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A la piqueta

El TSJA no se ha dejado engatusar, como tampoco los vecinos, por el ‘regalo envenenado’ de la Hispalense y ha decretado la completa demolición a sus expensas de los pilares de la biblioteca y la reposición de los jardines del Prado a su estado original. ‘Regalos envenenados’ llamaba Cassinello a los pabellones de la Expo que los Participantes querían legar a España al final del 92, porque aquel altruismo escondía la intención de ahorrarse los gastos de la demolición, obligada por el Reglamento de la Muestra. La Hispalense, con su oferta de convertir los muñones de cemento en unos jardines colgantes de Babilonia y en miradores para pájaros, no pensaba ni en los vecinos ni en Sevilla, sino en ella misma: ahorrarse la vergüenza y, sobre todo, el coste del derribo. No ha colado su plan porque está más que calada tras seis años de pleitos con unos vecinos a los que en su soberbia amenazó con exigirles 10.000 euros por cada día de parón a su obra faraónica. Con la decisión del TSJA impera la justicia y el sentido común. Lo contrario habría sido primar la ilegalidad.

Ray Bradbury

Ha muerto Ray Bradbury, maestro de la ciencia ficción y autor de obras como ‘Farenheit 451’, así titulada porque es la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde (233 grados en nuestro sistema Celsius): en el futuro los libros serán ilegales y los quemarán los bomberos. No hay que viajar en el tiempo ni siquiera irse al planeta de sus ‘Crónicas marcianas’; basta con quedarse en el presente y, en Sevilla, en la Fundación Valentín de Madariaga. Allí, a algún vanguardista de nuevo cuño, para ilustrar la exposición ‘Bécquer tan cerca… A través del arte’, se le ocurrió el otro día convertir el suelo de una de las salas en un lecho de hojas arrancadas directamente de dos tomos del Diccionario Enciclopédico  Espasa, edición 1957, para que la gente pasara por encima y las pisoteara. No eran meras fotocopias, sino páginas originales de una enciclopedia así destrozada. La realidad supera a la ciencia ficción: la Fundación Valentín de Madariaga, tan progre, destruye los libros sin necesidad de aplicarles el lanzallamas de los bomberos de Ray Bradbury.

Barómetro

Cuentan las crónicas que la primera procesión del Corpus en que participó Zoido fue un triunfal paseo en loor de multitudes,  en el cual acabó aplaudido, vitoreado, aclamado, besado, abrazado y estrujado en medio del fervor popular, hasta el punto de que derramó lágrimas de emoción. Vamos, como si en vez de un político hubiera sido una estrella de rock. Algo sin precedentes en nuestra joven Democracia. Hoy es el segundo Corpus de Zoido y, por tanto, una gran ocasión para medir el grado de apoyo o de desgaste que suscita en la calle al cabo de un año de mandato. ¿Habrá claque movilizada por los ‘fontaneros’ de la Plaza Nueva para estimular artificialmente las adhesiones inquebrantables al primer edil o bien las reacciones de la masa serán espontáneas y no inducidas por palmero alguno? ¿Sonarán silbidos entre los aplausos o éstos eclipsarán a aquéllos en número y volumen? Nunca tuvo mayor interés político un acto religioso como esta procesión del Corpus, convertida en un singular barómetro para comprobar el grado de popularidad de Zoido tras 365 días como alcalde.

Veleta

Tras la inclusión del Patrimonio mundial sevillano en la ‘lista negra’ de la Unesco, Zoido se ha caído del caballo y sufrido una súbita conversión. Podría haber dicho que hasta aquí nos han llevado los delirios faraónicos de Monteseirín y Marchena, con la complicidad de Montaner y Pulido;  que él ha intentado paralizar el rascacielos temiendo que pasara lo que ha ocurrido pero que su antecesor, aprovechando el verano y las triquiñuelas legales, lo ha dejado jurídicamente atado de pies y manos; y que no va a pagar 200 millones de euros por frenar la obra a cambio de dejar arruinada Sevilla por generaciones. En lugar de hacer eso, el Ayuntamiento de quien quería paralizar la torre Pelli para que Sevilla no perdiera su título de Patrimonio de la Humanidad se ha erigido en su paladín y proclamado que no afecta al patrimonio y da mucho empleo. O sea, que Zoido le ha comprado el argumentario enterito a Monteseirín & Cía. para celebrar su primer año en el Ayuntamiento ‘del cambio’. ¿Qué cambio? Si acaso el de la veleta, que ha pasado de la Giralda a la Plaza Nueva.

Regeneración

De la sociedad civil con encefalograma plano de Sevilla ha nacido un regeneracionista Foro Al-Andalus, que se ha presentado con un simbólico concierto de la refundada Orquesta Bética de Cámara, heredera de Falla. Yo le deseo larga vida a este Foro y que sea fiel al espíritu del 27 con el que se identifica, para lo cual hay dos condiciones ‘sine qua non’. La primera, que no se eche en brazos de los políticos, para que no le pase como al Ateneo mendicante de   Monteseirín y Marchena por un plato de lentejas a cambio de que el valido saliera en la Cabalgata, vileza evitada de forma indirecta por la juez Alaya al imputarlo; la segunda, que no se deje fagocitar por los noveleros, que primero desprecian cualquier innovación y luego, si ven que triunfa, se infiltran cual caballo de Troya y acaban apoderándose de ella o desnaturalizándola. Recuerde Al Andalus, como el alma dormida de Jorge Manrique, que así empezó también la Biacs y mire cómo ha acabado tras cobijar a políticos en su seno. ¿Qué es, pues, regeneración? ¿Y tú me lo preguntas? La ausencia de subvención.

