Histórica no ha sido Griñán, sino Zapatero, apodado ‘el Maquiavelo de León’ en cierta biografía no autorizada. Griñán, que fue consejero de Hacienda antes que presidente, deberá explicarles a los sevillanos y a los andaluces cómo ha comprado por casi el doble de su valor los activos de la Expo que ya teníamos y encima gratis. El Estado ha hecho el negocio del siglo cobrándose de golpe todas las plusvalías de la Exposición. Parafraseando a Luis Aragonés con el fútbol, lo peor de esta derrota política de Sevilla ante Madrid con la Deuda Histórica no es la derrota en sí misma, sino la cara de tontos que se nos queda.
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La cobradora del frac
Maribel Montaño persigue en plan cobradora del frac a los organizadores de la Cabalgata de su pueblo, Carmona, para que le paguen los 1.999 euros que gastó en un traje de Rey Gaspar que no lució. Tras aceptar salir en el cortejo, comprar telas y encargar la confección de sus ropajes, sufrió un ataque de feminismo ‘progre’ y exigió salir sin barba, como si en vez de tres Reyes Magos hubiera habido sólo dos y una Reina, la Reina Gaspara. Sus paisanos le aplicaron la Ley de la Memoria Histórica y le dijeron que se desfilaba conforme a la Biblia y a la tradición, que obliga a Gaspar a llevar barba rubia oscura, y que tal disfraz en nada sería un desdoro para una mujer. La doña se indignó y renunció ‘a posteriori’, pero no ha cejado en su empeño de traspasar la factura. Su última intentona ha sido tratar de que los 2.000 euros que la obra social de La Caixa donó a la Cabalgata fueran destinados a pagar a su sastre en vez de a los centros asistenciales de Carmona. La caridad, según la muy ‘progre’, feminista y socialista Maribel Montaño, empieza por ella misma.
El sexto sentido
El valido del alcalde, que se quedó mudo al ver cómo su jefe recibía el acta de defunción política de manos de Griñán mediante el teletipo de Europa Press, ha vuelto a tocar el tam-tam digital en forma de envíos masivos de correos electrónicos con panegíricos a Monteseirín. ‘Tócala otra vez Sam’, dicen que dijo Humphrey Bogart en la película ‘Casablanca’ (no fue en esta cinta, pero así ha quedado para la historia). ‘Tócalo otra vez, Manolo’, le habrá dicho Alfredo a su mano derecha para consolarse con las alabanzas de su fiel vasallo. El valido, en plan Manolo el del bombo, atruena ahora la selva de Internet con su tambor hasta a sevillanos anónimos, que pensaron ingenuamente que cuando desde Emvisesa les pidieron sus e-mails era para informarles sobre sorteos de viviendas, no para ser sometidos a la tortura de ‘la voz de su amo’ ante la sordera de la Agencia de Protección de Datos. ¡Qué más da que inunde el éter con sus loas al alcalde!. Marchena es como el personaje de la película ‘El sexto sentido’: un cadáver político que aún se cree que está vivo.
El S.O.S. de Monteseirín
El alcalde interino que se despidió por carta antes de irse a Nápoles hasta que escampara en Sevilla, deja caer a través de los últimos de Filipinas del sector crítico que no tiene prisa por irse. Al menos hasta que lo reubiquen. Dicen las gacetas que ha pedido una empresa pública o algún ente de la Junta que sirva de enlace a su historial municipal y que dé cobijo a un inspector médico acostumbrado a la vida pública. ¿Que le den cobijo? Pero, Alfredo ¿qué es, un médico o un ‘sin techo’? ¿Un cargo que enlace con su historia municipal porque está acostumbrado a la vida pública? Ya le dieron una salida: el Parlamento Europeo, pero lo rechazó. No puede quejarse ahora. Y por esa regla de acogerse a la costumbre yo me podría pedir la Dirección General de Radio Televisión Española y hasta me quedaría corto. Si al alcalde le quedara un resto de dignidad, ya se habría ido a su casa. Lo que está haciendo es peor que patético: usa Sevilla en su negociación personal. Veremos ahora si se cumple el aserto de Griñán de que el PSOE no es ni una empresa ni una ONG.
Reina por un día
Como todos los niños de su época, supongo que Torrijos vería en la televisión franquista un concurso llamado ‘Reina por un día’, en el que la ganadora cumplía el sueño de Cenicienta y era coronada para ejercer como simbólica primera dama de un reino virtual durante 24 horas. Torrijos reeditó ayer ese tiempo de su infancia cuando proclamó que, en caso de que Monteseirín dimita antes de agotar su mandato, él también sería ‘reina por un día’, vamos, alcalde en lugar del alcalde, aunque luego deba convocar un pleno extraordinario para elegir a Rosamar Prieto, que sería ‘reina por más de un día’. Torrijos quiere fardar sugiriendo que sería así el primer alcalde comunista de la historia de Sevilla, pero donde él habla de “asumir la Alcaldía”, el Real Decreto dice “desempeñar las funciones del alcalde (que no es ser alcalde) hasta que tome posesión el nuevo”. Por más que se empeñe, Torrijos sería sólo un alcalde accidental, aunque sin Monteseirín de por medio cumpliría al menos el dicho de Andy Warhol: todo el mundo debería tener derecho a 15 minutos de gloria.
