Archivo de la categoría: El francotirador

Como el arpa de Bécquer

Los sindicatos denuncian que, al igual que el arpa de la rima de Bécquer, del almacén en el ángulo oscuro, del alcalde tal vez olvidadas, silenciosas y cubiertas de polvo, se ven las bicis policiales. En el organigrama de la Policía  hay una Unidad Ciclista cuyo estreno eran tan inminente que le compraron diez bicicletas. Eso fue hace tres años, pero  la Unidad sigue sin constituirse y sus monturas de hierro se han quedado arrumbadas en uno de esos polígonos industriales. ¿Será éste uno de esos Servicios que, según nos advirtió Monteseirín, estaban en peligro por la crisis económica? La razón de su creación era la vigilancia del cumplimiento de la Ordenanza que regula la utilización de los carriles-bici, de lo que se infiere la escasa confianza municipal en el civismo de los ciclistas sevillanos, pues en caso contrario no hubieran pensado en un pelotón policial para vigilarlos. El caso es que el Consistorio gastó el dinero en bicicletas y al cabo de tres años aún carece de policías que se monten en ellas. A eso se llama empezar la casa por el tejado.

Yo también soy un ‘magiógrafo’

La Comisaría de Nervión, teóricamente abierta las 24 horas, carece de aseos tanto para el público como para los policías. Quien sienta una necesidad fisiológica perentoria ha de echarse a la calle en busca de un bar; y si le sobreviene a horas intempestivas, tendrá que  aliviarse frente a una tapia, en un callejón o tras los contenedores. Se supone que las comisarías -centros de atención al público- deben cumplir las normas. ¿Cómo es posible entonces que ese local tenga licencia de Urbanismo, certificado de final de obra y licencia de apertura y haya pasado las revisiones obligatorias de la Sanidad municipal? Cuando a los ciudadanos se les obliga a cumplir la ley a rajatabla, parece cuando menos chirriante que sea la Policía la que presuntamente la incumpla. Por formular estas preguntas es probable, tal como ha dicho el jefe superior, Alvarez Riestra, que yo también sea un  “falso crítico, demagogo, enemigo de la libertad, leguleyo y magiógrafo”. Este palabro ni figura en el Diccionario, pero en boca de Riestra suena poco menos que a condenación eterna.

La realidad y el deseo

Por más que numerosos sevillanos presuman de que justo en la zona en que viven sí nevó y no en el resto de barrios de la ciudad, el director del Centro Meteorológico los acaba de dejar sin argumentos al decir que técnicamente no cayó nieve sobre Sevilla, sino aguanieve, una preciosa palabra perdida en la noche de los tiempos de nuestra memoria porque hasta ese fenómeno meteorológico es excepcional en nuestras latitudes. Aguanieve es agua de lluvia mezclada con copos de nieve que no cuajan en su trayectoria descendente o al llegar a tierra porque no hay la temperatura mínima que lo propicie. El pasado domingo, cuando las nubes vertían aguanieve desde el cielo, a ras de suelo el termómetro marcaba unos dos grados sobre cero y los copos se diluían en la atmósfera: lluvia helada, pero no nieve. No obstante, miles de sevillanos jurarán que ellos están entre los privilegiados que vieron nevar, por más que fuera un engaño de sus sentidos. Como decía Octavio Paz comentando la obra poética de Luis Cernuda, el deseo vuelve real lo imaginario, irreal la realidad.