Unidimensional

Miguel Rus, el hombre que sabía demasiado sobre el desalojo de los chabolistas de Los
Bermejales, ha demostrado en horas 24 que, aunque no lea a Marcuse, es un presidente
unidimensional de la CES. Vamos, que aún piensa como  ladrillero de Gaesco y urbanita de
Híspalis, en vez de como para lo que, se supone, fue elegido: representante de todos los
empresarios de Sevilla, incluida la provincia y su agro. Sólo así se entiende (y se le entiende
todo) su olímpico desprecio a los  arroceros, a su aportación al PIB sevillano y a los miles de
empleos que sustentan  (incluida la parte industrial de Ebro Foods, primera multinacional
arrocera del mundo, nacida aquí), sólo porque cuestionan el dragado (¡uy, perdón! que en el
lenguaje políticamente correcto de Rus debe llamarse ahora “garantía de la navegabilidad del río
para barcos de gran calado”) del Guadalquivir. No sólo no ha leído a Marcuse, sino tampoco el
dictamen de los expertos sobre el estado terminal del río, que precisa de una visión integral y no
de la unidimensional del ladrillero presidente de la CES.

So tonto

Ya sabía que los clubes de fútbol son objetores fiscales por naturaleza y que además de haberse fundido las ayudas por el Mundial del Naranjito y el dinero de las quinielas y el de las televisiones no hay forma de cobrarles un euro. Ahora, por la polémica sobre el IBI, me entero de que en virtud del Concordato la Iglesia está exenta de pagarlo, pero que tampoco lo abonan partidos políticos y sindicatos, que ponen sus sedes a nombre de fundaciones sin ánimo de lucro (el que hace la ley, hace la trampa), e infinidad de organizaciones, entes, entidades, fundaciones, asociaciones y colectivos de todo pelaje  gracias a otros subterfugios legales. Hasta la Junta se escaquea y le debe 8 millones al Ayuntamiento. Y entonces comprendí la famosa frase de Luis Aragonés, pero aplicada al ámbito tributario, en vista de que casi todo el mundo está exento ‘de facto’ o ‘de iure’ menos yo: “ lo peor no es pagar (el IBI, el sello del coche, el IRPF…), sino la cara de tonto que se te queda”. Corolario de Alberti: “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

La zapata

Por una vez voy a estar de acuerdo con Bernardo Bueno, delegado de Cultura de la Junta, que sin entrar a prejuzgar el proyecto de alicatar la zapata de la calle Betis ha avisado de que debe ser sometido al dictamen de la Comisión del Patrimonio. Naturalmente, porque Curro Pérez -el alcalde trianero-, Max Vílchez y Goro Serrano pretenden, nada más y nada menos, que alterar la fisonomía tradicional del arrabal, ya de por sí adulterada por la torre Pelli, gastando los 180.000 euros que no hay para el Teatro de la Mestranza, sito justamente enfrente, en llenar de azulejos el Altozano con la excusa de que así se ahorran a partir de ahora pintarlo todos los años. Aparte de que todos sabemos que pasa la tira de tiempo sin que se palien los efectos del tiempo y del hombre sobre ese muro del Guadalquivir, ¿para esto se quiere declarar la cal de Morón Patrimonio de la Humanidad, para sustituirla por azulejos? ¿No sería mejor dejar el altozano como ha estado toda la vida de Dios y no empeñarse en reinventarlo? No la toquéis más, que así es la rosa (la rosa de Triana).

Desmedido

El rector de la Hispalense ha mostrado algunas dudas sobre “la longitud del paro” (sic) convocado por el Cadus (dos semanas). Todo un catedrático de Física de la Materia Condensada confunde distancia con tiempo, al hablar de la “longitud” en vez de la “duración” del paro académico. Si la máxima autoridad universitaria se hace un lío con los sistemas de medidas, ¿qué nivel puede esperarse de la díscola grey estudiantil? ¿Comprenden ahora la obra de caridad que suponía permitir que los alumnos copiaran? Quizás Arellano ha resuelto la dualidad espacio/tiempo o ha inventado un nuevo sistema combinado, como el Triatlón, que mezcla natación, ciclismo y atletismo. O se ha inspirado en las inmobiliarias, que anuncian los pisos no por su distancia en kilómetros a un punto determinado, sino si están a cinco o diez minutos del Centro o de una parada del Metro, lo mismo que cuando en el 92 la Expo hablaba de las isocronas respecto de la Cartuja y no de los kilómetros. Arellano es el primer rector capaz de medir el tiempo en metros en lugar de en horas, minutos y segundos.

Hernando Colón

No sólo en el PSOE hay una corriente oficialista y otra crítica que le lleva la contraria, aunque con el tiempo se van turnando y trocándose en lo opuesto a lo que eran para así no aburrirse, sino que también en Aprocom pasa lo mismo. En todos lados cuecen habas.  La doctrina oficial de la Asociación Provincial de Comerciantes es que los coches deben entrar hasta la cocina, pero hete aquí que ha surgido una rama disidente: los comerciantes de Hernando Colón que, hartos de CO2, exigen con vehemencia al Ayuntamiento que su calle sea peatonalizada. En la bulla se ha colado, con todo el oportunismo del mundo, Monteseirín, el cual les ha mostrado su apoyo en Twitter después de que, como le han replicado los afectados, en su época de (sin) alcalde tanto él como Fran Fernández rechazaran sus pretensiones, él, que pasaba por ser el campeón de las peatonalizaciones. No sólo no peatonalizó Hernando Colón, sino que acabó convirtiéndola en una calle Baños bis, la calle de salida de buena parte de los coches que circulan por el Centro. Si no queríais Baños, dos tazas.