El caballo de Troya
Las gacetas cuentan que Celis deja entrever que con su conversión al vierismo no ha apostatado de Monteseirín y que se trata de una jugada táctica consensuada con aquél. ¡Y yo pensando que Celis había sabido cambiar de caballo en mitad de carrera para dejar plantado a Alfredo al proclamar su fidelidad al Papa de Roma, papel encarnado por Viera, en vez de a la reforma luterana que quería representar Monteseirín! También creía que, igual que para Enrique IV París bien valía una misa, para Celis la perspectiva de un cambio en el Gobierno autonómico, una vez dada por perdida la Alcaldía, bien valía reeditar la parábola del hijo pródigo con su vuelta al redil de la ortodoxia socialista. Pero, ¿y si Celis es un agente doble? ¿O incluso un triple agente? Ya en diciembre demostró su afición a las historias de espías al calificar de “política-ficción propia de las novelas de Assimov y Le Carré la posible renuncia de Monteseirín”. Si vuelve a nadar entre dos aguas, lo peor que puede pasarle es que críticos y oficialistas lo consideren ahora un caballo de Troya.
El coche oficial
El alcalde lanzó el mensaje de que quiere un cargo, por su vocación política. En horas veinticuatro, como Lope de las musas al teatro, Monteseirín pasó de anunciar en su carta que iba a dirigir esa vocación por la cosa pública “a otras tareas”, a verse acreedor de otro nombramiento en virtud de su natural inclinación a la mamela oficial. Repite dirigiéndose a Griñán el ancestral grito del pueblo al cacique alpujarreño Natalio Rivas: “¡Colócanos a tós!”. Monteseirín revela así su concepción de la política no como un servicio transitorio en que uno es ave de paso y luego se reintegra a su anterior función, sino como una profesión, y a ser posible a perpetuidad para seguir disfrutando de las prebendas del Poder. ¿Le darán un cargo para que cuando surjan los problemas repita que él no entiende porque es médico? Lo quiere para seguir, como en los últimos 15 años, sin bajarse del coche oficial. Ya que alardea en su autobiografía de haber sido galeno en San Lázaro, cabría exigirle que emulara la historia del santo con Cristo: “¡levántate (de la poltrona) y anda!”.
Tu quoque Celis
Tal como auguramos, Celis ya no nada entre dos aguas sino que ha emergido completamente a la superficie y seguro que a Alfredo le habrá parecido que ha actuado no como su delfín, sino como un submarino de Viera. Sí, porque el delegado de Urbanismo convocó una insólita rueda de prensa tras el Consejo de Gerencia para proclamar ‘urbi et orbi’ que él se siente representado por el secretario general. Osea, que al sector crítico, si te he visto, no me acuerdo, pues ya Griñán dictó sentencia en la víspera y dijo que lo del nuevo alcalde lo deja en manos de los oficialistas. Parafraseando a Julio César, Monteseirín bien podría decirle a Alfonso lo mismo que aquél le dijo a Bruto cuando lo vio entre los conjurados contra él: ‘Tu quoque, fili mi!’ (¡También tú, hijo mío!). ¡Y pensar, Alfredo, que ordenaste matar políticamente a Emilio Carrillo porque en su día también osó decir aquello de que se alineaba con Viera!. La defección de Celis supone algo más de lo que decía Bob Dylan: los tiempos ya han cambiado. Ni siquiera ha hecho falta que cantara tres veces el gallo.
Calendas de marzo
Millares de sevillanos recibían a diario en su correo electrónico las intoxicaciones de Marchena con sus interpretaciones edulcoradas de la realidad de Sevilla, siempre a mayor gloria de Monteseirín. Si Marchena perdía las mañanas y parte de las tardes en estas campañas, ¿quién gestionaba entonces Emasesa? ¿Serían los de siempre en el Ayuntamiento, osea, los técnicos que cometen los ‘errores mecánicos’, o es que Emasesa ha acabado convertida también en la Oficina municipal de Propaganda? Ahora que todos esperaban con expectación la exégesis del valido sobre cómo se cargó Griñán al alcalde, resulta que el tam-tam digital de Marchena se ha quedado tan mudo como lívido su jefe en Alcosa cuando le llegó el teletipo de Europa Press, al igual que antaño llegaban con el cese los motoristas de Franco. ¿Quién les iba a decir a M&M que tras mis calendas de abril llegarían, menos de un año después, sus calendas de marzo? Como declamó Castelar, grande es la religión del poder, pero es más grande la religión de la justicia implacable. Quien a hierro mata, a hierro muere.
Entre dos aguas
Como el alcalde interino se quita del medio siempre que huele a chamusquina –y en esta ocasión el quemado era él- y se fue a Nápoles tan (in)oportunamente –según se mire-, se perdió el congresillo de adhesión inquebrantable de los socialistas sevillanos a su defenestrador, Griñán. Monteseirín, al que su designación como delegado le habrá parecido como otra dosis de hiel en su cáliz de la amargura -¿se dejará ver para que todo el mundo le compadezca por los pasillos?-, se perdió el cónclave del que fue ausente protagonista, por alusiones y sin alusiones. Cuentan las gacetas que, de entre la quincena de oradores, quienes más le defendieron fueron su enemigo íntimo, José Antonio Viera, y su amigo íntimo, Fran Fernández. Un señorial detalle por parte del secretario general frente al rebelde ángel caído y pese a haberle soportado su guerra de guerrillas durante los últimos años. Y dicen las crónicas que Celis guardó un elocuente silencio. Ya ves, Alfredo, tu delfín prefirió nadar entre dos aguas en vez de significarse por ti. Antes de que cante el gallo…..