Vuelve el ‘banquero’ de Bellavista

¿Recuerdan la perra de Zoido con el banco de Bellavista? Una de las tácticas del ganador de las municipales, por más que el  pacto PSOE-IU le impidió gobernar (como en su día el pacto PP-PA a Yáñez), fue la de entrar en ‘territorio comanche’, el que hasta entonces todos, incluidos los populares, creían vedado al PP: los barrios-granero de votos de la izquierda. Zoido empezó a patearse el extrarradio, donde lo más que habían visto de un político pepero eran los carteles electorales, si es que sobrevivían pegados más de un día en las tapias antes de amanecer hechos jirones. Vecinos del Sur clamaban por un banco roto. Allí acudió Zoido a retar al alcalde: o reponía el banco o lo haría él mismo. Se lo tomaron a chacota y lo apodaron el ‘banquero’ de Bellavista. Vieron que iba en serio cuando cogió pico y pala en El Vacie y le avalaron los votos. Ahora Zoido amenaza al alcalde con ir a limpiar y a pintar el colegio ‘Nuevo Tussam’, dejado de la mano de Alfredo. Ya me veo la foto de Zoido con el cubo y la brocha. El ‘banquero’ de Bellavista ataca de nuevo.

La metamorfosis de Torrijos

Con la verborrea salpicada de demagogia que le caracteriza cuando le interesa, Torrijos insiste en el ‘Pacto por Mercasevilla’ para que recupere su imagen corporativa “deteriorada por ser centro de un debate partidario”. No te confundas ni trates de confundirnos, Antonio. El debate político y democrático es la lógica consecuencia, que no la causa, tras el deterioro de esa imagen corporativa, motivado por las comisiones ilegales, la presunta venta fraudulenta del terreno con un menoscabo de miles de millones de las antiguas pesetas y demás cuentas de un rosario de escándalos, como el reparto de las cestas con 23 kilos de mariscos por Navidad. Giovanni Agnelli, el patrón de la Fiat, decía que el peatón que se sube a un coche ya no piensa como peatón, sino como conductor. El discurso de Torrijos obedece a esa misma metamorfosis: la que sufren quienes cuando estaban en la Oposición exigían “luz y taquígrafos” a las primeras de cambio y ahora, en cuanto se suben al coche oficial, piden pactos de silencio escudándose en “la responsabilidad institucional”.

La cara oculta de Emasesa

Como presidente que fui de una comunidad de vecinos me tocó lidiar con las facturas del agua. Conocí situaciones inimaginables, al margen del número y clase de personas en cada piso. Una familia ‘progre’ y ‘ecologista’ vaciaba por las noches en la terraza la enorme piscina hinchable en que se bañaban sus niños. Otra de ancianos ni se inmutaba por el río que brotaba de sus cisternas rotas: temían más las facturas del fontanero que las de Emasesa. Por eso no me cuadra la campaña marchenera de cobrarnos el agua no por el consumo real de cada vivienda, sino por el número de residentes en la misma….siempre, ojo,  que estén dados de alta en el padrón. Marchena, el valido del alcalde, usa Emasesa para que por temor al tarifazo del agua  la gente se empadrone y Sevilla no baje de 700.000 habitantes.¿Se imaginan que en la gasolinera le cobren el combustible no por el consumo real del coche, que puede ser menor gracias a su eficacia como conductor o por tratarse de un modelo ecológico, sino por el de pasajeros que lo ocupen? El fin no justifica los medios.

El canon de la Cabalgata

Una mujer es atropellada por una carroza de la Cabalgata en Pagés del Corro tras una imprudencia temeraria. Sorprende que sólo haya habido un atropello, dada la ingente cantidad de imprudencias observadas entre centenares de miles de personas. Los adultos, más que los niños, se pelean al borde mismo de las ruedas por arrebatarse un caramelo. En la Alameda hay que desmontar una carroza porque choca con una rama. Pero, ¿no se acordó diseñarlas en función de la altura de los elementos tras toparse con los cables en Felipe II? Se olvida que aunque no lo hagan los cables, los árboles crecen. No es por hacer de aguafiestas, pero parece que en cada edición hay o más imprevistos, o más beduinos, o más carrozas, cuando no más lentas, pero lo cierto es que el cortejo de la ilusión se torna cada vez más largo entre los inevitables retrasos que, como el silencio de la partitura, también forman parte del guión, y el desfile mismo. Da la impresión de que al cabo de cien años, y al contrario que en la Semana Santa, aún no se ha desarrollado el canon de la Cabalgata.

El juicio de la historia

Monteseirín aprovechó la presentación del libro sobre los 30 años de democracia municipal, aparte de para ‘ningunear’ al resto de alcaldes en el vídeo elaborado por ‘la suya’ (Giralda Tv) a su mayor gloria, para reivindicarse a través de los otros, en plan “la historia me absolverá”. Cuando dijo que Rojas Marcos y Soledad Becerril “dejaron una impronta y un carácter que en su día no se valoró suficientemente por la gente, aunque sí luego, cuando ya se han ido”, estaba expresando su esperanza de que a él, que jamás ha aprobado sondeo alguno en el decenio de su mandato, la opinión pública le conceda la  indulgencia plenaria que a su juicio ya ha otorgado a sus antecesores, esos que se unen en el panteón de políticos ilustres para advertirle  que no regatee dinero a la Orquesta Sinfónica mientras se le llena la boca con la palabra “cultura”. El alcalde no debe fiarlo todo  al juicio de la historia. ¿Quién será el Plutarco capaz de hallar una vida paralela a la suya? El tiempo es como una lupa que  no sólo agranda los méritos, sino también los errores.

El pato cojo

No hay mayor imagen de torpeza que la que transmite en su errática trayectoria un pato cojo. La prensa americana acuñó precisamente la expresión ‘the lame duck’ para definir el síndrome que afectaba a los presidentes estadounidenses que no podían optar a la reelección porque se hallaban en su último mandato. La Constitución de EEUU impide que estén más de 8 años en el poder, para inyectar así savia nueva en el sistema político y evitar tentaciones totalitarias. Ya lo dijo el clásico: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los presidentes que dejarán de serlo a plazo fijo pierden mando e influencia a chorros porque el resto de los políticos, sean o no de su cuerda, dejan de tenerlo como referente y se reorientan en función de los posibles candidatos a la sucesión. Como reacción, los inquilinos de la Casa Blanca dados por amortizados empiezan a pasar olímpicamente de todo y de todos y a hacer lo que les viene en gana. Total, como ya no van a ser penalizados electoralmente. En los ambientes flota que Monteseirín, no acabe o  acabe el mandato por imperativo de sus mayores (él propone y Chaves dispone), está ya políticamente visto para sentencia. Da igual que salga indemne o con algunos perdigonazos de los casos Mercasevilla o Unidad o que corte la cinta inaugural de Fibes o las ‘setas’ de la Encarnación, si es que halla dinero para acabarlas. En la metáfora del cuento de Blancanieves, si a Monteseirín le crecen enanitos como Celis, Rosamar, Espadas y hasta el fantasma de Pepote, es porque todos ellos lo ven ya como un  ‘pato cojo’.

Salvador, usa el rotulador

La tarjeta por contacto sustituye a los bonobuses magnéticos, verdes y rojos. Escena verídica, como habría dicho Gandía. Bronca en el estanco. Una mujer ha agotado su saldo en un santiamén y casi se queda en tierra. Paga su ira con el dependiente. Ignoraba que necesita otra tarjeta con tarifa de transbordo. Se lo aclaran. Exclama: “pero, ¡si son del mismo color!”. ¿Cómo va a poder diferenciarlas? Solución chapucera pero eficaz del estanquero: marcarlas con tinta. Es increíble tener que recurrir a este método arcaico y este retroceso en los autobuses, donde el eficaz Arizaga ha implantado GPS,  consulta horaria por Internet y móvil, paneles horarios en algunas paradas y hasta hilo musical a bordo. ¿La ruina es ya tan grande que no hay dinero ni para lanzar dos tarjetas distintas que eviten confusiones y sobrecostes al usuario? Riamos por no llorar. Parafraseando el popular anuncio de los toldos Quitasol, en Tussam bien podríamos decir: “Olvídese de aquello tan lejano de….¡Raúl, pica el bonobús!, y pase a la modernidad, a….¡Salvador, usa el rotulador!”.